Un día, un hombre sabio y piadoso clamó al cielo por una respuesta.
Aquel hombre encabezaba un grupo de misioneros que oraban por la paz del mundo, para lograr que las fronteras no existieran y que toda la gente viviera feliz.
La pregunta que hacían era: ¿Cuál es la clave, Señor, para que el mundo viva en armonía?
Entonces, los cielos se abrieron y después de un magnífico estruendo, la voz de Dios les dijo:

– COMODIDAD.
Todos los misioneros se veían entre sí, sorprendidos y extrañados de escuchar tal término de la propia voz de Dios.
El hombre sabio y piadoso  preguntó de nuevo:
– ¿Comodidad, Señor?, ¿qué  quieres decir con eso? Dios respondió:
– La clave para un mundo ¡: pleno es: COMO DI, DAD. Es decir, así como yo les di, dad  vosotros a vuestro prójimo.

Como di, dad vosotros fe; como di, dad vosotros esperanza; como di, dad vosotros caridad; como di, sin límites, sin pensar en nada más que dar, dad vosotros al mundo.
Sigamos la clave: Como di, dad.

«Les doy un mandamiento  nuevo: que se amen los unos a  los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado».                                                (Juan 13,34)


Hay mayor felicidad en dar que en recibir. Da de lo que tienes para que merezcas recibir lo que te falta