El Bordado de Dios

Cuando yo era pequeño, mi mamá solía coser mucho. Yo me sentaba cerca de ella, y le preguntaba qué estaba haciendo, ella me respondía que estaba bordando. Siendo yo pequeño, observaba el trabajo de mi mamá desde abajo, por eso siempre me quejaba, diciéndole que sólo veía hilos feos.

Ella me sonreía, miraba hacia abajo y gentilmente me decía: «Hijo, ve afuera a jugar un rato, y cuando haya terminado mi bordado, te pondré sobre mi regazo y te dejaré verlo desde arriba». Me preguntaba, ¿por qué ella usaba algunos hilos de colores oscuros, y por qué me parecían tan desordenados desde donde’ yo estaba?.

Más tarde, escuchaba la voz de mamá diciéndome: «Hijo, ven y siéntate en mi regazo». Yo lo hacia de inmediato, y me sorprendía y me emocionaba al ver la hermosa flor, o el bello atardecer en el bordado. No podía creerlo, desde abajo sólo veía hilos enredados.

Entonces mi mamá me decía: «Hijo mío, desde abajo se veía confuso y desordenado, pero no te dabas cuenta de que había un plan arriba. Yo tenía un hermoso diseño. Ahora míralo desde mi posición…, ¡qué bello!».

Muchas veces, a lo largo de los años he mirado al Cielo, y he dicho: «Padre, ¿qué estás haciendo?». Él responde: «Estoy bordando tu vida». Entonces yo le replico: «Pero se ve tan confuso, es un desorden.

Los hilos parecen tan oscuros, ¿por qué no son más brillantes?» El Padre parecía decirme «Mi niño, ocúpate de tu trabajo confiando en Mí y un día le traeré al Cielo, y te pondre sobre mi regazo y verás el plan desde mi posición. Entonces entenderás…”

La distancia no es cuánto nos separemos. La distancia es…, si no volvemos.

El Arte del Matrimonio

Un buen matrimonio debe crearse.
Dentro de éste, las cosas pequeñas son las más importantes...
Es nunca ser demasiado viejo para tomarse de las manos
Es recordar decir "te quiero", por lo menos una vez al día.
Es nunca ir a dormir estando enojados.
Es estar de acuerdo en los valores y tener objetivos comunes.
Es estar juntos frente al mundo.
Es formar un círculo de  amor que una a la familia 
Es decir palabras de estímulo y siempre demostrar gratitud con detalles y cariño.
Es tener capacidad de perdonar y olvidar.
Es dar uno al otro, una atmósfera en la que cada uno se pueda desarrollar.
Es realizar una búsqueda en común, de lo bueno y de lo hermoso.
No es solamente casarse con la persona adecuada...
Es ser el socio ideal.

Wilferd A. Peterson

El Arbol de los Problemas

El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar una vieja granja, acababa de finalizar un duro primer día de trabajo. Su cortadora eléctrica se dañó, y lo hizo perder una hora de trabajo, y ahora su antiguo camión se negó a arrancar.

Mientras lo llevaba a casa, se sentó en silencio. Una vez que llegamos, me invitó a conocer a su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas, con ambas manos.

Cuando se abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación. Su bronceada cara estaba plena de sonrisas. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa. Posteriormente, me acompañó hasta el carro. Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad, y le pregunté acerca de lo que lo había visto hacer un rato antes.

«Oh, ese es mi árbol de problemas», contestó. «Sé que yo no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que, simplemente, los cuelgo en el árbol cada noche, cuando llego a casa. Luego, en la mañana los recojo otra vez».

«Lo divertido es», dijo sonriendo, «que cuando salgo en la mañana a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior».

El Abrazo del Oso

Este cuento se refiere a un hombre joven, cuyo hijo había nacido recientemente, y era la primera vez que sentía la experiencia de ser papá.

A este personaje lo llamaremos Alberto, y en su corazón reinaban la alegría, y los sentimientos de amor, que brotaban a raudales dentro de su ser.

Un buen día, le dieron ganas de entrar en contacto con la naturaleza, pues a partir del nacimiento de su bebé, todo lo veía hermoso, y aún el ruido de una hoja al caer, le sonaba a notas musicales.

Así fue que decidió ir a un bosque; quería oír el canto de los pájaros, y disfrutar toda la belleza. Caminaba plácidamente, respirando la humedad que hay en estos lugares, cuando de repente, vio posada en una rama a un águila, que lo sorprendió por la belleza de su plumaje.

El águila también había tenido la alegría de recibir a sus polluelos, y tenía como objetivo llegar hasta el río más cercano, capturar un pez, y llevarlo a su nido como alimento; pues significaba una responsabilidad muy grande criar y formar a sus aguiluchos, para enfrentar los retos que la vida ofrece.

El águila, al notar la presencia de Alberto, lo miró fijamente y le

preguntó: «¿A dónde te diriges, buen hombre?, veo en tus ojos la alegría», por lo que Alberto le contestó: «es que ha nacido mi hijo, y he venido al bosque a disfrutar, pero me siento un poco confundido».

El águila insistió: «Oye, ¿y qué piensas hacer con tu hijo?»

Alberto le contestó: «Ah, pues ahora y desde ahora, siempre lo voy a proteger, le daré de comer y jamás permitiré que pase frío. Yo me encargaré de que tenga todo lo que necesite y, día con día, yo seré quien lo cubra de las inclemencias del tiempo; lo defenderé de los enemigos que pueda tener, y nunca dejaré que pase situaciones difíciles.

No permitiré que mi hijo pase necesidades como yo las pasé, nunca dejaré que eso suceda, porque para eso estoy aquí, para que él nunca se esfuerce por nada».

Y para finalizar, agregó: «Yo como su padre, seré fuerte como un oso, y con la potencia de mis brazos lo rodearé, lo abrazaré, y nunca dejaré que nada ni nadie lo perturbe».

El águila no salía de su asombro; atónita, lo escuchaba, y no daba crédito a lo que había oído. Entonces, respirando muy hondo, y sacudiendo su enorme plumaje, lo miró fijamente y dijo: «Escúchame bien, buen hombre. Cuando recibí el mandato de la naturaleza para empollar a mis hijos, también recibí el mandato de construir mi nido, un nido confortable, seguro, a buen resguardo de los depredadores; pero también le he puesto ramas con muchas espinas ¿y sabes por qué? porque aún cuando estas espinas están cubiertas por plumas, algún día, cuando mis polluelos hayan emplumado y sean fuertes para volar, haré desaparecer todo este confort, y ellos ya no podrán habitar sobre las espinas, eso les obligará a construir su propio nido. Todo el valle será para ellos, siempre y cuando realicen su propio esfuerzo para conquistarlo con todo, sus montañas, sus ríos llenos de peces, y sus praderas llenas de conejos.

Si yo los abrazara como un oso, reprimiría sus aspiraciones y deseos de ser ellos mismos, destruiría irremisiblemente su individualidad, y haría de ellos individuos indolentes, sin ánimo de luchar, ni alegría de vivir. Tarde o temprano lloraría mi error, pues al ver a mis aguiluchos convertidos en ridículos representantes de su especie, me llenaría de remordimiento y gran vergüenza, pues tendría que cosechar la impertinencia de mis actos, viendo a mi descendencia imposibilitada para tener sus propios triunfos, fracasos y errores, porque yo quise resolver todos sus problemas.

«Yo, amigo mío», dijo el águila, podría jurarte que después de Dios, he de amar a mis hijos por sobre todas las cosas, pero también he de prometer que nunca seré su cómplice en la superficialidad de su inmadurez; he de entender su juventud, pero no participaré de sus excesos; me he de esmerar en conocer sus cualidades, pero también sus defectos, y nunca permitiré que abusen de mí en aras de este amor que les profeso».

El águila calló y Alberto no supo qué decir, pues seguía confundido y mientras entraba en una profunda reflexión, ésta, con gran majestuosidad, levantó el vuelo y se perdió en el horizonte.

Alberto empezó a caminar mientras miraba fijamente el follaje seco disperso en el suelo; sólo pensaba en lo equivocado que estaba, y el terrible error que iba a cometer, al darle a su hijo el abrazo del oso.

Reconfortado, siguió caminando, sólo pensaba en llegar a casa, con amor abrazar a su bebé, pensando que abrazarlo sólo sería por segundos, ya que el pequeño empezaba a tener la necesidad de su propia libertad para mover piernas y brazos, sin que ningún oso protector se lo impidiera.

A partir de ese día, Alberto empezó a prepararse para ser el mejor de los padres.

El Aborto es un Asesinato

Saben que esa es la tristeza más grande que le pueden dar a un ángel que fue enviado por Dios para cuidar de esa criatura desde el momento en que fue concebida, para que por ignorancia de la sociedad le arrebataran la vida a un bebé, a un hijo de Dios, a un alma blanca e inocente.

Si matas a tu hijo abortando o haces que alguien aborte, recuerda que ya eres un asesino(a), sólo Dios puede perdonarte, solo si te arrepientes de corazón. Si estas leyendo esto y piensas hacerlo desde ahora te digo que no habrá espacio para ti en el Reino de los cielos.

Si fue un error de juventud o si fue una violación, o fue algo no deseado, No, pero NO le quietes la vida que el bebé no tiene la culpa. Sabes bien que hay centros di adopción donde frecuentan muchas parejas que no pueden tener hijos.

Si no quieres tener un hijo y ya viene en camino, no le quietes el sueño a otros que en verdad lo quieren de corazón y no pueden. Dalo en adopción, es la mejor alternativa.

Estoy seguro que Dios y sus ángeles prefieren sobre todas las cosas que des tu hijo en adopción antes de que le quites la vida. ¿Crees que naciste el día en que celebras tu cumpleaños?

Para la sociedad sí, pero para Dios y los ángeles tú naciste el día en que te concibieron, dale la oportunidad de nacer, de ser libre.

i Por favor… no lo mates!.