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New Age
(Nueva Era)
  



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New Age

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10» Conclusión de la New Age

11» Anexo 1
Frente a la masonería

12» Anexo 2
Cruzada de Oración

13» Bibliografía
¡Alerta! New Age

 


 

Anexo 1
Frente a la masonería

Autor: www.homilia.org 

Posición de la Iglesia Católica frente a la masonería: 

1. Resumen

La Masonería, tal como se conoce hoy, entró en la historia cuando se estableció la Gran Logia de Inglaterra en 1.717. En 1.738, el Papa Clemente XII la condena en su Constitución Apostólica In Eminenti.

Trece años después, el Papa Benedicto XIV, en su documento Providas, reafirmó la censura de la Masonería y de otras sociedades secretas hecha por su antecesor. Más aún, desde ese entonces han habido "más de 200 documentos en que el Vaticano ha condenado la Masonería" (cfr. Paul A. Fisher en "Behind the Lodge Door"). 

Entre estas denuncias, unas de gran importancia fueron hechas por el Papa León XIII, quien en su Encíclica Diuturnun illud, (1881) denunció especialmente la creciente audacia de las sectas y definió de nuevo la postura condenatoria de la Iglesia frente a la Masonería. La justificación doctrinal de esta postura la hace el mismo León XIII en 1884 con su Encíclica Humanum Genus.

El núcleo central de este documento está constituido por un análisis de la Masonería considerada en sí misma y por un juicio crítico condenatorio de ésta. León XIII no hace distinciones: no existe una Masonería buena y otra mala; toda secta que profese los principios masónicos y acepte total o parcialmente sus prácticas cae dentro de la condenación pontificia. 

El juicio fundamental sobre la Masonería está incluido en la afirmación de que "la masonería es contraria a la justicia y a la moral natural". La base justificativa de este juicio condenatorio reside en las conexiones totales que unen a la Masonería con los principios del Naturalismo. La Masonería es la proyección social y política del Naturalismo filosófico.

¿Cuáles son los principios naturalistas que acepta y pone en práctica la Masonería? En primer lugar, el dogma de la soberanía absoluta de la razón y sus dos consecuencias: negación de la Verdad Revelada e indiferentismo religioso.

Este es el error teológico de la Masonería, pero en este documento León XIII considera, además, otra serie de errores masónicos.

Otro documento importante de León XIII sobre el peligro masónico es un capítulo de una Encíclica suya sobre la unidad de la Iglesia, Praeclara gratulationis (1894), en la cual califica a la Masonería como una de las asechanzas a la Fe Católica.

En este documento el Papa atribuye a la Masonería la ambición de lograr el control político de todos y cada uno de los Estados. 

Juan Pablo II renueva esta tradición condenatoria de la Iglesia Católica a la Masonería, al firmar la Declaración sobre este tema de la Congregación para la Doctrina de la Fe del 26 de noviembre de 1983.

En este documento se reafirma que la pertenencia a la Masonería es un pecado grave que niega a los Católicos "el derecho a acercarse a la Sagrada Comunión". También afirma que la posición de la Iglesia sobre las asociaciones masónicas se mantiene sin alteración, ya que los principios de la Masonería siempre se han considerado irreconciliables con la doctrina de la Iglesia Católica.

De acuerdo a esta Declaración, la afiliación de los Católicos a la Francmasonería sigue estando prohibida por la Iglesia.

Posterior a esta Declaración de la Santa Sede, un editorial del Osservatore Romano toca el tema de la Masonería y la condena con un vigor que recuerda a León XIII en Humanum Genus.

En éste se afirma que la Santa Sede ha considerado a la Masonería como responsable de actividades subversivas contra la Iglesia, y en cuatro oportunidades el Editorial recuerda que el Cristianismo y la Francmasonería son "irreconciliables".

2. Clemente XII

Extracto de Constitución Apostólica 
In Eminenti 


"Hemos resuelto y decretado condenar y prohibir ciertas sociedades, asambleas, reuniones, convenciones, juntas o sesiones secretas, llamadas Francmasónicas o conocidas bajo alguna otra denominación. Las condenamos y las prohibimos por medio de esta constitución, la cual será considerada válida para siempre. 

"Recomendamos a los fieles abstenerse de relacionarse con dichas sociedades ... para evitar la excomunión, que será la sanción impuesta a todos aquéllos que contravinieren ésta nuestra orden".

Texto completo Humanus Genus 

3. LEON XIII  de la Encíclica Praeclara Gratulationis
[La Masonería]


(11) Otro peligro grave para la unidad es la masonería, potencia temible que oprime desde hace ya tiempo a las naciones, y sobre todo a las naciones católicas.

Orgullosa hasta la insolencia por su fuerza, sus recursos y sus éxitos, pone por obra todo lo que es menester, favoreciendo las turbulencias que agitan nuestra época para consolidar y extender por todas partes su dominación.

Desde las ocultas tinieblas en que conspiraba, irrumpe hoy en los Estados mostrándose a la luz del día; y, como lanzando un desafío a Dios, ha establecido su sede en esta misma urbe, capital del mundo católico.

Pero la mayor desgracia de todas es que, dondequiera que la masonería pone su pie, se infiltra en todas las clases sociales y penetra en todas las instituciones del Estado para llegar, si fuera posible, a constituirse árbitro soberano de todas las cosas.

La mayor desgracia, decimos, porque tanto la perversidad de sus principios como la iniquidad de sus propósitos son cosas evidentes. Con el pretexto de reinvindicar los derechos del hombre y reformar la civilización, combate las instituciones cristianas; rechaza toda doctrina revelada; califica los deberes religiosos, los sacramentos, todas las realidades augustas, como simples supersticiones; se esfuerza por descristianizar el matrimonio, la familia, la educación de la juventud, todo el conjunto de la vida pública y de la vida privada, así como también por hacer desaparecer en el alma del pueblo todo respeto a la autoridad divina y a la autoridad humana.

El culto que la masonería prescribe es el culto de la naturaleza humana; y son también los principios de esta naturaleza humana los que propone como única medida y única norma de la verdad, la bondad y la justicia. De esta manera, como es evidente, se incita al hombre a tener una moral y una conducta casi paganas, si no es que el crecimiento y el refinamiento de las seducciones lo hacen descender más abajo todavía.

Aunque en esta materia nos hemos hecho ya en otras ocasiones advertencias muy serias, nuestra vigilancia apostólica nos obliga a insistir en este punto y a decir y repetir una y otra vez que, frente a un peligro tan acuciante, toda medida defensiva será siempre insuficiente. ¡Ojalá la clemencia divina burle los propósitos de la masonería!

Pero es necesario que el pueblo cristiano comprenda que hay que sacudir de una vez para siempre el yugo infamante de la masonería, y que deben poner una mayor energía en esta labor todos aquéllos que son más duramente oprimidos por este yugo, es decir, los italianos y los franceses.

Nos ya hemos dicho cuáles son las armas que hay que emplear y cuál es la táctica que hay que seguir en este combate; la victoria no es dudosa con un jefe como Aquél que pudo decir un día: “Yo he vencido al mundo” (Jn.16, 23).

 

   


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