Autor: P. Angel Peña O.A.R
La Venerable Sor María de Jesús de Ágreda (1602-1665) en su famoso libro Mística Ciudad de Dios, habla de cómo iba frecuentemente a evangelizar a los indios de México, aunque no sabía si era personalmente o por medio de su ángel.
Dice:
Para juzgar que iba realmente, era que yo veía los reinos distintos, y sabía sus nombres y que se me ofrecían al entendimiento distintamente; que veía las ciudades y conocía la diferencia de la tierra y que el temple y calidad era diferente, más cálido, las comidas más groseras y que se alumbraban con luz como de tea.
Yo los amonestaba y declaraba todos los artículos de la fe y los animaba y catequizaba, y lo admitían ellos y hacían como genuflexiones.
En una ocasión, me parece, di a aquellos indios unos rosarios; yo los tenía conmigo y se los repartí y los rosarios no los vi más.
El modo a que yo más me arrimo y que más cierto me parece fue aparecerse un ángel allí en mi figura y predicarlos y catequizarlos y mostrarme acá a mí el Señor lo que pasaba para el efecto de la oración, porque el verme a mí allá los indios fue cierto.
También conocía las guerras que tenían y que no peleaban con armas como las de acá, sino con instrumentos para tirar piedras a la traza de hondas y con ballestas y cuchillos de fuste…
Serían quinientas veces, y aún más de quinientas, las que tuve conocimiento de aquellos reinos, de una manera o de otra, y las que obraba y deseaba su conversión, que el cómo y el modo no es fácil saberse y que, según los indios dijeron de haberme visto, o fue ir yo o algún ángel en mi figura.
Esto del reino y las cosas exteriores duraron sólo tres años51.
¡Qué hermoso, si nuestro ángel pudiera tomar nuestra figura con el permiso de Dios y poder ir a evangelizar y bendecir y dar cariño a tanta gente necesitada de Dios y de amor!
51 Sor María de Jesús de Ágreda, Mística ciudad de Dios, Ed Villena, Madrid, 1985, pp. 137-138.