Saturday September 23,2017
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ANGELES DE AQUI Y DE ALLA


»  Oración al Santo Angel de la Guarda

»  Introducción


1»  Los ángeles

2»  La devoción a los Angeles

3»  Experiencias de Angeles

»  Parte 1

»  Parte 2

»  Parte 3


4» Más experiencias

a»  San Juan Bosco

b»  Padre Lamy

c»  Jose María Escrivá


5» Testimonios recientes

»  Parte 1

»  Parte 2

»  Parte 3

»  Parte 4

»  Parte 5

»  Parte 6


6»  Ángeles del más allá

»  Niños - Parte 1

»  Niños - Parte 2

»  Niños - Parte 3

»  Niños - Parte 4

»  Niños - Parte 5

»  Adultos - Parte 1

»  Adultos - Parte 2

»  Adultos - Parte 3


7»  Ángeles en el purgatorio

8»  Ángeles del cielo

»  Parte 1

»  Parte 2

9»  Recomendaciones prácticas

»  Parte 1

»  Parte 2

»  Parte 3


10» Oraciones

a»  Oración

b»  Oración

c»  Oración

d»  Oración

e»  Oración

f»  Oración

g»  Oración

h»  Oración


11»  Consagracion a todos los angeles

12»  Conclusión

13»  Bibliografía

 

4» Más Experiencias
b- Padre Lamy

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

El padre Lamy (1853-1931), gran apóstol y místico francés, veía a los ángeles y tenía mucha familiaridad con ellos. Ellos le ayudaban en su ministerio.

Un día lo llamaron con urgencia para que fuera a visitar a un enfermo grave. Fue a la casa y lo confesó. Después, volvió a la parroquia para llevarle la comunión.

Cuando regresó, la puerta estaba abierta y subió directamente a la habitación, pero en la cama estaba otro enfermo también muy grave. Se había equivocado de habitación. Y este enfermo le decía:

- Padre, le estaba llamando, pero mi esposa no quiere saber nada de curas. Gracias, por haber venido. Mi esposa ha salido para ir al mercado y ha dejado la puerta abierta.

De esta manera tan simple, lo confesó y le dio la comunión a este enfermo que lo necesitaba y, después, fue a la siguiente habitación, donde estaba el enfermo a quien había visitado primero. Los ángeles le habían ayudado salvar aquel alma24.

Él nos dice: La protección de los santos ángeles sobre los habitantes de La Courneuve era notoria. Y a mí, en muchas circunstancias, me han ayudado con su luz, pues estaba casi ciego y tenía que llevar los últimos sacramentos por la noche por caminos oscuros25.


En una ocasión, los santos ángeles hicieron llover para impedir una fiesta (donde se cometerían muchos pecados). Y tuvo que ser cancelada26.

He visto a los ángeles dar la espalda en los templos para no ver a las personas que visten indecentemente. Yo soy severo en el modo de vestir, pero no todo lo que debería.

¿Se imaginan la severidad de Dios por ciertas acciones?

Algunos dicen: “Es la moda, es la moda”. Pero Dios juzgará27.

Nosotros no damos la importancia debida a los ángeles. No les rezamos lo suficiente. Los ángeles se sienten contentos, cuando les rezamos. No rezamos bastante a nuestros ángeles custodios.

¿Qué se hace por ellos? ¿Una pequeña oración por la mañana o al fin del día? Su misericordia es grande con nosotros y no los utilizamos mucho.

Ellos nos miran como a pequeños hermanos indigentes. El ángel se acuerda de todo. Él les puede decir lo que habéis hecho hace diez años como si fuera ayer...

Nuestro ángel custodio nos salva muchas veces de accidentes.

Pero ¿qué pueden hacer los ángeles, cuando no estamos en gracia de Dios? Nada. Ellos quisieran socorrernos, pero son impotentes.

Al rechazar al Señor por el pecado, es como mandar a paseo a sus empleados. Y entre los católicos ¿cuántos son los que les piden ayuda? Pocos.

Nosotros no recurrimos bastante a los ángeles. Cada ángel tiene una fisonomía particular. Mi ángel custodio tiene la cabeza redonda y es bellísimo, con cabellos negros y ondulados.

El arcángel Gabriel tiene los cabellos cortos y ondulados. Gabriel tiene la cabeza más grande que los otros ángeles. Es por eso que yo reconozco a un ángel de categoría superior...

Cuando vosotros veis unos 50 ángeles, os quedáis maravillados. Debe ser un espectáculo maravilloso en el cielo ver el vuelo de millones de ángeles con placas de oro, que parecen soles. Siempre parecen jóvenes.

A algunos los reconozco por la voz, sin verlos. Y ellos, así como el diablo, están con nosotros y alrededor de nosotros.

No los vemos por muy poco. Es como una película fina que nos separa de ellos.

Yo he sido sostenido por los ángeles muchas veces, cuando estaba agotado por la fatiga. He sido transportado de un lugar a otro sin saberlo.

Yo decía: “Mi Dios, estoy muy fatigado”. Estaba lejos de la parroquia; a veces, de noche, y me encontraba de repente transportado a la plaza de San Luciano ¿Cómo ocurría eso? Yo no lo sé.

Durante la guerra, iba a la estación a dar absoluciones generales a los soldados. Un soldado me dijo:

“Me voy a morir”. Mi ángel custodio lo ha bendecido y él me ha dicho: “Me siento mejor”.

Era un día por la tarde, en la estación de Courneuve. Yo siempre le pedía a mi ángel que curara a algunos y vi al santo arcángel Gabriel y a mi ángel que los bendecían.

En la estación, yo pasaba por los vagones, dando la unción a los enfermos. Cuando tenía que subir y bajar sesenta u ochenta veces de un vagón a otro, sobre todo en vagones fuera de la vía, los santos ángeles me ayudaban a subir28.

¡Cuántas veces el padre Lamy fue ayudado y salvado de los peligros por los ángeles!

En una oportunidad, iba al atardecer por la carretera de Rivieres-le-Bois a Pailly. Iba inclinado, porque los últimos rayos de sol del atardecer le hacían daño. Y, de pronto, se le presentó un ciclista que lo iba a atropellar; pero el arcángel Gabriel levantó la bicicleta y al ciclista por el aire y los dejó en la cuenta.

Y dice el padre Lamy: Yo vi a aquel joven asombrado, mirando al ángel y mirándome a mí. Yo tenía unas ganas locas de reírme, pero me contuve para no ofenderlo.

Cuando me alejaba, vi otro ciclista que venía y el primero le decía: “Son dos, son dos”, refiriéndose al ángel y a mí. El otro no entendía nada.

La Virgen María tuvo la bondad de ponerme bajo la protección del arcángel Gabriel y, con mi mala vista, me fue muy útil
29.


24 Biver Paul, Le père Lamy, Ed. Serviteur de Jesús et de Marie, 1966, prefacio IX.
25 ib. p. 66.
26 ib. p. 67.
27 ib. p. 164.
28 ib. pp. 127-130.
29 ib. p. 132.
   


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