290 "En el principio, Dios creó el cielo y la tierra" (Gn 1,1): tres
cosas se afirman en estas primeras palabras de la Escritura: el Dios
eterno ha dado principio a todo lo que existe fuera de Él. Solo Él es
creador (el verbo "crear" —en hebreo bara— tiene siempre por sujeto a
Dios). La totalidad de lo que existe (expresada por la fórmula "el cielo
y la tierra") depende de Aquel que le da el ser.

291 "En el principio existía el Verbo [...] y el Verbo era Dios [...]
Todo fue hecho por él y sin él nada ha sido hecho" (Jn 1,1-3). El Nuevo
Testamento revela que Dios creó todo por el Verbo Eterno, su Hijo
amado. "En él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la
tierra [...] todo fue creado por él y para él, él existe con
anterioridad a todo y todo tiene en él su consistencia" (Col 1, 16-17).
La fe de la Iglesia afirma también la acción creadora del Espíritu
Santo: él es el "dador de vida" (Símbolo Niceno-Constantinopolitano),
"el Espíritu Creador" (Liturgia de las Horas, Himno Veni, Creator
Spiritus), la "Fuente de todo bien" (Liturgia bizantina, Tropario de
vísperas de Pentecostés).

292 La acción creadora del Hijo y del Espíritu, insinuada en el
Antiguo Testamento (cf. Sal 33,6;104,30; Gn 1,2-3), revelada en la Nueva
Alianza, inseparablemente una con la del Padre, es claramente afirmada
por la regla de fe de la Iglesia: "Sólo existe un Dios [...]: es el
Padre, es Dios, es el Creador, es el Autor, es el Ordenador. Ha hecho
todas las cosas por sí mismo, es decir, por su Verbo y por su
Sabiduría", "por el Hijo y el Espíritu", que son como "sus manos" (San
Ireneo de Lyon, Adversus haereses, 2,30,9 y 4, 20, 1). La creación es la
obra común de la Santísima Trinidad.

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