|
EL EVANGELIO
COMO ME HA SIDO REVELADO
Autor: María Valtorta
« PARTE 4 de 7 »
TERCER AÑO DE LA
VIDA PUBLICA DE JESUS
Partes:
[ 1 ]
[ 2 ]
[ 3 ]
[ 4 ]
[ 5 ]
[ 6 ]
[ 7 ]
313. Preparativos para salir de Nazaret, después de la visita de Simón de Alfeo con su familia. Durante el tercer año,
Jesús será el Justo
314. La cena en la casa de Nazaret. La dolorosa partida
315. El viaje hacia Yiftael y las reflexiones de Juan de Endor
316. Jesús se despide de Juan
de Endor y de Síntica
317. La oración de Jesús por la salvación de Judas Iscariote
318. En barca de Tolemaida
a Tiro
319. Partida de Tiro en la nave del cretense Nicomedes
320. Prodigios en la nave en medio de una tempestad
321. Arribo a Seleucia.
Se despiden de Nicomedes
322. Partida de Seleucia en un carro y llegada a Antioquía
323. La visita a Antigonio
324. Las pláticas de los ocho apóstoles antes de dejar Antioquía. El adiós a Juan de Endor y a Síntica
325. Los ocho apóstoles se reúnen
con Jesús
cerca de Akcib
326. Un alto en Akcib
327. En los confines de Fenicia. Palabras de Jesús sobre la igualdad de los pueblos.
Parábola de la levadura
328. En Alejandrocena donde los hermanos de Hermiona
329. En el mercado de Alejandrocena. La parábola
de los obreros de la viña
330. Santiago y Juan "hijos del trueno". Hacia Akcib
con el pastor Anás
331. La fe de la mujer cananea y otras conquistas. Llegada a Akcib
332. La sufrida separación de Bartolomé, que con Felipe
vuelve a unirse al Maestro
333. Con los diez apóstoles
hacia Sicaminón
334. También Tomas y Judas Iscariote se unen de nuevo al grupo apostólico
335. La falsa amistad de Ismael ben Fabí, y el hidrópico
curado en sábado
336. En Nazaret con cuatro apóstoles. El amor de Tomás
por María Santísima
337. El sábado en Corazín. Parábola sobre los corazones imposibles de labrar. Curación
de una mujer encorvada
338. Judas Iscariote pierde el poder de milagros.
La parábola del cultivador
339. La noche pecaminosa
de Judas Iscariote
340. El enmendamiento de Judas Iscariote y el choque con los rabíes junto al sepulcro de Hil.lel
341. La mano herida de Jesús. Curación de un sordomudo en los confines sirofenicios
342. En Quedes. Los fariseos piden un signo.
La profecía de Habacuc
343. La levadura de los fariseos. El Hijo del hombre.
El primado a Simón Pedro
344. Encuentro con los discípulos en Cesárea de Filipo y explicación de la sedal de Jonás
345. Milagro en el castillo
de Cesárea Paneas
346. Primer anuncio de la Pasión y reprensión a Simón Pedro
347. En Betsaida. Profecía sobre el martirio de los Apóstoles y curación de un ciego
348. Manahén da algunas noticias acerca de Herodes Antipas, y desde Cafarnaúm va con Jesús a Nazaret. Revelación de las transfiguraciones
de la Virgen
349. La Transfiguración en el monte Tabor y el epiléptico curado al pie del monte. Un comentario para los predilectos
350. Lección a los discípulos sobre el poder de vencer
a los demonios
351. El tributo al Templo pagado con la moneda hallada
en la boca del pez
352. Un convertido de María de Magdala. Parábola para el pequeño Benjamín y lección sobre quién es grande
en el reino de los Cielos
353. La segunda multiplicación de los panes y el milagro de la multiplicación de la Palabra
354. Jesús habla sobre el Pan del Cielo en la sinagoga
de Cafarnaúm
355. El nuevo discípulo Nicolái de Antioquía y el segundo anuncio de la Pasión
356. Hacia Gadara. Las herejías de Judas Iscariote y las renuncias de Juan,
que quiere sólo amar
357. Juan y las culpas de Judas Iscariote. Los fariseos y la cuestión del divorcio
358. En Pel.la. El jovencito Yaia y la madre de Marcos de Josías
359. En la cabaña de Matías cerca de Yabés Galaad
360. El malhumor de los apóstoles y el descanso en una gruta. El encuentro
con Rosa de Jericó
361. Los dos injertos que transformarán a los apóstoles. María de Magdala advierte a Jesús de un peligro. Milagro ante la riada del Jordán
362. La misión de las "voces" en la Iglesia futura. El encuentro con la Madre y las discípulas
363. En Rama, en casa de la hermana de Tomás. Jesús habla sobre la salvación.
Apóstrofe a Jerusalén
364. En el Templo. Oración universal y parábola del hijo verdadero y los hijos bastardos
365. Judas Iscariote insidia la inocencia de Margziam. Un nuevo discípulo, hermano de leche de Jesús. En Betania, en la
casa de Lázaro, enfermo
366. Anastática entre las discípulas. Las cartas de Antioquía
367. El jueves prepascual. Preparativos en el Getsemaní
368. El jueves prepascual. En Jerusalén y en el Templo
369. El jueves prepascual. Parábola de la lepra de las casas
370. El jueves prepascual. En el convite de los pobres en el palacio de Cusa
371. El jueves prepascual. Por la noche en el palacio de Lázaro
372. El día de la Parasceve. Despertar en el palacio de Lázaro
373. El día de la Parasceve.
En el Templo
374. El día de la Parasceve. Por las calles de Jerusalén y en el barrio de Ofel
375. La cena ritual en casa de Lázaro y el banquete sacrílego en la casa de Samuel
376. Lección sobre la obra salvífica de los santos, y condena al Templo corrompido
377. Parábola del agua y del junco para María de Magdala, que ha elegido la mejor parte
378. La parábola de los pájaros, criticada por unos judíos enemigos que tienden una trampa
379. Una premonición del
apóstol Juan
380. El amor de los apóstoles, de la contemplación a la acción
381. La parábola del administrador infiel y sagaz. Hipocresía de los fariseos y conversión de un esenio
382. Un alto en casa de Nique
383. Discurso sobre la muerte junto al vado del Jordán
384. El anciano Ananías, guardián de la casita de Salomón
385. Parábola de la encrucijada y milagros cerca del pueblo
de Salomón
386. Hacia la orilla occidental
del Jordán
387. En Guilgal. El mendigo Ogla y los escribas tentadores. Los apóstoles comparados con las doce piedras del
prodigio de Josué
388. Exhortación a Judas Iscariote, que irá a Betania
con Simón Zelote.
389. Llegada a Engadí con
diez apóstoles
390. La fe de Abraham de Engadí y la parábola de la semilla
de palma
391. Curación del leproso Eliseo de Engadí
392. La hostilidad de Masada, ciudad-fortaleza
393. En la casa de campo de María de Keriot
394. Parábola de las dos voluntades y despedida de los habitantes de Keriot
395. Las dos madres infelices de Keriot. Adiós a la madre de Judas
396. En Yuttá, con los niños. La mano de Jesús obradora
de curaciones
397. Despedida de los fieles
de Yuttá
398. Palabras de despedida en Hebrón. Los delirios
de Judas Iscariote
399. Palabras de despedida en Betsur. El amor materno de Elisa
400. En Béter, en casa de Juana de Cusa, la cual habla del daño provocado por Judas Iscariote ante Claudia
401. Pedro y Bartolomé en Béter por un grave motivo.
Éxtasis de la escritora
402. Judas Iscariote se siente descubierto durante el discurso de despedida en Béter
403. Una lucha y victoria espiritual de Simón de Jonás
404. En camino hacia Emaús
de la llanura
405. Descanso en un henil y discurso a la entrada de Emaús de la llanura. El pequeño Miguel
406. En Joppe. Palabras inútiles a Judas de Keriot y diálogo sobre el alma con algunos Gentiles
407. En los campos de Nicodemo. La parábola de los dos hijos
408. Multiplicación del trigo en los campos de José de Arimatea
409. El drama familiar del Anciano Juan
410. Provocaciones de Judas Iscariote en el grupo apostólico
411. Una lección extraída de la naturaleza y espigueo milagroso para una viejecita. Cómo ayudar a quien se enmienda
412. Elogio del lirio de los valles, símbolo de María. Pedro se sacrifica por el bien de Judas
413. Llegada a Jerusalén para la fiesta de Pentecostés y disputa con los doctores del Templo
414. Invectiva contra fariseos y doctores en el convite en casa
del Anciano Elquías
415. Un alto en el camino
en Betania
416. Un mendigo samaritano en el camino de Jericó
417. Historia de Zacarías el leproso y conversión
de Zaqueo el publicano
418. Curación del discípulo José, herido en la cabeza y recogido en la casita de Salomón
419. Curaciones en un pueblecito de la Decápolis. Parábola del escultor y de las estatuas
420. Curación de un endemoniado completo. La vocación de la mujer al amor
421. El endemoniado curado, los fariseos y la blasfemia contra
el Espíritu Santo
422. El Iscariote, con sus malos humores, ocasiona la lección sobre los deberes
y los siervos inútiles
423. Partida del Iscariote, que ocasiona la lección sobre
el amor y el perdón
424. Pensamientos de gloria y martirio ante la vista de la costa mediterránea
425. En Cesárea Marítima. Romanos mundanos y parábola de los hijos con destinos distintos
426. Con las romanas en Cesárea Marítima. Profecía en Virgilio.
La joven esclava salvada
427. Bartolomé instruye
a Áurea Gala
428. Parábola de la viña y del viñador, figuras del alma y del libre albedrío
429. Con Judas Iscariote en la llanura de Esdrelón
430. El nido caído y el escriba cruel. La letra y el espíritu
de la Ley
431. Tomás prepara el encuentro de Jesús con los campesinos
de Jocanán
432. Con los campesinos
de Jocanán, cerca de Sefori
433. Llegada a Nazaret. Alabanzas a la Virgen.
Curación de Áurea
434. Trabajos manuales en Nazaret y parábola
de la madera barnizada
435. Comienzo del tercer sábado en Nazaret y llegada de Pedro con otros apóstoles
436. En el huerto de Nazaret, revelado a apóstoles y discípulas el precio de la Redención
437. Coloquio
de Jesús con
su Madre
438. María Santísima con María de Alfeo en Tiberíades, donde Valeria. Encuentro con Judas Iscariote
439. María Santísima enseña a Áurea a hacer la voluntad de Dios
440. Otro sábado en Nazaret. Obstinación de José de Alfeo
441. Partida de Nazaret. Un incendio de brezos durante el viaje viene a ser el tema de una parábola
442. Judas Iscariote en Nazaret en casa de María
443. La muerte del abuelo de Margziam
444. Las dotes de Margziam. Lección sobre la caridad, sobre la salvación, sobre los méritos del Salvador
445. Dos parábolas durante una tormenta en Tiberíades. Llegada de Maria Stma., e impenitencia de Judas Iscariote
446. Llegada a Cafarnaúm en medio de un cálido recibimiento
447. En Cafarnaúm unas palabras de Jesús sobre la misericordia y el perdón no encuentran eco
448. Encuentro de barcas en el lago y parábola sugerida por Simón Pedro
449. El pequeño Alfeo desamado de su madre
450. Milagros en el arrabal cercano a Ippo y curación del leproso Juan
451. Discurso en el arrabal cercano a Ippo sobre los deberes de los cónyuges y de los hijos
452. El ex leproso Juan se hace discípulo. Parábola de los diez monumentos
453. Llegada a Ippo y discurso en pro de los pobres. Curación de un esclavo paralítico
454. María Santísima y su amor perfecto. Conflicto de Judas Iscariote con el pequeño Alfeo
455. La Iglesia es confiada a la maternidad de María. Discurso, al pie de Gamala, en pro
de unos forzados
456. Despedida de Gamala y llegada a Afeq. Advertencia a la viuda Sara y milagro en su casa
457. Discurso en Afeq, tras una disputa entre creyentes y no creyentes. Sara se hace discípula
458. Una curación espiritual en Guerguesa y lección sobre
los dones de Dios
459. El perdón a Samuel de Nazaret y lección sobre
las malas amistades
460. Fariseos en Cafarnaúm con José y Simón de Alfeo. Jesús y su Madre preparados
para el Sacrificio
461. Confabulación en casa de Cusa para elegir a Jesús rey. El griego Zenón y la carta de Síntica con la noticia de la muerte de Juan de Endor
462. Discurso y curaciones en las fuentes termales de Emaús
de Tiberíades
463. En Tariquea. Cusa, a pesar del discurso sobre la naturaleza del reino mesiánico, invita a Jesús a su casa. Conversión de una pecadora
464. En la casa de campo de Cusa, intento de elegir rey a Jesús. El testimonio
del Predilecto
465. En Betsaida para un encargo secreto a Porfiria. Apresurada partida de Cafarnaún
466. Un alto en la casa de los ancianos cónyuges Judas y Ana
467. Parábola de la distribución de las aguas. Perdón condicionado para el campesino Jacob. Advertencias a los apóstoles camino de Corazín
468. Un episodio de enmendamiento de Judas Iscariote, y otros que
ilustran su figura
469. Despidiéndose de los pocos fieles de Corazín
470. Lección a una suegra sobre los deberes del matrimonio
471. Encuentro con el levita José, llamado Bernabé, y lección
sobre Dios-Amor
472. Solicitud insidiosa de un juicio acerca de un hecho ocurrido en Yiscala
473. Curación de un niño ciego de Sidón y una lección
para las familias
474. Una visión que se pierde en un arrobo de amor
475. Abel de Belén de Galilea pide el perdón para sus enemigos
476. Lección sobre el cuidado de las almas y perdón a los dos pecadores castigados con la lepra
477. Coloquio de Jesús con su Madre en el bosque de Matatías. Los sufrimientos morales
de Jesús y María
478. Coloquio de Jesús con José y Simón de Alfeo, que van a la fiesta de los Tabernáculos
479. Con Juan al pie de la torre de Yizreel en espera de los campesinos de Jocanán
480. Parten de Yizreel tras la visita nocturna de los campesinos de Jocanán
481. Llegada a Enganním. Maquinaciones de Judas Iscariote para impedir una trama
de los fariseos
482. En camino con un pastor samaritano que ve
premiada su fe
483. Polémica de los apóstoles sobre el odio de los judíos. Los diez leprosos curados en Samaria
484. Alto obligado en las cercanías de Efraím y parábola de la granada
485. Jesús llega con los apóstoles a Betania, donde ya están algunos discípulos con Margziam
486. En el Templo para la fiesta de los Tabernáculos. Discurso sobre la naturaleza del Reino
487. En el Templo para la fiesta de los Tabernáculos. Discurso sobre la naturaleza del Cristo
488. En el Templo para la fiesta de los Tabernáculos. Partida secreta hacia Nob después
de la oración
489. En Nob. Parábola del rey no comprendido por sus súbditos. Jesús calma el viento
490. En el campo de los Galileos con los primos apóstoles y encuentro con el levita Zacarías
491. TEn el Templo el último día de la fiesta de los Tabernáculos. Sermón sobre el Agua viva
492. En Betania se evoca la memoria de Juan de Endor
493. Jesús habla cabe la fuente de En Royel, lugar en que hicieron un alto los tres Sabios
494. La mujer adúltera y la hipocresía de sus acusadores
495. Jesús instruye acerca del perdón de los pecadores, y se despide de sus discípulos en el camino de Betania
496. Un alto en la casita de Salomón. Improvisa turbación
de Judas Iscariote.
497. Simón Pedro atraviesa una hora de abatimiento
498. Exhortación a Judas Tadeo y a Santiago de Zebedeo después de una discusión
con Judas Iscariote
499. Fuga de Esebón y encuentro con un mercader de Petra
500. Reflexiones de Bartolomé y Juan después de un retiro
en el monte Nebo
501. Parábola de los hijos lejanos. Curación de dos hijos ciegos del hombre de Petra
502. Otro abatimiento en Pedro. Lección sobre las posesiones (divinas y diabólicas)
503. Los apóstoles indagan acerca del Traidor. Un saduceo y la infeliz mujer de un nigromante. Saber distinguir lo sobrenatural de lo oculto
504. Margziam preparado para la separación. Regreso a la aldea de Salomón y muerte de Ananías
505. En el Templo, una gracia obtenida con la oración incesante y la parábola del juez y la viuda
506. En el Templo, oposición al discurso que revela que Jesús
es la Luz del mundo
507. El gran debate con los judíos. Huyen del Templo con la ayuda del levita Zacarías
508. Juan será la luz de Cristo hasta el final de los tiempos. El pequeño Marcial-Manasés acogido por José de Seforí
509. El anciano sacerdote Matán acogido con los apóstoles y discípulos que han huido
del Templo
510. La curación de un ciego
de nacimiento
511. En la casa de Juan de Nob, otra alabanza a la Corredentora. Embustes de Judas Iscariote
512. Profecía ante un pueblo destruido
513. En Emaús Montana, una parábola sobre la verdadera sabiduría y una advertencia
a Israel
514. Consejos sobre la santidad a un joven indeciso. Reprensión a los habitantes de Bet-Jorón después de la curación de un romano y una judía
515. Las razones del dolor salvífico de Jesús. Elogio de la obediencia y lección sobre
la humildad
516. En Gabaón, milagro del mudito y elogio de la sabiduría como amor a Dios
517. Hacia Nob. Judas Iscariote, tras un momento polémico, reconoce su error
518. En Jerusalén, encuentro con el ciego curado y palabras que revelan a Jesús como
buen Pastor
519. Inexplicable ausencia de Judas Iscariote y alto en Betania, en casa de Lázaro
520. Conversaciones en torno a Judas Iscariote, ausente. Llegada a Tecua con el anciano Elí-Ana
521. En Tecua, Jesús se despide de los habitantes del lugar y del anciano Elí-Ana
522. Llegada a Jericó. El amor terreno de la muchedumbre y el amor sobrenatural del
convertido Zaqueo
523. En Jericó. La petición a Jesús de que juzgue a una mujer. La parábola del fariseo y el publicano tras una comparación entre pecadores y enfermos
524. En Jericó. En casa de Zaqueo con los pecadores convertidos
525. El juicio sobre Sabea
de Betlequí
526. T526 Curaciones cerca del vado de Betabara y discurso en recuerdo de Juan el Bautista
527. Desconocimiento y tentaciones en la naturaleza humana de Cristo
528. En Nob. Consuelo materno de Elisa y regreso inquietante de Judas Iscariote
529. Enseñanzas a los apóstoles mientras realizan trabajos manuales en casa de Juan de Nob
530. Otra noche de pecado de Judas Iscariote
531. En Nob, enfermos y peregrinos venidos de todas partes. Valeria y el divorcio. Curación del pequeño Leví
532. Preparativos para las Encenias. Una prostituta enviada a tentar a Jesús, que deja Nob
533. Hacia Jerusalén con
Judas Iscariote
534. Enseñanzas y curaciones en la sinagoga de los libertos romanos. Un encargo
para los gentiles
535. Judas Iscariote llamado
a informar a casa de Caifás
536. Curación de siete leprosos y llegada a Betania con los apóstoles ya reunidos. Marta y María preparadas por Jesús
a la muerte de Lázaro
537. En el Templo en la fiesta de la Dedicación, Jesús se manifiesta a los judíos, que intentan apedrearle
538. Jesús, orante en la gruta de la Natividad, contemplado por los discípulos ex pastores
539. Juan de Zebedeo se acusa de culpas inexistentes
540. La Madre confiada a Juan. Encuentro con Manahén y lección sobre el amor a los animales. Conclusión del tercer año
|
385- Parábola de la encrucijada y milagros cerca del pueblo de Salomón
Sale de la casita la pequeña tropa, aumentada por el anciano, que se contempla a si mismo, admirado, con la túnica de alguno de los apóstoles de pequeña estatura.
-Si quieres quedarte, padre... -empieza a decir Jesús.
Pero el anciano le interrumpe:
-¡No, no! ¡Voy yo también! ¡Déjame ir! ¡He comido ayer! He dormido esta noche, ¡y además en una cama! ¡Y ya no tengo el dolor en el corazón! Estoy fuerte como un joven...
-Pues ven. Estarás conmigo, con Bartolomé y mi hermano Judas. Vosotros, de dos en dos, diseminaos como se ha dicho. Antes de la sexta todos aquí de nuevo. Id, y que la paz sea con vosotros.
Se separan. Unos van hacia el río, otros hacia los campos. Jesús deja que se adelanten y luego se pone en marcha Él también, el último. Cruza lentamente el pueblo, y no pasa desapercibido a los pescadores que regresan del río o que van a él, ni a las diligentes amas de casa que se han levantado con el alba para las coladas, para regar sus pequeñas huertas o para hacer el pan. Pero ninguno dice nada.
Sólo un muchachito, que empuja hacia el río a siete ovejas, pregunta al anciano:
-¿A dónde vas, Ananías? ¿Te vas del pueblo?
-Voy con el Rabí. Pero vuelvo con Él. Soy su siervo.
-No. Eres mi padre. Todos los ancianos justos son un padre y una bendición para el lugar que los hospeda y para quien los socorre. Bienaventurados los que aman y honran a los ancianos -dice Jesús con aspecto solemne.
El niño lo mira con temor. Luego susurra:
-Yo daba siempre un poco de mi pan a Ananías... -como queriendo decir: «No me regañes, que no lo merezco».
-Sí. Micael era bueno conmigo. Era amigo de mis nietos... y luego ha seguido siéndolo también del abuelo. Su madre no es mala tampoco. Ayudaría. Pero tiene once hijos y viven todos con la pesca...
Algunas mujeres se acercan curiosas y se ponen a escuchar.
-Dios ayudará siempre a quien ayuda lo que puede al pobre. Y siempre hay forma de ayudar. Muchas veces, el decir: "No puedo" es embuste. Porque, si uno se lo propone, siempre se encuentra el bocado superfluo, la manta rota, el vestido que ya no se usa, para dárselo a quien no tiene estas cosas. Y el Cielo recompensa el don. Dios te recompensará, Micael, por esos pedazos de pan que has dado al anciano.
Jesús acaricia al niño y reanuda su camino.
Las mujeres se quedan cabizbajas donde estaban. Luego preguntan al niño, el cual dice lo que sabe. Y el miedo se apodera de las avaras mujeres que han cerrado el corazón a las necesidades del anciano...
Entretanto, Jesús ha llegado a la altura de la última casa y ahora se dirige hacia la bifurcación que desde el camino de primer orden se desvía hacia el pueblecito. Se ve desde aquí que por el camino principal pasan caravanas que van de regreso hacia las ciudades de ta Decápolis y la Perea.
-Vamos allí y predicamos. ¿Quieres hacerlo tú también, padre?
-No sé hacerlo. ¿Qué digo?
-Sí que sabes. Tu alma posee la sabiduría de perdonar y de ser fiel a Dios y de tener resignación incluso en las horas de dolor. Y sabes que Dios socorre a quien en Él espera. Ve y díselo a los peregrinos.
-¡Ah, esto sí!
-Judas, ve con él. Yo me quedo con Bartolomé en la bifurcación.
Y así es: en llegando allí, se pone a la sombra de un grupo de plátanos frondosos, y espera paciente.
Alrededor, los campos están bonitos de espigas y de árboles frutales. Frescos en esta hora matutina. La mirada los contempla con placer. Y las caravanas pasan por el camino... Pocos miran a los dos que están apoyados a los troncos de los plátanos. Quizás creen que son viandantes cansados. Pero alguno reconoce a Jesús y lo señala, o se inclina saludando.
En fin... El primero para su burrito y los de los parientes, y que baja y se dirige hacia Jesús:
-¡Dios sea contigo, Rabí! Soy de Arbela. Te escuché el otoño pasado. Ésta es mi esposa; ésta, su hermana viuda; y mi madre. Este hombre anciano es su hermano. Y ése, joven, es el hermano de mi mujer. Y aquí ves a los hijos de todos nosotros. Tu bendición, Maestro. He sabido que has hablado en el vado. Pero llegué allí de noche... ¿No nos vas a decir a nosotros ninguna palabra?
-La Palabra no se niega nunca. Pero espera unos minutos, porque están viniendo otros...
En efecto, abatidos, están llegando a la bifurcación los habitantes del pueblo, y otros, que ya habían pasado por el camino en dirección hacia el norte, regresan; otros, despertada su curiosidad, se detienen y bajan de sus cabalgaduras, o se quedan sobre la silla. Se forma un pequeño auditorio, que va aumentando cada vez más.
Vuelven también Judas de Alfeo y el anciano, y con ellos vienen dos enfermos y varios sanos.
Jesús empieza a hablar.
Los que recorren los caminos del Señor, los caminos indicados por el Señor, y los recorren con voluntad buena, acaban encontrando al Señor. Vosotros encontráis al Señor regresando de cumplir vuestro deber de fieles israelitas respecto a la Pascua santa. Y he aquí que la Sabiduría os habla, como deseáis, en este cruce donde nos hace encontrarnos la bondad divina.
Muchas son las encrucijadas que el hombre encuentra en el camino de su vida, y más encrucijadas sobrenaturales que materiales. Todos los días, la conciencia se ve puesta ante las bifurcaciones y cruces del Bien y del Mal. Y debe elegir con atención para no errar. Y, si yerra, debe saber volver para atrás humildemente cuando alguien lo llama o le advierte. Y, aunque le pareciera más bonita la vía del Mal, o simplemente la de la tibieza, debe saber elegir la vía escabrosa pero segura del Bien.
Escuchad una parábola.
Un grupo de peregrinos, venidos de lejanas regiones en busca de trabajo, se encontró en los confines de un estado. En estos confines había unos contratantes de trabajo, que habían sido enviados por distintos patrones.
Había quien buscaba hombres para las minas. Otros buscaban hombres para las tierras de labor y para los bosques; otros, siervos para un rico infame; otros, soldados para un rey que estaba en la cima de un monte, en su castillo, al cual se llegaba por un camino muy empinado.
El rey quería soldados, pero exigía que fueran no tanto soldados de violencia cuanto soldados de sabiduría, para enviarlos luego por las ciudades a santificar a sus súbditos. Por eso vivía arriba, como en un eremitorio, para formar a sus siervos sin que las distracciones mundanas los corrompieran ni retrasaran o anulasen la formación de su espíritu.
No prometía altos salarios. No prometía vida cómoda. Pero aseguraba que el estar a su servicio produciría santidad y premio. Esto decían sus enviados a los que llegaban a las fronteras. Sin embargo, los enviados de los patrones de las minas o de las tierras decían: "No será una vida cómoda, pero seréis libres y ganaréis lo suficiente para vivir un poco holgadamente".
Y los que buscaban siervos para un patrón infame prometían incluso abundante comida, ocio, goces, riquezas: "Basta con que consintáis a sus caprichos ¡de ninguna manera penosos! -y todos gozaréis como sátrapas".
Los peregrinos se consultaron entre sí. No querían dividirse... Preguntaron: "¿Pero están cerca las tierras y las minas y el palacio del mundano y el del rey?".
"¡No!" respondieron los contratantes. "Venid a esa encrucijada para mostraros los distintos caminos.”
Fueron.
"Mirad. Aquel camino espléndido, umbrío, florido, liso, con fuentes frescas, desciende hacia el palacio del señor" dijeron los contratantes de los siervos.
"Mirad. Este camino polvoriento, que va entre campos serenos, conduce a las tierras de labor. Calienta el sol, pero, como podéis ver, también está bien" dijeron los de las tierras.
"Mirad. Este camino, tan marcado por ruedas pesadas, y con manchas oscuras, señala la dirección de las minas. No es ni buena ni mala..." dijeron los de las minas.
"Mirad. Este sendero empinado, hundido entre rocas encendidas por el sol, sembrado de espinos y barrancos, que hacen lenta la marcha, pero, en compensación, procuran una fácil defensa contra los asaltos de los enemigos, conduce a oriente, al castillo severo, diríamos casi sagrado, donde los espíritus se forman en el Bien" dijeron los del rey.
Y los peregrinos miraban y miraban, y calculaban... Tentados por muchas cosas, de las cuales sólo una era totalmente buena. Y lentamente se fueron dividiendo. Eran diez. Tres torcieron hacia los campos... dos hacia las minas. Los que quedaban se miraron, y dos dijeron: "Venid con nosotros. Donde el rey. No vamos a ganar, ni vamos a gozar en la Tierra, pero seremos santos eternamente".
"¿Aquel sendero de allí? ¡Ni locos! ¿No ganar? ¿No gozar? No merecía la pena dejar todo y venir a tierras extranjeras para tener todavía menos de lo que teníamos en nuestra patria. Nosotros queremos ganar y gozar...".
"¡Pero perderéis el Bien eterno! ¿No habéis oído que es un patrón infame?".
"¡Eso son cuentos! Después de un poco lo dejamos, y habremos gozado y seremos ricos".
"No os liberaréis jamás de él. Mal han hecho los primeros, siguiendo la avidez de dinero. ¡Pero, vosotros! Vosotros seguís la avidez de placer. ¡Oh! ¡No cambiéis el destino eterno por una hora que pasa!".
"Sois unos estúpidos y creéis en las promesas ideales. Nosotros vamos a la realidad. ¡Adiós!..." y echándose a correr entraron por el bonito camino umbrío, florido, rico en agua, liso, en cuyo fondo brillaba bajo el sol el mágico palacio del mundano.
Los dos restantes tomaron, llorando y orando, el empinado sendero. Y era tan difícil que, a los pocos metros, casi se desanimaron. Pero perseveraron. Y la carne parecía cada vez más ligera, a medida que avanzaban. Y la fatiga se sentía consolada por un extraño júbilo.
Llegaron jadeantes, arañados, a la cima del monte. Fueron admitidos a comparecer ante el rey, el cual les dijo todo lo que exigía para incorporarlos en el número de sus valientes, y terminó: "Pensadlo durante ocho días y luego dad una respuesta".
Y ellos pensaron mucho y sostuvieron duras luchas contra el Tentador, que quería amilanar; contra la carne, que decía: "Vosotros me sacrificáis"; contra el mundo, cuyos recuerdos todavía seducían. Pero vencieron. Permanecieron. Vinieron a ser héroes del Bien.
Llegó la muerte, o sea, la glorificación. Desde lo alto del Cielo vieron en las profundidades a aquellos que habían ido donde el amo infame. Encadenados también ahora, después de la vida, gemían en la oscuridad del Infierno. "¡Y querían ser libres y gozar!" dijeron los dos santos.
Y los tres condenados, horrendos de aspecto, los vieron y los maldijeron, y maldijeron a todos, a Dios el primero, diciendo: "^Nos habéis engañado a todos!".
"No. No podéis decir eso. Se os había advertido el peligro. Habéis querido vosotros vuestro mal" respondieron los bienaventurados, que, a pesar de que veían y oían los torpes gestos de burla y blasfemias lanzados contra ellos, estaban serenos.
Y vieron a los de los campos, y las minas en distintas regiones purgativas, y ellos a su vez los vieron y dijeron: "No fuimos ni buenos ni malos, y ahora expiamos nuestra tibieza. ¡Orad por nosotros!". "¡Lo haremos! Pero, ¿por qué no vinisteis con nosotros?".
"Porque fuimos no demonios, pero sí hombres... No tuvimos generosidad. Amamos más que al Eterno y Santo a lo que, aun siendo honesto, era transitorio. Ahora aprendemos a conocer y a amar con justicia".
La parábola ha terminado. Todos los hombres están en la encrucijada. Toda la vida en una encrucijada. Bienaventurados los que son firmes y generosos en la voluntad de seguir los caminos del Bien. Dios sea con ellos. Y Dios toque y convierta a quien así no es y lo conduzca a serlo. Idos en paz.
-¿Y los enfermos? ¿Qué tiene la mujer?
-Fiebres malignas que le retuercen los huesos. Ha ido hasta las aguas milagrosas del Mar Grande. Pero sin alivio.
Jesús se inclina hacia la enferma y le pregunta: ¿Quién crees tú que soy Yo?
-El que buscaba. El Mesías de Dios. ¡Piedad de mí, que te he buscado mucho!
-Tu fe te dé salud, tanto a tus miembros como a tu corazón. ¿Y tú, hombre?
El hombre no responde. Por él habla la mujer que le acompaña:
-Un cáncer le roe la lengua. No puede hablar. Y muere de hambre.
Efectivamente, el hombre es un esqueleto.
-¿Tienes fe en que te puedo curar?
El hombre indica que sí con la cabeza.
-Abre tu boca -ordena Jesús, y acerca su cara a la horrenda boca roída por el cáncer. Echa en ella su aliento y dice: « ¡Quiero!».
Un momento de espera y luego dos gritos:
-¡Mis huesos otra vez sanos!
-¡María, estoy curado! ¡Mirad! Mirad mi boca. ¡Hosanna! ¡Hosanna! -y quiere levantarse, pero se tambalea por la flaqueza.
-Dadle de comer -ordena Jesús. Y hace ademán de retirarse.
-¡No te marches! ¡Vendrán otros enfermos! Volverán atrás otros... ¡También a ellos, también a ellos! -grita la multitud.
-Todas las mañanas, desde la aurora hasta la hora sexta vendré aquí. Que alguna persona voluntariosa se ocupe de reunir a los peregrinos.
-¡Yo, yo, Señor! -dicen no pocos.
-Que Dios os bendiga por esto.
Y Jesús tuerce hacia el pueblo con sus primeros compañeros, y con los otros, que han ido viniendo poco a poco -todos con más gente -mientras hablaba.
-¿Pero dónde están Pedro y Judas de Keriot? -pregunta Jesús.
-Han ido a la ciudad que está cercana. Llenos de dinero. A comprar...
-Sí. Judas ha obrado un milagro y está de fiesta -observa sonriendo Simón Zelote.
-También Andrés, y tiene una oveja como recuerdo. Le ha curado a un pastor la pierna rota, y el pastor le ha recompensado así. Se la daremos al padre... la leche es buena para los ancianos... -dice Juan mientras acaricia al viejecito, que está alegre.
Entran en la casa y preparan un poco de comida...
Están ya para sentarse a la mesa, cuando llegan los dos que faltaban, cargados como burros y seguidos por un carrito cargado de esos cañizos que sirven de cama a los pobres de Palestina.
-Perdona, Maestro. Pero esto era necesario. Ahora estaremos bien -dice Pedro.
Y Judas:
-Observa. Hemos comprado lo estrictamente necesario, limpio y pobre. Como te gusta a ti -y se ponen a trabajar para descargar, y luego despiden al carrero.
-Doce yacijas y doce cañizos. Algunos utensilios para la comida. Aquí las semillas. Aquí las palomas. Ahí los denarios. Y mañana mucha gente. ¡Uf! ¡Qué calor! Pero ahora va todo bien. ¿Tú qué has hecho Maestro?...
Y, mientras Jesús narra, se sientan a la mesa, contentos.
|
|