Autor: P. Angel Peña O.A.R
La beata Ana Catalina Emmerick (1774-1824), nos habla de la Eucaristía en muchas de sus visiones y revelaciones:
Vi que los apóstoles se dispersaron por países lejanos y que los cristianos no tenían todavía iglesias, sino que se reunían en salas.
Vi que los apóstoles guardaban en sus casas la Eucaristía y que, cuando la llevaban a la celebración, los fieles iban detrás de ella con mucho respeto; en esto me fue mostrado el origen de las procesiones y del culto público a la Eucaristía…
Vi que los cristianos recibían el sacramento en sus propias manos y luego lo ponían en la boca.
Vi que las mujeres lo recibían en sus manos, pero tomándolo con un paño pequeño.
Vi también que, en un principio, los cristianos podían llevar consigo el Santísimo Sacramento a sus casas y tenerlo pendiente del cuello en una bolsa o cajita con una funda, en la cual estaba envuelto en un lienzo pequeño.
Vi que, cuando esta costumbre fue perdiéndose, aún se permitió durante largo tiempo, en ciertos lugares a personas piadosas, el conservarlo así.
De este modo, vi una tras otra muchas cosas sobre la comunión en ambas especies120.
En una gran ciudad de un país lejano y cálido, donde se producían frutos como dátiles, vi a los cristianos reunidos dentro de la iglesia y a los sacerdotes junto al altar. En la puerta se produjo un gran tumulto.
Un tirano feroz, montado en un caballo blanco quiso entrar en la iglesia para burlarse de los fieles, forzando a entrar en la iglesia a aquel indómito animal.
Me parecía oír a aquel hombre que decía: Ahora verán los cristianos, si su Dios de pan es verdadero Dios.
Muy grande era la angustia de los cristianos que estaban dentro de la iglesia. Pero el sacerdote dio la bendición con el Santísimo Sacramento, mirando hacia el lugar donde estaba el tirano.
Entonces, el caballo se quedó como clavado en el suelo, cual si hubiera echado raíces.
El sacerdote se acercó a la puerta de la iglesia con el Santísimo Sacramento en las manos y, apenas se llegó a la bestia, ésta se prosternó de rodillas humildemente.
A la vista de este prodigio, el tirano y los que le seguían se sintieron transformados, se arrodillaron, entraron en la iglesia y se convirtieron121.
Una vez, llegué en visión a cierto lugar donde se celebraba una procesión del Santísimo Sacramento.
Al Santísimo lo vi rodeado de ángeles y de otros bienaventurados, todos con gran magnificencia y esplendor.
El Santísimo tenía forma de niño del todo transparente en medio de un sol esplendoroso.Lo que he visto es realmente inefable.
Si los que llevaban y acompañaban al Santísimo, hubieran visto lo que yo veía, habrían caído al suelo con temor y asombro y no habrían podido seguir llevándolo y acompañándolo122.
En otra ocasión, unos ladrones cometieron un robo sacrílego en una iglesia.
Cuando los ladrones volcaron las hostias sagradas sobre el altar, dijo uno de ellos:
Quiero hacer un lecho a Nuestro Señor. El espectáculo era horrible.
Cada uno de los ladrones tenía un demonio que lo ayudaba.
Pero yo vi a los ángeles sobre el cuerpo del Señor, adorándolo123.
120 Ana Catalina Emmerick, Visiones y revelaciones, Ed. Guadalupe, México, 1944, p. 285.
121 ib. p. 286.
122 ib. p. 293.
123 ib. p. 468.
