Autor: P. Angel Peña O.A.R
Gran misionero francés, fundador de las hermanas del Santísimo Sacramento, tenía tanto amor a Jesús Eucaristía que no podía vivir sin pasarse muchas horas adorando a Jesús, a quien llamaba el hermoso sol de la Iglesia.
Ciertamente, Jesús es el sol del mundo y de la Iglesia, que ilumina nuestras almas y las vuelve radiantes de luz, como dice el Salmo:
Contemplad al Señor y quedaréis radiantes (Sal 33, 6).
Disfrutando de las delicias del divino Corazón delante del sagrario, podremos gustar las dulzuras de su amor. Así nos lo dice también el mismo salmo: Gustad y ved qué bueno es el Señor (Sal 33, 9).
El beato Vignes quería ser un sagrario vivo para estar siempre con Jesús Eucaristía. Y celebraba la misa con una devoción admirable.
Decía: ¡Qué incomparable honor tenemos al participar de la santa misa!
Si pusiéramos juntos todos los méritos y todas las virtudes de todos los santos, que existieron y existirán, con todo el amor de los bienaventurados, incluidos los ángeles y la misma Virgen María, todos juntos no podrían dar a Dios tanto honor ni tanta alabanza ni satisfacción como recibe en una sola misa67.
Sobre la comunión decía: Dios nos hace el gran honor de querer permanecer, no digo cerca de nosotros, sino dentro de nosotros…
Por eso, Señor, no quiero salir pronto de la iglesia, cuando te recibo, quiero estar contigo. Tu compañía es demasiado honor para mí.
Tal vez un día lamentaré mil y mil veces el haber perdido el tiempo sagrado de la comunión, pensando en otras cosas.
Por eso, Dios mío, quiero darte gracias después de haberte recibido.
Y como me siento incapaz para ello, quiero pedir la ayuda de todos los santos y ángeles, junto con la de María, la reina de los cielos, para que den gracias en mi nombre68.
El Padre Vignes pedía eucaristizar la vida y centrarla en Jesús Eucaristía.
Fue beatificado por el Papa Juan Pablo II el 3 de octubre de 2004
67 Reglamento de vida I, 21, art II.
68 Libro más hermoso, 1, 79-81.
