Autor: P. Angel Peña O.A.R
La VENERABLE SOR MÓNICA DE JESÚS (1964) dice:
La víspera de los ángeles, en vísperas, vi a todos los “hermanos mayores” de cada una de las hermanas que estaban en el coro.
Me dio mucha alegría, pero también tuve pena, porque todos estaban contentos, aunque no todos alegres. Se lo pregunté a mi ángel y me dijo que era por no rezar con todo el fervor que ellos querían que tuviesen las almas42.
Varias veces su ángel le llevaba la comunión, cuando estaba enferma.
Ella escribe a su director espiritual:
Estuve varios días en cama y el ángel me trajo a Jesús por la mañana, y el ángel suyo y el de la Madre traían cada uno una vela alumbrando a Jesús43.
A veces, jugaba con su ángel a amar a Jesús.
Dice: Hoy, día de los santos reyes, he ganado al “hermano mayor”(el ángel) a amar a Jesús. Le he ganado siete veces44.
El domingo de Pascua, temprano, vino Jesús y con él los 7 ángeles de las almas víctimas y otros más, y todos a una cantaron muy contentos y alegres los aleluyas con unas voces que la celda se venía abajo. Ellos cantaron muchas veces y muy bien45.
Estamos en la santa cuaresma y mi hermano mayor es tan bueno como siempre. Me da dos pláticas. Por la mañana, a la hora en que se puede, me habla del amor a Jesús en la Eucaristía. Por la tarde o por la noche, de la Pasión46.
El ángel le ayudaba a salvar a los pecadores, por los cuales rezaba con mucho fervor; y se sentía muy feliz, cuando el ángel le decía que ya se habían confesado algunos pecadores por los que ella rezaba.
En ocasiones, el ángel le daba estampas o medallas para que las llevara o las regalara a otras personas. Como había formado una asociación de almas víctimas, en ocasión de las fiestas venían los ángeles de las almas víctimas y a todos les ganaba a amar a Jesús y cantaba con ellos.
Su ángel le hacía muchos servicios cuando estaba enferma, e, incluso, le echaba las cartas al correo o las hacía llegar sin pasar por el correo; pero también le llamaba seriamente la atención ante las distracciones en la iglesia o por alguna falta de caridad con sus hermanas, por mínima que fuera.
El ángel era para ella su compañero, que le enseñaba a amar a Jesús y a María y a todos los santos, especialmente, a los de su Orden, a quienes amaba con singular cariño, pues se le aparecían de vez en cuando.
Ella, por su parte, mandaba a veces, celebrar misas en honor de su ángel o por sus intenciones.
42 Carta de Sor Mónica al Padre Cantera del 4 de octubre de 1923.
43 Ayape Eugenio, Sor Mónica y el Padre Cantera, Ed. Augustinus, Madrid, 1986, p. 185.
44 ib. p. 145.
45 ib. p. 161.
46 ib. p. 243.
