por Makf | 3 Abr, 2026 | Apologética 6
Autor: P. Flaviano Amatulli Valente
¿Dónde está el equilibrio entre defender la propia fe y procurar la unidad en la fe?.
Apologética y ecumenismo: dos caras de la misma medalla
No basta imitar lo que se está haciendo en otras partes. Hay que ser realistas y creativos. Donde hay proselitismo, apologética; donde se acepta el diálogo, ecumenismo.
Situaciones diferentes
No todos los que no comparten nuestra fe, tienen la misma actitud hacia nosotros. Algunos están abiertos al diálogo y a la comprensión y otros no. Entre estos últimos no faltan quienes tienen una actitud abiertamente agresiva y proselitista.
Pues bien, ¿cómo tenemos que reaccionar frente a situaciones tan diferentes.
¿Basta la receta del diálogo, la tolerancia y la buena fe? ¿No es esto pecar de ingenuidad, pereza mental y falta de responsabilidad para con los "débiles en la fe", que fácilmente son arrastrados por los "lobos rapaces"?
Ecumenismo
Ya desde fines del siglo XIX, la experiencia misionera en Africa y en Asia puso de relieve los efectos negativos del "escándalo de la división": todos hablando del mismo Dios y usando la misma Biblia, pero divididos entre sí, en una actitud de franca oposición un grupo contra otro.
Por eso muchos quedaban escépticos acerca de la bondad y eficacia del nuevo credo. "Primero pónganse de acuerdo entre ustedes — pensaban — y después vengan a enseñarnos "su Evangelio", que por lo visto no representa ninguna buena noticia para nosotros, puesto que lleva consigo los gérmenes de la división entre las familias y la sociedad entera".
Para superar esta situación de escándalo y presentar un frente común delante del mundo no cristiano, a principios del siglo XX se empezó a hablar de "Ecumenismo", hasta constituirse en 1948 el Consejo Ecuménico de las Iglesias.
Pues bien, con el Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965) la Iglesia católica entró en este nuevo orden de ideas, haciéndose poco a poco abanderada de este gran ideal de Cristo: "Que todos sean uno" (Jn 17,21).
Diálogo interreligioso
Pronto el diálogo con los "hermanos separados" rebasó las fronteras del mundo cristiano, alcanzando a los hebreos, "nuestros hermanos mayores", y a todos los hombres de buena voluntad, pertenecientes a las más variadas expresiones religiosas: islamismo, budismo, hinduismo, taoísmo, confucianismo, etc.
Fundamento: la unidad del género humano y del plan de salvación, que abarca a todos los hombres (1 Tm 2,3); por lo tanto, en todos los hombres y en todas las culturas ya está presente la acción salvadora de Dios, que hay que saber descubrir, apreciar y respetar.
Contra-misión oriental y musulmana
Mientras Europa, cansada por los estragos de la Segunda Guerra Mundial, causada por el fanatismo de las ideologías, se volcaba hacia los ideales de la comprensión y la unidad, el mundo oriental y el mundo musulmán, pisando tierras europeas con ocasión de la misma guerra, empezaron a vislumbrar la posibilidad de una "conquista ideológico-religiosa" del mundo occidental.
Así surgieron la contra-misión oriental y los distintos fundamentalismos islámicos, orientados hacia la afirmación de la propia identidad cultural, en una actitud de rechazo hacia todo lo occidental y de conquista con relación al mundo cristiano.
Explosión de las sectas
En el ámbito del cristianismo, de por sí ya existían grupos separados, profundamente proselitistas: bautistas, mormones, testigos de Jehová, adventistas del séptimo día y la línea evangélica-pentecostal, subdividida en un sinfín de grupúsculos.
Pues bien, después del Concilio Ecuménico Vaticano II, con el surgimiento de la teología de la Liberación, estos grupos recibieron un fuerte apoyo de parte de los gobiernos como medio para frenar la acción de la Iglesia, muy comprometida con las causas populares, y volcar en un plan espiritualista la insatisfacción de las masas, causada por su marginación a nivel social, político y económico.
Una de las causas del avance de estos grupos en los países con mayoría católica ha sido el querer aplicar con relación a ellos la receta "ecuménica". Resultados: en lugar de ablandarse, frente a la actitud conciliadora de la Iglesia, se envalentonaron más, logrando éxitos proselitistas insospechados.
Lo que ha pasado, ha sido que la visión europea del problema de la división se ha impuesto, impidiendo a las iglesias locales percibir con claridad su problemática real y buscar los medios oportunos para enfrentarla.
Apologética y ecumenismo: dos caras de la misma medalla
En el fondo, se trata del problema de la unidad: una unidad que hay que preservar (apologética) y una unidad que hay que restablecer (ecumenismo). La apologética se dirige esencialmente hacia los que están dentro de la Iglesia, para que se sientan seguros de lo que profesan y no se salgan; mientras el ecumenismo se dirige esencialmente hacia los que están fuera, para que entren en un proceso de búsqueda de la unidad (Jn 17,21).
Sin embargo, en la práctica muchos vieron en la apologética una "guerra santa", y por eso la desecharon; y en el ecumenismo la única manera de enfrentar el problema de la división religiosa. Al no poder dialogar con los grupos proselitistas, se quedaron con los brazos cruzados, dejando a los "débiles de la fe" sin ningún tipo de protección frente a la agresión de las sectas, al antojo de los "lobos rapaces".
Lo que pretendemos los que estamos luchando para "revivir la sana apologética", es que seamos más realistas, viendo lo que realmente necesita nuestro pueblo y tratando de ayudarlo, sin perjudicar la causa del ecumenismo que tiene razón de ser.
¡Ojalá que todos fueran sinceros y estuvieran abiertos para el diálogo! Pero esto no corresponde a la realidad. El hecho es que existen planes concretos de "conquista" del mundo católico de parte del evangelismo. Frente al avance de un ejército invasor, no se puede hablar de paz y nada más, dejándolo avanzar a su antojo. Primero hay que pararlo. Solamente después será posible hacerlo sentar a la mesa de las negociaciones.
Prioridades
Es un hecho que el mundo católico está siendo profundamente perturbado por el fenómeno sectario. Por lo tanto, es urgente una acción encaminada a fortalecer la fe de sus miembros, subrayando la propia identidad y haciendo hincapié en los grandes valores de la unidad, la verdad y la fidelidad: elementos que solamente una sana apologética puede ofrecer.
Donde es determinante la presencia de iglesias separadas pero al mismo tiempo abiertas al diálogo, allá será necesario insistir en el diálogo ecuménico, como medio para favorecer la comprensión mutua y dar pasos concretos en el camino de la plena unidad.
En otros lugares prevalece la presencia de las grandes religiones no cristianas: judaísmo, islamismo, budismo, taoísmo, confucianismo, hinduismo, etc. Allá será necesario intentar el diálogo interreligioso, en la búsqueda de los valores presentes en cada cultura y expresión religiosa, capaces de fermentar la sociedad y encaminarla hacia la realización del Reino.
Lo que está pasando ahora, es que en todas partes se quiere hacer lo mismo, sin caer en la cuenta de que se trata de realidades diferentes, que merecen una atención muy particular, caso por caso.
Donde prevalecen los grupos proselitistas, evidentemente se tiene que implantar la apologética; donde prevalecen las iglesias históricas separadas, tiene que impulsarse más el ecumenismo y, donde la presencia de las grandes religiones no cristianas es determinante, se tiene que enfrentar con toda seriedad el problema del diálogo interreligioso.
Ahora, ¿qué aportación específica, en concreto, podría ofrecer la experiencia latinoamericana al mundo católico, agredido por la acción de las sectas? Un buen manejo de los principios de la sana apologética, llevada a cabo sin fanatismo, con la única preocupación de fortalecer la fe de los más débiles (Ez 34; Jn 10).
Y es lo que en la práctica no se está haciendo, por un malentendido ecumenismo y un complejo de inferioridad con relación a la problemática europea.
Sano equilibrio
Al hablar de prioridad, no se está hablando de exclusividad. No es que en América Latina tenemos que preocuparnos "solamente" de la apologética. Tenemos que estar preparados para todo y, cuando se ofrece la oportunidad, tenemos que saber dialogar con los que están abiertos al diálogo.
Lo que queremos decir, es que en nuestros ambientes, tan atacados por el proselitismo sectario, lo que más urge es fundamentar la fe del católico de tal manera que se vuelva "impermeable" frente a sus solicitaciones. Es aquí donde tenemos que "dar chispas", para después comunicar a otros nuestra experiencia.
Ahora bien, querer encerrarse en el diálogo ecuménico, sin siquiera intentar buscar otro camino para enfrentar el problema de las sectas, echando a perder enteras comunidades católicas, es señal de estrechez mental e irresponsabilidad pastoral. Un día habrá que responder de esto frente a Dios y a la historia.
Proselitismo de las iglesias históricas
Otro dato que no hay que ocultar es la actitud igualmente proselitista y agresiva de las iglesias históricas en muchos lugares de América Latina y de Estados Unidos con relación a la población hispana.
En muchos casos se tiene la impresión de que la entrega indiscriminada del católico al evangelismo antiguo y moderno sea el precio que hay que pagar para que prospere el diálogo ecuménico, un diálogo basado en una traición en aras de una "estrategia" que no tienen nada de evangélico.
Por eso se trata de eliminar cualquier tipo de apologética que mire a fortalecer la fe del católico como si el flujo constante de católicos hacia el evangelismo represente el señuelo para atraer a los evangélicos en la órbita del diálogo ecuménico, viciando así desde sus orígenes todo el proceso sin ninguna perspectiva de unidad en "un solo rebaño bajo un solo pastor" (Jn 10,16).
De seguir así, la llegada del tercer milenio en lugar de encontrarnos más unidos, nos encontrará más divididos, puesto que una buena parte de los católicos habrá dejado la Iglesia, pasándose a las más variadas iglesias o sectas.
No se puede aplicar en todas partes la misma receta ecuménica, que se aplica en Europa con los luteranos, los valdenses o alguna otra iglesia histórica. Si se quiere imponer también aquí la misma receta, se arriesga con provocar un colapso del catolicismo en el mundo latinoamericano, haciendo del continente de la esperanza "el continente de la pesadilla"
Conclusión
No siempre la medicina es agradable a la vista y sabrosa al paladar. Y de todos modos, hay que tomarla, si se quiere sanar. Lo mismo pasa con la apologética: aunque no sea del gusto de todos, hay que saberla manejar, si se quiere enfrentar con seriedad el problema de las sectas.
Por otro lado, ¿no es siempre mejor estar preparados para defender la propia fe y dialogar con los demás? ¿O se prefiere "aventar" a los católicos, sin tener conciencia de la propia identidad? Sería como enviar los soldados a la guerra, sin armas.
Mejor estar bien fundamentados en la propia fe y así estar preparados para dialogar con todos y, en caso de necesidad, estar capacitados para "dar razón de la propia esperanza" (1 Pe 3,15).
por Makf | 3 Abr, 2026 | Apologética 6
Autor: Padre Flaviano Amatulli Valente | Fuente: www.cristiandad.org
La problemática sectaria y de división desde una lúcida exposición de los males que se han creado, y de lo que Nuestro Señor espera de nosotros.
La división religiosa: desde la Iglesia de Cristo hasta la Nueva Era y el Satanismo
Se empieza con eliminar al jefe visible de la Iglesia; después se elimina a la misma Iglesia fundada por Cristo y poco a poco se llega a eliminar hasta al mismo Cristo y a Dios, haciéndose cada quien su coctel religioso.
Hoy más que nunca es necesario conocer y vivir la propia fe, para no caer en las redes de los grupos proselitistas.
Que todos sean uno
En vísperas de su pasión, Jesús oró al Padre: «Oh Padre, que todos sean uno, como tú estás en mi y yo en ti; que también ellos sean uno en nosotros. Así el mundo creerá que tú me has enviado (Jn 17,21)». La unidad entre los discípulos de Cristo es la señal de que Cristo es el Enviado de Dios.
Pentecostés
El día de Pentecostés este sueño de Cristo se hace realidad. Ahí vemos a los discípulos de Cristo todos unidos bajo la guía de Pedro y los Apóstoles, al amparo de María, llenos del Espíritu Santo (Hch 2,1-4).
Aquel día tres mil personas, provenientes de lugares diferentes, con idiomas y culturas diferentes, escuchando el mensaje de salvación, proclamado por Pedro y los Apóstoles, llenos del Espíritu Santo, creyeron en Cristo y se entregaron a El, entrando a formar parte de la Iglesia.
Donde hay amor, allá está Dios; donde está Dios, allá hay unidad. La división no viene de Dios.
¡Qué diferencia con lo que pasó en la Torre de Babel! (Gn 11,1-9). Allá todos formaban una sola familia, con un solo idioma. Sin embargo, al querer poner como base de su unidad, no a Dios, sino a sí mismos con su egoísmo, su fuerza y su inteligencia, se dividieron. Sin Dios, no puede haber unidad.
Espíritu sectario dentro de la Iglesia
Satanás no duerme. Pronto empezaron las divisiones dentro de la Iglesia. Primera carta de San Pablo a los Corintios, capítulo 1, versículo 12: «Yo soy de Pablo; yo soy de Apolo; yo soy de Pedro». Liderazgos malentendidos; espíritu sectario dentro de la Iglesia.
«Yo soy de Pablo; ¿qué me importa Pedro con sus seguidores?». Otro dice: «Yo soy de Pedro; ¿qué me importa Pablo con sus simpatizantes?». Cada uno se queda con su grupo y su líder, con su línea pastoral. Los demás no interesan.
No se trata de divisiones declaradas, sino de desconocimiento mutuo. Espíritu sectario dentro de la Iglesia. Un camino peligroso.
Peor todavía. Otros dicen: «Yo soy de Cristo (1Cor 1,12)». ¡Cómo se oye bonito: «Yo soy de Cristo»! Cristo sin Iglesia. Un contacto directo con Cristo. ¿Para qué, entonces, Jesús dijo a Pedro: «Apacienta mis corderos… apacienta mis ovejas? (Jn 21,15-17)».
Maldito el que cambia el Evangelio
Carta de San Pablo a los Gálatas, capítulo 1, versículos del 6 al 9:
«Me maravillo de que, abandonando al que los llamó por la gracia de Cristo, se pasen tan pronto a otro Evangelio. En realidad, no existe otro Evangelio. Lo que pasa es que algunos los están perturbando y quieren cambiar el Evangelio de Cristo.
Sin embargo, aunque viniera yo mismo o un ángel bajado del cielo para anunciarles un Evangelio distinto del que ya les hemos anunciado, ¡sea maldito! Como lo he dicho, lo repito otra vez: Si alguien les anuncia un Evangelio distinto del que ya recibieron, ¡sea maldito!».
¿Y que pasa? Que desde un principio se nos enseñó que Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre; y ahora hay algunos que andan de casa en casa, queriéndonos convencer de que Cristo no es Dios, sino que solamente la primera creatura de Dios.
Desde un principio se nos enseñó que, al celebrar la Cena del Señor, el pan se transforma en el Cuerpo de Cristo y el vino en su Sangre; y ahora resulta que algunos nos quieren convencer de que esto no es cierto: se trata de un símbolo y nada más. Lo mismo acerca del bautismo de los niños, la virginidad de María, la obediencia que se debe a los sucesores de Pedro y los Apóstoles, y tantas cosas más.
Según los nuevos «expertos en la Biblia», desde un principio todo se entendió mal. Ellos, por fin, han descubierto la verdad. ¿Qué dice San Pablo al respecto? «Maldito el que quiere cambiar el Evangelio, que nos llegó desde un principio.»
Nada de que: «En el fondo, todo es lo mismo; todos buscamos y servimos al mismo Dios». San Pablo no era de la misma opinión. Una cosa es el respeto y la tolerancia para con todos y otra cosa pensar que todo es lo mismo.
Cuando se trata de respeto, tolerancia y amor, en nuestro corazón no debe haber límites, llegando hasta los no creyentes y los peores asesinos. Con eso no se quiere decir que todo es lo mismo, creer o no creer, ayudar o matar. Amor hacia todos, pero al mismo tiempo plena fidelidad a Cristo y a su Evangelio, hasta la muerte.
Anticristos: los que dejan la Iglesia de Cristo y se ponen en contra de ella
Primera Carta de San Juan, capítulo 2, versículos 18 y 19:
«Hijitos míos, es la última hora. Se les dijo que tendría que llegar el Anticristo; pues bien, ya han venido varios anticristos, por donde comprobamos que esta es la última hora.
Ellos salieron de entre nosotros mismos, aunque realmente no eran de los nuestros. Si hubieran sido de los nuestros se habrían quedado con nosotros. Al salir ellos, vimos claramente que no todos los que están dentro de nosotros son de los nuestros.»
¿Qué quiere decir la palabra «anticristo»? Quiere decir «enemigo de Cristo«. Así que, desde un principio, siempre han existido «enemigos de Cristo». ¿Quiénes son?
«Ellos salieron de entre nosotros mismos — dice San Juan —, aunque realmente no eran de los nuestros». Estaban dentro de nosotros, sin ser de los nuestros. Una presencia física y nada más; su mente y su corazón estaban fuera.
¡Cuántas veces hemos oído decir: «Cuando yo era católico, era un borracho, un mujeriego, un ladrón… no conocía la Palabra de Dios…»! ¿Y que querían, una medalla de oro, por portarse de esa manera? «Medalla de oro a don Francisco Hernández por ser el primer borracho de la parroquia».
Por eso, ahora se encuentra fuera de la Iglesia fundada por Cristo, en un grupo religioso fundado por un hombre. Si hubiera sido verdaderamente católico, no habría dejado la Iglesia.
Pues bien, por lo que nos dice San Juan, dejar la Iglesia de Cristo y ponerse en contra de ella, es ser «anticristo». ¿Quién no recuerda aquellas palabras que escuchó Saulo cuando cayó en el camino de Damasco?
«Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?"(Hch 9,4)». Y todos sabemos que Saulo no estaba persiguiendo directamente a Cristo, sino a sus discípulos; es decir, a su Iglesia. Ahora bien, perseguir a la Iglesia de Cristo es perseguir a Cristo mismo, volverse en «anticristo».
¿Qué está pasando ahora? Que, con la Biblia en la mano, los que salieron de la Iglesia, no dejan de atacarnos, asegurando que la Iglesia católica es la "prostituta", el Papa es el "anticristo" y los católicos somos unos "idólatras".
Está pasando ahora lo mismo que pasó al tiempo de Cristo: los que se consideraban "expertos en la Palabra de Dios" (los fariseos y los maestros de la Ley) no supieron reconocer la identidad de Jesús y por eso se pusieron en contra de El, hasta no lograr su muerte.
«Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). Perdónales porque no saben que la Iglesia católica es la que fundó Cristo personalmente, cuando vivió en este mundo, y llegará hasta el fin del mundo.
Divisiones del primer milenio
Un hecho es cierto: las divisiones son fruto del pecado, no vienen de Dios, y, por lo tanto, no tienen ninguna garantía para el futuro. Empiezan, se desarrollan y se acaban. Es la experiencia del primer milenio de la historia de la Iglesia.
Todas las divisiones que se realizaron durante el primer milenio de la historia de la Iglesia, prácticamente ya no existen. Solamente la Iglesia que fundó Cristo, durará para siempre. Las divisiones que existen ahora son del segundo milenio.
Cisma de Oriente
Iglesia de Cristo: si.
Papa: no.
Año 1,054: primera división. Los obispos de Oriente, que se autoproclaman «ortodoxos» (ortodoxia = verdadera doctrina), se apartan de Roma. Durante mil años habían reconocido la autoridad del Sucesor de Pedro, el obispo de Roma; ahora ya no. ¿Qué dicen?
Iglesia de Cristo, con obispos, sacerdotes, diáconos, sacramentos, concilios ecuménicos y devoción a María y a los Santos: SI. Papa: NO
Pretenden una Iglesia sin cabeza visible.
Reforma Protestante
Cristo: si.
Iglesia de Cristo: no.
Año 1,517: Martín Lutero da inicio a su inconformidad con Roma. Su enseñanza fundamental:
Cristo: SI. Basta la fe en Cristo para alcanzar la justificación (= perdón de los pecados y amistad con Dios).
Iglesia visible de Cristo, la que viene desde un principio, con Papa, obispos, sacerdotes, diáconos, sacramentos y concilios ecuménicos: NO
Lo que importa, es pertenecer a la Iglesia espiritual, a la que pertenecen los que de veras creen en Cristo, sin importar a cual entidad eclesiástica pertenezcan. Esto no tiene mucha importancia. Sirve solamente para ayudar a vivir la fe en comunidad.
Basándose en estos principios, pronto se multiplican las divisiones: luteranos (1,521), calvinistas (1,532), menonitas (1,536), presbiterianos (1,560), bautistas (1,611), metodistas (1,784)… que fundamentalmente siguen las ideas de Lutero.
El año de 1,534 el rey Enrique VIII aparta Inglaterra de Roma. Así surge la Iglesia Anglicana; de esta viene la Iglesia Episcopaliana, una vez que Estados Unidos logra su independencia de Inglaterra. Se mueven entre el catolicismo y el protestantismo.
A principios de 1,800 en el mundo protestante surge un nuevo movimiento religioso, que ahora está invadiendo el mundo con un afán proselitista incontenible: mormones (1,830), adventistas del séptimo día (1,863), testigos de Jehová (1,874) y la línea evangélica pentecostal (principios del siglo XX).
Normalmente, a nivel teológico, éstos grupos siguen a Lutero; pero, al mismo tiempo, rechazan todas las Iglesias anteriores, acusadas de «apostasía», y cada grupo de considera la única y verdadera Iglesia visible de Cristo «restaurada», en clara oposición a todas las demás y en una actitud abiertamente sectaria.
Testigos de Jehová
Dios: si.
Cristo y su Iglesia: no.
Entre los grupos que empezaron a surgir desde principios del siglo pasado, hay uno que va más allá de Lutero: la congregación de los Testigos de Jehová. No hablamos de los mormones, porque no se pueden considerar cristianos al admitir un Tercer Testamento: "El libro de Mormón" y ser politeístas.
¿Cuál es la posición de los testigos de Jehová?
Dios: SI. Un solo Dios, sin Trinidad, al estilo del Antiguo Testamento.
Cristo y su Iglesia: NO. Cristo es un hombre y nada más, la primera creatura de Dios. La Iglesia que fundó Cristo, cuando vivió en este mundo, fracasó.
Ahora los testigos de Jehová son la única y verdadera "congregación visible de Jehová".
De por sí desde antes ya se había empezado a considerar a Cristo como hombre y no como Dios; por ejemplo, con la masonería (principios del 1,700; Cristo es visto como un sabio), o el espiritismo (mitad del 1,800; Cristo es visto como un grande médium).
Nueva Era
Religiosidad y espiritualidad: si.
Dios: no.
Se trata de otro movimiento cultural-religioso, que empezó a surgir en la primera mitad del siglo XX y se desarrolló en la segunda mitad.
Actualmente está invadiendo el mundo entero, especialmente los ambientes artísticos e intelectuales o económicamente más pudientes: una mezcla entre cristianismo, antiguas religiones paganas, religiones orientales gnosis, astrología, sicología, esoterismo, ocultismo, ecología, indigenismo y medicina alternativa. Un supermercado, en que cada uno prepara so coctel al gusto, escogiendo lo que más le agrada y lo hace sentir bien.
Por lo que se refiere a Dios, he aquí la idea central:
No existe un solo Dios, creador, salvador y remunerador. Todo el universo es un organismo viviente. Todo lo que forma parte del universo es Dios.
Panteísmo.
Dicen los nuevaerianos: «¿Quieres buscar a Dios? Entra dentro de ti mismo y allá lo encontrarás. Además, harás el grande descubrimiento: Tú eres Dios. Lo que pasa es que tú estás ciego y no te das cuenta de lo que eres y las posibilidades "infinitas" que tienes.
¿Quieres aprovechar de ellas? Inscríbete en algún taller sobre control mental, chacras, cuarzos, cristales, colores, perfumes, ángeles, … y verás como poco a poco irás despertando y tomando conciencia de los poderes "infinitos" que tienes».
¿Y cómo resolver el problema de la muerte? «La muerte no es un verdadero problema — contestan —. Al morir, el alma pasa a otro ser viviente y mediante un proceso continuo de reencarnaciones te vas purificando.
Por lo tanto, no tienes que temerle ni a la muerte, ni al purgatorio, ni al infierno. Todo es bonito en este universo; todo es energía y vida, felicidad y éxito para los que se adhieren a esta nueva visión del mundo».
Satanismo
Dios: no.
El enemigo de Dios: si.
A lo largo de la historia, siempre hubo grupos selectos de personas que han rendido culto a Satanás. La novedad actual consiste en que ahora este fenómeno se está volviendo «popular».
Normalmente se trata de adolescentes y jóvenes, que empiezan reuniéndose en las discotecas para escuchar música y bailar.
Mediante un buen sistema de reclutamiento, poco a poco se pasa de la música rock a la metálica, de la simple alusión al himno declarado en honor de Satanás, de la imágen a la oración y la entrega, del sacrificio con animalitos al sacrificio con seres humanos, especialmente en aquellos países en que los gobiernos no logran ejercer un control real sobre la población y así se pretende lograr «poder» para encontrar satisfacciones inmediatas.
Pluralismo religioso
Ya se acabó la sociedad monolítica del pasado. Hoy es necesario que estemos conscientes de nuestra identidad como católicos, para no dejarnos confundir y envolver por la variedad de propuestas que continuamente se nos presentan.
Para sentirnos seguros y vivir nuestra fe con dignidad, es necesario que conozcamos el Evangelio de Cristo, tengamos una verdadera experiencia de Dios y, como dice San Pedro estemos capacitados para «dar razón de nuestra esperanza (1 Pe 3,15)». Solamente así estaremos colaborando con nuestro granito de arena para que se haga realidad el sueño de Cristo: «Habrá un solo rebaño como hay un solo Pastor (Jn 10,16)».
por Makf | 3 Abr, 2026 | Apologética 6
Autor: Martin Zavala M.P. | Fuente: www.apostoles.org
Ecumenismo sin Apologética, en la sociedad actual, es realizar una pastoral descontextualizada.
Después de quince años de estar investigando y misionando por diferentes países, se comprueba cada vez más, que una de las causa principales del crecimiento explosivo de las sectas es un mal entendido ecumenismo, que ha provocado en muchos líderes un desconocimiento y rechazo hacia una Nueva Apologética.
Todavía hay laicos, religiosas, sacerdotes e incluso teólogos que piensan que la Iglesia no habla de la apologética sino solamente de ecumenismo.
Para muchos la única opción pastoral en relación con el crecimiento de las sectas es el ecumenismo, lo cual en vez de ayudar a frenarlo lo ha acelerado.
La razón es que mientras el ecumenismo esta a favor del dialogo y de la unidad, las sectas están a favor del proselitismo y de la división como el status normal dentro del cristianismo.
Algunos datos que nos confirman que una acción pastoral realizada sin la promoción de la Apologética es una falta de perspectiva socio-religiosa actual son los siguientes:
a) En Estados Unidos el mayor porcentaje de incremento de 1960 a 1995 fue para las sectas fundamentalistas que tienen una fuerte tendencia anti-ecuménica de línea pentecostal. Algo semejante sucede en América Latina.

b) Al mismo tiempo es muy significativo que hay una baja impresionante de crecimiento en las Iglesias del protestantismo histórico, las cuales tienen tendencias más ecuménicas.
c) En cambio, TODAS las principales sectas de línea más radical y fundadas a mediados del siglo pasado han tenido un altísimo crecimiento. Todas ESTAN ARRIBA DEL 100 POR CIENTO.

d) Algunos sociólogos americanos hablan de la sureñización o californización de la religión en Estados Unidos. De sobra sabemos que esto también pasa en Hispanoamérica.
Esto significa que muchas Iglesias históricas protestantes están adquiriendo el estilo de las sectas fundamentalistas, originadas o expandidas principalmente en el sur de ese país.
Lo hacen así para poder sostenerse y crecer. Ser mas anti-ecuménicas, fundamentalistas, "conservadoras" y anti-católicas es el común denominador hacia donde tienden en el país y en el continente.
Es por eso que en este tiempo si queremos ser lideres capacitados para nuestro tiempo es necesario comprender que entre la apologética (Defensa de la fe) y el ecumenismo no hay oposición sino complementariedad.
El Ecumenismo busca restablecer la unidad, de allí que el nombre del documento del Vaticano II que habla sobre esto sea "Unitatis Redintegratio". Al mismo tiempo, la Apologética busca preservar o cuidar la unidad ya existente "Unitatis preservatio".
Por un eufórico ecumenismo en lugares donde las sectas están avanzando y el protestantismo histórico se ha estancado, podríamos estar presenciando de una manera pasiva, y de la cual la historia nos pedirá cuentas, la perdida de millones de católicos a otros grupos religiosos.
Tan solo en Hispanoamérica ya son cerca de 50 millones de protestantes, a principios de siglo solamente eran 150,000.
Seguir en esa actitud es como invertir tiempo, dinero y esfuerzos en capacitar personas a vender ´palomas de la paz´ en medio de la segunda guerra mundial.
Por todo esto, digamos en conclusión, que el querer enfocar todas las baterías hacía el ecumenismo en donde el proselitismo sectario es un hecho y dejar fuera la apologética es tener fuera de enfoque el lente pastoral.
Ecumenismo sin Apologética, en la sociedad actual, es realizar una pastoral descontextualizada. Si queremos ser lideres cristianos de excelencia pastoral, no podemos cerrar los ojos al mundo de hoy pues sería desencarnar el Evangelio.
Buscar las ovejas perdidas mientras se pierden millones de las que ya se tienen es falta de visión pastoral. De acuerdo a estudios estadísticos realizados en América Latina el promedio fue que cada dos minutos una persona dejó de ser católica para pasarse al sectarismo.
De nosotros depende un cambio urgente de actitud para saber implementar ambas líneas de pastoral en su justa dimensión. Unido al ecumenismo, renovemos una Sana Apologética siguiendo las directrices del magisterio:
*En este año el Papa recibió a los consejeros y miembros de la Pontificia Comisión para América Latina que han participado en la reunión plenaria en el Vaticano.
Juan Pablo II afirmó que los desafíos que se presentan a la tarea evangelizadora de las naciones latinoamericanas son muchos. "Uno de ellos -dijo- es conservar, defender y acrecentar la integridad de la fe. (...) En este sentido, es necesario prestar especial atención al problema de las sectas, que constituyen ´un grave obstáculo para el esfuerzo evangelizador".
* El Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, denunció que el "proselitismo agresivo, así como los falsos profetas y mesías" son algunas de las causas de la falta de acercamiento a Dios y del vacío espiritual de la población.
El Card. Rivera Carrera manifestó que "las sectas y los falsos profetas, que surgen como hongos por todos lados, propician que la Iglesia verdadera se desvanezca y la religión se convierta en una grotesca caricatura del Evangelio".
*El año pasado la CAL (Comisión Pontificia para América Latina) dijo lo siguiente: "Se establece así que más de 60 por ciento del universo protestante latinoamericano es pentecostal y está formado en una actitud fanáticamente anticatólica.
Con ellos -agrega- no se puede pensar seriamente en ecumenismo, y lo mismo vale para las sectas adventistas - del Séptimo Día, Mormones y Testigos de Jehová- que además de proselitistas, son agresivas".
La CAL pone énfasis en la forma insidiosa en que actúan, a su vez, los movimientos seduo-espiritualistas como el espiritismo, el esoterismo, la teosofía, los rosacruces, la llamada Iglesia agnóstica, la masonería y otras corrientes de tipo oculto.(Nueva Era).
*A los obispos de las regiones noroccidentales de Canadá, presentes en Roma con motivo de la visita "ad limina", el Santo Padre Juan Pablo II explico el porqué y el cómo de la apologética católica.
"Hablar con claridad quiere decir que debemos explicar de manera comprensible la verdad de la Revelación y las enseñanzas de la Iglesia. No sólo debemos repetir, sino también explicar.
En otras palabras, hace falta una nueva apologética, que responda a las exigencias actuales y tenga presente que nuestra tarea no consiste en imponer nuestras razones, sino en conquistar almas, y que no debemos entrar en discusiones ideológicas, sino defender y promover el Evangelio.
Este tipo de apologética necesita una "gramática" común con quienes ven las cosas de forma diversa y no comparten nuestras afirmaciones, para no hablar lenguajes diferentes, aunque utilicemos el mismo idioma".
Igualmente el Catecismo de la Iglesia en el No. 1285 dice que todo confirmado debe de extender y defender la fe. En el mismo tono lo dice Catechesi Tradendae; Optatam totius; Presbiterorum ordinis y la Pastores dabo vobis en el No. 51 Todos ellos hablan de Defender la fe.
Por eso hoy en día, junto al ecumenismo, no debe de faltar nunca una nueva Apologética, aplicada e impartida en todos los niveles pastorales de la Iglesia: Parroquia, movimientos, ministerios, seminarios, Institutos...
por Makf | 3 Abr, 2026 | Apologética 6
Autor: P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá | Fuente: Para dar razón de nuestra Esperanza, sepa defender su Fe
Jesús mandó «predicar», no «escribir» su Evangelio. Jesús nunca repartió una Biblia. El Señor fundó su Iglesia, asegurándole que permanecerá hasta el fin del mundo.
A menudo los hermanos evangélicos, discutiendo con nosotros los católicos, nos dicen:
«¿Dónde habla la Biblia del purgatorio? ¿Dónde dice la Biblia que San Pedro fue a Roma?
¿De dónde sacan ustedes los católicos eso de que María es la Inmaculada Concepción y que subió al cielo en cuerpo y alma?».
Para los evangélicos, la Revelación Divina y la Biblia son lo mismo. Es decir, para ellos solamente en la Biblia se encuentra toda la Revelación de Dios.
Ahora bien:
¿Es correcta esta posición? ¿Es cierto que la Biblia contiene todo el Evangelio de Cristo? ¿Qué dice la misma Biblia al respecto? Además, ¿quién reunió todos los libros inspirados que constituyen la Biblia? ¿Acaso no fue la Iglesia la que recibió el encargo de predicar el Evangelio por todo el mundo, hasta el fin de los tiempos? ¿Qué hubo primero: la Biblia o la Iglesia?
Hermanos, en esta carta les explicaré por qué la Revelación Divina no abarca solamente la Biblia, como piensan los evangélicos, sino que la Revelación de Dios se manifiesta en la Tradición Apostólica y en la Biblia.
Es un tema un poco difícil, pero fundamental para la comprensión correcta de la fe católica. Es un tema que ha sido causa de muchos malos entendidos entre la Iglesia Católica y las distintas iglesias evangélicas.
La Revelación Divina
La Revelación es la manifestación de Dios y de su voluntad acerca de nuestra salvación. Viene de la palabra «revelar», que quiere decir «quitar el velo», o «descubrir».
Dios se reveló de dos maneras:
La Revelación natural, o revelación mediante las cosas creadas.
Dice el apóstol Pablo: «Todo aquello que podemos conocer de Dios El mismo se lo manifestó. Pues, si bien a El no lo podemos ver, lo contemplamos, por lo menos, a través de sus obras, puesto que El hizo el mundo, y por sus obras entendemos que El es eterno y poderoso, y que es Dios» (Rom 1,19-20).
La Revelación sobrenatural o divina
Desde un principio Dios empezó también a revelarse a través de un contacto más directo con los hombres, mediante los antiguos profetas y de una manera perfecta y definitiva en la persona de Cristo Jesús, el Hijo de Dios.
«En diversas ocasiones y bajo diferentes formas, Dios habló a nuestros padres, por medio de los profetas, hasta que, en estos días que son los últimos, nos habló a nosotros por medio de su Hijo» (Heb.1,1-2).
Jesús nos reveló a Dios mediante sus palabras y obras, sus signos y milagros; sobre todo mediante su muerte y su gloriosa resurrección y con el envío del Espíritu Santo sobre su Iglesia. Todo lo que Jesús hizo y enseñó se llama «Evangelio», es decir, «Buena noticia de la Salvación».
¿Cómo fue transmitida la Revelación Divina?
Para llevar el Evangelio por todo el mundo, Jesús encargó a los apóstoles y a sus sucesores, como pastores de la Iglesia que El fundó personalmente:
«Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado. Yo estoy con ustedes todos los días hasta que se termine este mundo» (Mt. 28,18-20).
Aquí notamos cómo Jesús ordenó «predicar» y «proclamar» su Evangelio. Y de hecho los Apóstoles «predicaron» la Buena Nueva de Cristo. Años después algunos de ellos pusieron por escrito esta predicación. Es decir, al comienzo la Iglesia se preocupó de predicar el Evangelio.
Por supuesto el Evangelio que Jesús entregó a los Apóstoles no estaba escrito. Jesús no escribió nunca una carta a sus Apóstoles; su enseñanza era solamente oral. Así lo hicieron también los Apóstoles.
La Tradición Apostólica
Este mensaje escuchado por boca de Jesús, vivido, meditado y transmitido oralmente por los Apóstoles, se llama «la Tradición Apostólica».
Cuando aquí hablamos de la Tradición» (con mayúscula), nos referimos siempre a la «Tradición Apostólica». No debemos confundir «la Tradición Apostólica» con la «tradición» que en general se refiere a costumbres, ideas, modos de vivir de un pueblo y que una generación recibe de las anteriores.
Una tradición de este tipo es puramente humana y puede ser abandonada cuando se considera inútil. Así Jesús mismo rechazó ciertas tradiciones del pueblo judío: «Ustedes incluso dispensan del mandamiento de Dios para mantener la tradición de los hombres» (Mc.7,8).
La Tradición Apostólica se refiere a la transmisión del Evangelio de Jesús. Jesús, además de enseñar a sus apóstoles con discursos y ejemplos, les enseñó una manera de orar, de actuar y de convivir.
Estas eran las tradiciones que los apóstoles guardaban en la Iglesia. El apóstol Pablo en su carta a los Corintios se refiere a esta Tradición Apostólica: «Yo mismo recibí esta tradición que, a su vez, les he transmitido» (1 Cor. 11, 23).
Resumiendo, podemos decir que Jesús mandó «predicar», no «escribir» su Evangelio. Jesús nunca repartió una Biblia. El Señor fundó su Iglesia, asegurándole que permanecerá hasta el fin del mundo. Y la Iglesia vivió muchos años de la Tradición Apostólica, sin tener los libros sagrados del Nuevo Testamento.
La Biblia
Solamente una parte de la Palabra de Dios, proclamada oralmente, fue puesta por escrito por los mismos apóstoles y otros evangelistas de su generación.
Estos escritos, inspirados por el Espíritu Santo, dan origen al Nuevo Testamento (NT), que es la parte más importante de toda la Biblia. Está claro que al escribir el NT, no se puso por escrito «todo» el Evangelio de Jesús.
«Jesús hizo muchas otras cosas. Si se escribieran una por una, creo que no habría lugar en el mundo para tantos libros», nos dice el apóstol Juan (Jn. 21,25).
La Sagrada Escritura, y especialmente el NT, es la Palabra de Dios, que nos manifiesta al Hijo en quien expresó Dios el resplandor de su gloria (Heb.1,3).
Podemos decir que sólo la parte más importante y fundamental de la Tradición Apostólica fue puesta por escrito. Por esta razón la Iglesia siempre ha tenido una veneración muy especial por las Divinas Escrituras.
Biblia y Tradición
Después de esto podemos decir que la revelación divina ha llegado hasta nosotros por la Tradición Apostólica y por la Sagrada Escritura. No debemos considerarlas como dos fuentes, sino como dos aspectos de la Revelación de Dios.
El Concilio Vaticano II lo describe muy bien: «La Tradición Apostólica y la Sagrada Escritura manan de la misma fuente, se unen en un mismo caudal y corren hacia el mismo fin». La Tradición y la Escritura están unidas y ligadas, de modo que ninguna puede subsistir sin la otra.
Además, la Sagrada Escritura presenta la Tradición como base de la fe del creyente: «Todo lo que han aprendido, recibido y oído de mí, todo lo que me han visto hacer, háganlo» (Fil.4,9). «Lo que aprendiste de mí, confirmado por muchos testigos, confíalo a hombres que merezcan confianza, capaces de instruir después a otros» (2. Tim. 2,2).
«Hermanos, manténganse firmes guardando fielmente las tradiciones que les enseñamos de palabra y por carta» (2 Tes. 2,15).
Está claro que el Apóstol Pablo, para confirmar la fe de los cristianos, no usa solamente la Palabra de Dios escrita, sino que recuerda también de una manera muy especial la Tradición o la predicación oral.
Para el Apóstol las formas de transmisión del Evangelio: Sagrada Escritura y Tradición, tienen la misma importancia. En realidad, una vez que se escribió el NT no se consideró acabada la Tradición Apostólica, como si estuviera completa la Revelación Divina.
La Biblia no dice eso; en ninguna parte está escrito que el cristiano debe someterse ¡sólo a la Biblia! Esta es una idea que surgió entre los protestantes recién en los años 1550. En la Iglesia Católica hubo siempre una conciencia clara sobre la importancia de la Tradición Apostólica, sin quitar a la Biblia el valor que tiene.
¿Sólo la Biblia?
Es un error creer que basta la Biblia para nuestra salvación. Esto nunca lo ha dicho Jesús y tampoco está escrito en la Biblia. Jesús, reitero, nunca escribió un libro sagrado, ni repartió ninguna Biblia. Lo único que hizo Jesús fue fundar su Iglesia y entregarle su Evangelio para que fuera anunciado a todos los hombres hasta el fin del mundo.
Fue dentro de la Tradición de la Iglesia donde se escribió y fue aceptado el N.T., bajo su autoridad apostólica.
Además la Iglesia vivió muchos años sin el N.T., el que se terminó de escribir en el año 97 después de Cristo. Y también es la Iglesia la que, en los años 393-397, estableció el Canon o lista de los libros que contienen el N.T.
Por tanto, si aceptamos solamente la Biblia, ¿cómo sabemos cuáles son los libros inspirados? La Biblia, en efecto, no contiene ninguna lista de ellos. Fue la Tradición de la Iglesia la que nos transmitió la lista de los libros inspirados.
Supongamos que se perdiera la Biblia, en ese caso la Iglesia seguiría poseyendo toda la verdad acerca de Cristo, la cual hasta la fecha ha sido transmitida fielmente por la Tradición, tal como lo hizo antes de escribir el NT.
Los evangélicos, al aceptar solamente la Biblia, están reduciendo considerablemente el conocimiento auténtico de la Revelación Divina. Guardemos esta ley de oro que nos dejó el apóstol Pablo:«Manténganse firmes guardando fielmente la Tradiciones que les enseñamos de palabra y por carta» (2 Tes. 2,15).
El Magisterio de la Iglesia
La Revelación Divina abarca la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura. Este depósito de la fe (cf. 1 Tim. 6, 20; 2 Tim. 1, 12-14) fue confiado por los Apóstoles al conjunto de la Iglesia. Ahora bien el oficio de interpretar correctamente la Palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia.
Ella lo ejercita en nombre de Jesucristo. Este Magisterio, según la Tradición Apostólica, lo forman los obispos en comunión con el sucesor de Pedro que es el obispo de Roma o el Papa.
El Magisterio no está por encima de la Revelación Divina, sino que está a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido. Por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, el Magisterio de la Iglesia lo escucha devotamente, lo guarda celosamente y lo explica fielmente.
Los fieles, recordando la Palabra de Cristo a sus apóstoles: «El que a ustedes escucha, a mí me escucha» (Lc.10, 16), reciben con docilidad las enseñanzas y directrices que sus pastores les dan de diferentes formas. El Magisterio de la Iglesia es un guía seguro en la lectura e interpretación de la Sagrada Escritura, «ya que nadie puede interpretar por sí mismo la Escritura» (2 Ped. 1, 20).
El Magisterio de la Iglesia orienta también el crecimiento en la comprensión de la fe. Gracias a la asistencia del Espíritu Santo, la comprensión de la fe puede crecer en la vida de la Iglesia cuando los fieles meditan la fe cristiana y comprenden internamente los misterios de la Iglesia. Es decir, el creyente vive la palabra de Dios en las circunstancias concretas de la historia y hace cada vez más explícito lo que estaba implícito en la Palabra de Dios.
En este sentido la Tradición divino-apostólica va creciendo, como sucede con cualquier organismo vivo.
Este es precisamente el significado que hay que dar a las definiciones dogmáticas, hechas por el Magisterio de la Iglesia.
Conclusión
1. Resumiendo, podemos decir que la Iglesia no saca solamente de la Escritura la certeza de toda la Revelación Divina.
2. La Tradición y la Sagrada Escritura constituyen un único depósito sagrado de la Palabra de Dios, en el cual, como en un espejo, la Iglesia peregrinante contempla a Dios, fuente de todas sus riquezas.
3. El oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios ha sido confiado únicamente al Magisterio de la Iglesia, a los obispos en comunión con el Papa.
4. La Tradición, la Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el plan de Dios, están íntimamente unidos, de modo que ninguno puede subsistir sin los otros. Los tres, cada uno según su carácter, y bajo la acción del único Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de los hombres.
Cuestionario
¿Qué fue primero: la Biblia o la Iglesia?
¿Qué significa la palabra revelación?
¿De cuántas maneras se reveló Dios al Hombre?
¿Qué ordenó Jesús antes de subir al cielo?
¿Cuándo se pusieron por escrito las enseñanzas de Jesús? ¿Qué significa la palabra Tradición Apostólica?
¿Basta la sola Biblia para la salvación?
¿Jesús fundó una Iglesia o mandó difundir la Biblia?
¿Cuál es la función del Magisterio?
por Makf | 3 Abr, 2026 | Apologética 6
Autor: Oscar Gerometta
El fenómeno de la disgregación religiosa es el gran desafío del fin del milenio, desafío para que los hombres reencontremos el valor supremo de la unidad, que solo es posible desde la Verdad y el Amor.
Desafío para la sociedad del tercer milenio
Publicado Actualizándonos
SEP 1994
El poder de los medios de comunicación dentro de nuestra cultura es sin duda muy grande, tanto que tienen la posibilidad de imponer temas a la sociedad. Pero también es cierto que esos mismos medios son parte de la cultura y de la sociedad, y que por lo tanto no pueden permanecer por mucho tiempo ajenos a la problemática que esa cultura plantea.
Un ejemplo claro de esta dinámica es el fenómeno contemporáneo del estallido de la experiencia religiosa de nuestra cultura occidental, o lo que más comúnmente denominamos ´las sectas´.
Ocurre que a lo largo de la historia, cada cultura se ha desarrollado alrededor de un eje central que está constituido por la particular concepción de Dios que la alimenta, y por las formas distintivas de establecer relación con esa divinidad, a lo que denominamos ordinariamente ´religión´.
De este modo, aunque aparentemente la simplificación pueda parecer muy grande, a cada cultura le ha correspondido una expresión religiosa particular. Pero esto no es así en nuestro caso.
Si bien la cultura occidental se ha desarrollado y afianzado alrededor del eje aglutinante del cristianismo, a partir de la segunda mitad del siglo pasado hemos asistido a la progresiva disgregación de la experiencia religiosa, a punto tal de que hoy día las expresiones religiosas presentes en nuestra sociedad son tan variadas como que van desde el primitivo animismo africano hasta las sofisticaciones energéticas de los grupos nuevaeristas, pasado por supuesto por el tronco de las llamadas ´religiones históricas´.
Este fenómeno viene creciendo decíamos, desde la segunda mitad del siglo pasado; aunque sus dimensiones e implicancias han provocado que en este momento sea un tema cotidiano en nuestro medios de comunicación. Pero es también importante que en el planteamiento se tengan en cuenta varios aspectos diferentes.
Ante todo sin, duda que la problemática presenta un aspecto netamente religioso que es necesario no perder de vista en ningún momento, y que en consecuencia, el respeto de la libertad de conciencia de los individuos debe ser salvaguardado preciosamente.
Esta perspectiva conduce a un debate de características claramente religiosas, y que debe encuadrarse en el debate propio de los distintos religiosos en el que el Estado y los medios de comunicación deben cuidar prolijamente no invadir el campo de las conciencias.
Hay también una segunda perspectiva, de carácter claramente individual, que deviene de la explotación que muchos de estos grupos realizan de las necesidades, angustias y expectativas de individuos inmersos en una cultura en proceso de disgregación que coloca al individuo muchas veces en una situación de indefensión cultural y afectiva que lo hace fácilmente captable, sin que medie un proceso de verdadera reflexión y por lo tanto una opción auténticamente libre.
Este es el caso de tanto curandero, milagrero, desatador de ´nudos´ y muchos otros semejantes, que enancándose o no en una presunta predicación del Evangelio y en la imagen de Cristo, pretenden llenar su propia ansia de poder cuando no el propio interés económico.
Pero hay una tercera perspectiva que quizás sea la más grave. La perspectiva social, producto del modelo cultural que estos grupos proponen. La conducta sectaria es antes que una manifestación religiosa, una condición sociológica que tiende a la disolución de los grupos sociales desviándolos de un objetivo superior común y dividiéndolos o sectorizándolos a partir de opciones de carácter secundario.
Una secta puede surgir en el ámbito de un culto religioso, de un club de fútbol o de un partido político; y en todos los casos es un proceso de disgregación social que distrae a los individuos del fin primario que es la consecución del bien común, para sumergirlos en el debate de elementos secundarios a la finalidad del grupo.
Así, como conducta religiosa se expresa en el hecho de que se deja de buscar la unión con Dios (objetivo último de todo planteo religioso), para ingresar en el debate de si los hombres deben usar bigote o no, dividiendo a la comunidad y perdiendo de vista el elemento primero propuesto por el mismo Cristo: ´Padre que ellos sea uno, para que el mundo crea´…
Este fenómeno es particularmente dañino a nivel social, ya que introduce en la cultura esta dinámica de división, y proyecta en el campo de toda la sociedad una modalidad de reunión, o más bien de disolución, que conduce con el tiempo a la atomización de las naciones.
Quizás el problema más grave que afronte Occidente hoy no sea el de la exacerbación de las nacionalidades, sino que debamos definirlo como una falta de equilibrio entre lo común que nos convoca y el respeto de las diferencias.
Quizás de este modo podamos explicar que a la vez que registramos algunos fenómenos como el de la radicalización de los grupos étnicos, a la vez presenciamos la atomización interna de esos grupos a través de conductas sectarias en el orden religioso, político y social.
El fenómeno de la disgregación religiosa es el gran desafío del fin del milenio, desafío para que los hombres reencontremos el valor supremo de la unidad, que solo es posible desde la Verdad y el Amor.
s Desafío que convoca a la sociedad toda para que logre superar la tendencia disolvente que nos envuelve; que provoca a los individuos para que logremos sobrellevar con madurez y libertad nuestras angustias y limitaciones, sin falsos escapismos; que exige de los hombres verdaderamente religiosos el auténtico deseo de alcanzar la Verdad y la recuperación de un profundo sentido de Dios.
por Makf | 3 Abr, 2026 | Apologética 6
Autor: Oscar Gerometta
En países latinoamericanos ocasionalmente surgen denuncias por la aparición de "falsos sacerdotes", casos diversos difícilmente clasificables e imposibles de encuadrar dentro de una secta.
En los distintos países latinoamericanos periódicamente asistimos a denuncias por la aparición de "falsos sacerdotes", un conglomerado de casos diversos difícilmente clasificables e imposibles de encuadrar en lo que habitualmente solemos denominar como "sectas".
En estos días, un importante conglomerado multimedios de Argentina ha puesto su mirada sobre un caso de tantos: el "Padre Pedro"
El "Padre" Pedro Álvaro Andrade Arregui, hijo de Danilo Andrade y Elvira Arregui, nació en Artigas, República Oriental del Uruguay el 25 de octubre de 1938.
Ha alcanzado notoriedad nacional a partir de su participación en diversos medios de comunicación, su relación con el mundo de la farándula y sectores políticos.
Es el "sacerdote" que celebró el "matrimonio" o bautismo de diversas estrellas del cine, la televisión y el teatro; también "canonizó" a Eva Duarte de Perón hace algunos años.
Sus relaciones le han valido el acceso a sectores de influencia y poder, así como la difusión de su obra de caridad consistente en hogares para dar cobijo a niños, madres solteras, mujeres golpeadas, ancianos, etc.
En la actual situación de desborde social que sufre la Argentina, sus hogares son uno de los tantos recursos asistenciales en manos de particulares que tienen agendados tribunales de menores, comisarías y municipios.
¿Quién es el "Padre" Pedro?
Su primera aparición como sacerdote se registra alrededor del año 1983, en esta época se presentaba como perteneciente al "Instituto Religioso ´Christus Vincit´" con sede en H. Yrigoyen 777, Buenos Aires. En relación al mencionado Instituto se presentaba como Pedro A. Andrade Arregui, Superior.
Colaborando con él, como "Vice Superior", estaba entonces el "Padre" Miguel Ángel Herrera, un falso sacerdote en realidad ex-seminarista del Seminario Diocesano de San Luis (católico). En esa época, ambos alcanzaron cierta notoriedad pública presentándose como "Sacerdotes Cristianos Disidentes".
Esta presentación como "sacerdotes disidentes" provocó polémicas sobre todo a raíz de la confusión que provocaba en los fieles católicos. Decían ser más "tradicionales" que los sacerdotes católicos romanos, mientras se postulaban como verdaderos sacerdotes católicos.
Estos conflictos fueron quizás los que determinaron la necesidad de que el "Padre Pedro" cambiara su presentación.
Así, al año siguiente aparece registrado en el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Argentina (Nº 10285/83) como Mons. Pedro A. Andrade Arregui, "Arzobispo Primado" de la " Congregación de Sacerdotes Misioneros Tradicionalistas (no romanos)", con sede también en H. Yrigoyen 777, Buenos Aires. En este momento aparecía como "Rector Superior" el "Padre" José María Polizzi, quien tampoco es sacerdote católico.
El "Padre José María" se promocionó utilizando avisos clasificados en los periódicos de alcance nacional como "sacerdote exorcista", consiguiendo con esto atraer la curiosidad de algunos medios de comunicación. José María fue inculpado de práctica ilegal de la medicina.
En el mismo año, 1984, vuelve a cambiar su "comunidad de pertenencia", presentándose esta vez como miembro de la "Congregación de Sacerdotes Misioneros del Sagrado Corazón (disidentes)", esta vez con sede en Av. Federico Lacroze 3636, Buenos Aires. Esta es su sede actual.
Al año siguiente, 1985, según dicen a pedido de la Dirección Nacional de Culto (Inscripción Nº 1778), cambian la denominación del grupo a "Congregación de los Sacerdotes Cristianos Apostólicos (disidentes)". En esta época comienza a firmar como fray Pedro del Sagrado Corazón de Jesús.
Desde 1988 ha afirmado repetidamente pertenecer a la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa Siriana en la Argentina, respondiendo "directamente a S.S. Ignacio Zakka I Iwaz, Patriarca de Antioquía, todo Oriente y de los Católicos Tradicionalistas Preconciliares".
Las autoridades de esta iglesia en Argentina han negado repetidamente que el "Padre Pedro" sea un sacerdote perteneciente a esta iglesia oriental; por otro lado, consultado el Patriarca de Antioquía en el año 1994 contestó que Pedro Arregui nunca había sido ordenado sacerdote y que era un simple misionero de esa iglesia en este país.
Las desmentidas han sido tanto documentales como respuesta a consultas, como a través de los medios de comunicación.
¿Es o no sacerdote?
Esta pregunta no tiene una respuesta rotunda ya que obviamente, en el contexto de cada iglesia o denominación hay parámetros propios para determinar quien es o no un sacerdote o pastor válido, y tales parámetros no siempre son compartidos por otras confesiones.
Por esto, debemos partir de las afirmaciones del mismo Pedro Arregui, quien en algunas oportunidades a afirmado haber sido ordenado en Brasil por Mons. Moussa Salama, Arzobispo de Belo Horizonte de la Iglesia Católica Ortodoxa Siriana.
Dado que ha sido la realidad de esta ordenación ha sido explícitamente negada por el Patriarca de la Iglesia Siriana a la que dice pertenecer podemos afirmar que ciertamenteno es un sacerdote católico ortodoxo válidamente ordenado.
También aseguró en otras oportunidades haber sido sacerdote católico perteneciente a la Orden Carmelita (en una época usó sus hábitos, aunque ahora viste hábito franciscano) y que Mons. Plaza estaba arreglando su situación.
La Orden de los Padres Carmelitas dicen no conocerlo. Consultado Mons. Plaza en julio de 1984 dijo que había pedido criterios a la Santa Sede en el caso de "este sacerdote de la llamada Iglesia Católica Apostólica Argentina".
La respuesta de la Santa Sede fue que el nombrado, Pedro Andrade Arregui pertenece a una "Iglesia explícitamente derivada de la Iglesia Nacional Brasileña, fundada por el Obispo desertor Carlos Duarte Costa" y que la Santa Sede no suele reconocer las órdenes sagradas recibidas de manos de apóstatas "extra canonicam communionem Ecclesiae Catholicae". Por lo tanto, tampoco es un sacerdote católico romano válidamente ordenado.
Con la información de que disponemos, y el testimonio de sus familiares que dicen que ha sido ordenado en Brasil, la hipótesis más coherente es que, si ha sido ordenado alguna vez, lo haya sido en Brasil por algún obispo perteneciente a la Iglesia Católica Brasilera. En este caso, si bien los católicos brasileros reconocen esta ordenación, no es reconocida como tal por la Iglesia Católica Apostólica Romana.
El problema de los "sacerdotes disidentes"
En realidad el caso de Pedro Arregui es uno en tantos que recorren este momento el país. Algunos de ellos alcanzan notoriedad, como es también el caso de Pablo Bordonaro. Otros, permanecen en el silencio, en barrios apartados o ciudades del interior, y al no generar conflictos pasan por ser sacerdotes católicos auténticos durante años.
En realidad no constituyen iglesias o sectas de ningún tipo ya que en general, salvo un reducido grupo de seguidores que hacen las veces de acólitos, sacristanes y secretarios , no tienen fieles propios sino que ejercen alguna influencia sobre fieles católicos marginales o confundidos.
Navegan en la confusión, adquieren notoriedad, y en ese mar de ambigüedad muchos fieles engañados acuden a ellos. Su punto fuerte está en distinguirse agresivamente de otras agrupaciones religiosas:
· Se recibe a todos: administran el matrimonio a divorciados, la comunión a homosexuales, etc.
· Todos los males tienen una respuesta fácil y directa. Alcoholismo, violencia doméstica, depresión, etc. tienen una única causa: la posesión demoníaca. Y un remedio común: el exorcismo. Un rito practicado muchas veces en público, en ceremonias masivas, sin ningún cuidado previo ni atención a posibles problemas psicológicos o médicos del sujeto.
· Se practica la caridad sin preguntar. Ejerciendo un asistencialismo paternalista degradante, en condiciones de cuasi-miseria, sin consideraciones legales, sanitarias o sociológicas de ningún tipo en aras de una pretendida "simplicidad" evangélica. Los criterios de "promoción humana" están claramente ausentes.
· No se cobra. Aunque en realidad todo se cobra: se vende agua bendita, velas, rosarios, oraciones, etc. No es una simple venta de productos de santería, se vende el valor agregado de la "bendición". El movimiento de dinero que hay en estos grupos generalmente es muy importante.
· Son rechazados por todos. En general carecen de relaciones estables con otras iglesias o denominaciones; cultivan una imagen de "cristianos perseguidos", sumidos en una gran "pobreza". Por supuesto que perseguidos por ser mejores y más auténticos que los demás.
· Generalmente muestran también un fuerte tradicionalismo, aunque sólo en los aspectos rituales, no doctrinales ya que carecen de verdadera elaboración doctrinal.
En realidad cada caso es un universo diferente. Muchos han sido ex-seminaristas católicos o novicios de congregaciones religiosas; algunos han recurrido a obispos de la Iglesia Católica Brasilera para ser ordenados y así legitimar de algún modo su "apostolado".
En algunos casos los problemas psicológicos de base son evidentes (y en general han sido el motivo de que hayan debido abandonar el seminario o la congregación), en otros la única explicación coherente parece ser el propósito de engaño.
Estos "sacerdotes" suelen peregrinar por diferentes iglesias y denominaciones, muchas de ellas pequeñas comunidades, en general relacionadas con grupos de origen católico surgidos a partir de la asunción de conceptos propios de la Reforma Protestante aunque manteniendo claramente un orden sacramental al estilo católico, tales como la Iglesia Católica Liberal, la Iglesia Católica Apostólica Argentina o la Iglesia Brasilera.
Por todo esto, aunque no llegan a constituir formalmente organizaciones sectarias, su actividad es verdaderamente preocupante, no sólo por la posible explotación económica de los creyentes, sino también por el fraude espiritual que supone y los riesgos para la salud física, psíquica y espiritual que generan.