Autor: Tomás de Kempis
El Alma:
- Señor, cuando pienso en tu dignidad y mi vileza, tengo gran temblor y me hallo confuso. Porque si no me llego a Ti, huyo de la vida; y si indignamente me atrevo, incurro en tu ofensa. ¿Pues qué haré, Dios mío, ayudador mío, consejero mío, en las necesidades?
- Enséñame Tú el camino derecho; propónme algún ejercicio conveniente para la sagrada Comunión. Porque es útil saber de qué modo deba yo preparar mi corazón devotamente y con reverencia para recibir saludablemente tu Sacramento, o para celebrar tan grande y divino sacrificio.