Saturday June 24,2017
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ANGELES DE AQUI Y DE ALLA


»  Oración al Santo Angel de la Guarda

»  Introducción


1»  Los ángeles

2»  La devoción a los Angeles

3»  Experiencias de Angeles

»  Parte 1

»  Parte 2

»  Parte 3


4» Más experiencias

a»  San Juan Bosco

b»  Padre Lamy

c»  Jose María Escrivá


5» Testimonios recientes

»  Parte 1

»  Parte 2

»  Parte 3

»  Parte 4

»  Parte 5

»  Parte 6


6»  Ángeles del más allá

»  Niños - Parte 1

»  Niños - Parte 2

»  Niños - Parte 3

»  Niños - Parte 4

»  Niños - Parte 5

»  Adultos - Parte 1

»  Adultos - Parte 2

»  Adultos - Parte 3


7»  Ángeles en el purgatorio

8»  Ángeles del cielo

»  Parte 1

»  Parte 2

9»  Recomendaciones prácticas

»  Parte 1

»  Parte 2

»  Parte 3


10» Oraciones

a»  Oración

b»  Oración

c»  Oración

d»  Oración

e»  Oración

f»  Oración

g»  Oración

h»  Oración


11»  Consagracion a todos los angeles

12»  Conclusión

13»  Bibliografía

 

5» Testimonios Recientes
Parte 1

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

  • El padre Dolindo Ruotolo, gran devoto de los ángeles, cuenta que en 1888, siendo seminarista le encargaron tener siempre encendida la lámpara del Santísimo. Dice:

    Le recomendé a mi ángel que me despertase en la noche, si estaba apagándose la lámpara para ir a encenderla. Y cada noche, a horas distintas despertaba, bajaba a la iglesia, cuando ya estaba para apagarse la lámpara. Una noche me tocaron las espaldas y sentí claramente una voz que me dijo:

    “Dolindo, la lámpara”. Me lo repitió dos veces y yo esperé un minuto para levantarme por pereza. Y cuando bajé, ya acababa de apagarse y estaba humeando. Así entendí que era verdaderamente mi buen ángel quien me despertaba
    37.

 

  • Cecilia Conj, una niña brasileña, que veía constantemente a su ángel, nos dice: Un día, en que no tenía clases por la tarde, tuve la idea de ir al circo. Y así lo hice. En la puerta vi a un hombre fumando su pipa y apoyado en un extremo de la puerta.

    Le pregunté: “¿Es usted el dueño del circo?”. Me dijo que sí. Le dije que me gustaría jugar con el payaso y con las niñas que había visto. El hombre me sonrió y me tomó de la mano y me dijo:

    - Ven conmigo, yo te acompaño. Todavía no había puesto el pie en el recinto interior, cuando fui impedida de hacerlo por mi buen ángel custodio; y lo hizo de tal modo que me separó violentamente de la mano de aquel hombre de la pipa.

    No sé qué haría mi ángel, pero aquel hombre me gritó de malas maneras, diciéndome: - Vete, vete, vete... Me asusté y corrí hacia mi casa. Llegando a mi casa, vi a mi ángel, pero no estaba triste, por lo que se me pasó el susto
    38.

 

  • Una religiosa, que ve a su ángel, me escribía:

    El corazón de mi ángel es como un océano de cristal resplandeciente, que muestra la infinita misericordia y el eterno amor de Dios. Él siempre parece tener unos doce o trece años. Su vestido es muy blanco y tiene dos alas hermosas. Cuando las bate, me siento abrumada por la presencia sobrecogedora de Dios.

    En Navidad íbamos en procesión por el convento, llevando una imagen del niño Jesús y teníamos velas en las manos. Entonces, vi a los ángeles de las hermanas, que iban también con velas encendidas en sus manos. Mi ángel iba a mi lado y me miraba tiernamente. Todos los ángeles tenían como una aureola en forma de anillo alrededor de la cabeza
    .

 

  • Otra religiosa me escribió: Cuando tenía siete o nueve años, estaba un día sola en mi habitación, durante la noche. A través de los cristales de la ventana, se veía el exterior todo negro. Yo estaba de espaldas a la ventana y noté como una sombra blanca.

    Volví la cabeza y vi un angelito en medio de dicha ventana, vestido con una túnica blanca, ceñida con un cinturón de florecitas. Sus manos estaban juntas en actitud de oración.

    Yo tendí la mano para tocarlo pero desapareció. Salí corriendo para llamar a mi tía, que era la que me cuidaba y se lo conté todo, señalándole el sitio donde lo había visto de pie. El ángel era de mi tamaño. No me creyeron y nunca más volví a contarlo.

    Incontables noches me quedaba mirando hacia la oscuridad y, cuando me despertaba, lo primero que hacía era mirar hacia la ventana, pero nunca más volví a ver a mi angelito. Fue todo muy sencillo, nada deslumbrador. Mis ojos puros de entonces lo vieron y lo recuerdo tan nítido como si hubiera sido ahora mismo.

 

  • También los ángeles nos salvan y defienden en situaciones peligrosas.

    Cuenta el doctor Melvin Morse:

    Una noche, un hombre joven de 21 años, al que llamaré Paul, fue salvajemente golpeado. La paliza le causó una decena de fracturas en el cráneo y en los brazos. Sus agresores lo abandonaron creyéndolo muerto.

    Al volver en sí, se halló en compañía de alguien al que él llama su ángel de la guarda. Aquel ser le ayudó a llegar hasta una granja, que se encontraba a más de kilómetro y medio de distancia, y luego desapareció
    39.

37 Stanzione Marcello, 365 giorni con gli angeli, Ed. Gribaudi, 2006, p.144.
38 ib. p. 191.
39 Morse Melvin, Últimas visiones, Ed. Edaf, Madrid, 1996, p. 105.

 

 

 

 

   


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