Wednesday June 28,2017
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Introducción


PRIMERA PARTE:

»  El Atéismo

Convertidos:

»  Ateos Convertidos

1»  Agustín María Schowaloff

2»  Illemo Camelli

3»  Charles de Foucauld

4»  Lecompte de Noüy

5»  Joergensen

6»  Eva Lavallière

7»  Charles Nicolle

8»  Henri Ghéon

9»  Huymans

10»  Evelyn Waugh

11»  Peter Wust

12»  Daniel Rop

13»  Leonard Cheshire

14»  Fred Copeman

15»  Adolfo Retté

16»  Takashi Nagaï

17»  Giovanni Papini

18»  Jacques Maritain

19»  Maria Meyer-Sevenich

20»  Alberto Leseu

21.1»  Paul Claudel
Parte 1

21.2»  Paul Claudel
Parte 2

22»  Martin Bormann

23»  Regina García

24»  Ignace Lepp

25.1»  Alexis Carrel
Parte 1

25.2»  Alexis Carrel
Parte 2

26»  García Morente

27.1»  Pieter van der Meer
Parte 1

27.2»  Pieter van der Meer
Parte 2

28.1»  María Benedicta Daiber
Parte 1

28.2»  María Benedicta Daiber
Parte 2

29.1»  Douglas Hyde
Parte 1

29.2»  Douglas Hyde
Parte 1

30»  Dorothy Day

31»  Svetlana Stalin

32.1»  André Frossard
Parte 1

32.2»  André Frossard
Parte 2

32.3»  André Frossard
Parte 3

33»  Sergio Peña y Lilio

34»  Sandra Elam

35.1»  Janne Haaland MatlaryParte 1

35.2»  Janne Haaland MatlaryParte 2

36»  Vladimiro Roca

37»  Narciso Yepes

38»  Leonardo Mondadori

39»  Vittorio Messori

40»  Conclusión
sobre Ateos Convertidos


SEGUNDA PARTE:

» El Judaísmo

Convertidos:

»Judíos Convertidos

41»  Hermann Cohen

42»  Teodoro de Ratisbona

43»  Alfonso María de Ratisbona

44»  Henri Bergson

45»  Edith Stein

46»  Max Jacob

47»  Raphael Simon

48»  Kenneth Simon

49»  René Schwob

50»  Jean Jacques Bernard

51.1»  Eugenio Zolli
Parte 1

51.2»  Eugenio Zolli
Parte 2

51.3»  Eugenio Zolli
Parte 3

51.4»  Eugenio Zolli
Parte 4

52.1»  Karl Stern
Parte 1

52.2»  Karl Stern
Parte 2

52.3»  Karl Stern
Parte 3

53»  Bernard Nathanson

54»  Jeri Westerson

55»  Jean Marie Lustiger

56»  Martin Barrack

57»  José Cuperstein

58»  Sor Mary of Carmel

59»  Reflexiones


TERCERA PARTE:

»  Consideraciones

60.1»  La ciencia
Parte 1

60.2»  La ciencia
Parte 2

60.3»  La ciencia
Parte 3


61.1»  ¿Existe Dios?
Parte 1

61.2»  ¿Existe Dios?
Parte 2

61.3»  ¿Existe Dios?
Parte 3

61.4»  ¿Existe Dios?
Parte 4

62»  Católicos Comprometidos

63.1»  Experiencia de Dios
Parte 1

63.2»  Experiencia de Dios
Parte 2

64»  Conclusión

65»  Bibliografía

 

 

Primera Parte

24» Ignace Lepp

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Ignace Lepp, francés, se entregó al ideal comunista al poco tiempo de la revolución bolchevique, y se convirtió al cristianismo al iniciarse la segunda guerra mundial.

En su libro De marx a Cristo va desgranando las diversas etapas de su vida agitada.

Habla de sus primeras actividades como activista comunista y de sus contactos con los más altos dirigentes soviéticos y de cómo llegó a ser uno de los máximos dirigentes de los intelectuales revolucionarios de Europa.

Este libro es como un Diario, donde expresa cómo, a lo largo de toda su vida, buscó desesperadamente un ideal por el que pudiera vivir y morir. Y, al final, lo encontró en Cristo, decepcionado del comunismo y de las incongruencias de sus dirigentes, que vivían a todo lujo mientras las masas obreras vivían en la miseria.

Dice así: Cuando más desorientado me hallaba, se manifestó el Signo... Al volver una noche a casa, no conseguía conciliar el sueño. Para pasar el tiempo fui a buscar la novela que la hija de la casa había olvidado en la mesa del salón...

Era mediodía del día siguiente, cuando acabado el libro, lo cerré. Tenía los ojos inundados de lágrimas. El título de la novela era “Quo vadis”, de un tal Sienkievicz, novelista polaco, premio Nóbel de 1905...

Lo apasionante para mí fueron los numerosos datos que “Quo vadis” proporcionaba sobre la vida de las comunidades cristianas primitivas. Súbitamente, tuve la impresión de que todo aquello, a que más o menos confusamente había aspirado desde los quince años, buscándolo en vano en el comunismo, no era, a pesar de todo, pura utopía, ya que los primeros cristianos lo habían vivido...

Después comencé a leer otros libros sobre el tema. Me lo tragué todo: “Los últimos días de Pompeya”, Fabiola del cardenal Wiseman, luego novelas francesas, alemanas e italianas (sobre el primitivo cristianismo).

Leí la “Vida de Jesús” de Ernesto Renan... Después de Renan, leí las obras de los racionalistas Harnack, Strauss, Guignebert, Loisy, del protestante Sabatier, de los católicos Batifol, Duchesne, Prat, Lagrange...

Tanto católicos como protestantes y no creyentes pintaban la primitiva comunidad cristiana casi con los mismos colores... Todos los libros leídos se referían a una misma fuente: el Evangelio. Era ya hora de que lo leyese por mi propia cuenta...

A continuación, pasé varias semanas, frecuentando asiduamente reuniones de bautistas, metodistas, adventistas, pentecostales y otras iglesias...

Después de haber asistido a la reunión, solía pedir una entrevista con el pastor-predicador de la comunidad. Le decía quién era y qué buscaba, rogándole que me hablase de su iglesia.

En la mayoría de casos, me sorprendía desagradablemente la mediocridad intelectual de mis interlocutores, incapaces de responder con precisión a mis preguntas...

También me chocaba la extraña intolerancia de todos aquellos hombres, por lo demás piadosos y caritativos, hacia las demás iglesias, especialmente, cuando se trataba de quienes ellos denominaban con desprecio los “papistas” (católicos). Era aún peor que la intolerancia de los comunistas. Entonces, comprendí el sentido exacto de la palabra sectario...

Los pastores de las grandes iglesias de la Reforma: la luterana, la anglicana, la calvinista, eran hombres de una cultura más amplia y refinada. Discutir con ellos era ya harina de otro costal, porque hablábamos el mismo lenguaje...

Pero tampoco el protestantismo, en ninguna de sus formas, respondía completamente a lo que del cristianismo esperaba, ni pudieron los pastores convencerme de la continuidad histórica entre el cristianismo primitivo y sus iglesias respectivas.

A menudo, tuve la impresión de que les costaba comprender mi insistencia en este punto. Tales iglesias, de estructuras demasiado estrictamente nacionalistas, me parecían carentes de universalidad...

Empezaba ya a desanimarme (de encontrar la verdad), cuando el azar, o si se prefiere la providencia, puso en mi camino a un sacerdote católico excepcional, un teólogo jesuita...

Con gran consuelo, vi que su Iglesia daba tanta importancia como yo a la cuestión de la continuidad ininterrumpida con la Iglesia fundada por Jesús hace dos mil años en Palestina.

Durante varias semanas, pasé casi cada día dos o tres horas hablando con él...

Por fin, la tarde del 14 de agosto, pronuncié la fórmula de abjuración de todo error y herejía e hice mi profesión de fe católica. Inmediatamente, fui bautizado “sub conditione” (bajo condición), porque no sabía, si en mi infancia había recibido o no bautismo válido...

A partir del día de mi bautizo, quedé sólidamente anclado en la fe. Apenas sabía rezar, conocía mal las exigencias de la vida cristiana, pero la gracia había comenzado ya a obrar en mí.

Ahora, habiendo transcurrido desde mi bautismo muchos años, en cuyo curso, como ocurre con todos los creyentes, han alternado tantas veces períodos de gran fervor con otros de aridez, puedo considerar como una gracia particular el no haber sentido jamás lo que se llama dudas y obstáculos en la fe...

De todas las Órdenes religiosas, la que mejor llegué a conocer fue la dominicana. Allí estaba el P. Bernadot, un hombre extraordinario, y allí editaban la revista “La vie spirituelle” y “La vie intellectuelle...”

Estudié en la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Lyon... y el 29 de Junio de 1941, en la basílica de Fourvière, la Iglesia me confirió el sacerdocio
23.

Ignace Lepp, comunista furibundo, que llegó a ser sacerdote por la gracia y la misericordia de Dios.


23 Ignace Lepp, De marx a Cristo, Ed. Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1968, pp. 198-217.
   


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