Saturday November 01,2014
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NUNCA ES TARDE PARA PEDIR PERDÓN

Una mañana, Leonardo recibió una llamada de su exnovia para decirle:

- Yo también sentí lo mismo que tú anoche. Te espero dentro de una hora en el parque, junto al pequeño muelle del lago.

Leonardo colgó el teléfono y quedó muy pensativo. Extrañamente, un día antes había soñado a su ex-novia con la cual había terminado en malos términos, y por rencores y orgullos habían perdido la comunicación de pareja y amistad. Ahora, era el momento que ambos volvieran a cruzar palabras. El orgullo no debe ser eterno.

Leonardo se dirigió al parque, se acercó al pequeño muelle y se sentó, observando y pensando qué iba a pasar, qué le diría su ex-novia, de qué iba a hablar. Miraba a la gente pasar, y entre esa gente, alcanzó a observar que ella se acercaba a él de forma misteriosa. Pero lo más extraño es que ella vestía totalmente diferente: no llevaba sus ropas frecuentes, al contrario, llevaba un vestido blanco y unos zapatos impecablemente limpios del mismo color. ¡Y su rostro lucía tan hermoso!

Era como si destellara rayos de luz. Él intentó decirle "hola", pero ella le dijo: "Caminemos".

- "He sabido que has estado triste y que has tenido muchos problemas, ¿es así Leonardo? Te he soñado llorando, te he escuchado gritar afuera de mi casa. Yo no me acercaba a tí debido a las circunstancias, pues sabía que tú no querías saber nada de mí. Pero no te culpo. Te lastimé demasiado y logré alejarte de mí. No vengo a discutir, no vengo a pedirte perdón, sólo he venido a decirte que aunque las cosas no se arreglaron en su debido momento, creo que nunca es tarde. Esperé a que tú me llamaras para que habláramos y aclaráramos nuestra situación; pero eso no sucedió.

El esperarte y el pensar en tí borró mi apetito y mis días de sol y así me fui cayendo poco a poco. Sin embargo, guardé la fe y me decía: el llamará, mas no lo hiciste.

No te culpo, pero si te comprendo. Sé lo que sentiste anoche; sé lo que te pasó, porque yo también lo sentí en ese momento, pero con mucho más dolor. Grité tu nombre mil veces, y grité mil veces perdón. ¡Qué lástima que no me hayas escuchado!  ¡Qué lástima que no me hayas llamado Leonardo!.

Nunca es tarde para perdonar, y si te pedí que vinieras al

parque fue para entregarte ésto". Ella le entregó en sus manos una cruz, la cual era símbolo del amor de los dos: -   Esta cruz es mi cuerpo, esta cruz es quien soy. Te amo y
quiero que la conserves contigo por el resto de tu vida.

El se quedó sin palabras y con los ojos un tanto llorosos. La gente lo empezaba a ver y lo señalaban. Incluso, un señor le preguntó si se encontraba bien, y él respondió:

Sí, ¿por qué? Lo veo caminar, y lo veo llorar. ¿Le sucede algo? No me sucede nada,
simplemente estoy conversando con ella. El señor se retiró algo extrañado del lugar.

Leonardo acompaño a su ex-novia hasta su casa. Al llegar, ella le pidió que por favor la esperara afuera. El accedió. De hecho, nunca lo hacía afuera de la casa. Leonardo esperó 10 minutos, y al notar que no regresaba, se preocupó. De repente, escuchó voces y vio salir de la casa a los amigos de ella. Todos, con cara triste y ojos llorosos lo abrazaron, y le dijeron: -Se nos fue, Leonardo, se nos fue.

Leonardo empezó a sentir su cuerpo tembloroso, entró a la casa y llegó hasta el cuarto de su ex-novia. Ahí, se encontraba la mamá de ella junto con el cadáver, el cual reflejaba una tristeza inmensa. Leonardo, con llanto y un nudo en la garganta, le preguntó a la señora:

¿Qué sucedió? ¿Dígame que sucedió? Dice el doctor que murió de tristeza. Ella dejó de comer, dejó de reír. No sabemos si el desamor la alejó de todo. No sabemos si el sentimiento de culpa la  hizo infeliz. La mamá le entregó una carta a Leonardo, y decía así: -       Yo también sentí lo mismo que tú. El aire empieza a faltarme, intento gritarle a mamá, pero no puedo. Luces blancas iluminan mi alcoba, siento un fuerte dolor de cabeza. Leonardo, gracias por haber ido al lago, gracias por estar aquí. Aunque en vida no me pudiste perdonar, sé que ahora lo harás frente a mí. Leonardo miró el cadáver y sólo dijo: -      Perdóname tú a mí. Querido Amigo:

El rencor no tiene por qué cegarnos en el amor, en la amistad o en la familia. Todos somos seres humanos y lastimamos de igual manera. Aprende a perdonar a cada una de esas personas que te lastimaron, y tú también aprende a pedir perdón. No dejes que mañana sea demasiado tarde. No esperes a que te llegue una invitación, y no esperes a pedir perdón al cielo. Mejor corre y abraza a esa persona, mírala a los ojos y siente lo bello que es vivir.

También recuerda: Dios nos da la vida y sólo Él puede quitarla.

Aprende a amar, pero jamás ofrendes tu vida por un amor. Es cierto que el primer amor no se olvida, pero esto no significa que sea el definitivo o el mejor. Disfruta de tu juventud, que si un amor se va, seguro otro llegará y convertirá tus lágrimas en sonrisas de felicidad.

 
     
   


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