Tuesday March 28,2017
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Libro Regresando a Casa

(Cristianos Convertidos
a la Fe Católica)

»  Introduccion


»  Aclaraciones Doctrinales

a»  Las Imágenes

b»  La Tradición

c»  La Biblia

d»  La Eucaristía

e»  La Virgen María

f»  La Iglesia católica

g»  El Purgatorio

h»  El Papa

i»  Lutero

j»  Cristianos No Católicos


1.0»  TESTIMONIOS

1.1»  Henry Newman

1.2»  Robert Hugh Benson

1.3»  Vernon Johnson

1.4»  Gilbert K. Chesterton

1.5»  Ronald Knox

1.6»  Juan W. Verkade


1.7»  Irma Barsy

1.8»  Kenyon Reynolds

1.9»  Juan Tsching Hsiung

1.10»  Sven Stolpe

1.11»  Sigrid Undset


1.12»  Cornelia de Vogel

1.12»  Heinrich Schlier

1.14»  Thomas Merton

1.15»  Julien Green

1.16»  Ephaïm Croissant


1.17»  Max Thurian

1.18»  Malcolm Muggeridge

1.19»  Alec Guinness

1.20»  Richard John Neuhaus

1.21»  Luis Miguel Boullón


1.22»  Joseph Ranalli

1.23»  Raymond Ryland

1.24»  James Pitts

1.25»  Thomas Ricks

1.26»  Robert Williams


1.27»  Stephen Ray

1.28»  Linda Poindexter

1.29»  Marcus Grodi

1.30»  Ed Fride

1.31»  Cristopher Dixon


1.32»  Rick Ricciardi

1.33»  Larry Lewis

1.34»  David B. Currie

1.35»  Burns Seeley

1.36»  Jay Damien


1.37»  Larry Blake

1.38»  Kenneth Guindon

1.39»  Antonio Carrera

1.40»  Steve Wood

1.41»  Pam Forrester


1.42»  Stuart Swetland

1.43»  Michel Viot

1.44»  Steve Clifford

1.45»  Kathleen Clarck

1.46»  Bod Sungenis


1.47»  Al Kresta

1.48»  Scott Hahn

1.49»  Paul Thigpen

1.50»  Graham Leonard

1.51»  Shan Kydd

1.52»  John Gummer


2.0»  Congreso Camino a Roma

2.1»  A los Hermanos Separados

2.2»  El Credo

2.3»  Mi Experiencia


3.0»  Convertidos que Marcan el Camino

3.1»  Alfonso de Ratisbona

3.2»  Eugenio Zolli

3.3»  André Frossard


4.0»  Conclusión

5.0»  Bibliografía

6.0»  Para Conocer la Fe Católica


 

 

REGRESANDO A CASA
Aclaraciones Doctrinales
g» El Papa


Algunos cristianos rechazan la infalibilidad del Papa, pero aceptan sin problema la infalibilidad del concilio de Nicea, por ejemplo.

Todos creen que Dios usa hombres falibles y pecadores para comunicar su verdad infalible en la Palabra de Dios.

Ahora bien, infalibilidad no quiere decir que el Papa es infalible en todo lo que dice, sino solamente, cuando habla de cosas de fe y moral, con toda su autoridad, como representante de Cristo, y quiere imponer una verdad para ser creída por toda la Iglesia.

De otro modo, no es infalible y, mucho menos, cuando habla de cosas de astronomía o ciencias. Un rey, por ejemplo, puede escribir muchas cartas, pero solamente las que promulga oficialmente con carácter de ley son las que obligan para ser respetadas por todos.

Así el Papa puede hablar o escribir en privado o en público, pero mientras no quiera imponer una verdad con toda su autoridad a toda la Iglesia, no es infalible.

Además, infalibilidad no quiere decir impecabilidad. Ha habido y podrá haber Papas pecadores, como lo fue Pedro, pero esto no le quita su autoridad.

Por otra parte, el hecho de que la Palabra de Dios no se interpreta por sí misma, hace necesaria una autoridad para poder determinar de modo infalible la interpretación de algunos puntos en particular.

Y así como la Constitución de un país necesita ser interpretada por su Gobierno o por las autoridades competentes, así la Palabra de Dios debe ser interpretada con garantía de verdad y, sin dudas, por una autoridad exterior a ella.

Esta autoridad es la que Cristo le dio a Pedro, al darle las llaves del reino de los cielos: “Lo que ates en la tierra será atado en el cielo, y lo que desates en la tierra será desatado en el cielo.” (Mt 16,19).

“Apacienta mis ovejas” (Jn 21,15-16). “Yo he rezado por ti para que tu fe no se equivoque y tú confirma a tus hermanos” (Lc 22,32). San Agustín decía:

“Roma locuta, causa finita est” (Si Roma -el Papa- ha hablado, la cuestión se ha terminado). Para indicar que el Papa es quien tiene la última palabra. Y esto puede comprobarse por la historia; pues, cuando el año 95 surgieron dificultades entre el clero y el pueblo de Corinto, para solucionarlas no acudieron a ningún apóstol. Aún vivía el apóstol san Juan en Éfeso.

Acudieron al Papa de Roma y el Papa Clemente les escribió dos cartas para solucionar el problema definitivamente. Hay un asunto que suele presentarse, cuando alguien quiere hablar en contra de la infalibilidad del Papa.

Es la llamada “cuestión del Papa Honorio”. Un caso único en la historia de los Papas. En el siglo VII, se planteó la cuestión de si Jesucristo tenía una o dos voluntades.

Si cuando obraba, actuaba con voluntad humana o con las dos voluntades, correspondientes a las dos naturalezas. El Papa Honorio (625-638) recibió un día una carta del patriarca Sergio I de Constantinopla, donde le urgía a tomar posición en la polémica entre el patriarca Ciro de Alejandría, partidario de una sola voluntad, y el monje Sofronio de Jerusalén, partidario de que Jesús, persona divina actuaba con las dos voluntades en una unidad moral.

Honorio le escribió, diciendo que “un solo Jesucristo actuaba en las dos naturalezas las obras de la divinidad y de la humanidad”. Lo peor fue que mandó callar al monje Sofronio, que sostenía la verdadera doctrina de las dos voluntades.

Entonces, Sergio de Constantinopla consideró que apoyaba la doctrina, que él sostenía, de una sola voluntad (de ahí viene el nombre de monoteletas, que se dio a estos herejes).

Y la herejía se extendió y muchos obispos se contagiaron de ella. El asunto llegó al concilio III de Constantinopla (680-680), donde Honorio fue condenado como hereje. Y lo mismo hicieron los dos siguientes concilios ecuménicos.

Pero, en primer lugar, ningún concilio tiene autoridad para condenar a nadie sin la autorización del Papa reinante.

En segundo lugar, el Papa nunca afirmó la doctrina herética de la única voluntad de Cristo. En sus dos cartas a Sergio de Constantinopla, expone la doctrina correcta; pero de modo ambiguo y equívoco, lo que dio motivo a creer que fue un hereje. Además, estas dos cartas, fueron cartas privadas y no doctrina solemne, no tenían toda la autoridad, para poder ser consideradas infalibles.

Por eso, el Papa León II (681-683), del tiempo del III concilio de Constantinopla, dijo:

“Honorio no extinguió la llama de la herejía como convenía a su autoridad, sino que por su negligencia la fomentó”.

Así pues, reconoce que no fue hereje, sino imprudente. Pudo ser pecador, irresponsable o incapaz, pero no hereje. Durante algunos años después de Honorio, los Papas debían jurar “rechazar la herejía, cuyo fermento había introducido Honorio”.

En 1870, en el concilio Vaticano I, cuando se quiso definir la infalibilidad del Papa, surgió de nuevo este problema.

Pero claramente se determinó que el Papa es infalible solamente, cuando habla “ex cathedra”, es decir, desde la cátedra, con toda su autoridad, con la intención de imponer una verdad para ser creída como tal por todos los fieles.

Esto no se daba en las dos cartas escritas por Honorio a Sergio de Constantinopla. Actualmente, todos están de acuerdo en que Honorio no fue hereje, pues lo que dice en sus dos cartas es perfectamente ortodoxo.

Él habla de una unidad de voluntades en Jesucristo, refiriéndose a una unidad moral de las dos voluntades existentes en Jesús. Por eso, se pudo definir la infalibilidad pontificia con toda tranquilidad como dogma de fe.

Y podemos afirmar, sin ninguna duda, que ningún Papa de la historia se equivocó al hablar solemnemente, con toda su autoridad, en cosas de fe y costumbres.

Y que todos los Papas, aun pecadores, iluminaron a la Iglesia con la luz de la verdad, revelada por Dios.

Quizás Dios permitió este caso de Honorio para hacer más palpable su providencia sobre la Iglesia y reafirmar así la autoridad del Papa.

 

   


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