Autor: P. Angel Peña O.A.R
Todos los convertidos a la fe católica han descubierto en la presencia real de Jesús en la Eucaristía el mayor tesoro de nuestra fe.
Y, por eso, no podían dejar de ir a misa todos los días que podían.
La Eucaristía era para ellos el mejor alimento espiritual y el mayor tesoro que habían encontrado, del cual no podían prescindir.
Veamos algunos casos:
En el año santo de 1650, JEAN FREDERIC BRUNSWICK, hijo del duque Jorge de Brunswick y uno de los jóvenes más notables de la nobleza alemana, se acercó a la ciudad de Asís, buscando la verdad, pues se había pasado al lado protestante al terminar la guerra de los 30 años entre católicos y protestantes.
El cardenal Tapaccioli le escribió al santo José de Cupertino: Un príncipe protestante quiere retornar a la fe. Le ruego de persuadirlo y recibirlo con caridad.
Jean Frederic había oído hablar de la santidad del fraile José de Cupertino y quería convencerse de que la Iglesia católica era la verdadera.
Entonces, al llegar a Asís, asistió a una misa celebrada por el santo.
Después del rezo del Padrenuestro, el santo se quedó en éxtasis y se alzó en el aire.
Después de la misa, el santo religioso pudo conversar durante dos horas con el duque y éste regresó a la Iglesia.
El haber visto celebrar la misa con tanta devoción y con éxtasis, le convenció de la verdad de nuestra fe y de la presencia real de Jesús en la Eucaristía, a quien tanto amó toda su vida108.
108 Puede leerse el libro de Parisciani, San Giuseppe de Copertino, Ed. Pax et bonum, Osimo, 1967, pp. 262-268.