Sunday April 30,2017
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Libro Regresando a Casa

(Cristianos Convertidos
a la Fe Católica)

»  Introduccion


»  Aclaraciones Doctrinales

a»  Las Imágenes

b»  La Tradición

c»  La Biblia

d»  La Eucaristía

e»  La Virgen María

f»  La Iglesia católica

g»  El Purgatorio

h»  El Papa

i»  Lutero

j»  Cristianos No Católicos


1.0»  TESTIMONIOS

1.1»  Henry Newman

1.2»  Robert Hugh Benson

1.3»  Vernon Johnson

1.4»  Gilbert K. Chesterton

1.5»  Ronald Knox

1.6»  Juan W. Verkade


1.7»  Irma Barsy

1.8»  Kenyon Reynolds

1.9»  Juan Tsching Hsiung

1.10»  Sven Stolpe

1.11»  Sigrid Undset


1.12»  Cornelia de Vogel

1.12»  Heinrich Schlier

1.14»  Thomas Merton

1.15»  Julien Green

1.16»  Ephaïm Croissant


1.17»  Max Thurian

1.18»  Malcolm Muggeridge

1.19»  Alec Guinness

1.20»  Richard John Neuhaus

1.21»  Luis Miguel Boullón


1.22»  Joseph Ranalli

1.23»  Raymond Ryland

1.24»  James Pitts

1.25»  Thomas Ricks

1.26»  Robert Williams


1.27»  Stephen Ray

1.28»  Linda Poindexter

1.29»  Marcus Grodi

1.30»  Ed Fride

1.31»  Cristopher Dixon


1.32»  Rick Ricciardi

1.33»  Larry Lewis

1.34»  David B. Currie

1.35»  Burns Seeley

1.36»  Jay Damien


1.37»  Larry Blake

1.38»  Kenneth Guindon

1.39»  Antonio Carrera

1.40»  Steve Wood

1.41»  Pam Forrester


1.42»  Stuart Swetland

1.43»  Michel Viot

1.44»  Steve Clifford

1.45»  Kathleen Clarck

1.46»  Bod Sungenis


1.47»  Al Kresta

1.48»  Scott Hahn

1.49»  Paul Thigpen

1.50»  Graham Leonard

1.51»  Shan Kydd

1.52»  John Gummer


2.0»  Congreso Camino a Roma

2.1»  A los Hermanos Separados

2.2»  El Credo

2.3»  Mi Experiencia


3.0»  Convertidos que Marcan el Camino

3.1»  Alfonso de Ratisbona

3.2»  Eugenio Zolli

3.3»  André Frossard


4.0»  Conclusión

5.0»  Bibliografía

6.0»  Para Conocer la Fe Católica


 

 

REGRESANDO A CASA
Aclaraciones Doctrinales
e» Virgen María


Los Padres de la tradición oriental llaman a María “La Toda Santa” (panagia).

En el siglo IV, mucho antes de que existieran los luteranos y otras iglesias cristianas, los Padres de la Iglesia ya hablan de María como Madre de Dios (Concilio de Efeso, año 431).

Ella es Virgen y Madre. En Is 7,14 se profetiza que una virgen dará a luz al Mesías y así lo atestigua Mat 1,23. Así lo enseña la tradición apostólica y así lo han dicho y afirmado todos los santos Padres de los primeros siglos.

Por eso, una buena manera de considerar, si nuestra fe es la misma fe de los apóstoles, es conocer lo que dicen los santos Padres en sus luchas contra las herejías que existían en su tiempo, y que son parecidas a tantas otras de nuestros tiempos modernos.

Si nuestra fe coincide con la de estos santos Padres de los primeros siglos, quiere decir que estamos en la verdad; pero si es distinta, podemos estar equivocados.

En cuestión de fe, no vale la buena voluntad ni aceptar lo que buenamente dice un teólogo o pastor.

¿Qué decir de los hermanos de Jesús? La palabra hermano (ah, ahot) en hebreo y arameo tiene un significado amplio, significa los parientes próximos, pues en esas lenguas no existe la palabra tío, primo, sobrino o cuñado.

Por eso, Abraham es tío de Lot (Gén 11,27) y se llaman hermanos. San Pablo llama hermanos a Tito y Epafrodito (2 Co 2,13; Fil 2,25), cuando solamente son hermanos espirituales.

“David reunió a los hijos de Aarón y a sus hermanos, ciento veinte” (1 Cro 15,4), pero se refiere a sus parientes. “Uno de aquellos días Pedro se puso de pie en medio de sus hermanos, que eran unos ciento veinte” (Hech 1,15). Eran hermanos espirituales.

Podemos ver otros textos de hermanos, que no son del mismo padre y madre: Gen 14, 14-16; 29,15; Jos 17,4; Lev 10,4; 2 Sam 19, 12-13; 1 Co 2,1; Mt 18,21.35. Jesús mismo habla de “mis hermanos”, refiriéndose a sus discípulos:

“Vete a mis hermanos y diles... Y María Magdalena fue a anunciar a los discípulos” (Jn, 20,17-18). Por otra parte, el que más se menciona como hermano de Jesús es el apóstol Santiago (Gal 1,19).

Pero según Mt 10,2-4, de los dos apóstoles de nombre Santiago, uno es hijo de Alfeo y otro de Zebedeo. Por otra parte, la misma Biblia en Jn 19,25 dice que María tenía una hermana (pariente) casada con Cleofás, ¿no podrían ser sus hijos los pretendidos hermanos de Jesús, de que habla Mt 13,55? Por otra parte, si Jesús hubiera tenido otros hermanos5, ¿no hubiera sido lo normal que ellos se hubieran encargado de cuidar a María, después de la muerte de Jesús?

Por eso, nunca se encontrará en la Biblia la palabra hijos de María, que sería una prueba irrefutable. Jesús es el (único) hijo de María (Mc 6,3). Hasta el mismo Lutero defendió siempre la virginidad perpetua de María.

Suelen nombrarse cuatro hermanos de Jesús: Santiago, José, Judas y Simón (Mc 6,3). Pero se aclara en Mt 27,56 que había una tal María, madre de Santiago (el menor) y de José, que no era la madre de Jesús.

Y es de notar cómo el apóstol Judas y Santiago (el menor) se consideran servidores de Jesús y no hermanos de Jesús.

Véase (Sant 1,1 y Judas 1,1). Con relación a este tema podemos citar a san Jerónimo, el gran traductor de la Biblia al latín (la famosa Vulgata), que fue la traducción oficial de la Iglesia.

San Jerónimo sabía hebreo, arameo, griego y latín. Y, estudiando la Biblia, entendió que se hablaba de la virginidad perpetua de María. Por eso, escribió en el año 383 un librito contra Helvidio, donde habla de la virginidad de María.

Algunos hermanos separados dicen que los católicos se han inventado el dogma de la Asunción y de la Inmaculada Concepción, porque sobre ellos no habla la Biblia.

Pero Elías y Enoc subieron al cielo en cuerpo y alma (Gen 5,24; Heb 11,5; 2 Reg 2,11).

Si a la muerte de Jesús muchos muertos resucitaron y se aparecieron en Jerusalén (Mt 27,53) ¿no podemos creer que Jesús se llevó a su madre en cuerpo y alma al cielo, resucitándola inmediatamente después de morir para que su cuerpo no se corrompiera en el sepulcro?

Los escrituristas citan algunos textos bíblicos: “¿Quién es ésta que sube del desierto, apoyada en su amado?” (Cant 8,5). Se refiere a María que sube del desierto de este mundo, apoyada en su amado Jesús.

Y sobre todo, Ap 12, donde se ve a María ya asunta en el cielo, gloriosa, como una reina coronada de doce estrellas.

Al respecto, en una carta del siglo IV de Dionisio el egipcio (o el místico) a Tibo, obispo de Creta, le habla de la Asunción de María al cielo.

Esta carta fue publicada por primera vez en alemán por el doctor Weter de la facultad de Tubinga en 1887. También san Juan Damasceno, en 754, en una homilía, habla de la Asunción y cita la obra Historia Eutiquiana, libro II, capítulo 40, donde se habla que ya en el siglo V se habla de esto en Constantinopla.

Y sobre la Inmaculada Concepción, ¿no dice el Gen 3,15, que ella aplastará la cabeza de la serpiente (diablo), como si sobre ella no hubiera podido tener ni el más mínimo poder, porque no hizo el más mínimo pecado?

¿Acaso no dice el Evangelio que ella es llena de gracia (Lc 1,28), es decir, totalmente llena de gracia, sin la más mínima sombra de pecado ni siquiera del pecado original? Y la misma Biblia dice:

“Toda hermosa eres, amada mía, y no hay mancha en ti” (Cant 4,7). “Ella es resplandor de la luz eterna, el espejo sin mancha de la actividad de Dios, imagen de su bondad... Es más hermosa que el sol, supera todo el conjunto de estrellas y comparada con la luz, queda vencedora” (Sab 7, 26–29).

Ella aparece en el Apocalipsis 12: “vestida de sol, con la luna baja sus pies y rodeada de una corona de doce estrellas” (Ap 12). Que María es inmaculada forma parte de la tradición apostólica.

Los Padres Orientales la llaman panagia (toda santa), sin sombra de pecado. San Agustín, al hablar de que todos nacemos con el pecado original, dice: “excepción hecha de la Santa Virgen María a la cual, por el honor del Señor, pongo en lugar aparte, cuando hablo del pecado” (De nat et gr I, 37,47).

Y san Efrén, en el siglo IV, dice que ella es “mucho más pura que los rayos de sol”. San Ireneo aprendió de labios de san Policarpo y éste del mismo apóstol san Juan que “María, siendo obediente, se hizo causa de salvación para nosotros y para todo el género humano…

Por eso, la desobediencia de Eva, fue anulada por la obediencia de María”6.

¿Acaso la Tradición no vale nada? ¿Por qué los evangélicos aceptan la Tradición católica sobre Navidad, Pascua, el canon de libros de la Biblia y no en otras cosas? Los católicos no adoramos a María, sino que le damos honor, es decir, la veneramos.

En la Biblia, Dios nos manda honrar al padre y a la madre (Ex, 20,12). En el original hebreo se usaba la palabra Kaboda, que quiere decir honrar, glorificar. Nosotros también podemos dar honor y gloria a María como debemos hacerlo con nuestros padres. Cuando rezamos el rosario, no la adoramos, sino le damos honor y gloria como a una madre, a quien le decimos las palabras más hermosas, que Dios mismo nos enseña en la primera parte del Ave María.

El ángel, de parte de Dios, le dice: Alégrate, llena de gracias, el Señor está contigo. E Isabel, llena del Espíritu Santo, le dice:

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre (Lc 1). Así pues, podemos amar y honrar a María, porque es nuestra Madre, tal como Cristo nos la entregó desde la cruz, al decirnos a cada uno: “Ahí tienes a tu Madre” (Jn. 19,27).

Invitemos a los hermanos separados a amar a María con las palabras bíblicas que Dios nos enseña:

“Alégrate llena de gracia el Señor está contigo. Bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre (Jesús)”. Solo así cumplirán la profecía bíblica: “Todas las generaciones me llamarán bienaventurada” (Lc 1,68).

 

   


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