Autor: P. Angel Peña O.A.R
La Madre Amparo, fundadora del convento de clarisas de Cantalapiedra (Salamanca-España) nos habla en su Autobiografía de que el 17 de octubre de 1934, en la noche, soñó con santa Margarita María de Alacoque, la mensajera del Corazón de Jesús, de quien era muy devota, y dice:
Estaba toda vestida de blanco y os ha hecho a todas socias de la Sociedad… Es una Sociedad que tenemos: la Sociedad de los serafines. Ya sabéis a lo que esto os obliga: a ser serafines, a tener en la tierra el mismo oficio que ellos en el cielo: amar a Dios y alabarle y glorificarle en todo, lo mismo en las penas que en las alegrías, conformándonos siempre con su voluntad.
Santa Margarita María de Alacoque pertenecía también a la Asociación de los ángeles, adoradores de Jesús sacramentado. Ella cuenta en su Memoria, escrita a la Madre Saumaise:
Vi una multitud de ángeles que me dijeron que estaban destinados a honrar a Jesucristo en el Santísimo Sacramento del altar, que si yo quería asociarme a ellos me recibirían de buen grado, pero que era preciso que comenzara a vivir su misma vida.
Ellos me ayudarían cuanto pudieran para hacerlo así y suplirían mi incapacidad de rendir a Nuestro Señor los homenajes de amor que desea de mí.
Que era preciso, en cambio, que supliera yo su incapacidad de padecer y que así uniríamos el amor paciente (sufriente) a su amor gozoso. Y me hicieron leer nuestro pacto escrito en el Sagrado Corazón de Jesucristo.
¿No querrías tu pertenecer también a la Asociación de los ángeles adoradores de Jesús sacramentado y a la Asociación de los serafines y, en general, pertenecer a la Asociación de los ángeles para amar y adorar con ellos y por ellos a tu Dios y Señor?
¿Por qué no haces un pacto de amor con ellos para ser su hermano y su amigo?
Ellos, por su parte, tendrán tu nombre escrito en su corazón y rezarán siempre por ti, y adorarán y amarán a Dios contigo y de tu parte.
Piensa: Serás un hermano de los serafines y de los querubines, de los ángeles y de los arcángeles… Y ellos te aceptarán como hermano y te cuidarán como a un hijo querido.
Di ahora mismo:
Dios mío, Trinidad a quien adoro, en unión de los serafines y de todos los ángeles del universo, te adoro y te amo.
Me consagro a ellos como hermano y me asocio a ellos como un niño pequeño, que necesita su ayuda y protección.
Padre mío, por medio de Jesús y de María, con el poder del Espíritu Santo, une mi vida a la suya, mi amor a su amor y haz que, a partir de este momento, seamos UNO, para siempre.
Recibe este pacto de amor en el Corazón de Jesús por medio de María y sellado con la sangre de Jesús para que se haga realidad. Amén.