Friday November 24,2017
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MATRIMONIOS FELICES


»  Oración

»  Introducción


1»  Noviazgo

2»  Matrimonio - Parte 1

3»  Matrimonio - Parte 2

4»  Amor - Parte 1

5»  Amor - Parte 2

6»  Diálogo - Parte 1

7»  Diálogo - Parte 2

8»  Diálogo - Parte 3

9»  Perdonar - Parte 1

10»  Perdonar - Parte 2

11»  Fidelidad - Parte 1

12»  Fidelidad - Parte 2

13»  Aspecto sexual - Parte 1

14»  Aspecto sexual - Parte 2

15»  Abiertos a la vida
Parte 1

16»  Abiertos a la vida
Parte 2

17»  Los hijos

18»  Matrimonio Cristiano
Parte 1

19»  Matrimonio Cristiano
Parte 2

20»  Oración - Parte 1

21»  Oración - Parte 2

22»  Matrimonios Felices
Parte 1

23»  Matrimonios Felices
Parte 2

24»  Matrimonios Felices
Parte 3

25»  Esposa ideal - Parte 1

26»  Esposa ideal - Parte 2

27»  Un Mensaje de María

28»  Renovación de las Promesas Matrimoniales

29»  Entronización del Corazón
de Jesús

30»  Consagración a María

31»  Consagración al Corazón
de Jesús

32»  Consagración de la familia al Corazón de Jesús


33»  Conclusión

34»  Bibliografía

 

4» Amor - Parte 1

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Amor es una palabra muy bonita.

Hay infinidad de canciones y películas que ensalzan el amor.

Pero, a veces, es un amor falsificado, porque es un amor adúltero, donde el protagonista, por ser guapo y simpático, pareciera tener derecho a todo.

Es un amor de película, que no dura más de dos horas.

Pero la vida real requiere que, para ser felices, el amor sea eterno.

No se puede vivir cambiando de pareja como de camisa.

No se puede ir por el mundo diciendo a todo el que pase: Te quiero, porque quiero estar contigo.

Hay que tener seriedad y responsabilidad y no amar al paso.

Cuando los esposos están comprometidos en un matrimonio hay que cuidar mucho ese tesoro del amor, porque puede contagiarse con las enfermedades del mundo moderno. Y se puede perder, si sólo se piensa en la propia felicidad.

Si tú has encontrado una buena esposa, no te dejes encandilar por falsas apariencias, no la vendas por nada ni por nadie.

No te dejes arrastrar por el afán de aventuras o de placeres indebidos. Mírala, admírala y dale todo tu cariño.

Si vas detrás de otras mujeres, al final, perderás lo que más vale: tu propia esposa.

Mírala bien, descubre sus tesoros y no la devalúes, no la maltrates.

Reconquista el amor perdido a fuerza de ternura y cariño.

Enamórala cada día y te responderá con un amor incondicional que te hará inmensamente feliz.

Y tú, esposa, si tu esposo es un hombre bueno y fiel, cuídalo con cariño.

No lo rebajes, no le hagas sentir mal, comparándolo con otros que tienen más éxito económico y social.

Piensa siempre que tu esposo es más importante que todas las cosas del mundo.

No lo molestes con tus manías de limpieza.

Enséñale cómo comportarse para no manchar inútilmente, pero no le digas continuamente: No toques, no manches, no te sientes, no te muevas, no pongas eso ahí...

Es como si le dijeras, prefiero que te vayas a la calle y no manches; prefiero tener la casa limpia a que estés feliz en ella.

Sería preferible decirle: Te quiero tanto que no me importa que manches con tal de que te sientas feliz, aunque después, tendrás que ayudarme a limpiar.

Algo importante es hacer las cosas juntos para fomentar el amor mutuo.

No sólo orar e ir a fiestas, también limpiar, cocinar algún día, pasear, estudiar…

¡Hay tantas cosas hermosas que pueden hacerse juntos!

¡Hay tantos pequeños detalles que pueden hacer feliz al otro!

¡Es tan fácil sentarse juntos unos momentos a escuchar aquella música que los fascinaba siendo jóvenes o tomarle la mano en silencio, sonreírle o darle un regalo, o decirle con las palabras más hermosas: Te quiero!

¡Es tan fácil sorprender al otro, de vez en cuando, con un ramo de flores o una caja de chocolates!

¡O escribirle una hermosa tarjeta con palabras hermosas de agradecimiento por todo lo que hace!

Y, cuando tenga problemas, es fácil llamarlo por teléfono a ver cómo está y decirle:

No tengas miedo, yo estoy contigo. Todo pasará, no te preocupes, confiemos en Dios, pongamos todo en las manos de Dios.

Lo importante es no dejar el amor en el invernadero de la rutina. La rutina es un roedor implacable.

Después de los primeros tiempos de dulzura y felicidad, se va colando en muchos matrimonios la monotonía de la vida diaria.

Y, sin que nadie se dé cuenta, las cosas se van haciendo más pesadas.

Ya no se vibra con la ilusión de la llegada del cónyuge, ya no se le espera como en otros tiempos, todo parece que ha cambiado, como si hubieran cambiado de personalidad.

Pasan los años y la rutina, como un termita, va evaporando lo poco que queda de ilusión.

Parecen dos extraños, viviendo en la misma casa, pensando sólo en ir tirando.

Falta la frescura del primer amor, falta color y originalidad, falta Dios, que es el único que puede ir renovando el matrimonio con el agua fresca de su divino amor.

   


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