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PREGUNTA 327. AMANTE SACRÍLEGA Soy amante de un sacerdote. Somos muy felices porque nos queremos muchísimo. El amor no es pecado, pues Dios es amor. Me considero una buena cristiana y por eso comulgo todos los días. RESPUESTA: Usted no es una buena cristiana sino una pecadora y una sacrílega. Lo que tiene que hacer es alejarse inmediatamente de ese sacerdote y confesarse cuanto antes con un sacerdote que no conozca a su cómplice. Creo que le gustará lo que le envío. Es un texto de Hugo Wast sobre el sacerdote. Hugo Wast escribió: «Cuando se piensa que ni la Santísima Virgen puede hacer lo que hace un sacerdote; cuando se piensa que ni los ángeles pueden hacer lo que un sacerdote; cuando se piensa que Nuestro Señor Jesucristo, en la Última Cena, realizó un milagro más grande que la creación del universo, y que este portento puede repetirlo cada día un sacerdote; cuando se piensa en el otro milagro que un sacerdote puede realizar: perdonar los pecados; cuando se piensa que el mundo moriría de la peor hambre si le faltase la eucaristía; cuando se piensa que esto puede ocurrir por falta de vocaciones sacerdotales; cuando se piensa que un sacerdote hace más falta que un maestro y que un médico, pues él puede remplazarlos a ellos, y ellos no al sacerdote; cuando se piensa todo esto uno comprende la inmensa necesidad de fomentar las vocaciones sacerdotales; uno comprende el afán de muchas familias para que en su seno brotase una vocación sacerdotal; uno comprende el inmenso respeto del pueblo por los sacerdotes; uno comprende que el peor crimen que se puede cometer es impedir o desalentar una vocación; uno comprende que ayudar a un joven a llegar al altar es contribuir a que “otro Cristo” alimente al mundo con la eucaristía.» No sé cómo llegó a mis manos una hoja que decía: ¡Pobre cura! Si es joven, le falta experiencia. Si es viejo, ya debe retirarse. Si canta mal, se ríen. Si canta bien, es un vanidoso. Si se alarga el sermón, es un pesado. Si es corto, no sabe qué decir. Si habla en voz alta, regaña. Si lo hace en tono natural, no se le oye. Si escucha en el confesionario, es un chismoso. Si confiesa aprisa, no escucha. Si visita a los feligreses, no está nunca en el despacho. Si no lo hace, es arisco. Si tiene coche, vive como rico. Si va a pie, es un antiguo. Si pide ayuda, es un pesetero. Si no arregla la iglesia, es un abandonado. Y cuando se muera, muchos lo echarán de menos.
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