por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
Estaba caminando en una calle poco iluminada, una noche ya tarde, cuando escuché unos gritos, que trataban de ser silenciados, que venían de atrás de un grupo de arbustos. Alarmado, disminuí mi velocidad para escuchar, y me aterroricé cuando me di cuenta de que lo que estaba escuchando, eran los inconfundibles sonidos de una lucha: fuertes gruñidos, pelea desesperada y tela rasgándose. A sólo unos metros de donde yo estaba parado, una mujer estaba siendo atacada.
¿Me debería involucrar? Yo estaba asustado por mi propia seguridad, y me maldije a mí mismo por tener que decidir repentinamente, el tomar una nueva ruta a casa esa noche. ¿Y si me convertía en otra estadística? ¿No debería tan sólo correr al teléfono más cercano, y llamar a la policía? Aunque me pareció una eternidad, las deliberaciones en mi cabeza habían tomado sólo segundos, y los chillidos ya habían aumentado poco a poco.
Yo sabía que tenía que actuar rápido. ¿Cómo podría alejarme de esto? No, finalmente me decidí. No podría darle la espalda a esta mujer, aún si esto significaba arriesgar mi propia vida. No soy un hombre valiente ni soy atlético. No sé donde encontré el coraje moral y la fuerza física, pero una vez que había decidido finalmente ayudar a la chica, me volví extrañamente transformado.
Corrí detrás de los arbustos, y jalé al asaltante lejos de la mujer. Forcejeando, caímos al piso, donde luchamos durante unos minutos, hasta que el atacante se puso en pie de un salto, y escapó. Jadeando fuertemente, me levanté con dificultad, y me acerqué a la chica, que estaba en cuclillas detrás de un árbol, sollozando. En la oscuridad, apenas pude ver su silueta, pero ciertamente pude percibirla temblando, y en shock.
No queriendo asustarla de nuevo, primero le hablé a distancia. «¿Está bien?», dije en tono tranquilizador, «el ladrón huyó, estás a salvo ahora». Hubo una prolongada pausa, y entonces oí las palabras más maravillosas. Sorprendentemente oí: -¿Papi, eres tú? Y entonces, de atrás del árbol, salió caminando mi hija más joven.
DIOS TIENE LA MANERA DE PERMITIRNOS ESTAR EN EL LUGAR ADECUADO EN EL MOMENTO INDICADO.
GRACIAS PAPITO DIOS.
por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
¿Cómo parecerse a un niño? ¿Cuáles son esas características que abren el Reino de Dios?
El niño confía en sus padres. Confiemos en Dios nuestro Padre.
El niño cree todo lo que se le dice. Creamos en Dios nuestro Padre.
El niño no se preocupa por el mañana. Vivamos el hoy que Dios nos da.
Está escrito: «No os afanéis por el día de mañana». «Más buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas». (Mat. 6:34 y 33)
El niño no calcula las consecuencias de sus hechos. Sin vacilar, digamos “sí» a la voluntad de Dios,
El niño depende tota1mente de sus padres. Estemos persuadidos de que Dios nos dará todo lo que necesitemos.
El niño quiere crecer; con frecuencia repite: «Cuando sea grande…» Aspiremos a hacer crecer nuestra alma por medio del conocimiento y la fe en Jesucristo.
El niño es alegre y se ríe espontánemente. Nuestro gozo está en el Señor; debe ser notado por los demás.
El niño necesita mucho amor, no puede desarrollarse normalmente si se le priva de el.
Dios es amor, él nos ama como nadie; debemos estar convencidos dé ello.
El niño demuestra su amor hacia sus padres.
«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón».
por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
El tema del día era resentimiento, y el maestro nos había pedido que lleváramos papas, y una bolsa de plástico.
Ya en clase, elegimos una papa por cada persona que guardábamos resentimiento. Escribimos su nombre en ella, y la pusimos dentro de la bolsa.
Algunas bolsas eran realmente pesadas.
El ejercicio consistía en que, durante una semana, lleváramos con nosotr@s a todos lados esa bolsa de papas.
Naturalmente, la condición de las papas se iba deteriorando con el tiempo. El fastidio de acarrear esa bolsa en todo momento, me mostró claramente el peso espiritual que cargaba a diario y cómo, mientras ponía mi atención en ella para no olvidarla en ningún lado, desatendía cosas que eran más importantes para mí.
Tod@s tenemos papas pudriéndose en nuestra «mochila» sentimental.
Este ejercicio fue una gran metáfora, del precio que pagaba a diario por mantener el resentimiento, por algo que ya había pasado y no podía cambiarse.
En realidad, pocas veces somos ofendid@s, y en cambio muchas veces nos sentimos ofendid@s.
Me di cuenta que cuando hacía importantes los temas incompletos, o las promesas no cumplidas, me llenaba de resentimiento, aumentaba mi estress, no dormía bien y mi atención se dispersaba.
Pensé: ¿Quién sufre: el que odia o el que es odiado?
El que es odiado vive feliz, pero el que cultiva el rencor, se parece a aquél que toma una brasa ardiente, o al que atiza una llama. Pareciera que la llama quema al aparente enemigo; pero no, se quema un@ mism@.
El resentimiento sólo destruye al resentido.
La falta de perdón te ata a las personas desde el resentimiento. Te tiene encadenad@.
El que alimenta el amor propio, es ciego y suicida; prefiere la satisfacción de la venganza, al alivio del perdón, pero es locura odiar: es como un veneno que tomamos a diario a gotas, pero que finalmente nos termina envenenando.
La falta de perdón, es el veneno más destructivo para el espíritu, ya que neutraliza los recursos emocionales que tienes. El rencoroso vive en una eterna agonía. Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro, sin darnos cuenta que l@s únic@s beneficiad@s somos nosotr@s mismos.
Perdonar me llenó de paz y calma, alimentando mi espíritu. El perdón me liberó de ataduras que nos amargan el alma, y enferman el cuerpo. El perdón es una expresión de amor.
No hay en el mundo algo más sabroso, que la sensación de descanso y alivio que se siente al perdonar, así como no hay fatiga más desagradable, que la que produce el rencor.
Perdonar, es dejar o eliminar un sentimiento adverso contra alguien o contra algo. El perdón se basa en la aceptación de lo que pasó. No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes.
Perdonar, no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos
negativos que nos causaron dolor o enojo.
El perdón es una declaración que puedes y debes renovar a diario. Muchas veces, la persona más importante a la que tienes que perdonar es a ti mism@, por todas las cosas que no fueron de la manera que pensabas.
Vale la pena perdonar, aunque sea sólo por interés, porque no hay terapia más liberadora que el perdón.
«La declaración del Perdón, es la clave para liberarte».
•¿Con qué personas estás resentid@?
•¿A quiénes no puedes perdonar?
•¿Tú eres infalible, y por eso no puedes perdonar los errores ajenos?
•»Perdona para que puedas ser perdonad@».
•»Recuerda que con la vara que mides, serás medid@…»
por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
«Mi carácter impulsivo, cuando era niño, me hacía reventar en cólera a la menor provocación; la mayoría de las veces, después de uno de éstos incidentes, me sentía avergonzado, y me esforzaba por consolar a quien había dañado.
Un día mi maestro, que me vio dando excusas después de una explosión de ira, me llevó al salón, y me entregó una hoja de papel lisa y me dijo ¡Estrújalo!
Asombrado obedecí, e hice con él una bolita.
Ahora, -volvió a decirme-, déjalo como estaba antes. Por supuesto que no pude dejarlo como estaba, por más que traté, el papel quedó lleno de pliegues y arrugas.
El corazón de las personas, -me dijo-, es como ese papel… La impresión que en ellos dejas, será tan difícil de borrar, como esas arrugas y esos pliegues.
Así aprendí a ser más comprensivo y paciente. Ahora, cuando siento ganas de estallar, recuerdo ese papel arrugado. La impresión que dejamos en los demás, es imposible de borrar…
Más .cuando lastimamos con nuestras reacciones, o con nuestras palabras… Luego queremos enmendar el error pero ya es muy tarde… Alguien dijo alguna vez: «Habla cuando tus palabras sean tan suaves como el silencio».
Por impulso no nos controlamos, y sin pensar arrojamos en la cara de los demás, palabras llenas de odio o rencor, y luego cuando pensamos en ello, nos arrepentimos.
Pero ya no podemos dar marcha atrás, no podemos borrar lo que quedó grabado en la otra persona.
Mucha gente dice: Aunque le duela, se lo voy a decir… La verdad siempre duele…
No le gustó, porque le dije la verdad…
Si sabemos que algo va a doler, a lastimar, si por un instante imaginamos cómo podríamos sentirnos nosotros si alguien nos hablara, o actuara así… ¿Lo haríamos?
Otras personas dicen ser frontales y de esa forma se justifican al lastimar:
Se lo dije al fin… Para qué le voy a mentir… Yo siempre digo la verdad
aunque duela…
Qué distinto sería todo si pensáramos antes de actuar, si frente a otros estuviéramos sólo nosotros, y todo lo que sale de nosotros lo recibiéramos nosotros mismos ¿no?, entonces sí nos esforzaríamos por dar lo mejor, y por analizar la calidad de lo que vamos a entregar… Aprendamos a ser comprensivos y pacientes; de hoy en adelante pensemos antes de hablar y actuar…
por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
El nuevo pastor, recién asignado a su primer ministerio para reabrir una iglesia en los suburbios de Brooklyn, New York, llegó a comienzos de octubre, entusiasmado con sus primeras oportunidades.
Cuando vio la iglesia, se encontró conque estaba en pésimas condiciones, y requería de mucho trabajo de reparación; así que se fijó la meta de tener todo listo a tiempo para oficiar su primer servicio en la Nochebuena. Trabajó arduamente, reparando los bancos, resanando las paredes, pintando, etc., y para el 18 de diciembre ya había casi concluido con los trabajos, adelantándose a la meta trazada.
El 19 de diciembre cayó una terrible tempestad que azotó el área por dos días completos. El día 21 el pastor fue a ver la iglesia, y su corazón se contrajo cuando vio que el agua se había filtrado a través del techo, causando un hueco considerable en la pared frontal del santuario, exactamente detrás del pulpito.
El pastor limpió el desastre en el piso, y no sabiendo qué más hacer, pensó en posponer el servicio de Nochebuena. Salió para su casa, y en el camino notó que una tienda local estaba llevando a cabo una venta del tipo «subasta», con fines caritativos, y decidió entrar.
Entre los artículos que había en aquel almacén, el pastor vio un hermoso mantel hecho a mano color hueso, con unas aplicaciones exquisitas en bellos colores, y una cruz bordada en el centro. Era justamente el tamaño adecuado para cubrir el hueco en la pared de la iglesia, así que lo compró.
Al salir de aquel almacén, notó que había empezado a nevar y decidió volver a la iglesia. En dirección opuesta vio a una mujer mayor corriendo desde la dirección opuesta, tratando de alcanzar el autobús, pero finalmente lo perdió. El pastor la invitó a esperar en la iglesia, donde había calefacción, hasta que pasara el próximo autobús, que tardaría 45 minutos más en llegar.
Al llegar a la iglesia, la señora se sentó en una banca sin prestar mucha atención al pastor, mientras éste buscaba una escalera, ganchos, etc., para colocar el mantel como tapiz en la pared. El pastor apenas podía creer lo hermoso que lucía, y cómo cubría toda el área del problema. Entonces se percató de que la mujer venía caminando desde el pasillo acercándose a él, y que ésta tenía su cara blanca como una hoja de papel.
«Pastor, ¿dónde consiguió usted ese mantel?» El pastor le explicó.
La mujer le pidió que revisara la esquina inferior derecha, para ver si las iniciales EGB aparecían bordadas allí. ¡Sí estaban!, éstas eran las iniciales de la mujer, y ella había hecho ese mantel 35 años atrás, en Austria. La mujer apenas podía creerlo, cuando el pastor le contó cómo acababa de obtener el mantel.
La mujer le explicó que antes de la guerra, ella y su esposo tenían una posición económica holgada en Austria, pero cuando los Nazis llegaron, la forzaron a irse. Su esposo debía seguirla la semana siguiente, pero ella fue capturada, enviada a prisión, y nunca volvió a ver a su esposo, ni pudo regresar a su casa.
El pastor la llevó en el carro hasta su casa y ofreció regalarle el mantel, pero ella lo rechazó, diciéndole que era lo menos que podía hacer. Se sentía muy agradecida, pues vivía al otro lado de Staten Island, y solamente estaba en Brooklyn ese día por un trabajo de limpieza en una casa.
¡Qué maravilloso fue el servicio de la Nochebuena! La iglesia estaba casi llena. La música y el espíritu que reinaban eran increíbles. Al final del servicio, el pastor despidió a todos en la puerta, y muchos expresaron que volverían, pero un hombre mayor, que el pastor reconoció como del vecindario, seguía sentado en una de las bancas mirando hacia el frente, y el pastor se preguntaba ¿por qué no se iba?
El hombre se le acercó, y le preguntó ¿dónde había obtenido ese mantel, que estaba en la pared del frente?, porque era idéntico al que su esposa había hecho años atrás en Austria, antes de la guerra; y ¿cómo podían haber dos manteles tan idénticos? Él le relató al pastor cómo llegaron los Nazis y cómo él forzó a su esposa a irse, por la seguridad de ella, y cuánto estaba él dispuesto a seguirla, pero había sido arrestado, y enviado a prisión. Nunca volvió a ver a su esposa, ni pudo regresar a su hogar en todos aquellos 35 años.
El pastor le preguntó si le permitiría llevarlo con él a dar una vuelta. Se dirigieron en el carro hacia Staten Island, hasta la misma casa donde él había llevado a la mujer tres días atrás.
Él le ayudó al hombre a subir los tres pisos de escalera que conducían al apartamento de la mujer, tocó en la puerta y presenció la más bella reunión de Navidad que pudo haber imaginado.
Querido Amigo, esta linda historia de amor nos confirma que las casualidades no existen, pero sí las Diosidencias. DIOS nos hace sus instrumentos. No en vano, yo también espero que se cumplan mis sueños, pues aunque en mi iglesia no haya un mantel bordado por mí, Dios conoce perfectamente cuáles son mis deseos y mis necesidades.
por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
Un importante señor gritó al director de su empresa porque estaba enojado en ese momento.
El director llegó a su casa y gritó a su esposa, acusándola de que estaba gastando demasiado, porque había un abundante almuerzo en la mesa.
Su esposa gritó a la empleada porque rompió un plato.
La empleada dio un puntapié al perro porque la hizo tropezar.
El perro salió corriendo y mordió a una señora que pasaba por la vereda, porque estaba obstaculizando su salida por la puerta.
Esa señora fue al hospital para ponerse la vacuna y que le curaran la herida, y gritó al joven médico porque le dolió la vacuna al ser aplicada.
El joven médico llegó a su casa y gritó a su madre, porque la comida no era de su agrado.
Su madre, tolerante y un manantial de amor y perdón, acarició sus cabellos diciéndole:
-«Hijo querido, prometo que mañana haré tu comida favorita.
Tú trabajas mucho, estás cansado y precisas una buena noche de sueño. Voy a cambiar las sábanas de tu cama por otras bien limpias y perfumadas, para que puedas descansar en paz.
Mañana te sentirás mejor».
Bendijo a su hijo y abandonó la habitación, dejándolo solo con sus pensamientos…
En ese momento, se interrumpió el CÍRCULO DEL ODIO, porque chocó con la TOLERANCIA, la DULZURA, el PERDÓN y el AMOR.
Si tu eres de los que ingresaron en un CÍRCULO DE ODIO, acuérdate que puedes romperlo con TOLERANCIA, DULZURA, PERDÓN Y AMOR, ASÍ COMO JESÚS NOS LO ENSEÑÓ.