Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Cuando Jesús estaba angustiado y sudando sangre en Getsemaní, se le apareció un ángel del cielo que lo consolaba (Lc 22, 43).

Nosotros también necesitamos consuelo en los momentos tristes y difíciles de la vida. Nuestro ángel será entonces nuestro consolador.

Y podemos invocar al ángel del consuelo, que consoló a Jesús en Getsemaní.

Por otra parte, no nos olvidemos de ser nosotros también como ángeles consoladores para los demás.