Autor: P. Angel Peña O.A.R
Cuando los tres jóvenes hebreos, Misaj, Sidraj y Abed-Nego, fueron echados al horno de fuego en Babilonia por el rey Nabucodonosor, el fuego no los quemó y se paseaban entre el fuego cantando y alabando a Dios, pero se veían cuatro en vez de tres.
Por eso, el rey preguntó a sus consejeros:
¿No hemos echado nosotros al fuego a estos tres hombres atados?
Pero yo estoy viendo cuatro hombres que se pasean libremente por el fuego sin sufrir daño alguno y el cuarto tiene el aspecto de un hijo de los dioses…
Y Nabucodonosor exclamó:
Bendito sea el Dios de Sidraj, Misaj y Abed-Nego que ha enviado a su ángel a librar a sus siervos que confiando en Él, quebrantaron la orden del rey y entregaron su cuerpo antes de servir y adorar a ningún otro fuera de su Dios (Dan 3).
El ángel los libró del fuego y se paseaba con ellos, cantando y alabando a Dios.
En caso de catástrofes naturales, incendios o desgracias de cualquier tipo, Dios nos puede ayudar y salvar por medio de nuestro ángel. Incluso, nos puede salvar de animales peligrosos como salvó a Daniel del foso de los leones (Dan 14).