Wednesday February 22,2017
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CURSO DE APOLOGÉTICA
frmaria.org

San Pedro Apostol

San Pedro Apóstol



01. ¿Qué es Apologética, cómo, cuándo y por qué hacerla?.

02. El origen de la Iglesia.

03. Los pecados de la Iglesia.

04. La infalibilidad del Papa.

05. El dinero del Vaticano.

06. Iglesia y política.

07. El celibato de los sacerdotes.

08. Preservativos y sida.

09. Fe y Razón.

10. ¿En que creen los que dicen que no creen?.

11. Mitos protestantes (I).

12. Mitos protestantes (II).

13. ¿Por qué protestan los protestantes? (I).

14. ¿Por qué protestan los protestantes? (II).

15. Los hermanos de Jesús.

16. El por qué del celibato sacerdotal (I)

17. El por qué del celibato sacerdotal (II).

18. Por qué fue Pedro el elegido.

19. Preservativos y sida.

20. Adopción por parejas homosexuales.

21. Investigación con células madre.

22. Economía y moral.

23. El silencio de Dios (I).

24. El silencio de Dios (II).

25. Catolicismo y tolerancia.

26. Educación y derechos de los padres.

27. La historicidad de Jesús.

28. El relativismo según Benedicto XVI.

29. ¿Se puede ser cristiano sin Cristo y sin Iglesia?

30. Violencia, pacifismo y paz.

31. Cristianismo y progreso.

32. Catolicismo y Masonería (I).

33. Catolicismo y Masonería (II).

34. Catolicismo y Masonería (III).

35. La reencarnación (I)

36. La reencarnación (II).

37. ¿Son iguales todas las religiones?.

38. Los obispos españoles hablan del laicismo.

39. Iglesia y política

40. La responsabilidad civil de los católicos.

41. Fátima, noventa años de presencia mariana.

42. Víctimas de la persecución religiosa en España.

 

 

 

11. Mitos protestantes (1)


Con muchos cristianos no católicos el diálogo ecuménico es profundo y respetuoso.

Por desgracia, no faltan otros con los que no es así, y no sólo entre las sectas.

En su ataque a la Iglesia para captar adeptos, no les importa difundir mentiras y calumnias.

Entre ellas, la de que la Iglesia era contraria a la Biblia y que no quería que el pueblo tuviera acceso a ella. Este es un mito que merece una respuesta clarificadora.

La obra Sección 1 del Griego del Nuevo Testamento, que facilita en sus cursos de lenguas bíblicas la entidad protestante S.E.U.T. (Seminario Evangélico Unido de Teología, ligado a la Iglesia Evangélica Española y a la Iglesia Española Reformada Episcopal), no se centra en la lengua griega, como sería de esperar, sino que incursiona en el terreno de la exégesis y de la historia al exponer algunos de los principios «exegéticos» de la pseudo-reforma protestante, así como al enseñar sin rubor los mitos de la historiografía «reformada».

Vamos a ver cómo esta obra maestra de manipulación ideológica carece de base científica y bíblica.

Se trata de la supuesta ignorancia de los pueblos de Europa en materia bíblica antes de la pseudo-reforma protestante, tal y como se afirma en la lección 34 de la Sección 1 (pág. 5.8), donde se dice a propósito de la Edad Media, la «Edad de las tinieblas», que dicha ignorancia se debía a estar escrita la Biblia «sólo en idiomas antiguos, como el latín y el griego.

La Biblia estaba sólo disponible, mayormente, en latín, y el hombre corriente de entonces no estaba más versado en latín que el operario de una fábrica de Ford en la actualidad»; y «un poco antes de la Reforma, algunos comenzaron a traducir la Biblia a lenguas europeas (...) a pesar de la terrible oposición y persecución». Parece imposible mayor número de falsedades en tan pocas líneas.

1) La Edad Media comienza en el siglo V d.C., a contar desde el año de la caída de Roma.

En dicha época la mitad occidental del antiguo imperio romano, dominada por los bárbaros, hablaba latín y disponía de una excelente versión de la Biblia: la Vulgata de San Jerónimo; la mitad oriental del imperio, que sobrevivió hasta que los turcos conquistaron Constantinopla en el siglo XV, hablaba griego y podía leer en esa lengua tanto el Nuevo Testamento como el Antiguo (este último en varias versiones, como la de los LXX); de suerte que en la Edad Media el pueblo tenía un conocimiento amplísimo de las Escrituras.

2) La Biblia se tradujo a las lenguas vernáculas muchos siglos antes de la pseudo-reforma de Lutero, Calvino y compañía, pues:

a) Los santos católicos Cirilio y Metodio tradujeron la Biblia al búlgaro antiguo en el siglo IX, ¡en plena Edad Media, la «Edad de las tinieblas»! (cf. Lengua y Literatura Latinas 1, autores varios, UNED, Madrid, 1986, pág. 32, e Iniciación a la fonética, fonología y morfología latinas, José Molina Yébenes, Publicacions Universitat de Barcelona: Barcelona 1993, pág. 4); así, los búlgaros podían leer la Biblia en su lengua.

b) El obispo Ulfilas (arriano, no católico), evangelizador de los godos de Dacia y Tracia, tradujo la Biblia al gótico pocos años antes de que San Jerónimo acabara la Vulgata, de suerte que cuando llegaron las «tinieblas» medievales ¡los godos podían leer la Biblia en su lengua materna! (cf. José Molina Yévenes, op. cit., pág. 5; Esteban Torre, Teoría de la traducción literaria, Ed. Síntesis, 1994, pág. 24, y UNED, op. cit., pág. 32).

e) El monje católico Beda el Venerable tradujo al anglosajón o inglés antiguo el Evangelio de San Juan poco antes de su muerte, acaecida en el año 735, o sea: ¡en plena Edad Media, «la Edad de las tinieblas»! (cf. Esteban Torre, op. cit., pág. 24)

d) El gran historiador Giuseppe Riciotti, nos informa en su introducción a la Sagrada Biblia de que, en Italia, «la Biblia en lengua vulgar era popularísima en los siglos XV y XVI», y de que «desde el siglo XIII se poseen» traducciones italianas de la Biblia, aunque «se trata de traducciones parciales», es decir, aunque se trata de traducciones de los libros sagrados más memorables y accesibles, pues a nadie, excepción hecha de unos cuantos eruditos, le interesaba, p. ej., el elenco interminable y fastidiosísimo de las genealogías del libro de los Números.

e) La obra Historia de la Literatura 1 (Antigua y Medieval) (autores varios, UNED, Madrid, 1991, pág. 103) nos informa de lo siguiente tocante a las versiones castellanas de la Biblia: «hallamos en el siglo XIII otro grupo de obras formado por las traducciones de la Biblia que se realizaron en este periodo.

Ya en la primera mitad del siglo nos encontramos con el primer texto conservado que se incluye en este grupo: la Fazienda de Ultramar.

Pese a que algunos han querido retrasar su redacción hasta mediados del siglo XII, no parece, por su lengua, que fuere escrita en fecha tan temprana.

No es una simple versión de la Biblia. Contiene, junto a la propia traducción (realizada, al parecer, no directamente de la Vulgata sino de una traducción latina del siglo XII efectuada sobre los textos hebreos), otra serie de materiales: descripciones geográficas, relatos tomados de la antigüedad clásica... Parece que pretende ser una especie de guía para los peregrinos que viajaban a Tierra Santa.

Mediante estas traducciones de la Biblia se consiguió que personas que sabían leer en su propia lengua pudiesen recibir más directamente las enseñanzas religiosas.

Las versiones eran también aprovechadas para lectura en voz alta realizada en grupos reducidos. La Iglesia española de la época no era muy partidaria de las Biblias romances, y de hecho en el Concilio de Tarragona de 1233 llegó a prohibir su lectura.

Pese a ello la traducción de las Escrituras no fue abandonada, se desarrolló ampliamente a lo largo del siglo XIII y las Biblias romanceadas fueron leídas incluso por los reyes de la época».

Está claro: mucho antes de Calvino y Lutero, el pueblo castellano leía la Biblia en su lengua. La enorme extensión de las traducciones castellanas muestran que el derecho prohibitivo del Concilio Tarraconense o no se aplicó o enseguida cayó en desuso.

Dicha decisión conciliar tenía su explicación: antes de autorizar la lectura de una versión había que mirar si acaso estaba bien hecha, sin falseamientos del texto sagrado.

La escasa calidad literaria de las versiones junto con el aditamento de otros materiales no era de lo más a propósito para alejar toda sospecha; pero no se persiguió a nadie por traducir la Biblia al castellano, lo cual es muy significativo.

f) «La Edad Media presenció el florecimiento en Francia de un gran número de traducciones de la Sagrada Escritura a todas las lenguas y dialectos de Oc y de Oil [para todas las antiguas versiones francesas nos remitimos a: P. C. Chauvin, La Bible depuis ses origines jusqu’á nos jours].

Se poseen algunas que se remontan al siglo XII e incluso a finales del Xl. En el siglo XIII, la Universidad de París presentó una traducción de ambos Testamentos que hizo ley durante mucho tiempo.

Con todo, aparecieron otras versiones francesas, particularmente en el siglo XIV.

Una de ellas, la de Guyart Desmoulins, de finales del siglo XIII pero actualizada tocante al estilo, se imprimió desde 1478 en cuanto al Nuevo Testamento, y en su totalidad en 1487» (Daniel Raffard de Brienne, Traductor, Traditor. Les nouvelles traductions de 1’Écriture Sainte, en la revista Lecture et Tradition, julio-agosto de 1986).

 

   


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