Saturday December 16,2017
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MATRIMONIOS FELICES


»  Oración

»  Introducción


1»  Noviazgo

2»  Matrimonio - Parte 1

3»  Matrimonio - Parte 2

4»  Amor - Parte 1

5»  Amor - Parte 2

6»  Diálogo - Parte 1

7»  Diálogo - Parte 2

8»  Diálogo - Parte 3

9»  Perdonar - Parte 1

10»  Perdonar - Parte 2

11»  Fidelidad - Parte 1

12»  Fidelidad - Parte 2

13»  Aspecto sexual - Parte 1

14»  Aspecto sexual - Parte 2

15»  Abiertos a la vida
Parte 1

16»  Abiertos a la vida
Parte 2

17»  Los hijos

18»  Matrimonio Cristiano
Parte 1

19»  Matrimonio Cristiano
Parte 2

20»  Oración - Parte 1

21»  Oración - Parte 2

22»  Matrimonios Felices
Parte 1

23»  Matrimonios Felices
Parte 2

24»  Matrimonios Felices
Parte 3

25»  Esposa ideal - Parte 1

26»  Esposa ideal - Parte 2

27»  Un Mensaje de María

28»  Renovación de las Promesas Matrimoniales

29»  Entronización del Corazón
de Jesús

30»  Consagración a María

31»  Consagración al Corazón
de Jesús

32»  Consagración de la familia al Corazón de Jesús


33»  Conclusión

34»  Bibliografía

 

9» Perdonar - Parte 1

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Algo esencial para ser felices es saber perdonar.

Porque el odio y el resentimiento son un veneno que envenena la vida.

El odio destruye, mientras que el amor construye. El odio enferma, mientras que el amor sincero sana y da felicidad.

Muchas enfermedades físicas provienen de la falta de perdón.

Estudios recientes han demostrado, por ejemplo, que un elevado número de divorciados, sobre todo mujeres, siguen alimentando mucho resentimiento a su excónyuge aun después de años de separación.

Y el estrés originado por este rencor llega a afectar su cuerpo con diversas enfermedades.

No querer perdonar es quedarse anclados en el pasado, de modo que la vida ya no puede seguir su curso normal.

Imaginemos a un esposo muy trabajador, que llega un día temprano a casa, antes de lo previsto, y encuentra a su esposa en su habitación con otro.

La esposa se echa a sus pies y le pide perdón. Él se queda pálido de indignación, pero se da cuenta de que el silencio somete a su esposa a una gran tortura.

El caso llega a oídos de la familia y de los vecinos. Y el esposo se goza de la vergüenza que siente la esposa.

En la casa, más que violencia, él la llena de desprecios con miradas y silencios.

Pero así no es feliz, se siente humillado y su silencio es una triste venganza.

Piensa: ¿Cómo me ha podido engañar a mí, un esposo fiel y trabajador? Me ha engañado con mi mejor amigo. La haré sufrir hasta el día de mi muerte.

Este hogar será un infierno en el que los hijos sufrirán las consecuencias.

La esposa tendrá miedo al esposo y, si se entrega a él en relaciones íntimas, no lo podrá hacer por amor sino por miedo y se sentirá violada por él.

Y él no podrá ser feliz, llevando su rencor en el corazón.

Lo que debe hacer es reconocer su parte de culpa, al descuidar a su esposa, pedirle perdón por su indiferencia hacia ella y darle la oportunidad de cambiar.

Es muy fácil sentirse la víctima y vengarse yendo con otras mujeres.

Pero, si sabe perdonarla de verdad, todo puede arreglarse y comenzar para ambos una nueva vida.

He conocido personalmente casos de infidelidades de esposas, que han traído inmenso sufrimiento a toda la familia.

Pero que, al final, con perdón, se han podido solucionar.

He conocido mucho sufrimiento en esposas que han descubierto la infidelidad de sus esposos.

En algunos casos, no han querido perdonarlo y lo han rechazado íntimamente para el resto de su vida.

Y ellos han tenido que buscar en la calle el cariño que se les negaba en casa.

Al no querer perdonar, la esposa, en cierto modo, es también culpable de las infidelidades futuras del esposo.

Otro problema es, cuando se van acumulando rencores y amarguras por las pequeñas cosas de cada día, en las que no hay comprensión ni amor ni delicadeza. Y uno de los dos va rumiando internamente pensamientos negativos contra el otro.

Es necesario dialogar para ir calmando las tensiones de la vida diaria.

No hay que acumular recelos, incomprensiones o resentimientos, que llevan a venganzas sutiles y a actitudes negativas, que van matando el amor.

El rencor que se guarda dentro se va convirtiendo en un tumor maligno, que envenena la vida entera. Tiene una fuerza destructiva terrible.

Por esto, perdonar es una condición indispensable para poder ser felices.

El rencor y el odio son como una barrera invisible que ponemos a Dios, que no puede perdonarnos ni oír nuestras oraciones hasta que nosotros no perdonemos de corazón a los demás.

Lo dice claramente san Juan: El que dice que ama a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso (1 Jn 4, 20).

Y Jesús dice: Si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas (Mt 6, 14).

Con frecuencia, los problemas conyugales comienzan en la falta de perdón. Hay mujeres que son frígidas, porque tienen miedo al esposo. Para ellas tener relaciones sexuales, más que un placer es un sufrimiento, porque se sienten como objetos.

Él busca ávidamente su placer y deja a la esposa sin llegar a disfrutar de esa relación conyugal.

Entonces, ella le guarda resentimiento y puede rechazar esas relaciones en las que no siente felicidad, sino sufrimiento, a causa del egoísmo del esposo.

También el egoísmo de la esposa, quizás camuflado con apariencias de cansancio o de enfermedad, va matando muchas veces el amor.

¡Cuánta paciencia debe tener cada uno para poder comprender, aceptar y perdonar los defectos y errores del otro!

¡Cuántas veces es mejor callar, cuando el otro se pone a gritar o a criticar cualquier cosa sin motivo!

Hay que tener paciencia y calma para no reaccionar airadamente y comenzar una pelea. A veces, es mejor el silencio y la paciencia.

Precisamente, una de las definiciones del amor es tener paciencia con la persona amada.

Eso hacen las mamás con sus hijos. No se cansan de atenderlos, aunque sea a altas horas de la noche, porque los aman y son capaces de sacrificarse por ellos.

   


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