Monday March 27,2017
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MATRIMONIOS FELICES


»  Oración

»  Introducción


1»  Noviazgo

2»  Matrimonio - Parte 1

3»  Matrimonio - Parte 2

4»  Amor - Parte 1

5»  Amor - Parte 2

6»  Diálogo - Parte 1

7»  Diálogo - Parte 2

8»  Diálogo - Parte 3

9»  Perdonar - Parte 1

10»  Perdonar - Parte 2

11»  Fidelidad - Parte 1

12»  Fidelidad - Parte 2

13»  Aspecto sexual - Parte 1

14»  Aspecto sexual - Parte 2

15»  Abiertos a la vida
Parte 1

16»  Abiertos a la vida
Parte 2

17»  Los hijos

18»  Matrimonio Cristiano
Parte 1

19»  Matrimonio Cristiano
Parte 2

20»  Oración - Parte 1

21»  Oración - Parte 2

22»  Matrimonios Felices
Parte 1

23»  Matrimonios Felices
Parte 2

24»  Matrimonios Felices
Parte 3

25»  Esposa ideal - Parte 1

26»  Esposa ideal - Parte 2

27»  Un Mensaje de María

28»  Renovación de las Promesas Matrimoniales

29»  Entronización del Corazón
de Jesús

30»  Consagración a María

31»  Consagración al Corazón
de Jesús

32»  Consagración de la familia al Corazón de Jesús


33»  Conclusión

34»  Bibliografía

 

26» Esposa Ideal - Parte 2

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Una mujer así es un tesoro. Por eso el poeta Gabriel y Galán la buscaba y le cantaba en un poema:

Busqué una mujer como mi madre entre las hijas de mi hidalga tierra.

Y fue mi esposa, viviente imagen de mi madre muerta.

¡Un milagro de Dios que ver me hizo otra mujer como la santa aquella!

Compartían mis únicos amores la amante compañera, la patria idolatrada, la casa solariega con la heredada hacienda.

¡Qué buena era la esposa y qué feraz la tierra!

¡Qué alegre era mi casa y qué sana mi hacienda, y con qué solidez estaba unida la tradición de la honradez a ellas!

Una sencilla labradora humilde, hija de oscura castellana aldea; una mujer trabajadora, honrada, cristiana, amable, cariñosa y seria, trocó mi casa en adorable idilio, que no pudo soñar ningún poeta.

¡Oh, cómo se suaviza el penoso trajín de las faenas cuando hay amor en casa!

Todo lo pudo la mujer cristiana, logrólo todo la mujer discreta; la vida en la alquería giraba en torno a ella, pacífica y amable, monótona y serena...

¡Y cómo la alegría y el trabajo donde está la virtud se compenetran!

Lavando en el riachuelo cristalino cantaban las mozuelas.

Y cantaba en los valles el vaquero y cantaban los mozos en las sierras, y el aguador camino de la fuente, y el cabrerillo en la pelada cuesta…

¡Y yo también cantaba, que ella y el camino hiciéronme poeta!

¡Qué deseos el alma tenía de ser buena, y cómo se llenaba de ternura, cuando Dios le decía que lo era!


Y nosotros podemos cantarle esa conocida canción que dice así:

Como una promesa eres tú, eres tú, como una mañana de verano; como una sonrisa eres tú, eres tú, así, así eres tú.

Toda mi esperanza eres tú, eres tú; como lluvia fresca en mis manos; como fuerte brisa eres tú.

Eres tú, así eres tú.
Eres tú, como el agua de mi fuente, eres tú, como el fuego de mi hoguera.

Algo así eres tú, algo así como el fuego de mi hoguera, algo así eres tú, mi vida, algo así eres tú.

Como mi poema eres tú, eres tú; como mi guitarra en la noche; todo mi horizonte eres tú, eres tú, así eres tú.

   


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