Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Dice en su Diario:

¡Qué tremendos misterios ocurren durante la misa! Un gran misterio sucede en la misa. ¡Con cuánta devoción debiéramos seguir y participar en esta muerte de Jesús! Un día conoceremos lo que Dios hace por nosotros en cada misa y el don que nos prepara en ella. Solamente su amor divino podía concebir un don similar75.

Desde mis primeros años, Jesús en el Santísimo Sacramento me ha atraído hacia Sí. A la edad de siete años, fue la primera vez; mientras estaba expuesto Jesús en la custodia, me hizo comprender las cosas divinas.

Desde aquel día hasta hoy, mi amor hacia Dios oculto ha aumentado hasta alcanzar la más estrecha intimidad.

Toda la fuerza de mi alma procede del Santísimo Sacramento. Todos los momentos libres los paso en coloquio con Él, que es mi Maestro76.

El momento más solemne de mi vida es siempre el de la comunión. La añoro y, por cada una de ellas, doy gracias a la Santísima Trinidad. Si los ángeles pudieran envidiarnos, nos envidiarían por dos cosas: por no poder recibir la santa comunión y por no sufrir77.

Durante la comunión, sentí en mi corazón los latidos del Corazón de Jesús… Temo el día en que no reciba la santa comunión. Es una fuerza extraña la que toma mi alma al recibir la comunión78. Me veo tan débil que, si no fuera por la santa comunión, caería continuamente. Lo único que me sostiene es la santa comunión. De ella saco fuerzas, en ella está mi apoyo. En los días en que no recibo la santa comunión, la vida me asusta, tengo miedo de mí misma. Jesús, oculto en la hostia, lo es todo para mí. Del sagrario tomo fuerza, poder, valor, luz. Allí busco alivio en los momentos de angustia. No sabría dar gloria a Dios, si no tuviera en el corazón la Eucaristía79. Solamente en la eternidad podremos conocer qué gran misterio cumple en nosotros la comunión, son los momentos más preciosos de la vida80. Durante la ceremonia de las cuarenta horas, he visto el rostro de Jesús en la hostia, que estaba expuesta en la custodia, Jesús miraba amablemente a todos81. Un día, estando en adoración ante el Santísimo Sacramento, vi un ángel de gran belleza. Le pregunté: ¿quién eres? Y él me contestó: Soy uno de los siete espíritus que están día y noche delante del trono de Dios y lo adoran sin cesar. Al día siguiente, durante la misa, antes de la elevación, aquel espíritu comenzó a cantar estas palabras: Santo, Santo. Su voz era equivalente a millares de voces, imposible describirla. De repente, mi espíritu se unió a Dios y conocí la inconcebible grandeza y santidad de Dios y mi propia miseria82.
75 Cuaderno II, 270.
76 Cuaderno V, 38.
77 Preparación para la santa comunión.
78 ibidem.
79 Cuaderno III, 10.
80 Cuaderno II, 224.
81 Cuaderno I, 180.
82 Cuaderno I, 194.