Saturday March 25,2017
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MATRIMONIOS FELICES


»  Oración

»  Introducción


1»  Noviazgo

2»  Matrimonio - Parte 1

3»  Matrimonio - Parte 2

4»  Amor - Parte 1

5»  Amor - Parte 2

6»  Diálogo - Parte 1

7»  Diálogo - Parte 2

8»  Diálogo - Parte 3

9»  Perdonar - Parte 1

10»  Perdonar - Parte 2

11»  Fidelidad - Parte 1

12»  Fidelidad - Parte 2

13»  Aspecto sexual - Parte 1

14»  Aspecto sexual - Parte 2

15»  Abiertos a la vida
Parte 1

16»  Abiertos a la vida
Parte 2

17»  Los hijos

18»  Matrimonio Cristiano
Parte 1

19»  Matrimonio Cristiano
Parte 2

20»  Oración - Parte 1

21»  Oración - Parte 2

22»  Matrimonios Felices
Parte 1

23»  Matrimonios Felices
Parte 2

24»  Matrimonios Felices
Parte 3

25»  Esposa ideal - Parte 1

26»  Esposa ideal - Parte 2

27»  Un Mensaje de María

28»  Renovación de las Promesas Matrimoniales

29»  Entronización del Corazón
de Jesús

30»  Consagración a María

31»  Consagración al Corazón
de Jesús

32»  Consagración de la familia al Corazón de Jesús


33»  Conclusión

34»  Bibliografía

 

3» Matrimonio - Parte 2

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Hay matrimonios que parecen cansados y aburridos como los dos discípulos de Emaús, que ya habían perdido las esperanzas que habían puesto en Jesús.

Por esto, hay que renovar el matrimonio cada día. Y decirle a Jesús, como los discípulos de Emaús:

Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día declina. Y entró y se quedó con ellos (Lc 24, 13-25).

Nosotros también debemos invitar a Jesús a quedarse con nosotros, a ser un miembro más de la familia.

Con Jesús todo lo podremos superar más fácilmente y los problemas de cada día no nos parecerán insolubles. Y también debemos invitar a María.

En las bodas de Caná estaban los dos invitados. Y fue una bendición para los recién casados y para toda la familia.

María se dio cuenta de que faltaba algo importante. Y le dijo a Jesús:

No tienen vino (Jn 2, 3). Y Jesús, por amor a María, a quien no le puede negar nada por ser su madre, hizo su primer milagro sin estar previsto en sus planes.

De la misma manera, nosotros, invitando a Jesús y a María, podemos estar seguros de que ella intercederá ante Jesús y le dirá:

No tienen comprensión, les falta dialogo, no quieren tener hijos, no tienen paz... Y Jesús podrá hacer milagros una vez más.

Por ello, es tan importante tener en la casa alguna imagen de Jesús y de María y rezar todos los días en familia y consagrarse como familia a Jesús por María.

Sin fe, el matrimonio no puede ser feliz. Pero con fe todo es diferente.

Decía Susana Tamaro:

Estoy plenamente convencida de que, sin fe, el matrimonio es una especie de campo de concentración, pero estoy igualmente convencida de que el matrimonio, vivido en plenitud, es un lugar de satisfacción, un camino de duro compromiso, pero bellísimo.

Sin embargo, muchos se casan de forma casual, sin ninguna preparación y sin ningún sentido de la sacralidad del matrimonio.

Hay un analfabetismo afectivo. El matrimonio se convierte para muchos en un producto de consumo más.

No tienen idea de construir algo juntos, conscientes de que en esa construcción, hay dificultades.

El matrimonio requiere fe, amor y vocación
2.

Dice el doctor Aquilino Polaino Lorente:

He tenido ocasión de conocer una pareja que vino a pedir ayuda.

Ambos eran jóvenes y trabajaban, comenzando a abrirse paso en la vida profesional.

La esposa recibía unos honorarios más cuantiosos que su marido. Y en su matrimonio trataron de organizarse de la forma más racional, dado que ambos eran universitarios.

Para ello hicieron inventario minucioso de las tareas domésticas. En función de su grado de dificultad que cada una de ellas comportaba y del tiempo que exigía su realización, les fue asignada una determinada puntuación.

Luego suscribieron un acuerdo para realizar las tareas domésticas al 50%.

De acuerdo a lo pactado, si al llegar el fin de semana uno de los dos había logrado menos puntos por haber realizado menos actividades en casa, entonces destinaría su tiempo libre a completar las tareas que le faltaban al cómputo.

Esto se cumplió escrupulosamente por ambas partes durante los tres primeros meses de matrimonio, aunque con dificultades.

Por fin, el marido se cansó. Se veía obligado a trabajar durante los fines de semana para completar su igualitaria dedicación a las tareas domésticas.

Le parecía que su casa se parecía más a una cooperativa que a una familia y que las relaciones con su mujer eran más difíciles que con la patronal de su empresa.

En definitiva, que su mujer no lo estimaba, que era muy difícil encontrar un gesto de amor en sus relaciones conyugales.

Dada esta situación, le habló a la esposa de la manera más clara posible de que no podía aguantar aquella situación.

Pero su esposa se negó a modificar el acuerdo establecido.

El esposo le dijo: "Si seguimos con el reparto equitativo de las tareas domésticas, nuestra vida será cualquier cosa menos matrimonio, que es lo que tú y yo soñamos al casarnos.

Si no estás dispuesta a que nos organicemos de otro modo, a partir de ahora tú te vas con tu madre y yo con la mía".

Y eso fue lo que acabaron por hacer. A ello siguió la demanda de separación y después el divorcio.

La terapia de pareja resultó inútil en este caso.

El matrimonio no puede organizarse como una empresa o una cooperativa.

El matrimonio no es una sociedad laboral en la que cada tres meses deben rotar los empleados y asumir nuevas y diversas responsabilidades.

El matrimonio es una comunidad de amor que no puede regirse por un reglamento laboral frío, pues una organización así vacía el matrimonio del amor que es su finalidad esencial y más necesaria
3.

Hay que darse cada uno al 100%. Pero, cuando falta el amor verdadero, que viene de Dios, falta el sentido del matrimonio.

Por eso, hay que pedir a Dios, en oración, que llene nuestro corazón de amor auténtico para evitar el egoísmo disfrazado de amor.


   


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