No colecciono mariposas, ni cachivaches, ni estampillas, colecciono palabras, sentimientos, valores que tienen como autores a mi familia y amigos.

Tengo en mi mente un Banco con intereses que me devuelve con creces ¡a abundancia de la palabra «Amor», que se vuelve «valor», que se expresa en sentimiento, y vuelve contentos a los románticos, a los compositores, a los escritores, poetas, v en general a todos ¡os que se sienten nutridos con esta mágica poción.

Colecciono la palabra «Sabiduría», con comprensión, entendimiento, conocimiento, y me da el sabor de la reflexión, de la integración, del análisis, la síntesis, la división y la integración, el orden y la transformación, el poder de decir «no» cuando bien comprendo y quiero, o de decir «sí» cuando me hace posible mi crecimiento espiritual.

Colecciono la palabra «Voluntad», que me hace «dinámic@», que me motiva a la acción, a la ejecución, a la creatividad, al desarrollo de cualquier habilidad, a sentirme segur@ y confiad@ en mi realización.

Que bien me encuentro con la palabra «Fortaleza», con valor, con destreza, con vigor, con respeto, con honor, con honestidad y lealtad, con integridad; me maravillo con la «bondad», con la «belleza», con la «grandeza», con el éxito, porque con ellas decoro mi alma, y me da calma en esos momentos de dolor.

Suaviza mis síntomas, y me coloca en una cima, donde puedo reflexionar y pensar en silencio, con la meditación. Y «espiritualidad» se convierte en el compendio de todas las bellas palabras que me significan transformación, oración y comunión con el Creador.