REGRESANDO A CASA
Se ha dicho, frecuentemente, que todos los convertidos son “molestos”, porque toman la fe con tal fuerza que, a los católicos comunes, les parecen un poco fanáticos.
Pero es que, cuando uno se enamora de Cristo, no puede menos de sentir un fuego interior que lo lleva a compartirlo con todos los que le rodean. Incluso, hasta entregar su vida totalmente a su servicio.
Algunos de estos convertidos desde el primer momento de su conversión intuyeron por una gracia especial de Dios que la Iglesia católica era la Iglesia fundada por Jesucristo.
Veamos tres ejemplos significativos, dos judíos y un ateo.