Friday January 20,2017
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San José - El mas santo de los antos

  


SAN JOSÉ
El más santo de los santos
  


Introducción

1»  Algunos textos aplicables a san José

2»  Virginidad de san José

3»  Matrimonio de José y María

4»  Paternidad de san José

5»  La sagrada familia

6»  Un poco de historia

7»  Privilegios de san José

8»  Asunción de san José

9»  San José y los moribundos

10»  El más santo de los santos

11»  Los Papas y san José


12.1»  Apariciones de san José Parte 1

12.2»  Apariciones de san José Parte 2

12.3»  Apariciones de san José Parte 3

12.4»  Apariciones de san José Parte 4


13.1»  Milagros de san José Parte 1

13.2»  Milagros de san José Parte 2

13.3»  Milagros de san José Parte 3

13.4»  Milagros de san José Parte 4


14.1»  Palabras de algunos santos - Parte 1

14.2»  Palabras de algunos santos - Parte 2

14.3»  Palabras de algunos santos - Parte 3

14.4»  Palabras de algunos santos - Parte 4


15»  Algunos santuarios de san José

16»  Reflexiones

17»  Dolores y gozos de san José

18»  Letanías a san José

19»  Oraciones a san José

20»  Consagración a san José

21»  Conclusión

22»  Bibliografía

23»  Novena a san José
(versión corta)

 

8» Asunción de San José

Autor: P. Angel Peña O.A.R

Uno de los especiales privilegios concedidos por Dios a san José, según algunos santos, es el de su Asunción al cielo en cuerpo y alma. Así lo expresa el famoso teólogo español Suárez, San Pedro Damián y san Bernardino de Siena, san Francisco de Sales, san Alfonso María de Ligorio, la venerable Madre María Jesús de Ágreda,Bossuet, san Enrique de Ossó y Cervelló y otros.

¿Por qué motivo? Porque Cristo es, sobre todo, redentor de sus padres, a quienes amó con un amor total y a quienes santificó con tal plenitud que los hizo prototipo de los demás redimidos. Además, porque José tuvo una misión universal especialísima y porque parece razonable que la Sagrada Familia, predestinada a iniciar una vida divina del linaje humano con anterioridad a todos los demás, inicie también la vida gloriosa de la resurrección antes que todos los demás.

Gerson, el gran devoto de san José, habló de la resurrección y de la Asunción de san José al cielo en cuerpo y alma en el sermón pronunciado en el concilio de Constanza el 8 de septiembre de 1416.

El famoso italiano Isidoro de Isolano (+1528), llamado el profeta de san José, en su obra Somma dei doni di san Giuseppe, escrita en 1522, dice: El evangelio atestigua que los cuerpos de muchos santos resucitaron después de la pasión del Salvador (Mt 27, 52-53). Y estamos persuadidos que, entre ellos, se encuentra, sin duda alguna, el de José... Además, es propio del hijo honrar a su padre y cuidar de su cuerpo después de muerto. Por eso, Cristo, alresucitar los cuerpos de muchos santos, no podía dejar en el sepulcro el cuerpo de su padre putativo... Igualmente, podemos creer que, si en vida honró a José más que a todos los otros, llamándole padre, también lo ensalzaría por encima de todos después de su muerte26.

San Pedro Damián (1007-1072) habla de la Asunción de san José, en el Sermón sobre san Juan Bautista. El venerable Bernardino de Bustos refiere que, estando san Bernardino de Siena (+1444) predicando en la ciudad de Padua sobre la Asunción de José en cuerpo y alma a los cielos, vieron los oyentes sobre la cabeza del santo predicador, una cruz como de oro refulgente, despidiendo embelesadores rayos de luz.

Estaba diciendo lo siguiente: Devotamente se debe creer, pero no afirmar como de fe, que el benignísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, con igual privilegio adornó a su padre adoptivo que a su madre Santísima; y que así como, cuando murió la Santísima Virgen, se la llevó al cielo en cuerpo y alma, así también el día que resucitó Jesús, se llevó consigo al justísimo patriarca san José con la gloria de la resurrección; a fin de que así como aquella santa familia, a saber, Cristo, María y José, vivieron juntos en la tierra una vida laboriosa y en conforme gracia, así con amorosa gloria reinen en el cielo en cuerpo y alma
27.

San Leonardo de Puerto Mauricio afirma: Decid que san José, al morir, fue transportado al empíreo en cuerpo y alma por privilegio particular anotado en los Proverbios: Todos los de su casa van vestidos con doble estola (Prov 31, 21), es decir, los de la familia de la mujer fuerte, o de la Virgen María, llevan doble estola, entendiendo los sagrados intérpretes por doble estola, la glorificación del alma y del cuerpo28.

El gran teólogo español Francisco Suárez (1548-1617) dice hablando de san José: No dejaré de advertir que, conforme a una opinión bastante aceptada, se hace cosa probable que nuestro santo reina con Cristo en la gloria en cuerpo y alma; porque, como murió antes que Nuestro Señor, es verosímil que fue de aquellos que resucitaron al tiempo de la muerte o resurrección del Salvador, los cuales resucitaron a vida inmortal de alma y cuerpo29.

La Madre María de Jesús de Ágreda (1602-1665) dice: El día de la resurrección, con toda belleza y gloria, se levantó nuestro Salvador del sepulcro y, en presencia de los santos y patriarcas, prometió al linaje humano la resurrección universal como efecto de la suya en la misma carne y cuerpo de cada uno de los mortales y que en ella serían glorificados los justos. En prendas de esta promesa y como en rehenes de la resurrección universal, mandó Su Majestad a la almas de muchos santos que allí estaban, se juntasen con sus cuerpos y los resucitasen a inmortal vida. Al punto, se ejecutó este divino imperio y resucitaron los cuerpos que, anticipando el misterio refiere Mateo (Mt 27, 52). Y, entre ellos, fueron santa Ana, san José y san Joaquín, y otros de los antiguos Padres y Patriarcas, que fueron más señalados en la fe y esperanza de la Encarnación y con mayores ansias la desearon y pidieron al Señor. Y, en retorno de estas obras, se les adelantó la resurrección y gloria de sus cuerpos30.

Dice san Francisco de Sales: No hemos de dudar en manera alguna de que este glorioso santo goza en el cielo de mucho crédito ante Aquel que tanto le favoreció hasta el punto de elevarlo hasta allí en cuerpo y alma; lo cual es tanto más probable cuanto que no nos queda de él ninguna reliquia en la tierra; y me parece que nadie puede dudar de ello, porque ¿cómo pudo negar a san José esta gracia Aquel que se le mostró obediente durante toda su vida?...

Y, si es verdad, cosa que debemos creer, que en virtud del Santísimo Sacramento que recibimos, nuestros cuerpos resucitarán el día del juicio, ¿cómo podemos dudar de que hizo subir consigo a los cielos en cuerpo y alma al glorioso san José que había tenido el honor y había recibido la gracia de llevarlo con tanta frecuencia en sus brazos, en los cuales Nuestro Señor tanto se complacía
?

Es pues indudable que san José está en el cielo en cuerpo y alma. ¡Qué dichosos seríamos, si mereciésemos tener parte en sus santas intercesiones! Porque nada se le niega ni por parte de Nuestra Señora ni de su glorioso esposo31.

Es interesante anotar que el Papa Juan XXIII, en la homilía pronunciada en la fiesta de la Ascensión, el 26 de mayo de 1960, con motivo de la canonización de Gregorio Barbarigo, expresó su opinión personal de que san José está en el cielo en cuerpo y alma; y la expuso como opinión aceptable. Dijo literalmente en italiano: così piamente noi possiamo credere (así nosotros podemos piadosamente creer)32.

Por supuesto, que no es dogma de fe la Asunción de san José, pero esperamos que lo sea en un futuro no muy lejano. Como diría el gran filósofo católico Jean Guitton: Tengo la impresión de que no ha llegado todavía el tiempo de san José. No ha salido de la sombra, apenas está comenzando a salir. Veréis que el futuro nos reserva muchas bellas sorpresas sobre él33.


26 Citado por Llamera Bonifacio, Teología de san José, BAC, Madrid, 1953, p. 630.
27 Sermón II sobre san José a. 3; citado por Butiñá Francisco, Glorias de san José, Ed. Subirana, Barcelona, 1909, p. 280.
28 Butiñá Francisco, o.c., p. 285.
29 Suárez Francisco, Misterios de la vida de Cristo, vol. 1; BAC, Madrid, 1948, p. 281; disputa 8, sec 2.
30 María de Jesús de Ágreda, Mística ciudad de Dios, Madrid, 1970; segunda parte, Libro VI, cap 26, p. 1073.
31 Francisco de Sales, Pláticas espirituales, Ed. Balmes, Barcelona, 1952, Plática XIX, pp. 325-326.
32 Acta Apostolicae Sedis 52, de 1960.
33 Messori Vittorio, Ipotesi su Maria, Ed. Ares, Milán, 2005, p. 385.

 

 

 

   


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