Tuesday September 26,2017
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LA MARIPOSA

Un hombre encontró un capullo de una mariposa y se lo llevó a casa para poder ver a la mari­posa cuando saliera del capullo.

Un día vio que había un pe­queño orificio y entonces se sen­tó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba por abrirlo más grande y poder salir. El hombre vio que forcejeaba duramente para po­der pasar su cuerpo a través del pequeño agujero, hasta que lle­gó un momento en el que pare­ció haber cesado de forcejear, pues aparentemente no progre­saba en su intento.

Pareció que se había atasca­do. Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera corto al lado del agujero para hacerlo más grande y así fue que por fin la mariposa pudo salir del capullo.

Sin embargo, al salir la mari­posa tenía el cuerpo muy hincha­do y unas alas pequeñas y do­bladas. El hombre continuó ob­servando, pues esperaba que en cualquier instante las alas se des­doblarían y crecerían lo suficien­te para soportar al cuerpo, el cual se contraería al reducir lo  hinchado que estaba Ninguna de las dos situacio­nes sucedieron y la mariposa solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hin­chado y sus alas dobladas... Nunca pudo llegar a volar.

Lo que el hombre en su bon­dad y apuro no entendió, fue que la restricción de la apertura del capullo y la lucha requerida por la mariposa, para salir por el di­minuto agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudie­se volar.

Libertad y el volar solamente podrían llegar luego de la lucha. Al privar a la mariposa de la lu­cha, también le fue privada su salud.

Algunas veces las luchas son lo que necesitamos en la vida. Si Dios nos permitiese progresar por nuestras vidas sin obstácu­los, nos convertiría en inválidos. No podríamos crecer y ser tan fuertes como podríamos haberlo sido.

Cuántas veces hemos queri­do tomar el camino corto para salir de dificultades, tomando esas tijeras y recortando el es­fuerzo para poder ser libres.

Necesitamos recordar que nunca recibimos más de lo que podemos soportar y que a tra­vés de nuestros esfuerzos y caídas, somos fortale­cidos, así como el oro es refinado con el fuego.

Nunca permitamos que las cosas que no po­demos tener, o no tene­mos, interrumpan nues­tro gozo de las cosas que tenemos y podemos te­ner.

No pensemos en lo que no tenemos, disfrutemos cada ins­tante de cada día por lo que te­nemos y nos ha sido dado.

 
     
   


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