142- Con los doce hacia Samaria

Jesús está con sus doce apóstoles. El paraje sigue siendo montuoso; no obstante, siendo suficientemente cómodo el camino, van todos en grupo hablando entre sí.

-Ahora que estamos solos podemos decirlo: ¿por qué tanta rivalidad entre dos grupos? -dice Felipe.

-¿Rivalidad? ¡No es sino soberbia! -rebate Judas de Alfeo.
-No. Yo digo que es sólo un pretexto para justificar de algún modo su conducta injusta con el Maestro. Bajo el velo de celo por el Bautista, logran alejarlo sin disgustar demasiado al pueblo -dice Simón.

-Yo los desenmascararía.

-Nosotros, Pedro, haríamos muchas cosas que Él no hace.
-¿Por qué no las hace?

-Porque sabe que lo correcto es no hacerlas. Nosotros sólo debemos seguirlo, no nos corresponde guiarlo. Y debemos estar contentos de ello. Es gran descanso el tener sólo que obedecer…

-Has hablado bien, Simón -dice Jesús, que iba delante, pensativo -Es así, como has dicho; obedecer es más fácil que mandar. No lo parece, pero es así. Bueno, claro, es fácil cuando el espíritu es bueno, como también es difícil mandar para un espíritu recto; porque, si no es recto, ordena cosas descabelladas, o peor que descabelladas. En ese caso es fácil mandar y mucho más difícil obedecer.

Cuando uno tiene la responsabilidad de ser el primero en un lugar o en un conjunto de personas, debe tener siempre presentes la caridad y la justicia, la prudencia y humildad, la templanza y la paciencia, la firmeza -pero sin testarudez -. Es difícil, sí. Vosotros, por el momento, sólo tenéis que obedecer: a Dios y a vuestro Maestro.

Tú, y no sólo tú, te preguntas por qué hago o no ciertas cosas; te preguntas por qué Dios permite o no tales cosas. Mira, Pedro, y todos vosotros, amigos míos. Uno de los secretos del perfecto fiel consiste en no autoelevarse nunca a interpelar a Dios. "¿Por qué haces esto?": pregunta uno poco formado a su Dios, y parece como si se pusiera a representar el papel de un adulto experimentado ante un escolar para decir: "Esto no se hace, es una necedad, un error". ¿Quién puede superar a Dios?

Como podéis ver, ahora me rechazan so pretexto de celo por Juan. Esto os escandaliza, y quisierais que rectificase el error y me pusiera en actitud polémica contra quienes expresan esta razón. No. No. Jamás. Ya habéis oído lo que el Bautista, por boca de sus discípulos, ha dicho: "Es necesario que Él crezca y yo merme". Es decir, no hay nostalgias, no hay un aferrarse a la propia posición. El santo no se apega a estas cosas, no trabaja con vistas al número de fieles "propios"; no tiene fieles propios; trabaja para aumentarle a Dios el número de fieles. Sólo Dios tiene derecho a tener fieles. Por tanto, de la misma forma que Yo no me duelo de que, de buena o mala fe, algunos permanezcan con el Bautista, él tampoco se aflige -ya le habéis oído -por el hecho de que discípulos suyos vengan a mí; está desapegado de estas pequeñeces numéricas. Pone su mirada en el Cielo, como Yo.

No estéis, entonces, litigando entre vosotros sobre si es justo o no que los judíos me acusen de arrebatarle discípulos al Bautista, o sobre si es justo o no que estas cosas se dejen decir. Disputas de este tipo son propias de mujeres charlatanas en torno a una fuente. Los santos se ayudan, se dan y se intercambian los espíritus con jovial facilidad, sonrientes por la idea de trabajar para el Señor.

Yo he bautizado, es más, os he puesto a bautizar, porque tan pesado es, ahora, el espíritu, que es necesario presentarle formas materiales de piedad, de milagro y de enseñanza. Por causa de esta pesantez espiritual tendré que recurrir a la ayuda de cosas materiales cuando quiera que obréis milagros. Pero, creedlo, no estará en el aceite, ni en el agua, ni en ceremonias, la prueba de la santidad. Se acerca el momento en que una impalpable cosa, invisible, inconcebible para los materialistas, será reina, la "restablecida" reina, pudiente en todo lo santo, santa en toda cosa santa.

Por ella el hombre quedará restablecido como "hijo de Dios" y obrará lo que Dios obra, porque tendrá a Dios consigo.

La Gracia: ésta es la reina que está volviendo. Entonces el bautismo será sacramento. Entonces el hombre hablará y comprenderá el lenguaje de Dios, y la Gracia dará vida y Vida, dará poder de ciencia y de potencia; entonces… ¡oh! ¡entonces!…

Pero todavía no tenéis la madurez suficiente para comprender lo que os va a conceder la Gracia. Os ruego que ayudéis su venida con una continua obra de formación de vosotros mismos, y que abandonéis las cosas inútiles propias de hombres mezquinos…

Allá se ve el límite de Samaria. ¿Creéis acertado que me acerque a hablar?
-¡Oh!!

Todos, quién más, quién menos, se muestran escandalizados.

-En verdad os digo que por todas partes hay samaritanos. Si no tuviera que hablar donde hubiera un samaritano, no debería hacerlo en ningún lugar. Venid, pues. No voy a intentar hablar, pero no rechazaré hablar de Dios si me lo piden. Un año ha terminado, empieza el segundo; está a caballo entre el principio y el final. Al principio predominaba el Maestro, ahora, fijaos, se revela el Salvador; el final tendrá el rostro del Redentor. Vamos.

El río aumenta de caudal a medida que se acerca a la desembocadura; como Yo, que aumento la obra de misericordia porque la desembocadura está ya cerca».

-¿Después de la Galilea vamos a ir a algún río caudaloso? ¿Al Nilo? ¿Al Éufrates?-comentan algunos en voz baja.

-Quizás es que vamos a tierra de gentiles… -responden otros.

-No cuchicheéis. Nos dirigimos a mi desembocadura, o sea, hacia el cumplimiento de mi misión. Prestadme mucha atención, porque después os dejaré, y debéis continuar en mi nombre.

141- Yendo hacia Arimatea con los discípulosy con José de Emaús

Señor, ¿qué vamos a hacer de éste? -pregunta Pedro a Jesús señalando al hombre -de nombre José -que los sigue desde que han dejado Emaús y que ahora escucha a los dos hijos de Alfeo y a Simón, que se ocupan de él de modo particular.

Ya lo he dicho: viene con nosotros hasta Galilea.

-¿Y luego?…
-Luego… se quedará con nosotros; ya verás…
-¿También él discípulo? ¿Con ese pasado?
-¿También tú fariseo?

-¡No! Pero… lo que me parece es que los fariseos nos vigilan demasiado…

-Y si lo ven con nosotros nos crearán dificultades. Es lo que quieres decir, ¿no? ¿Y entonces, por temor a que nos molesten, tendríamos que dejar a un hijo de Abraham a merced de su desolación? No, Simón Pedro; es un alma que puede perderse o salvarse según el tratamiento que se dé a su profunda herida.

-¿Pero, ¿no somos nosotros ya tus discípulos?…
Jesús mira a Pedro y sonríe con finura. Luego responde:

-Te dije un día, hace muchos meses: "Vendrán otros muchos discípulos". E1 campo de acción es vastísimo; los obreros, debido a esta vastedad, serán siempre insuficientes… y, también, porque muchos acabarán como Jonás: perdiendo su vida en el duro trabajo. Pero vosotros seréis siempre mis predilectos -termina Jesús, arrimando a sí a este Pedro apurado que con la promesa se ha tranquilizado.

-Entonces viene con nosotros, ¿no?
-Sí. Hasta que su corazón recobre la salud. Está envenenado de tanta animadversión como ha tenido que tragar. Está intoxicado.

Santiago, Juan y Andrés alcanzan al Maestro y se ponen también a escuchar.

No podéis evaluar el inmenso mal que un hombre puede hacer a su congénere con una actitud de hostil intransigencia.
Os ruego que recordéis que vuestro Maestro fue siempre muy benigno con los enfermos espirituales. Sé que opináis que mis mayores milagros y principal virtud se manifiestan en las curaciones de los cuerpos. No, amigos… Acercaos también los que vais delante y los rezagados; el camino es ancho y podemos andar en grupo.

Todos se arriman a Jesús, que prosigue:

-Mis principales obras, las que más testifican mi naturaleza y mi misión, las en que recae, dichosa, la mirada de mi Padre, son las curaciones de los corazones, tanto cuando son sanadoras de uno o varios vicios capitales como cuando eliminan la desolación que abate el ánimo, persuadido de estar bajo sanción divina y abandonado de Dios.

¿Qué es un alma, si pierde la seguridad de la ayuda de Dios? Es como una delgada correhuela: no pudiendo seguir aferrada a la idea que constituía su fuerza y dicha, se arrastra por el polvo. Vivir sin esperanza es horroroso.

La vida es bonita ­dentro de sus asperezas -sólo si recibe esta onda de Sol divino. El fin de la vida es ese Sol. ¿Es lóbrego el día humano?, ¿está empapado de llanto y signado con sangre? Sí. Pero saldrá el Sol. Se acabarán, entonces, dolor y separaciones, asperezas y odios, miserias y soledades de momentos angustiosos, de momentos de ofuscación. Luminosidad, entonces, canto y serenidad, paz y Dios, Dios, que es el Sol eterno. Fijaos qué triste está la Tierra cuando hay eclipse. Si el hombre dijese para sí:

"El Sol ha muerto", ¿no le parecería, acaso, vivir para siempre en un oscuro hipogeo, como emparedado, enterrado, difunto antes de haber muerto? ¡Ah…, pero el hombre sabe que más allá de ese astro que oculta al Sol, que hace fúnebre al mundo, sigue estando el radiante Sol de Dios!

Así es el pensamiento de la unión con Dios durante una vida. ¿Hieren los hombres?, ¿despojan a otros de sus bienes?, ¿calumnian? Sí. Pero Dios medica, reintegra, justifica… ¡y con medida colmada! ¿Dicen los hombres que Dios te ha rechazado? Bueno, ¿y qué?; el alma que se siente segura piensa, debe pensar: "Dios es justo y bueno, ve las causas de las cosas y es más benigno, más que el mejor de los hombres, infinitamente benigno; por tanto, no me rechazará si apoyo mi rostro lloroso sobre su pecho y le digo: “Padre, sólo Tú me quedas; tu hijo está desconsolado y abatido; dame tu paz…”.

Ahora Yo, el Enviado, el enviado por Dios, recojo a aquellos a quienes el hombre ha confundido, o han sido arrastrados por Satanás, y los salvo. Ésta es mi obra, ésta es verdaderamente mía. El milagro obrado en los cuerpos es potencia divina, la redención de los espíritus es la obra de Jesucristo, el Salvador y Redentor. Pienso, y no yerro, que estos que han encontrado en mí su rehabilitación ante los ojos de Dios y los propios serán mis discípulos fieles, los que podrán arrastrar con mayor fuerza a las turbas hacia Dios, diciendo:

"¿Vosotros pecadores? Yo también. ¿Vosotros descorazonados? Yo también. ¿Vosotros desesperados?

También yo. Ved cómo, a pesar de todo, el Mesías ha tenido piedad de mi miseria espiritual y me ha querido sacerdote suyo; porque El es la Misericordia y quiere que se persuada de ello el mundo (y nadie es más capaz de persuadir que quien tiene propia experiencia)".

Yo, ahora, a éstos los uno a mis amigos y a los que me adoraron desde el momento de mi nacimiento, es decir, a vosotros y a los pastores; los uno, en particular, a los pastores, a los curados, a aquellos que, sin especial elección como la de vosotros doce, han entrado en mi camino y habrán de seguirlo hasta la muerte. En Arimatea está Isaac. Me ha pedido esto José, amigo nuestro. Tomaré conmigo a Isaac para que se una a Timoneo, cuando llegue.

Si prestas fe a que en mí hay paz y razón de toda una vida, podrás unirte a ellos; serán para ti buenos hermanos».

-¡Oh, Consolación mía! Es exactamente como Tú dices. Mis grandes heridas, tanto de hombre como de creyente, se van curando cada hora que pasa. Hace tres días que estoy contigo, y ya me parece como si eso que, hace sólo tres días, era mi tormento fuera un sueño que se va desvaneciendo. Lo hice, sí, pero, ante tu realidad, cuanto más va pasando el tiempo, más va perdiendo sus extremos cortantes. Estas noches he pensado mucho. En Joppe tengo un pariente que es bueno (aunque haya sido causa involuntaria de mi mal, pues por él conocí a aquella mujer). Que esto te diga si podíamos saber de quién era hija… ¿De la primera mujer de mi padre? Sí, lo habrá sido, pero no de mi padre; llevaba otro nombre y venía de lejos. Conoció a mi pariente por unas transacciones de mercancías. Yo la conocí así. Mi pariente ambiciona mis negocios. Y se los voy a ofrecer, porque sin dueño se perderían. Los adquirirá. Incluso por no sentir todo el remordimiento de haber sido causa de mi mal… Así podré bastarme y seguirte tranquilo. Sólo te pido que me concedas la compañía de este Isaac que nombras; tengo miedo de estar solo con mis pensamientos: son demasiado tristes todavía…

-Te daré su compañía. Tiene buen corazón. El dolor lo ha perfeccionado. Ha llevado su cruz durante treinta años. Sabe lo que es el sufrimiento… Nosotros, entretanto, continuaremos. Nos alcanzaréis en Nazaret.

-¿No nos vamos a detener en casa de José?

José está probablemente en Jerusalén… El Sanedrín tiene mucho que hacer. De todas formas lo sabremos por Isaac. Si está, le llevaremos nuestra paz; si no, nos quedaremos sólo a descansar una noche. Tengo prisa de llegar a Galilea. Allí hay una Madre que sufre -porque tenéis que pensar que hay a quien le apremia causarle dolor -y quiero confortarla.

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