por makf | 13 Ago, 2025 | Libro 2
Después de 21 años de matrimonio, descubrí una nueva manera de mantener viva la chispa del amor.
Desde hace poco había comenzado a salir con otra mujer, en realidad había sido idea de mi esposa.
-Tú sabes que la amas-, me dijo un día, tomándome por sorpresa. -La vida es demasiado corta, y debes dedicarle un tiempo-.
-Pero yo te amo a tí-, protesté.
-Lo sé. Pero también la amas a ella-.
La otra mujer, a quien mi esposa quería que yo visitara, era mi madre, quien era viuda desde hacía 19 años, pero las exigencias de mi trabajo y mis tres hijos, hacían que sólo la visitara ocasionalmente.
Esa noche la llamé para invitarla a cenar y al cine. ¿Qué te ocurre? ¿Estás bien? me preguntó; mi madre es el tipo de mujer que una llamada tarde en la noche, o una invitación sorpresiva, es indicio de malas noticias.
-Creí que sería agradable pasar algún tiempo contigo-, le respondí, -los dos solos-.
Reflexionó sobre ello un momento. -Me agradaría muchísimo-, me dijo.
Ese viernes, mientras conducía para recogerla después del trabajo, me encontraba algo nervioso, era el nerviosismo que antecede a una cita…, y ¡por Dios!, cuando llegué a su casa, advertí que ella también estaba muy emocionada con nuestra cita.
Me esperaba en la puerta con su abrigo puesto, se había rizado el cabello, y usaba el vestido con que celebró su último aniversario de boda. Su rostro sonreía, e irradiaba luz como un ángel.
-Les dije a mis amigas que iba a salir con mi hijo, y se mostraron muy impresionadas-, me comentó mientras subía a mi auto. -No pueden esperar a mañana para escuchar acerca de nuestra velada-.
Fuimos a un restaurante no muy elegante, pero sí acogedor. Mi madre se aferró a mi brazo como si fuera La Primera Dama. Cuando nos sentamos, tuve que leerle el menú. Sus ojos solo veían grandes figuras. Cuando iba por la mitad de las entradas, levanté la vista; mamá estaba sentada al otro lado de la mesa, y me miraba. Una sonrisa nostálgica se le delineaba en los labios.
-Era yo quien leía el menú cuando eras pequeño-, me dijo.
-Entonces es hora de que te relajes, y me permitas devolver el favor-, respondí. Durante la cena, tuvimos una agradable conversación; nada extraordinario, sólo ponernos al día con la vida del otro. Hablamos tanto que nos perdimos el cine.
-Saldré contigo otra vez, pero sólo si me dejas invitar-, dijo mi madre cuando la llevé a casa. Asentí.
-¿Cómo estuvo tu cita?-, quiso saber mi esposa cuando llegué aquella noche.
-Muy agradable… mucho más de lo que imaginé-, Contesté.
Días más tarde mi madre murió de un infarto masivo; todo fue tan rápido, no pude hacer nada.
Al poco tiempo recibí un sobre con copia de un cheque del restaurante donde habíamos cenado mi madre y yo, y una nota que decía: «La cena la pagué por anticipado, estaba casi segura de que no podría estar allí, pero igual pagué dos platos, uno para tí y el otro para tu esposa; jamás podrás entender lo que aquella noche significó para mí. Te amo».
En ese momento comprendí la importancia de decir a tiempo: «TE AMO», y de darles a nuestros seres queridos el espacio que se merecen; nada en la vida será más importante que Dios y tu familia. ¡Dales tiempo, porque ellos no pueden, no deben esperar.
por makf | 13 Ago, 2025 | Libro 2
Había una joven muy rica, que tenía de todo; un marido maravilloso, hijos perfectos, un empleo que le daba muchísimo dinero, y una linda familia.
Lo extraño es que ella no conseguía conciliar todo eso, el trabajo y los quehaceres le ocupaban todo el tiempo, y su vida siempre estaba deficitaria en algún área.
Si el trabajo le consumía mucho tiempo, ella lo quitaba de los hijos; si surgían problemas, ella dejaba de lado al marido… Y así, las personas que ella amaba, eran siempre dejadas para después.
Hasta que un día, su padre, un hombre muy sabio, le dio un regalo: Una flor carísima y rarísima, de la cual sólo había un ejemplar en todo el mundo.
Y le dijo:
Hija, esta flor te va a ayudar mucho, ¡más de lo que te imaginas!
Tan sólo tendrás que regarla y podarla de vez en cuando, y a veces conversar un poco con ella, y ella te dará a cambio ese perfume maravilloso, y esas maravillosas flores.
La joven quedó muy emocionada; a fin de cuentas, la
flor era de una belleza sin igual.
Pero el tiempo fue pasando, los problemas surgieron, el trabajo consumía todo su tiempo; no le permitía cuidar de la flor.
Hasta que un día, la flor murió…
La joven lloró mucho, y contó a su padre lo que había ocurrido; su padre entonces respondió:
Yo ya me imaginaba que eso ocurriría, y no te puedo dar otra flor, porque no existe otra flor igual a esa. Ella era única, al igual que tus hijos, tu marido, y tu familia.
Todos son bendiciones que el Señor te dio, pero tú tienes que aprender a regarlos, podarlos y darles atención, pues al igual que la flor, los sentimientos también mueren.
Te acostumbraste a ver la flor siempre ahí, siempre florida, siempre perfumada y te olvidaste de cuidarla.
¡Cuida a las personas que amas!
¿Y tú? ¿Vas cuidando las bendiciones que Dios te ha dado?
Acuérdate siempre de la flor, pues las Bendiciones del Señor son como ella, Él nos da, pero nosotros tenemos que cuidarlas
“Sí alguien te traiciona una vez, es su falta; si te traiciona dos veces, es tu falta»
por makf | 13 Ago, 2025 | Libro 2
Esta es una historia contada por un soldado que pudo regresar a casa, después de haber peleado en la guerra de Vietnam. Al llegar a San Francisco, le habló a sus padres.
-«Mamá, Papá, voy de regreso a casa, pero les tengo que pedir un favor. Traigo a un amigo, que me gustaría que se quedara con nosotros».
-«Claro», le contestaron,»nos encantaría conocerlo».
-«Pero hay algo que deben saber», siguió diciendo el hijo. «Él fue herido en la guerra, pisó una mina de tierra y perdió un brazo y una pierna, él no tiene a dónde ir y quiero que él se venga a vivir con nosotros a casa».
-«Siento mucho el escuchar eso hijo. A lo mejor podemos encontrar un lugar en donde él se pueda quedar».
-«No, Mamá y Papá, yo quiero que él viva con nosotros…»
-«Hijo», le dijo el padre, «¿tú no sabes lo que estás pidiendo? Alguien que está tan limitado físicamente, puede ser un gran peso para nosotros. Nosotros tenemos nuestras propias vidas que vivir, y no podemos dejar que alguien como éste, interfiera en nuestras vidas. Yo pienso que tú deberías regresar a casa, y olvidarte de esta persona, él encontrará una manera en la que pueda vivir él solo».
En ese momento, el hijo colgó la bocina del teléfono. Los padres ya nunca volvieron a escuchar de él.
Unos cuantos meses después, los padres recibieron una llamada telefónica de la policía de San Francisco. Su hijo había muerto, después de haber caído de un edificio, fue lo que les dijeron. La policía creía que era un suicidio.
Los padres, destrozados por la noticia, volaron a San Francisco, y fueron llevados a la morgue de la ciudad, para identificar a su hijo. Ellos lo reconocieron, pero para su horror, ellos descubrieron algo que no sabían: su hijo tan sólo tenía un brazo y una pierna.
Los padres de esta historia, son como muchos de nosotros. Encontramos muy fácil el amar a esas personas que son hermosas por fuera, o que son entretenidas, pero no nos gusta la gente que nos hace sentir alguna inconveniencia o que nos hace sentir incómodos. Preferimos estar alejados de personas que no son muy saludables, hermosas o inteligentes, como lo somos nosotros.
Afortunadamente, hay una persona que no nos trata de esa manera. Existe Alguien que nos ama con un gran amor, que siempre nos recibirá en su familia, no importa qué tan destrozados estemos, física o mentalmente. Esta noche, antes de irte a dormir, pídele en oración a Dios que te dé la fuerza para que puedas aceptar a la gente tal y como es, y para que nos ayude a ser más comprensivos con esas personas que son diferentes a nosotros.
por makf | 13 Ago, 2025 | Libro 2
-«Mañana en la mañana…,» -el cirujano explicaba a un niño: «Abriré tu corazón…»
El niño interrumpió: «Usted encontrará a Jesús ahí».
El cirujano se quedó mirándolo, y continuó: «Cortaré una pared de tu corazón para poder ver el daño completo en tu corazón…»
«Pero cuando usted abra mi corazón, usted encontrará a Jesús ahí».
El cirujano volteó a ver a los padres, quienes estaban sentados tranquilamente: «Cuando ya haya visto todo el daño ahí, planearemos lo que sigue, ya con tu corazón abierto».
«Pero Ud. encontrará a Jesús en mi corazón. La biblia lo dice bien claro, que Él vive ahí.
Las alabanzas todas, dicen que Él vive ahí… Usted lo encontrará en mi corazón».
El cirujano pensó que era suficiente: «Te diré que encontraré en tu corazón. Encontraré músculo dañado, baja respuesta de glóbulos rojos y debilidad en las paredes y vaso. Y me daré cuenta si te podemos ayudar». Bien, pero usted encontrará a Jesús ahí también. Es Su hogar, El vive ahí, siempre está conmigo».
El cirujano se fue…; se sentó en su oficina, se puso a grabar
en una grabadora sus estudios previos a la cirugía: «…Aorta dañada, vena pulmonar dañada, degeneración muscular cardíaca masiva, sin posibilidades de trasplante, difícilmente curable.
Terapia: Analgésicos y reposo absoluto. Pronóstico: -Tomó una pausa-, «muerte dentro del primer año». Detuvo la grabadora. «Pero tengo algo más que decir»:
«¿Por qué?», -preguntó en voz alta-. «¿Por qué le hiciste ésto a él? Tú lo pusiste aquí; tú lo pusiste en este dolor y lo has sentenciado a una muerte temprana. ¿Por qué?»
El Señor le contestó y le dijo: «El niño, mi oveja, no pertenecerá a tu rebaño jamás, porque él es parte de mi rebaño, y conmigo siempre estará toda la eternidad.
Aquí en el Cielo, en mi rebaño sagrado, él no sentirá ningún dolor, y será confortado de una manera inimaginable para ti o cualquiera, así que es imposible que tengas la menor idea de lo que voy a hacer…».
Sus padres un día se unirán a él aquí, y conocerán la paz y armonía juntos en mi reino, y mi rebaño continuará creciendo». El cirujano empezó a llorar fuertemente, pero le dio una gran tristeza; no entendía.
-«Tú creaste ese muchacho y también su corazón y morirá en meses. ¿Por qué?»
El Señor contestó: «El niño, mi oveja, ya es tiempo que regrese a su rebaño, porque su tarea en la tierra ya la cumplió.
Hace algunos años, envié una oveja mía también, para que ayudara a sus hermanos; Le di dones de doctor, pero con tanta ciencia se olvidó de su Creador. Así que envié a mi oveja…, el niño enfermo, no para perderlo en los rebaños de humanos perdidos; al contrario, regresa a mí, y me trajo a mi oveja perdida a mí también».
El cirujano lloró…, lloró…., y lloró.
Después de la cirugía, el cirujano se sienta al lado de la cama del niño, y los padres del niño lo hacen en frente del médico.
El niño despertó, y rápido murmurando, preguntó:
«¿Abrió mi corazón?»
«Si,» dijo el cirujano.
«¿Qué encontró?» preguntó el niño.
«Tenías razón, encontré a Jesús ahí», dijo el cirujano.
por makf | 13 Ago, 2025 | Libro 2
Una nena, diariamente, va y vuelve caminando a la escuela.
A pesar del mal tiempo de aquella mañana, y de las nubes que se estaban formando, ella hace su camino diario.
Con el pasar del tiempo, los vientos aumentaron junto a rayos y truenos.
La madre pensó que su hija podría tener mucho miedo en el camino de vuelta, pues ella misma estaba asustada con los rayos y truenos.
Preocupada, la madre rápidamente entró en su auto, y se dirigió por el camino en dirección a la escuela.
En el camino, ella vio a su hija caminando, y notó, que a cada relámpago, la niña paraba, relámpago, la niña paraba, miraba hacia arriba y ¡Sonreía!
Otro y otro trueno ¡y en cada uno, ella paraba, miraba hacia arriba y sonreía!
Finalmente, la niña entró en el auto, y la madre curiosa le fue preguntando:
- «¿Qué estabas haciendo?» La niña respondió:
- «Sonriendo ¡Dios no para de sacar fotos mías!»
Dejemos que toda inocencia florezca en nuestros corazones para que podamos ver la bella y real felicidad, que está en los momentos de simplicidad…
por makf | 13 Ago, 2025 | Libro 2
Un día, acudí a mi padre con uno de mis muchos problemas de aquel entonces… Me contestó como Cristo a sus discípulos, con una parábola:
«Hija, ya no eres más una simple y endeble rama; has crecido y te has transformado, eres ahora un árbol en cuyo tronco un tierno follaje empieza a florecer. Tienes que darle vida a esas ramas. Tienes que ser fuerte, para que ni el agua, ni el día, ni los vientos te embatan. Debes crecer como los de tu especie, hacia arriba.
Algún día, vendrá alguien a arrancar parte de tí, parte de tu follaje. Quizá sientes tu tronco desnudo, mas piensa que esas podas siempre serán benéficas, tal vez necesarias para darte forma, para fortalecer tu tronco y afirmar sus raíces.
Jamás lamentes las adversidades, sigue creciendo, y cuando te sientas más indefensa, cuando sientas que el invierno ha sido crudo, recuerda que siempre llegará una primavera que te hará florecer…
Trata de ser como el roble, nunca un bonsái.»
Ahora quisiera tener a mi padre conmigo, y darle las gracias por haber nacido, por haber sido, por haber tenido, por haber triunfado y por haber fracasado.
Si acaso tuviera mi padre a mi lado, podría agradecerle su preocupación por mí, podria agradecerle sus tiernas caricias, que no por escasas, sinceras sentí.
Si acaso tuviera a mi padre conmigo, le daría las gracias por estar aquí, le agradecería mis grandes tristezas, sus sabios regaños, sus muchos consejos, y los grandes valores que sembró en mi.
Si acaso mi padre estuviera conmigo, podríamos charlar como antaño fue, de cuando me hablaba de aquello del árbol, que debe ser fuerte y saber resistir, prodigar sus frutos, ofrecer su sombra, cubrir sus heridas, forjar sus firmezas y siempre seguir.
Seguir luchando, seguir perdonando, seguir olvidando, y siempre …seguir.
Si acaso tuviera a mi padre a mi lado, le daría las gracias…, porque de él nací.