15. La Tradición de la Iglesia

Autor: Roni Aledo | Fuente: Catholic.net  

Comprender lo que la Tradición de la Iglesia es o no es constituye un asunto de vital importancia.

Muchos hablan de la Tradición de la Iglesia sin comprender realmente lo que Tradición significa. Otros están confundidos sobre su verdadero significado y composición. Entonces: ¿Qué es la Tradición de la Iglesia? Comprender lo que la Tradición de la Iglesia es o no es constituye un asunto de vital importancia. 

Como parte de la Revelación todos sabemos que la Tradición es todo aquello que por vía oral y no por las Sagradas Escrituras forma parte del Depósito de Fe. En este punto no existe complicación. Pero desde el punto de vista teológico definir "Tradición" resulta problemático y muy confuso para muchos. 

La Tradición desde el punto de vista teológico

La Tradición de la Iglesia, desde el punto de vista teológico, es una combinación de elementos que se suman para crear un todo inseparable; esto es la esencia misma de la Iglesia fundada por Cristo. Estos elementos se pueden consideran en dos grupos: los inmutables que nunca cambian y siempre permanecen idénticos, y aquellos que si pueden cambiar o son modificables.

Es importantísimo entender esta diferencia pues si no se entiende bien se puede caer en gravísimos errores: aquellos que quieren cambiar lo que no se puede cambiar de la Tradición caen en el gravísimo error del modernismo o progresismo, un error condenado por el magisterio en el Syllabus y en tantos otros documentos oficiales. Aquellos que no entienden que la Tradición igualmente se compone de elementos que pueden cambiar siguen una noción, errónea, limitada e incompleta de la Tradición.

Los elementos que no cambian y siempre permanecen idénticos en la Tradición son el dogma y la moral. El dogma y la moral de la Iglesia, lo que tenemos que creer y que hacer o no hacer para salvarnos son inmutables y permanecen idénticos por todos los siglos. Ese dogma y moral son un elemento de la Tradición pero no son la totalidad de la Tradición. En un gran error están los que confunden el dogma y la moral inmutable como sinónimos o totalidad de la Tradición.

Esto no es así pues dogma y moral no son la totalidad de la Tradición sino solo elementos de esta. Así como Paris no es la totalidad de Francia sino solo parte de esta. Y si bien es cierto que Paris es parte esencial y principal de Francia, es también cierto que Francia es más grande que Paris. Hay otras áreas, ciudades y provincias en Francia además de Paris.

Lo mismo pasa con la Tradición. Dogma y moral inmutables son parte esencial y principal de la Tradición pero no son la totalidad de la Tradición pues la Tradición abarca más que dogma y moral. La Tradición de la Iglesia contiene más elementos, es más grande que solo dogma y moral inmutables. Decir o creer que la Tradición se compone solo y únicamente de dogma y moral es un gran error y una visión limitada de esta.

Dogma, Moral, Liturgia, Disciplina y Acción Pastoral, elementos de la Tradición

La Tradición no solo se compone del dogma y moral que no pueden cambiar y permanecen idénticos por todos los siglos, pero también se compone de liturgia, disciplina, y la acción pastoral del magisterio. La suma de todos estos elementos, dogma y moral inmutables, liturgia, disciplina, y acción pastoral forman lo que se conoce como Tradición de la Iglesia.

-Catecismo de la Iglesia Católica (78): "Esta transmisión viva, llevada a cabo en el Espíritu Santo es llamada la Tradición en cuanto distinta de la Sagrada Escritura, aunque estrechamente ligada a ella. Por ella, "la Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree" (DV 8). "Las palabras de los Santos Padres atestiguan la presencia viva de esta Tradición, cuyas riquezas van pasando a la práctica y a la vida de la Iglesia que cree y ora" (DV 8).

Así bien, si la Tradición Apostólica es la parte de la Revelación no contenida en la Biblia, en sentido teológico, la Tradición de la Iglesia como tal es una combinación de elementos: inmutables e incambiables algunos, cambiables otros. Los inmutables son el dogma y la moral, y los mutables que se adaptan a los tiempos y circunstancias son la liturgia, la disciplina, y la acción pastoral. Así define la Tradición desde la perspectiva teológica el Papa Benedicto XVI:

-Papa Benedicto XVI (26 de abril de 2006 ) "Esta permanente actualización de la presencia activa de nuestro Señor Jesucristo en su pueblo, obrada por el Espíritu Santo y expresada en la Iglesia a través del ministerio apostólico y la comunión fraterna, es lo que en sentido teológico se entiende con el término Tradición: no es la simple transmisión material de lo que fue donado al inicio a los Apóstoles, sino la presencia eficaz del Señor Jesús, crucificado y resucitado, que acompaña y guía mediante el Espíritu Santo a la comunidad reunida por él. 

La Tradición es la comunión de los fieles en torno a los legítimos pastores a lo largo de la historia, una comunión que el Espíritu Santo alimenta asegurando el vínculo entre la experiencia de la fe apostólica, vivida en la comunidad originaria de los discípulos, y la experiencia actual de Cristo en su Iglesia… Así pues, concluyendo y resumiendo, podemos decir que la Tradición no es transmisión de cosas o de palabras, una colección de cosas muertas. La Tradición es el río vivo que se remonta a los orígenes, el río vivo en el que los orígenes están siempre presentes."

La Tradición es pues la suma total del dogma y moral inmutables, disciplina, liturgia y actividad pastoral. Y si bien es cierto que el dogma y la moral nunca jamás pueden cambiar y permanecen idénticos por siempre, los otros elementos que completan lo que es la Tradición si pueden cambiar. Así por ejemplo la liturgia puede cambiar de acuerdo con los tiempos y circunstancias como lo demuestra el Concilio de Trento. Este Concilio nos dice que es un derecho del Magisterio de la Iglesia el cambiar o modificar su liturgia cuando esta quiere por las razones que esta quiera.

Así nos lo confirma el Concilio de Trento:

-Concilio de Trento (Sesión 21): "En la Iglesia siempre ha existido este poder, que en la administración de los sacramentos…ella puede modificar o cambiar lo que ella considera mas apropiado para el beneficio de los que los reciben o con respecto hacia los mismos sacramentos, de acuerdo a circunstancias variables, tiempo o lugares"

Lo que el Concilio de Trento nos decreta respecto a la liturgia, la Enciclopedia Católica de 1907 (Nihil Obstat Imprimatur) nos lo vuelve a confirma.

- Enciclopedia Católica (Nihil Obstat Imprimatur 1907): "Estrechamente relacionados con los derechos papales respecto al oficio de enseñar están aquellos acerca del culto divino. Pues es la ley de la oración la que fija la ley de la fe. En este campo es mucho lo que está reservado exclusivamente para ser reglamentado por la Santa Sede. Sólo el papa puede determinar los ritos litúrgicos empleados en la Iglesia. De surgir alguna duda respecto al ceremonial de la liturgia, el obispo local no puede decidir con su sola autoridad; debe recurrir a Roma. De la misma manera, el Papa tiene total autoridad para interpretar, alterar y abrogar sus propias leyes y las que hayan sido establecidas por sus predecesores. Tiene la misma plenitud de poder que ellos, y tiene frente a las leyes que ellos establecieron la misma posición que tiene frente a las promulgadas por él mismo".

De la misma manera en que el Concilio de Trento y la Enciclopedia Católica nos dicen que la liturgia cambia de acuerdo a "circunstancias variables, tiempo y lugares", de esa misma forma la disciplina de la Iglesia cambia igualmente cuando la Iglesia quiere. El Catecismo de Baltimore de 1891 (Nihil Obstat, Imprimatur) nos recuerda el pleno poder la Iglesia para cambiar y modificar su disciplina lo mismo que la liturgia.

- Catecismo de Baltimore 126: Hay dos cosas que debemos entender claramente y en la que no cabe confusión, esto son los dos tipos de leyes en la Iglesia—esas que Cristo nos dio y esas que la Iglesia ha creado ella misma. Por ejemplo la Iglesia no puede abolir uno de los sacramentos dejando solo seis; tampoco puede añadir uno, haciendo ocho. Pero por ejemplo, cuando la Iglesia declara que en cierto día no se puede comer carne, esa es una ley que la Iglesia ha hecho y que puede cambiar cuando quiera. Nuestro Señor permitió que su Iglesia fuese libre de hacer ciertas leyes como fuesen necesarias. La Iglesia siempre ha ejercido este poder y ha hecho leyes que se ajusten a las circunstancias de lugar o época. Aun hoy día la Iglesia se deshace de algunas viejas leyes que ya no son necesarias y hace otras que son más necesarias. Pero las doctrinas, las verdades de Fe y Moral, las cosas que debemos creer y hacer para salvar nuestras almas, nunca podrán ser cambiadas: la Iglesia puede regular algunas cosas en la aplicación de las leyes divinas, pero las leyes en si mismas nunca podrán cambiarse en su substancia. (Catecismo de Baltimore, Rev. Padre Thomas L. Kinkead, Nihil Obstat: D. J. McMahon, Censor Librorum, Imprimatur: *Michael Augustine Arzobispo de Nueva York, septiembre, 1891)

Aquí pues claramente se ve que junto con los elementos que nunca jamás cambian en la Tradición, ósea el dogma y la moral, otros elementos de esa misma Tradición como la liturgia, disciplina y la acción pastoral si pueden cambiar y de hecho cambian de acuerdo a tiempo y circunstancias.

La Acción Pastoral y el Desarrollo del Dogma

Otro elemento clave en la Tradición desde el punto de vista teológico, es la acción pastoral, es decir la relación entre los pastores legítimos de la Iglesia y su rebaño. Esta acción pastoral es parte integra de la Tradición y se compone a la vez de varios elementos que suman esta relación pastor-rebaño, o lo que es lo mismo, magisterio de la Iglesia con sus fieles.

Un es un elemento importantísimo de la acción pastoral es la manera en que el pastor, ósea el magisterio, explica a los fieles la doctrina incambiable e inmutable. Esto es que el magisterio de la Iglesia decide o escoge la manera en que se explica un dogma; como se aplica una doctrina incambiable e inmutable a las circunstancias especificas de cada época y lugar. Porque una cosa es el dogma en si mismo, que es inmutable y permanece idéntico por siempre, y otra cosa diferente es la manera en que se explica este dogma. La manera en que un dogma incambiable o inmutable se explica o desarrolla es parte importante de esa acción Pastoral del Magisterio y esa manera particular de explicar el dogma inmutable es algo que igualmente se ajusta o adapta a circunstancias, tiempo y lugar.

Así nos explica San Gregorio Magno (Ezechielem lib. 2, horn. 4, 12):

«Con el correr del tiempo fue acrecentándose la ciencia de los patriarcas; pues Moisés recibió mayores ilustraciones que Abraham en la ciencia de Dios omnipotente, y los profetas las recibieron mayores que Moisés, y los apóstoles, a su vez, mayores que los profetas»

También el beato Papa Juan XXIII nos habla de la importantísima distinción entre el contenido o substancia del dogma y la manera de expresar este. La substancia y significado del dogma no cambia nunca jamás, pero la manera en que el magisterio explica o desarrolla ese dogma puede adaptarse a época y lugar. Una cosa es el dogma en si mismo y otra la manera de explicar o hacer entender ese dogma. Nos dice el beato que estas son dos cosas diferentes y que no deben confundirse entre si.

-Santo Padre beato Juan XXIII (11 octubre de 1962): "El supremo interés del Concilio Ecuménico es que el sagrado depósito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseñado en forma cada vez más eficaz... ante todo es necesario que la Iglesia no se aparte del sacro patrimonio de la verdad, recibido de los padres; pero, al mismo tiempo, debe mirar a lo presente, a las nuevas condiciones y formas de vida introducidas en el mundo actual, que han abierto nuevos caminos para el apostolado católico…el Concilio Ecuménico XXI quiere transmitir pura e íntegra, sin atenuaciones ni deformaciones, la doctrina que durante veinte siglos, a pesar de dificultades y de luchas, se ha convertido en patrimonio común de los hombres… Sin embargo, de la adhesión renovada, serena y tranquila, a todas las enseñanzas de la Iglesia, en su integridad y precisión, tal como resplandecen principalmente en las actas conciliares de Trento y del Vaticano I… espera que se de un paso adelante hacia una penetración doctrinal y una formación de las conciencias que esté en correspondencia más perfecta con la fidelidad a la auténtica doctrina, estudiando ésta y exponiéndola a través de las formas de investigación y de las fórmulas literarias del pensamiento moderno. Una cosa es la substancia de la antigua doctrina, del "depositum fidei", y otra la manera de formular su expresión…"

Lo que el beato Juan XXIII explica aquí, que una cosa es la substancia de la doctrina y otra cosa es la manera de formular o expresar esa doctrina. Esa manera de explicar la doctrina o desarrollarla es importantísimo elemento de la acción pastoral del Magisterio de la Iglesia. Según los tiempos y circunstancias la Iglesia adapta esa manera de expresar el inmutable dogma. Así el dogma permanece idéntico e incambiable por siempre, pero la manera de explicarlo cambia según la acción pastoral de la Iglesia que la explica esos dogmas de manera más eficaz según los tiempos y circunstancias.

Este desarrollo del dogma nunca jamás debe confundirse con la herejía del modernismo. La herejía del modernismo busca cambiar el significado y esencia del dogma y adaptar este a la corriente filosófica de moda. El desarrollo católico del dogma solo desenvuelve la manera de explicar el dogma dejando intacto el significado, esencia y substancia de este. Mientras la herejía del modernismo busca cambiar el sentido y esencia del dogma inmutable, el desarrollo católico del dogma solo hace explicitas verdades contenidas en el dogma de manera implícita.

El desarrollo del dogma de la acción pastoral nunca jamás cambia el significado del dogma, sino solo la manera de explicar este. Así se define en términos teológicos este desarrollo del dogma:

-Fundamento del Dogma Católico: La evolución del dogma en sentido católico. Respecto de la forma del dogma, es decir, del conocimiento y proposición por la Iglesia de las verdades reveladas, y consecuentemente de la pública fe de las mismas, sí que ha habido progreso (evolución accidental del dogma), y semejante progreso tiene lugar de las siguientes maneras: a) Verdades que hasta un momento determinado solamente se creían de forma implícita, se llegan a conocer explícitamente y son propuestas a los fieles para su creencia en ellas; cf. S.th. 2 11 1, 7: «en cuanto a la explicación, creció el número de artículos [de la fe], porque ciertas cosas que por los antiguos no habían sido conocidas explícitamente, vienen a ser conocidas de forma explícita por otros posteriores». b) Los dogmas materiales se convierten en dogmas formales. c) Para más clara inteligencia por parte de todos y para evitar malentendidos y falsas interpretaciones, las verdades antiguas, creídas desde siempre, se proponen por medio de nuevos y bien precisos conceptos. Así ocurrió, por ejemplo, con el concepto de unión hipostática, de transustanciación. d) Cuestiones debatidas hasta un momento determinado son después aclaradas y definidas, condenándose las proposiciones heréticas; cf. SAN AGUSTÍN, De civ. Dei xvi 2, 1: «ab adversario mota quaestio discendi existit occasio» (una cuestión promovida por un adversario se convierte en ocasión de adquirir nuevas enseñanzas).

La evolución del dogma en el sentido indicado va precedida de una labor científica teológica, y prácticamente enseñada por el magisterio ordinario de la Iglesia con asistencia del Espíritu Santo (Ioh 14, 26). Promueven esta formación, por un lado, el deseo natural que tiene el hombre de ahondar en el conocimiento de la verdad adquirida y, por otro, influencias externas, como son los ataques de los herejes o los infieles, las controversias teológicas, el progreso de las ideas filosóficas y las investigaciones históricas, la liturgia y la universal convicción de creencias que en ella se manifiesta. Los santos padres ya pusieron de relieve la necesidad de profundizar en el conocimiento de las verdades reveladas, de disipar las oscuridades y hacer progresar la doctrina de la revelación. (Dr. Ludwig Ott Nihil Obstat: Jeremiah J. O’ Sullivan. Imprimatur: + Cornelius, 7 octubre 1954)

También los santos nos dan testimonio de la necesidad de explicar o desarrollar los dogmas de manera mas actualizada a los tiempos a la misma vez que se mantiene en su completa integridad su contenido y substancia. El gran San Vicente de Lerins nos aclara este punto del desarrollo del dogma, punto esencial de la acción pastoral.

-San Vicente de Lerins: «Pero tal vez diga alguno: ¿Luego no habrá en la Iglesia de Cristo progreso alguno de la religión? Ciertamente existe ese progreso y muy gran progreso... Pero tiene que ser verdadero progreso en la fe, no alteración de la misma. Pues es propio del progreso que algo crezca en sí mismo, mientras lo propio de la alteración es transformar una cosa en otra» (Commonitorium 23; cf. Dz 1800.)

Aquí vemos que el desarrollo del dogma es posible en la manera en que la Iglesia los explica y profundiza de acuerdo a la época y circunstancias. La esencia y substancia del dogma se queda idéntico y es inmutable por todos los siglos pero la manera de explicarlo cambia y se adapta. Eso es parte importante del elemento pastoral de la Tradición.

Tal vez el mas genial de los teólogos y tomistas de Hispanoamérica, el doctor en lógica y teología, Rev. Padre Rafael Faria explica así el desarrollo católico del dogma en 1956:

-Curso Superior de Religión (1956): Indefectibilidad de la Iglesia consiste que ha conservado y conservara invariable el tesoro que recibió de Cristo, a saber: el Dogma, la Moral, los Sacramentos y a la organización interna. Sin duda que ha habido desenvolvimiento y perfección en el Dogma católico. Pero ese desenvolvimiento consiste, no en que se hallan enseñando verdades nuevas, no contenidas en la Sagrada Escritura o en la Tradición; sino que se han declarado y enseñado en forma perfectamente clara y explicita verdades que estaban allí contenidas en forma general, oscura o imprecisa. Por ejemplo, la Escritura enseña que en Dios hay Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Dogma se fue desenvolviendo hasta que encontró la formula precisa: en Dios hay tres personas en una sola Naturaleza. Y así ha pasado con otras verdades. La infabilidad de la Iglesia consiste en no podrá errar en asuntos pertinentes a la Fe y a la Moral. La infabilidad es necesaria a la Iglesia porque Dios obligo a todos los hombres bajo pena de condenación a que pertenecieran a ella. "Quien no creyere se condenara". (Marc.16,16). Pero si la Iglesia pudiera errar Dios obligaría a los hombres a aceptar el error, lo cual repugna a su sabiduría. (Rev. Padre Dr. Rafael Faria, Santa Fe de Bogotá, 1956, Libro I, Dogma, p.135 Nihil Obstat, Imprimatur.)Así vemos que la Tradición de la Iglesia se compone de elementos que no cambian nunca jamás como el dogma y la moral, y de elementos que si cambian con los tiempos, como la liturgia, la disciplina y la acción pastoral. Explicar de mejor manera o de manera mas desarrollada ese dogma inmutable e incambiable es parte importantísima de la acción pastoral.

El Magisterio de la Iglesia, Guardián Invencible de la Tradición

Según el plan de Cristo, los apóstoles y sus sucesores, ósea el magisterio de la Iglesia, han de ser hasta el fin de los tiempos los guardianes invencibles de la Tradición. Fue solo al magisterio a quien Cristo encargo la misión de guardar la Tradición, definirla y exponerla a los fieles. Solo el magisterio puede interpretar el deposito de Fe para decirnos lo que Tradición es o no es, y solo el magisterio tiene la divina promesa de Cristo que este no podrá nunca jamás ser infiel o alejarse de la Tradición. 

Es pues importantísimo entender que para comprender lo que la Tradición es de época en época solo podemos escuchar al magisterio vivo de la Iglesia; esto es al Papa y a los Obispos en plena comunión con el. Solo este magisterio vivo puede decirnos, de época en época lo que la Tradición "es" según los tiempos y las circunstancias. Así nos explica el gran León XIII en su inmortal Satis Cognitum:

-Papa León XIII, Satis Cognitum (1896): Es, pues, incontestable, después de lo que acabamos de decir, que Jesucristo instituyó en la Iglesia un magisterio vivo, auténtico y además perpetuo, investido de su propia autoridad, revestido del espíritu de verdad, confirmado por milagros, y quiso, y muy severamente lo ordenó, que las enseñanzas doctrinales de ese magisterio fuesen recibidas como las suyas propias. Cuantas veces, por lo tanto, declare la palabra de ese magisterio que tal o cual verdad forma parte del conjunto de la doctrina divinamente revelada, cada cual debe creer con certidumbre que eso es verdad; pues si en cierto modo pudiera ser falso, se seguiría de ello, lo cual es evidentemente absurdo, que Dios mismo sería el autor del error de los hombres. «Señor, si estamos en el error, vos mismo nos habéis engañado»Lo mismo que nos dice León XIII es lo que la doctrina de la Iglesia nos repite sin cesar: solo el magisterio de la Iglesia nos puede definir lo la Tradición de la Iglesia es de época en época y nadie mas: así lo repiten los santos padres, el Catecismo y los manuales de teología dogmática una y otra vez.

-Papa San Pío X (10 de mayo de 1909): "El primero y el más grande criterio de la fe, la regla suprema e inquebrantable de la ortodoxia es la obediencia al Magisterio siempre vivo e infalible de la Iglesia, establecida por Cristo "la columna y el sostén de la verdad".

-Papa Pablo VI (carta al arzobispo Lefebvre, octubre 1976): "Este es el asunto esencial…Cristo le ha dado la suprema autoridad de Su Iglesia a Pedro y al Colegio apostólico, esto es al Papa y al colegio de Obispos una cum Capite. Por su naturaleza "el encargo de enseñar y gobernar no puede ser ejercitado excepto en comunión jerárquica con la cabeza del Colegio y con sus miembros" (Constitución Lumen Gentium, 21; cf. también 25). A fortiori, un solo obispo sin misión canónica no tiene en actu expedito ad agendum, la facultad de decidir en general lo que es regla de fe o determinar lo que es Tradición."

-Catecismo de la Iglesia Católica: 85 El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escritura, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo" (DV 10), es decir, a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma.

-La Religión Demostrada: "Nadie es libre para explicar a su manera la Sagrada Escritura y la Tradición; debemos someternos a la Iglesia docente, establecida para decirnos lo que debemos creer y lo que debemos obrar. ... Por lo demás las razón demuestra la necesidad de una regla viva para dar a los fieles la noción de las verdades que hay que creer y de los deberes que hay que practicar...Era pues menester un juez vivo, un interprete autentico para fijar el sentido de la revelación divina y condenar los errores. Por ese motivo el Gobernador Supremo de la Iglesia y los obispos en comunión con el son los únicos interpretes legítimos e infalibles de las Escrituras y de la Tradición, la única regla de la fe y de la moral." (La Religión Demostrada, Pág. 449, P.A Hillaire, edición Mons. Agustín Piaggo, 1944, Barcelona, Nihil Obstat, Imprimatur.) 

-Diccionario de teología Dogmática: "Según la doctrina católica la Sagrada Escritura y la Tradición no son mas que la fuente y la regla remota de la fe, mientras la regla próxima es el magisterio vivo de la Iglesia, que reside en el Romano Pontífice y en los Obispos en cuanto están sujetos y unidos a el." (Diccionario de teología dogmática, Pág. 206, Rev. Padre Pietro Parente, Nihil Obstat, Imprimatur, 1955)

Vemos así que solo el Papa y los Obispos en plena comunión con el pueden decirnos lo que la Tradición es o no es. Nadie que no sea este autentico magisterio vivo de la Iglesia, ósea el Papa y los obispos en plena comunión con el pueden decirnos lo que la Tradición es o no es en determinado momento histórico. 

Todos sabemos los elementos que componen la Tradición de la Iglesia: dogma, moral, liturgia, disciplina, acción pastoral, pero su exacta definición en cada determinada época, solo la puede determinar y nos la puede trasmitir el magisterio autentico de la Iglesia y nadie más. Solo el Papa y los obispos en comunión con el nos pueden decir lo que Tradición es o no es en cada determinada época.

De esta misma forma podemos apreciar que ese magisterio no podrá nunca ser infiel al depósito de la Fe, ósea que el magisterio nunca podrá ser infiel a la Tradición. La promesa de Cristo de ayudar y proteger su Iglesia por "todos los días hasta el fin del mundo" nos da la garantía absoluta y rotunda que el magisterio de la Iglesia nunca será infiel a la Tradición. Así el magisterio nunca podrá cambiar lo incambiable de la Tradición, el dogma y la moral, ni dejar de ser fiel a esta. Así nos lo explica el cardenal Ratzinger, hoy día Papa Benedicto XVI:-Cardenal Ratzinger (carta al arzobispo Lefebvre, 28 julio 1987): "Divinamente instituida, la Iglesia tiene la promesa de asistencia de Cristo hasta el final de los tiempos. El romper su unidad con un acto de plena desobediencia de su parte causaría incalculable daño y destruiría el futuro mismo de su trabajo debido a que fuera de la unidad con Pedro no se puede tener futuro sino solo la ruina de todo lo que desea y aspira…De hecho es a Pedro quien el Señor le ha confiado el gobierno de Su Iglesia; por lo tanto es el Papa el principal artesano de su unidad. Asegurado en la promesa de Cristo, el Papa nunca será capaz de oponerse a la Santa Tradición ni al magisterio autentico."Así podemos ver como dice el cardenal Ratzinger (hoy día Papa Benedicto XVI) que el Papa nunca será capaz de ser infiel a la Tradición. Esto se basa en la oración de Cristo que oro por la Fe de Pedro y sus sucesores. Así es dogma divinamente revelado que el Papa, Vicario de Cristo en la Tierra, nunca jamás será capaz de oponerse o ser infiel a la Tradición y los elementos inmutables que nunca jamás cambian en ella, ósea la doctrina y la moral. Cristo mismo nos asegura con su divina promesa que el Papa nunca jamás podrá ser infiel a la Santa Tradición. Así nos los asegura el Primer Concilio Vaticano:

-Primer Concilio Vaticano, Constitución dogmática Pastor Aeternus (18 de julio de 1870): Así el Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe. Ciertamente su apostólica doctrina fue abrazada por todos los venerables padres y reverenciada y seguida por los santos y ortodoxos doctores, ya que ellos sabían muy bien que esta Sede de San Pedrosiempre permanece libre de error alguno, según la divina promesa de nuestro Señor y Salvador al príncipe de sus discípulos: «Yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y cuando hayas regresado fortalece a tus hermanos». Este carisma de una verdadera ynunca deficiente fe fue por lo tanto divinamente conferida a Pedro y sus sucesores en esta cátedra, de manera que puedan desplegar su elevado oficio para la salvación de todos, y de manera que todo el rebaño de Cristo pueda ser alejado por ellos del venenoso alimento del error y pueda ser alimentado con el sustento de la doctrina celestial.

La Tradición de la Iglesia es también llamada Tradición "viva"

A la Santa Tradición de la Iglesia se le llama también Tradición viva porque como hemos visto esta Tradición, desde el punto de vista teológico se compone de elementos que no pueden cambiar nunca jamás y siempre permanecen idénticos, el dogma y la moral, pero igualmente de elementos que si cambian o se adaptan con los tiempos y las circunstancias. Debido precisamente a estos elementos que si cambian o se adaptan, óseas la liturgia, la acción pastoral y la disciplina, y que son parte integra de la Tradición, es que también se le llama "tradición viva" a la Tradición. Este nombre de Tradición viva se utiliza para denotar que existen elementos que cambian y son modificables en la Tradición (acción pastoral, liturgia, disciplina) junto a los elementos que nunca jamás cambian y son inmutables por todos los tiempos (dogma y moral).

Una hermosa y docta visión de la Tradición, su composición y definición la dio el Santo Padre Benedicto XVI en mayo del 2006. Aquí su santidad explica el verdadero significado de lo que es la Tradición de la Iglesia:

-Papa Benedicto XVI (3 mayo 2006): Queridos hermanos y hermanas: En esta catequesis queremos comprender un poco lo que es la Iglesia. La última vez meditamos sobre el tema de la Tradición apostólica. Vimos que no es una colección de cosas, de palabras, como una caja de cosas muertas. La Tradición es el río de la vida nueva, que viene desde los orígenes, desde Cristo, hasta nosotros, y nos inserta en la historia de Dios con la humanidad…La Iglesia transmite todo lo que es y lo que cree; lo transmite con el culto, con la vida y con la enseñanza. Así pues, la Tradición es el Evangelio vivo, anunciado por los Apóstoles en su integridad, según la plenitud de su experiencia única e irrepetible: por obra de ellos la fe se comunica a los demás, hasta nosotros, hasta el fin del mundo. 

Por consiguiente, la Tradición es la historia del Espíritu que actúa en la historia de la Iglesia a través de la mediación de los Apóstoles y de sus sucesores, en fiel continuidad con la experiencia de los orígenes…Esta cadena del servicio prosigue hasta hoy, y proseguirá hasta el fin del mundo. En efecto, el mandato que dio Jesús a los Apóstoles fue transmitido por ellos a sus sucesores. ..Así, aunque de manera diversa a la de los Apóstoles, también nosotros tenemos una verdadera experiencia personal de la presencia del Señor resucitado. A través del ministerio apostólico Cristo mismo llega así a quienes son llamados a la fe. La distancia de los siglos se supera y el Resucitado se presenta vivo y operante para nosotros, en el hoy de la Iglesia y del mundo. Esta es nuestra gran alegría. En el río vivo de la Tradición Cristo no está distante dos mil años, sino que está realmente presente entre nosotros y nos da la Verdad, nos da la luz que nos permite vivir y encontrar el camino hacia el futuro."La herejía del Modernismo: ataque a la Tradición

Uno de los más grandes y trágicos errores contra la Tradición de la Iglesia es el modernismo o progresismo. Si bien es cierto que el modernismo como escuela filosófica tiene muchas variaciones, desde el punto de vista teológico y en relación con la Tradición, el principal error del modernismo es querer cambiar lo incambiable de esta. Así la herejía del modernismo defiende el gravísimo error que lo incambiable e inmutable de la Tradición, ósea el dogma y la moral, puede cambiar con el tiempo, lugar o circunstancias. Este trágico error defiende que así como los elementos que si cambian en la Tradición, (disciplina, liturgia, acción pastoral) también se puedan cambiar de la misma forma los elementos incambiables e inmutables de esta (dogma y moral) e que estos se adapten según la corriente o moda de la época.

La herejía del modernismo busca romper con el pasado irrompible de la Tradición y cambiar lo que por ser verdad eterna no puede cambiarse. Al intentar cambiar lo incambiable de la Tradición, el dogma que hay que creer para salvarse y la moral que rige los actos igualmente para salvarse, el modernismo atenta contra la base fundamental de la Tradición.

El gravísimo error modernista es, a diferencia del católico desarrollo del dogma que siempre deja intacto y sin contradicción la esencia y substancia del dogma, el cambio contradictorio de una doctrina; la herejía modernista busca cambiar de significado y substancia la doctrina, queriendo hacer error lo que es verdad y verdad lo que es error y cambiar lo incambiable de la Tradición según el gusto o moda de una época. El error del modernismo ha sido condenado muchísimas veces por el magisterio de la Iglesia, especialmente en el Syllabus, por San Pio X, Pablo VI y por Juan Pablo II. 

Así habla San Pio X de la herejía del modernismo en Pascendi:

-San Pio X (Pascendi, 8 de septiembre de 1907): "A su vez, el hombre, al creer, puede estar en condiciones que pueden ser muy diversas. Por lo tanto, las fórmulas que llamamos dogma se hallarán expuestas a las mismas vicisitudes, y, por consiguiente, sujetas a mutación. Así queda expedito el camino hacia la evolución íntima del dogma. ¡Cúmulo, en verdad, infinito de sofismas, con que se resquebraja y se destruye toda la religión! No sólo puede desenvolverse y cambiar el dogma, sino que debe; tal es la tesis fundamental de los modernistas, que, por otra parte, fluye de sus principios".

También el Papa Pablo VI nos habla de la imposibilidad de aplicar la herejía modernista en la Iglesia y cambiar lo incambiable de la Tradición. Sin importar la presión y la corriente o moda de los tiempos la Iglesia nunca jamás, por promesa del mismo Cristo, podrá cambiar lo incambiable de la Tradición, ósea el dogma y la moral que componen el Deposito de Fe. Pablo VI nos explica el 19 de enero de 1972 que la Iglesia nunca jamás podrá cambiar o mutar el elemento inmutable de la Tradición. Así explica el Papa Pablo VI que la Iglesia nunca jamás podrá ser victima de la herejía del modernismo:

-Papa Pablo VI (19 de enero del 1972): "Así querido hijos, y al afirmar esto, nosotros repudiamos estos errores que estuvieron ya en el pasado en circulación, y que circulan rampantes otra vez en la vida espiritual de nuestro tiempo, y que pueden destruir nuestro entendimiento cristiano de la vida y de la historia. El modernismo fue la expresión característica de esas falsas doctrinas; que bajo otros nombres son influyentes hoy día. 

Podemos entender hoy día porque la Iglesia Católica, ahora como en el pasado, le atribuye tanta importancia a la estricta preservación de la autentica revelación y considera a esta como un tesoro inviolable, y porque Ella tiene una noción estricta de su misión fundamental de defender la doctrina de la Fe y trasmitirla en una manera inequívoca. La ortodoxia es su mayor preocupación, y el oficio pastoral es su más importante y divina misión.

La enseñanza de los Apóstoles de hecho determina el canon de su proclamación. Las instrucciones del Apóstol Pablo "Preserva lo que se te ha enseñado" (1 Tim.6:20, 2 Tim.1:14) le presenta un deber que seria traición no observar. La Iglesia como Maestra no se inventa su doctrina; Ella da testimonio, preserva, media. Es un asunto de la Verdad del mensaje del Evangelio que la Iglesia puede caracterizarse como conservadora e implacable. A aquellos que quieren inducir a la Iglesia a simplificar su Fe y moldearla al gusto del espíritu cambiable de la época, esta les responde con el "non possimus" (no podemos) de los Apóstoles. (Hechos, 4:20)"

Así el modernismo, la herejía que quiere cambiar lo incambiable de la Tradición y modificar la esencia y substancia de los dogmas según la corriente o moda de las épocas, queda como uno de los mas graves errores contra la Tradición.

Juan Pablo II define los errores contra la Santa Tradición

El Papa beato Juan Pablo II definió en 1988 los gravísimos errores que atentan contra la Tradición. En una carta al entonces Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, Cardenal José Ratzinger (hoy día Papa Benedicto XVI), el beato Juan Pablo II definió el gravísimo error del modernismo, ósea querer cambiar lo incambiable de la Tradición, y también el gravísimo error del integrismo, ósea no entender que la Tradición abarca mas que solo elementos incambiables pero también elementos que si cambian con el tiempo como la liturgia, la acción pastoral y la disciplina. Así nos explica magistralmente el beato Juan Pablo II:

-Beato Juan Pablo II (8 Abril 1988): "…las palabras con que Cristo prometió a los Apóstoles la venida del Espíritu Santo tienen para nosotros especial relevancia: "Yo rogaré al Padre y El os dará otro Paráclito para que os acompañe por siempre, y el Espíritu de verdad ... que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todo y os recordará todo lo que yo lo he dicho. "(Jn 14, 1617, 26.) En todos los tiempos y en todo momento, la Iglesia ha estado guiada por la fe en las palabras de su Maestro y Señor, en la certeza de que, con la ayuda y la asistencia del Espíritu Santo, la Iglesia siempre permanecerá en la verdad divina, manteniendo la sucesión apostólica con los Obispos en comunión con el sucesor de Pedro.

La Iglesia también ha expresado esta convicción de fe en el último Concilio que se reunió para confirmar y reforzar la enseñanza que la Iglesia heredó de la Tradición existente desde hace casi veinte siglos como una realidad viva que va avanzando en relación con problemas y necesidades de cada época, y profundiza nuestra comprensión de lo que ya esta contenido en la fe transmitida de una vez y por todas (cf. Judas 3).

Estamos profundamente convencidos de que "el Espíritu de verdad que le habla a la Iglesia" (cf. Ap. 2, 7, 11, 17, et. al.) habló – de una manera particularmente solemne y autoritativa – en el Segundo Concilio Vaticano, preparando a la Iglesia para entrar en el tercer milenio después de Cristo. Ya que el trabajo del Concilio en su conjunto es una confirmación de la misma verdad, vivida por la Iglesia desde el principio, es también una "renovación" de esa misma verdad (un "aggiornamento", como dice la famosa frase del Papa Juan XXIII), para acercar a la gran familia humana en el mundo contemporáneo tanto a la manera de enseñar la fe y la moral como las actividades apostólicas y pastorales de la Iglesia. 

En el período post-conciliar hemos visto un gran esfuerzo de parte de la Iglesia de asegurarse que este novum constituido por el Vaticano II correctamente penetrara la mente y la conducta de las comunidades individuales del Pueblo de Dios. Sin embargo junto a este esfuerzo, han surgido tendencias que han creado cierta dificultad en poner el Concilio en práctica. 

Una de esas tendencias se caracteriza por el deseo de cambios que no siempre están en armonía con las enseñanzas y el espíritu del Vaticano II, aunque se trate de apelar al Concilio. Estos cambios invocan y expresan un progreso, por lo que se designa a esta tendencia con el nombre de "progresismo". El progreso, en este caso es una orientación hacia un futuro que rompe con el pasado, sin contar con la función de la Tradición que es fundamental para la misión de la Iglesia, para que esta pueda continuar en la verdad que le fue transmitida a ella por Cristo el Señor y por los Apóstoles, y que es diligentemente guardada por el Magisterio.

La tendencia opuesta, sin embargo, definida como conservadorismo’ o ‘integrismo’, se detiene en el pasado mismo, sin tener en cuenta la justa aspiración hacia el futuro como se manifiesta propiamente en la obra del Vaticano II… Ve lo justo solamente en aquello que es "antiguo" reteniéndolo como sinónimo de la tradición. 

Sin embargo, no es lo "antiguo" en cuanto tal, ni lo "nuevo" por sí mismo que corresponden al concepto justo de la tradición en la vida de la Iglesia. Tal concepto, en efecto, significa la fiel permanencia de la Iglesia en la verdad recibida de Dios, a través de las mutables vicisitudes de la historia. La Iglesia, como aquel patrón del Evangelio, extrae con sabiduría ‘de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas’, permaneciendo absolutamente obediente al Espíritu de verdad que Cristo ha dado a la Iglesia como guía divina. Y la Iglesia cumple esta delicada obra de discernimiento a través del magisterio auténtico"

El Integrismo error contra la Tradición lo mismo que el Modernismo

Así como la herejía del modernismo quiere cambiar los elementos incambiables de la Tradición (el deposito de Fe), otro gravísimo error contra la Tradición es el integrismo cismático. Este integrismo puede ocurrir de dos maneras, la primera cuando la persona entiende por Tradición el sinónimo de dogma y moral y no se da cuenta que la Tradición abarca otros elementos además de ese dogma y moral inmutable. La segunda manera en que ocurre el integrismo es cuando la persona si entiende que la Tradición se compone de otros elementos además de dogma y moral y por lo tanto reconoce que liturgia, disciplina y acción pastoral son parte integra de la Tradición, pero igualmente la persona no reconoce que esos otros elementos pueden cambiar o ser modificados según tiempo o circunstancia.

El integrismo es un error gravísimo que puede llevar a otros errores doctrinales como de facto negar la infabilidad e indefectibilidad prometida por Cristo a su Iglesia e incluso puede conducir a cismas contrarios a la Constitución Divina de la Iglesia según lo solemnemente decretado por Pastor Aeternus en el Primer Concilio Vaticano. El no entender que la Tradición contiene otros elementos además del dogma y la moral, o el no reconocer que esos otros elementos (acción pastoral, disciplina, liturgia) pueden cambiar con el tiempo es el error del integrismo, lo cual se constituye como un grave atentado contra la Santa Tradición.

El Santo Padre Pablo VI nos habla de como este integrismo cismático puede llevar, lo mismo que el modernismo, a gravísimos errores respecto al entendimiento de la Santa Tradición. Así nos habla el santo Padre Pablo VI sobre el gravísimo error del integrismo y como este lleva a un entendimiento falso y erróneo de la Santa Tradición:

--Papa Pablo VI (octubre 11 1976, carta al arzobispo Lefebvre) "Usted dice que es fiel a la Iglesia y a la Tradición por el simple hecho de obedecer ciertas normas del pasado que fueron decretadas por el predecesor de aquel a quien Dios le da hoy los poderes conferidos a Pedro. En este punto también el concepto de Tradición que usted invoca es erróneo. La Tradición no es un dato fijo o muerto, un hecho estático, que de cierta manera, bloquearía, en un momento determinado de la historia, la vida de este organismo activo que es la Iglesia, el cuerpo místico de Cristo. 

Corresponde al papa y a los concilios conducir un juicio para discernir en las tradiciones de la Iglesia, a lo que no es posible renunciar, sin infidelidad al Señor y al Espíritu Santo – el depósito de la fe - y lo que, por el contrario, puede y debe ser puesto al día, para facilitar la misión de la Iglesia a través de la variedad de los tiempos y de los lugares, para traducir el mensaje divino al lenguaje humano de hoy y comunicarlo mejor, sin compromiso de principios, indudablemente. Así la Tradición es inseparable del magisterio vivo de la Iglesia como es inseparable de las sagradas escrituras. Así actúan los papas y los concilios ecuménicos, con la asistencia especial del Espíritu Santo.

Fue eso, precisamente lo que hizo el Vaticano II. Nada de lo decretado en ese Concilio, como en las reformas que Nos hemos decidido llevar a cabo, se opone a lo que la Tradición Bi milenaria de la Iglesia considera fundamental e inmutable. De todo esto somos Nosotros garantes, en virtud, no de nuestra cualidades personales, sino por la tarea que el Señor nos ha confiado como sucesor legítimo de Pedro y de la asistencia especial que nos ha prometido, como a Pedro: "He rogado por ti con el fin de que tu fe no desfallezca" (Lc 22,32). Con Nosotros es garante de esto el episcopado universal. Nuevamente, usted no puede distinguir lo que es pastoral de lo que es dogmático para aceptar algunos textos del concilio y rechazar otros".

También el beato Juan Pablo II nos advierte del gravísimo error teológico del integrismo. No reconocer que la Santa Tradición tiene otros elementos además del dogma y la moral, y que estos elementos (liturgia, acción pastoral, disciplina) pueden y deben cambiar con los tiempos según lo decreta el Concilio de Trento, es el gravísimo error y mal entendimiento de la Tradición que llamamos integrismo. Este integrismo lleva a otros errores como el cisma, la negación de la indefectibilidad e infabilidad de la Iglesia y una nueva versión del error luterano de la libre interpretación en la que el cismático da su propia interpretación a la Tradición, independientemente y por separado del Papa y el autentico magisterio. Así nos dice el beato Juan Pablo II en 1988:

-Beato Juan Pablo II (Motu Propio Ecclesia Dei, 1988) La raíz de este acto cismático se puede individuar en una imperfecta y contradictoria noción de Tradición: imperfecta porque no tiene suficientemente en cuenta el carácter vivo de la Tradición, que … arranca orginariamente de los Apóstolos, "va progresando en la Iglesia bajo la asistencia del Espíritu Santo; es decir, crece con la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas, cuando los fieles las contemplan y estudian …cuando las proclaman los obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad". Pero es sobre todocontradictoria una noción de Tradición que se oponga al Magisterio universal de la Iglesia, el cual corresponde al Obispo de Roma y al Colegio de los Obispos. Nadie pude permanecer fiel a la Tradición si rompe los lazos y vínculos con aquél a quien el mismo Cristo, en la persona del Apóstol Pedro, confió el ministerio de la unidad en su Iglesia."

La Santa Tradición Siempre presente en el Magisterio Autentico

Para mantenernos fieles a la Santa Tradición de la Iglesia solo queda la vía de seguir el magisterio autentico de la Iglesia. Solo el magisterio autentico puede llevarnos seguros por el camino de la Santa Tradición. Solo el magisterio tiene la promesa divina de Cristo de no desviarse nunca jamás del deposito de Fe y solo al magisterio autentico autorizo Cristo a predicar la verdad. La única manera de permanecer firmes en la Fe contra los errores del modernismo y el integrismo es la permanencia en adhesión completa al magisterio de la Iglesia.

Sobre la absoluta necesidad de estar unidos al Vicario de Cristo nos advierte el gran León XIII en su magistral Satis Cognitum de 1896:

- Papa León XIII (Satis Cognitum, 1896): "Por esto hay necesidad de hacer aquí una advertencia importante. Nada ha sido conferido a los apóstoles independientemente de Pedro; muchas cosas han sido conferidas a Pedro aislada e independientemente de los apóstoles…Por donde se ve claramente que los obispos perderían el derecho y el poder de gobernar si se separasen de Pedro o de sus sucesores. Por esta separación se arrancan ellos mismos del fundamento sobre que debe sustentarse todo el edificio y se colocan fuera del mismo edificio; por la misma razón quedan excluidos del rebaño que gobierna el Pastor supremo y desterrados del reino cuyas llaves ha dado Dios a Pedro solamente. 

Estas consideraciones hacen que se comprenda el plan y el designio de Dios en la constitución de la sociedad cristiana. Este plan es el siguiente: el Autor divino de la Iglesia, al decretar dar a ésta la unidad de la fe, de gobierno y de comunión, ha escogido a Pedro y a sus sucesores para establecer en ellos el principio y como el centro de la unidad…De aquí también esta sentencia del mismo San Cipriano, según la que la herejía y el cisma se producen y nacen del hecho de negar al poder supremo la obediencia que le es debida:«La única fuente de donde han surgido las herejías y de donde han nacido los cismas es que no se obedece al Pontífice de Dios ni se quiere reconocer en la Iglesia un solo Pontífice y un solo juez, que ocupa el lugar de Cristo». Nadie, pues, puede tener parte en la autoridad si no está unido a Pedro, pues sería absurdo pretender que un hombre excluido de la Iglesia tuviese autoridad en la Iglesia."

Para ser fieles a la Santa Tradición, permanezcamos unidos con firmeza absoluta al Vicario de Cristo en humildad y obediencia. Tengamos en cuenta la promesa divina de Cristo de la indefectibilidad de la única Iglesia verdadera y tengamos en cuenta las palabras del Concilio de Trento sobre como elementos íntegros de la Tradición, como la liturgia, pueden y deben cambiarse según tiempo y circunstancias:

-Concilio de Trento (Sesión 21): En la Iglesia siempre ha existido este poder, que en la administración de los sacramentos…ella puede modificar o cambiar lo que ella considera mas apropiado para el beneficio de los que los reciben o con respecto hacia los mismos sacramentos, de acuerdo a circunstancias variables, tiempo o lugares"

Amén. 

14. El Purgatorio, la Iglesia Primitiva y los Padres de la Iglesia

Autor: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org   

El concepto del purgatorio ha estado presente en la fe de la Iglesia desde sus inicios, documentos.

El purgatorio ha sido una de las doctrinas más rechazadas por el protestantismo. Frecuentemente suelen afirmar sin el menor rigor histórico que es un invento de San Gregorio Magno en la edad media.

Entre algunos ejemplos que tomé de varios artículos de la Web están el del conocido protestante anticatólico Dave Hunt:

"En el Catolicismo, el "purgar" ocurre en un lugar llamado purgatorio, inventado por el Papa Gregorio el Grande en el año 593 DC" [1]

Un comentario similar hace Daniel Sapia, quien cita al anterior bastante a menudo:

La idea del Purgatorio, un lugar ficticio de purificación final, fue inventada por el Papa Gregorio el Grande en el año 593. Había tal renuencia en aceptar la idea (puesto que era contraria a la Escritura) que el Purgatorio no se hizo un dogma católico oficial por casi 850 años, en el Concilio de Florencia en 1439" [2]

¿Es cierto que el purgatorio es un invento de San Gregorio Magno en la edad media tal como afirma Hunt? ¿Es cierto que había tal renuencia a aceptar la doctrina del purgatorio que no se hizo dogma de fe hasta el concilio de Florencia? Antes de responder estas preguntas es necesario estudiar la doctrina del purgatorio.

Como define el purgatorio el Catecismo de la Iglesia y los Concilios Ecuménicos

El Catecismo de la Iglesia Católica lo explica de la siguiente manera:

1030 Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.

1031 La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820: 1580).

La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1 Co 3, 15; 1 P 1, 7) habla de un fuego purificador: Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquél que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro (San Gregorio Magno, dial. 4, 39).

Es oportuno comenzar aclarando una primera inexactitud de Sapia, pues ya antes del Concilio Ecuménico de Florencia dos concilios ecuménicos habían definido de forma diáfana el purgatorio: el primero y el segundo Concilio Ecuménico de Lyon en el 1245 y en el 1274 respectivamente:

"…Finalmente, afirmando la Verdad en el Evangelio que si alguno dijere blasfemia contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni el futuro [Mt. 12, 32], por lo que se da a entender que unas culpas se perdonan en el siglo presente y otras en el futuro, y como quiera que también dice el Apóstol que el fuego probará cómo sea la obra de cada uno; y: Aquel cuya obra ardiere sufrirá daño; él, empero, se salvará; pero como quien pasa por el fuego [1 Cor. 3, 13 y 15]; y como los mismos griegos se dice que creen y afirman verdadera e indubitablemente que las almas de aquellos que mueren, recibida la penitencia, pero sin cumplirla; o sin pecado mortal, pero sí veniales y menudos, son purificados después de la muerte y pueden ser ayudados por los sufragios de la Iglesia; puesto que dicen que el lugar de esta purgación no les ha sido indicado por sus doctores con nombre cierto y propio, nosotros que, de acuerdo con las tradiciones y autoridades de los Santos Padres lo llamamos purgatorio, queremos que en adelante se llame con este nombre también entre ellos. Porque con aquel fuego transitorio se purgan ciertamente los pecados, no los criminales o capitales, que no hubieren antes sido perdonados por la penitencia, sino los pequeños y menudos, que aun después de la muerte pesan, si bien fueron perdonados en vida…" [3]

"… Más, por causa de los diversos errores que unos por ignorancia y otros por malicia han introducido, dice y predica que aquellos que después del bautismo caen en pecado, no han de ser rebautizados, sino que obtienen por la verdadera penitencia el perdón de los pecados. Y si verdaderamente arrepentidos murieren en caridad antes de haber satisfecho con frutos dignos de penitencia por sus comisiones y omisiones, sus almas son purificadas después de la muerte con penas purgatorias o catarterias, como nos lo ha explicado Fray Juan; y para alivio de esas penas les aprovechan los sufragios de los fieles vivos, a saber, los sacrificios de las misas, las oraciones y limosnas, y otros oficios de piedad, que, según las instituciones de la Iglesia, unos fieles acostumbran hacer en favor de otros. Mas aquellas almas que, después de recibido el sacro bautismo, no incurrieron en mancha alguna de pecado, y también aquellas que después de contraída, se han purgado, o mientras permanecían en sus cuerpos o después de desnudarse de ellos, como arriba se ha dicho, son recibidas inmediatamente en el cielo" [4]

El concilio de Florencia simplemente reafirmaba lo que ya estos concilios ecuménicos habían definido siglos antes:

"…Asimismo, si los verdaderos penitentes salieren de este mundo antes de haber satisfecho con frutos dignos de penitencia por lo cometido y omitido, sus almas son purgadas con penas purificatorias después de la muerte, y para ser aliviadas de esas penas, les aprovechan los sufragios de los fieles vivos, tales como el sacrificio de la misa, oraciones y limosnas, y otros oficios de piedad, que los fieles acostumbran practicar por los otros fieles, según las instituciones de la Iglesia. Y que las almas de aquellos que después de recibir el bautismo, no incurrieron absolutamente en mancha alguna de pecado, y también aquellas que, después de contraer mancha de pecado, la han purgado, o mientras vivían en sus cuerpos o después que salieron de ellos, según arriba se ha dicho, son inmediatamente recibidas en el cielo…" [5]

Lo mismo reafirma el concilio de Trento (del 1545 al 1563):

"Habiendo la Iglesia católica, instruida por el Espíritu Santo, según la doctrina de la sagrada Escritura y de la antigua tradición de los Padres, enseñado en los sagrados concilios, y últimamente en este general de Trento, que hay Purgatorio; y que las almas detenidas en él reciben alivio con los sufragios de los fieles, y en especial con el aceptable sacrificio de la misa; manda el santo Concilio a los Obispos que cuiden con suma diligencia que la sana doctrina del Purgatorio, recibida de los santos Padres y sagrados concilios, se enseñe y predique en todas partes, y se crea y conserve por los fieles cristianos. Exclúyanse empero de los sermones, predicados en lengua vulgar a la ruda plebe, las cuestiones muy difíciles y sutiles que nada conducen a la edificación, y con las que rara vez se aumenta la piedad. Tampoco permitan que se divulguen, y traten cosas inciertas, o que tienen vislumbres o indicios de falsedad. Prohíban como escandalosas y que sirven de tropiezo a los fieles las que tocan en cierta curiosidad, o superstición, o tienen resabios de interés o sórdida ganancia. Mas cuiden los Obispos que los sufragios de los fieles, es a saber, los sacrificios de las misas, las oraciones, las limosnas y otras obras de piedad, que se acostumbran hacer por otros fieles difuntos, se ejecuten piadosa y devotamente según lo establecido por la Iglesia; y que se satisfaga con diligencia y exactitud cuánto se debe hacer por los difuntos, según exijan las fundaciones de los testadores, u otras razones, no superficialmente, sino por sacerdotes y ministros de la Iglesia y otros que tienen esta obligación" [6]

Pero mucho antes de estas definiciones conciliares era ampliamente conocida la doctrina del purgatorio, tal como demuestran las siguientes evidencias patrísticas.


Perpetua

Santa Perpetua fue una mártir cristiana martirizada en el 203 junto con otros cinco cristianos: Felicitas, Revocato, Saturnino, Secundo y Saturo.

Mientras está en prisión tiene una doble visión donde ve a su hermano que tenía 7 años muerto salir de un lugar tenebroso en el cual estaba sufriendo. San Perpetua reza por el descanso eterno de su alma y luego de ser escuchada por el Señor tiene una segunda visión donde ve a su hermano sano y en paz, porque su pena había sido rectificada.

"Sin ninguna demora, en esa misma noche, esto se me mostró en una visión. Yo vi a Dinocrate saliendo de un lugar sombrío, donde estaban también otras personas, y él estaba reseco y muy sediento, con una apariencia sucia y pálida, con la herida de su rostro que tenía cuando había muerto.

Dinocrate había sido mi hermano en la carne, hace siete años, quien murió de una terrible enfermedad… Pero yoconfié que mi oración había ayudado a su sufrimiento, y oré por él cada día hasta que nosotros pasamos al campo de prisioneros…hice mi oración por mi hermano día y noche, gimiendo y lamentando para que me fuera concedido.

Entonces, un día, estando todavía prisioneros esto se me mostró. Vi que el lugar que había observado previamente sombrío estaba ahora iluminado, y Dinocrate, con un cuerpo limpio y bien vestido, estaba buscando algo para refrescarse. Y donde había estado la herida, yo vi una cicatriz; y esa piscina que había visto antes, vi sus niveles descendidos hasta el ombligo del muchacho.

Y uno extraía agua de la tina incesantemente, y cerca de la orilla había una copa llena de agua; y Dinocrate se acerco y empezó a beber de ella, y la copa no falló. Y cuando él estaba satisfecho, se fue del agua a jugar felizmente, como lo hacen los niños y entonces desperté. Entonces entendí que sido trasladado del lugar del castigo" [7]

San Abercio

Abercio

Antes de morir compuso su propio epitafio datado a finales del siglo II o comienzos del siglo III donde pide que se ore por él.

"El ciudadano de una prominente ciudad, la que erigí mientras vivía, para que pudiera tener un lugar de descanso para mi cuerpo. Abercio es mi nombre, un discípulo del pastor casto que alimenta sus ovejas en las montañas y los campos, cuyos grandes ojos los vigilan todo, que me enseñó los fieles escritos de la vida. Estando listo, yo, Abercio, ordené que esto fuera escrito, en mi septuagésimo segundo año. Que cada uno que esté de acuerdo con esto y quien lo entienda ore por Abercio" [8]

Hechos de Pablo y Tecla

Los Hechos de Pablo y Tecla escrito en el siglo II (año 160) narran la historia de una conversa que se convirtió al escuchar las predicaciones de San Pablo y luego de deshacer el compromiso con su novio se dedica a asistir a Pablo en la evangelización. Leemos allí una oración de intercesión para que una cristiana fallecida sea trasladada al lugar de los justos.

"Y después de la exhibición, Tryfaena nuevamente la recibe. Su hija Falconilla había muerto, y dijo a ella en sueños: Madre, tú deberías tener esta extranjera Tecla en mi lugar, para que ore por mí, y yo pueda ser transferido a el lugar de los justos" [9] 
Clemente de Alejandría

En Los Stromata o Tapices habla de la purificación por "fuego" que sufre el alma posterior a la muerte cuando no ha alcanzado la completa santidad.

"El creyente a través de gran disciplina se despoja de sus pasiones y pasa a la mansión mejor que la anterior, pasa por el mayor de los tormentos tomando sobre sí el arrepentimiento de las faltas que pudiera haber cometido después de su bautismo. Es torturado entonces todavía más al ver que no ha logrado lo que otros ya han adquirido. Los mayores tormentos son asignados al creyente porque la Justicia de Dios es buena y su bondad es justa y, estos castigos completan el curso de la expiación y purificación de cada uno" [10]

"Pero nosotros decimos que el fuego santifica no la carne, sino las almas pecadoras; refiriéndose no al fuego vulgar sino al de la sabiduría, que penetra el alma que pasa por el fuego" [11]

Tertuliano

Se encuentran en los escritos de Tertuliano numerosas y claras referencias del purgatorio. Entre ellas podrían mencionarse De anima (Sobre el alma) en donde habla de la purificación del alma después de la muerte.

En De carnis resurrectione llega al extremo de afirmar que solo los mártires van a vivir directamente a presencia de Dios. En De monogamia (La monogamia) habla de cómo las oraciones por los difuntos pueden ayudarles, y en De corona (La corona) menciona la costumbre de la Iglesia de celebrar la Eucaristía por el descanso eterno de los difuntos.

"Por esto es muy conveniente que el alma, sin esperar a la carne, sufra un castigo por lo que haya cometido sin la complicidad de la carne. E igualmente es justo que, en recompensa de los buenos y piadosos pensamientos que ha tenido sin cooperación de la carne, reciba consuelos sin la carne.

Más aún, las mismas obras realizadas con la carne, ella es la primera en concebir, disponer, ordenar y ponerlas en acto. Y aun en aquellos casos en que ella no consiente en ponerlas en obra, es, sin embargo, la primera en examinar lo que luego efectuará el cuerpo. En fin, la conciencia no será nunca posterior al hecho.

Por consiguiente, también desde este punto de vista es conveniente que la substancia que ha sido la primera en merecer la recompensa, sea también la primera en recibirla. En una palabra, ya que por este calabozo que nos enseña el Evangelio entendemos el infierno, ya que "por esta deuda, que hay que pagar hasta el último maravedí," comprendemos que es necesario purificarse en esos mismos lugares de las faltas más ligeras, en el intervalo que inedia antes de la resurrección, nadie podrá dudar que el alma reciba ya algún castigo en el infierno sin perjuicio de la plenitud de la resurrección, cuando recibirá la recompensa juntamente con la carne" [12] 

"Al dejar su cuerpo, nadie va inmediatamente a vivir a la presencia del Señor, excepto por la prerrogativa del martirio, pues entonces adquiere una morada en el paraíso, no en las regiones inferiores" [13] 

"Ciertamente, ella ruega por el alma de su marido. Pide que durante este intervalo él pueda hallar descanso y participar de la primera resurrección. Ofrece cada año el sacrificio en el aniversario de su dormición" [14]

"El sacramento de la Eucaristía, encomendado por el Señor en el tiempo de la cena y para todos, lo recibimos en las asambleas de antes del amanecer, y no de mano de otros que no sean los que presiden. Hacemos oblaciones por los difuntos en los días de aniversario de cada año" [15]

No se puede dejar de notar que esto lo escribió Tertuliano varios siglos antes del nacimiento de San Gregorio Magno.

San Cipriano

Cipriano de Cartago

Con San Cipriano tenemos al igual que en los anteriores referencias al purgatorio siglos antes de San Gregorio Magno.

"Una cosa es pedir perdón, otra cosa alcanzar la gloria. Una cosa es estar prisionero sin poder salir hasta que haya sido pagado el último centavo y otra recibir al mismo tiempo el salario de la fe y el valor. 

Una cosa es ser torturado con el largo sufrimiento por los pecados, para ser limpiado y completamente purgado por el fuego, otra es haber sido purgado de todos los pecados por el sufrimiento. Una cosa es estar en suspenso hasta la sentencia de Dios en el Día del Juicio, otra ser coronado por el Señor" [16]

También atestigua la común costumbre de hacer oraciones y ofrecer la Eucaristía por el descanso eterno de los difuntos, lo cual sería inútil si las oraciones no pudiesen ayudarles.

"…Ofrecemos por ellos sacrificios, como os acordáis, siempre que en la conmemoración anual celebramos los días de la pasión de los mártires." [17]

En el siguiente texto también se puede ver a San Cipriano atestiguando de forma implícita la costumbre de ofrecer la Eucaristía por los difuntos. Lo niega en el caso particular de Víctor en virtud de la violación de las decisiones conciliares que le atribuye al haber ordenado ilegítimamente a Geminio Faustino como presbítero.

"…Y por eso Víctor, puesto que contra la forma prescrita hace poco en el concilio por los sacerdotes, se ha atrevido a constituir tutor al presbítero Geminio Faustino, no hay por qué se haga entre vosotros la oblación por su muerte o se rece alguna oración por él en la Iglesia, para que se observemos nosotros el decreto de los sacerdotes elaborado religiosamente y por necesidad, y al mismo tiempo se de ejemplo a los demás hermanos, para que nadie llame a las molestias mundanas a los sacerdotes y ministros de Dios dedicados a su altar y a su Iglesia." [18]

Otros textos similares:

"Finalmente anotad también los días en que ellos mueren, para que podamos celebrar sus conmemoraciones entre las memorias de los mártires: por más que Tertuliano, nuestro hermano fidelísimo y devotísimo, con aquella su solicitud y cuidado, que reparte a los hermanos sin regatear su actividad, y que ni en el cuidado de los cadáveres anda remiso allí, haya escrito y escriba y me haga saber, entre otras cosas, los días en los que nuestros dichosos hermanos parten en la cárcel a la inmortalidad con el final de una muerte gloriosa, y celebremos aquí nosotros oblaciones y sacrificios en conmemoración de ellos, las cuales cosas pronto celebraremos con vosotros, con el amparo de Dios." [19]

Orígenes

Ve en 1 Corintios 3 una alusión al purgatorio:

"Porque si sobre la base de Cristo, haz construido no sólo oro y plata sino piedras preciosas; sino también madera, caña o paja ¿qué es lo que esperas cuando el alma sea separada del cuerpo? ¿Entrarías al cielo con tu madera y caña y paja y de este modo manchar el reino de Dios? ¿O en razón de estos obstáculos podrías quedarte sin recibir premio por tu oro y plata y piedras preciosas? Ninguno de estos casos es justo. Queda entonces, que serás sometido al fuego que quemará los materiales livianos; para nuestro Dios, a aquellos que pueden comprender las cosas del cielo está llamado el fuego purificador.

Pero este fuego no consume a la creatura, sino lo que ella ha construido, madera, caña o paja. Es manifiesto que el fuego destruye la madera de nuestras trasgresiones y luego nos devuelve con el premio de nuestras grandes obras." [20]

Lactancio

En su libro VII de sus instituciones divinas ve en 1 Corintios 3 al igual que Orígenes una referencia al purgatorio:

"Pero cuando él juzgue a los justos, él también los probará con fuego. Entonces aquellos cuyos pecados excedan en peso o número, se chamuscados por el fuego y quemados, pero aquellos a quienes la justicia y plena madurez de la virtud ha imbuido no percibirán ese fuego, porque ellos tienen algo de Dios en ellos mismos que repele y rechaza la violencia de la flama" [21] 

Efrén de Siria

En su testamento solicita que oren por él y cita al libro de Macabeos como evidencia de que las oraciones de los vivos pueden ayudar a expiar los pecados de los difuntos.

"Cuando se cumple el día trigésimo, [después de mi muerte], acordaos de mí, hermanos. Los difuntos, en efecto, reciben ayuda gracias a la ofrenda que hacen los vivientes […] Si tal como está escrito, los hombres de Matatías encargados del culto para el ejército, con las ofrendas, expiaron las culpas de aquellos que habían perecido y eran impíos por sus costumbres, cuánto más los sacerdotes de Cristo con sus santas ofrendas y sus oraciones expiarán los pecados de los difuntos" [22] 

Basilio el Grande

Habla de cómo aquellos atletas de Dios luego de haber sido salvados pueden ser "detenidos" si todavía conservan algunas manchas de pecado.

"Pienso que los valerosos atletas de Dios, los cuales durante toda su vida estuvieron frecuentemente en lucha contra enemigos invisibles, después de haber superado todos sus ataques al llegar al final de la vida serán examinados por el príncipe del siglo, a fin de que, si a consecuencia de las luchas, tienen algunas heridas o ciertas manchas o vestigios de pecado, sean detenidos; pero, si son hallados ilesos e incontaminados, como invictos y libres hallen el descanso junto a Cristo." [23] 

Cirilo de Jerusalén

En sus catequesis reafirma la inmemorial tradición de la Iglesia de orar por los difuntos por su descanso eterno:

"Recordamos también a todos los que ya durmieron, en primer lugar, los patriarcas, los profetas, los apóstoles, los mártires, para que, por sus preces y su intercesión, Dios acoja nuestra oración. Después, también por los santos padres y obispos difuntos y, en general, por todos cuya vida transcurrió entre nosotros, creyendo que ello será de la mayor ayuda para aquellos por quienes se reza.

Quiero aclararos esto con un ejemplo, puesto que a muchos les he oído decir: ¿de qué le sirve a un alma salir de este mundo con o sin pecados si después se hace mención de ella en la oración? Supongamos, por ejemplo, que un rey envía al destierro a quienes le han ofendido, pero después sus parientes, afligidos por la pena, le ofrecen una corona: ¿Acaso no se lo agradecerá con una rebaja de los castigos? Del mismo modo, también nosotros presentamos súplicas a Dios por los difuntos, aunque sean pecadores. Y no ofrecemos una corona, sino que ofrecemos a Cristo muerto por nuestros pecados, pretendiendo que el Dios misericordioso se compadezca y sea propicio tanto con ellos como con nosotros" [24]

Epifanio de Salamina

Testifica al igual que los anteriores la utilidad de las oraciones por los difuntos para obtener de Dios el perdón de sus culpas.

"En cuanto a la recitación de los nombres de los difuntos, ¿qué puede haber que resulte más útil y que sea más oportuno y digno de alabanza, a fin de que los presentes se den cuenta de que los difuntos siguen viviendo y no han quedado reducidos a la nada, sino que siguen existiendo y viven junto al Señor, y así quede afianzada la esperanza de aquellos que rezan por sus hermanos difuntos considerándolos como si hubieran emigrado a otro país? Son útiles, en efecto, las preces que se hacen en su favor, aunque no puedan eliminar todas sus culpas" [25]

Gregorio de Nisa

El siguiente texto es una referencia tan clara al purgatorio que no amerita comentario alguno:

"Cuando el renuncia a su cuerpo y la diferencia entre la virtud y el vicio es conocida,no puede acercarse a Dios hasta no haber purgado con fuego que limpia las manchas con las cuales su alma está infectada. Ese mismo fuego en otros cancelará la corrupción de materia y la propensión al mal" [26] 

Juan Crisóstomo

Atestigua que fueron los apóstoles mismos quienes instituyeron la celebración de la eucaristía por el descanso eterno de los difuntos y exhorta a no cesar de ayudar a los difuntos con nuestras oraciones, ya que gracias a ellas reciben consuelo.

"No sin razón quedó determinado, mediante leyes establecidas por los apóstoles, que en la celebración de los sagrados e impresionantes misterios se haga memoria de los que ya han pasado de esta vida. Sabían, en efecto, que con ello los difuntos obtienen mucho fruto y consiguen gran provecho. Cuando todo el pueblo y los sacerdotes están con las manos extendidas y se está celebrando el santo sacrificio, ¿acaso Dios no se mostrará propicio con aquellos en favor de los cuales le imploramos? Se trata de aquellos que han muerto conservándose en la fe" [27]

"Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su padre, ¿por qué deberíamos dudar que cuando nosotros también ofrecemos por los que han partido, algún consuelo reciben?. Desde que Dios acostumbra conceder las peticiones de aquellos que piden por los demás… No nos cansemos de ayudar a los difuntos, ofreciendo en su nombre y orando por ellos" [28]

Agustín de Hipona

Las descripciones del purgatorio de parte de San Agustín también bastante anteriores a San Gregorio Magno son tan claras que tampoco ameritan explicaciones:

"Señor, no me arguyas en tu indignación. No me halle entre aquellos a quienes has de decir: id al fuego eterno que está preparado para el diablo y sus ángeles. Ni me corrijas en tu furor, sino purifícame en esta vida y vuélveme tal que ya no necesite de fuego corrector, atendiendo a los que han de salvarse, aunque, no obstante, como a través del fuego.

¿Por qué acontece esto si no es porque edifican aquí sobre el cimiento, leña, paja, heno? Si hubiesen edificado sobre el oro, plata, piedras preciosas, estarían libres de ambas clases de fuego, no sólo de aquel eterno, que ha de atormentar para siempre los impíos, sino también de aquel que corregirá a los que han de salvarse a través del fuego." [29]

"Cuando uno padece algún mal, por la perversidad o el error de un tercero, peca, ciertamente, el hombre que por ignorancia o injusticia causa un mal a cualquiera; pero no peca Dios, quien por un justo, aunque oculto designio, permite que esto suceda. ." Pero hay penas temporales que unos las padecen solamente en esta vida, otros después de la muerte y otros ahora y después.".

De todas maneras, estas penas se sufren antes de aquel severísimo y definitivo juicio. "Mas no todos los que han de sufrir tras la muerte penas temporales caerán en las eternas", que tendrán lugar después de juicio. Hará algunos, en efecto, a quienes se perdonará en el siglo futuro lo que no se les había perdonado en el presente; o sea, que no serán castigados con el suplicio eterno del siglo futuro, como hemos hablado más arriba" [30]

"La mayor parte [de las personas], una vez conocida la obligación de la ley, se ven vencidos primeramente por los vicios que llegan a dominar; así se hacen transgresores de la ley. Luego buscan refugio y ayuda en la gracia, con la cual recuperarán la victoria, mediante una amarga penitencia y una lucha más enérgica, sometiendo primero el espíritu a Dios y logrando después el dominio sobre la carne. Quien quiera, pues, evitar las penas eternas no debe solamente bautizarse. Deberá santificarse siguiendo a Cristo. Así es como pasará del diablo a Cristo". "En cuanto a las penas expiatorias, nadie piense en su existencia si no es antes del último y temible juicio" [31]

"No se puede negar que las almas de los difuntos son aliviadas por la piedad de los parientes vivos, cuando se ofrece por ellas el sacrificio del Mediador o cuando se hacen limosnas en la Iglesia.

Pero estas cosas aprovechan a aquellos que, cuando vivían, merecieron que les pudiesen aprovechar después. Pues hay un cierto modo de vivir, ni tan bueno que no eche de menos etas cosas después de la muerte, ni tan malo que no le aprovechen mas hay tal grado en el bien, que el que lo posee no las echa de menos, y, al contrario, lo hay tal en el mal, que no puede ser ayudado con ellas cuando pasare de esta vida. Por lo tanto aquí adquiere el hombre todo el mérito con que pueda ser aliviado u oprimido después de la muerte. Nadie espere merecer delante de Dios, cuando hubiere muerto, lo que durante la vida despreció" [32]

"Leemos en los Libros de los Macabeos que fue ofrecido un sacrificio por los difuntos. Y, a pesar de que en ningún otro lugar del Antiguo Testamento se lee esto, no es poca la autoridad de la Iglesia universal que se refleja en esta costumbre, cuando, en las oraciones que el sacerdote ofrece al Señor, nuestro Dios, sobre el altar, tiene su momento especial la conmemoración de los difuntos" [33]

"En la patria no habrá lugar alguno para la oración, sino sólo para la alabanza. ¿Por qué no para la oración? Porque nada faltará. Lo que aquí es objeto de fe, allí será objeto de visión; lo que aquí es objeto de fe, allí será objeto de visión; lo que aquí se espera, allí se poseerá; lo que aquí se pide, se recibe allí. Con todo, en esta vida existe una cierta perfección, alcanzada por los santos mártires. A esto se debe el uso eclesiástico, conocido por los fieles, de mencionar el nombre de los mártires ante el altar de Dios, y no para orar por ellos, sino por los restantes difuntos de quienes se hace mención. Es hacerle una injuria rogar por un mártir, a cuyas oraciones debemos encomendarnos nosotros. Él luchó contra el pecado hasta derramar su sangre. A algunos, imperfectos todavía, pero sin duda parcialmente justificados, dice el Apóstol en la carta a los Hebreos: Todavía no habéis resistido hasta derramar en vuestra lucha contra el pecado" [34]

Gregorio I Magno

Ve en Mateo 12,32 una referencia implícita al purgatorio

"Tal como uno sale de este mundo, así se presenta al juicio. Pero se ha de creer que hay un fuego purificador para expiar las culpas leves antes del juicio. La razón para ello es que la Verdad afirma que si uno dice una blasfemia contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero. Con esta sentencia se da a entender que algunas culpas pueden perdonarse en este mundo y algunas en el otro, pues, lo que se niega respecto a unos, hay que comprender que se afirma en relación a otros. Sin embargo, tal como ya he dicho, se ha de creer que esto se refiere a pecados leves y de menor importancia." [35]

Esta es solo una selección parcial de los textos patrísticos referentes al purgatorio. La verdad se hace difícil a la luz de lo anterior entender como hay quien persiste en afirmar que el purgatorio ha sido un invento de la edad media. Ruego a Dios que sea por ignorancia y no por malicia. Afortunadamente estos textos están al alcance de todos y dejan una evidencia indiscutible de la fe de la primera Iglesia…

…Nuestra Iglesia.

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NOTAS

[1] La justicia, el perdón y la restauración, Marzo 31, 2008 por Dave Hunt

[2] El Purgatorio ¿Verdad de Dios?, Daniel Sapia

[3] I Concilio de Lyon, XIII concilio ecuménico

[4] II Concilio de Lyon, XIV concilio ecuménico

[5] Concilio de Florencia, XVII concilio ecuménico

[6] Concilio de Trento, XIX concilio ecuménico Sesión XXV, Decreto sobre el purgatorio

[7] La pasión de Perpetua y Felicidad, 2:3-4
Traducido desde ANF,III:701-702
http://www.ccel.org/print/schaff/anf03/vi.vi.iv 

[8] Epitafio de Albercio
Traducido de Inscripción de Abercio (A.D. 190),in PAT,I:172
http://www.ccel.org/ccel/wace/biodict.txt

[9] Hechos de Pablo y Tecla 
Traducido desde http://www.ccel.org/print/schaff/anf08/vii.xxvi

[10] Clemente de Alejandría, Stromata. IV,14 
Stromata / Miscellanies, Book VI, Chapter 14; ANF, Vol. II, 504
Traducido desde http://www.ccel.org/print/schaff/anf02/vi.iv.vi.xiv

[11] Clemente de Alejandría, Stromaga VIII, 6

[12] Tertuliano, Sobre el alma, 58: PL 2,751
Patrología I, Johannes Quasten, pag. 311
También en El más allá en los padres de la Iglesia, Guillermo Pons, pág. 69

[13] Tertuliano, Sobre la resurrección de la carne. 43 
Patrología I, Johannes Quasten, pag. 311

[14] Tertuliano, La monogamia. 10 
Ibid.

[15] Tertuliano, De la corona, 3, PL 2,79
El más allá en los padres de la Iglesia, Guillermo Pons, pág. 69 

[16] Cipriano, Epístola 51,20
Epistle 51 [55], To Antonianus About Cornelius and Novatian, 20; ANF, Vol. V, 332
Traducido desde http://www.ccel.org/print/schaff/anf05/iv.iv.li
http://www.newadvent.org/fathers/050651.htm

[17] Cipriano de Cartago, Epístola 33,3
Carta 39 n.3 (HARTEL, 583, BAYARD, ML 4,323 A: epist. 34)
Texto en inglés en http://www.newadvent.org/fathers/050633.htm 

[18] Cipriano de Cartago, Epístola 65,2 
Carta 1 n.2 (HARTEL: CSEL v.3 p.2 pg.463s, L. BAYARD, Saint Cyprien. Correspondance (Paris 1945), ML 4,399 A – B: epist. 66).
Texto en inglés en http://www.newadvent.org/fathers/050665.htm

[19] Cipriano de Cartago, Epístola 36,2
Carta 12 n.2 (HARTEL, 503s, BAYARD, ML 4,328 b – 329 a: EPIST. 37)
Texto en inglés en http://www.newadvent.org/fathers/050636.htm 

[20] P. G., XIII, col. 445, 448
Tomado de Enciclopedia Católica, Purgatorio

[21] Lactancio, Instituciones divinas,VII,21 
Lactancio, The Divine Institutes, Book VII, chapter 21; ANF, Vol. VII
Texto en inglés en http://www.ccel.org/print/schaff/anf07/iii.ii.vii.xxi

[22] Efrén, Testamento, 72-28: EP 741 
El más allá en los padres de la Iglesia, Guillermo Pons, pág. 69

[23] Basilio de Cesárea , Homilías sobre los Salmos, 7,2: PG 29,232
Ibid, pág. 70 

[24] Catequesis XXIII,9-10
Tomado de http://www.mercaba.org/tesoro/CIRILO_J/Cirilo_25.htm
Texto en inglés en Catechetical Lecture XXIII: 9-10; NPNF 2, Vol. VII, 154-155
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf207/ii.xxvii 

[25] Epifanio de Salamina, Panarion, 75, 8: PG 42, 513 
El más allá en los padres de la Iglesia, Guillermo Pons, pág. 70-71

[26] Gregorio de Nisa, Sermón sobre la muerte II,58
Sermon on the Dead; Jurgens, II, 58


[27] Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Carta a los Filipenses, 3, 4: PG 62, 203
El más allá en los padres de la Iglesia, Guillermo Pons, pág. 71

[28] Homilías sobre la Primera carta a los Corintios 41,8
Texto en inglés en http://www.ccel.org/print/schaff/npnf112/iv.xlii
http://www.newadvent.org/fathers/220141.htm

[29] Agustín de Hipona, Enarraciones sobre los Salmos, 37,3: BAC 235, 654
El más allá en los padres de la Iglesia, Guillermo Pons, pág. 71-72

[30] Agustín de Hipona, La Cuidad de Dios, XXI, 13: BAC 172,791-792
Ibid, pág. 72

[31] Agustín de Hipona, La cuidad de Dios, 21, 16: BAC 172, 798
Ibid, pág. 72-73


[32] Agustín de Hipona, De las ochos preguntas de Dulcicio, 2, 4: BAC 551, 389
Ibid, pág. 73

[33] Agustín de Hipona, La piedad con los difuntos, 1, 3: BAC 551, 439
Ibid, pág. 73-74

[34] Agustín de Hipona, Sermón 159, 1: BAC 443, 498
Ibid, pág. 74 

[35] Gregorio Magno, Diálogos, 4,39: PL 77,396
Ibid, pág. 74-75

13. Una amiga ataca mi fe, ¿me podría ayudar a defenderla?

Autor: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org   

Respuesta a una consulta sobre diversos ataques a nuestra fe: idolatría, la Biblia, la Virgen, el Papa, Pedro, el purgatorio.

Pregunta: Tengo una amiga que no es católica y ella quiere que yo le conteste muchas preguntas, algunas las se pero otras no, ella dice que la Iglesia Católica nos miente y me da sus textos bíblicos, ¿me podría ayudar a contestarle?.

1.- Dice que adorar y venera imágenes es lo mismo.
2.- Que los católicos llevamos una vida desordenada pecando y en 1Ped 1:16 dice que seamos Santo como el es Santo.
3.- Que le hemos agregado a la Biblia mas libros los libros Apócrifos, cuando dios en su palabra Apocalipsis 22:18 nos dice: "yo Testifico que todo aquel q oye la palabra de la profecía de este libro y si alguno le añadiera a estas cosas Dios traerá plagas".
4.- Que por que creemos en la Virgen, en que parte de la biblia sale adorar a la virgen (yo se que se Venera y es mi intercesora la madre de Dios) y de donde salen las 20 vírgenes mas.
5.- Dice que el Papa, nosotros decimos que es el sucesor de Pedro y que el sólo fue el apóstol, incluso que estaba casado, en la palabra dice que tenia Pedro tenia suegra.
6.- Creemos en el purgatorio, ella dice que no existe y que no tiene ningún respaldo bíblico, el tiempo para purificarnos esta aquí en la tierra y me da la cita Hebreos12:14, nadie sin santidad vera al Señor.

Ella dice que quiere que yo me Salve y deje de creer en Santos, Papas y Vírgenes.

Yo se que todo lo que ella me pregunta tiene una respuesta según mi fe católica, pero necesito darle respuestas muy bien dadas para que ella conozca mi verdad y mi Fe

Respuesta: Estimada Hermana en Cristo Jesús:

La respuesta a tu consulta va a ser muy larga, te lo voy indicando desde el inicio para que no te asustes, pero los temas que planteas son tantos que me es imposible responderlos en pocas palabras.

Comencemos:

comic catolico

Como puedes ver tu amiga protestante està aplicando esta estrategia, planteando varios temas a la vez, para confundirte, procura plantearle el atender un tema a la vez, y una vez terminado este inicia con el siguiente, así te será más fácil hacerle ver sus errores.

De antemano te aviso que es muy posible que a ella esta norma no le guste, e intentará en medio de un tema plantearte cosas que nada tienen que ver con él, no dejes que lo haga, toma el control del curso de la conversación.

1.- Adorar y venerar.

-VENERAR: Sentir y demostrar gran amor y respeto a una persona especialmente por su virtud, dignidad, méritos o santidad, como por ejemplo podríamos decir que una persona venera la memoria de sus antepasados, es decir, es guardar respeto a la persona por sus actos, lo cual son dignos de imitar. Incluso, la definición de venerar es más amplia, ya que hay personas que veneran a cualquier persona, imagen, santo, estatua, fetiche.

ADORAR: Rendir culto, obediencia, fidelidad, a la persona o cosa que se considera divina. Sólo se adora a Dios.

Nuestros hermanos separados, por ejemplo, tienen una gran veneración por sus pastores, lo que ellos les enseñan es tomado como verdad irrefutable, ¿los están adorando?, claro que no, tan sólo los tienen en mucha estima y respetan su saber.

El tema surge siempre en referencia a las imágenes que los católicos tenemos en nuestros templos y en nuestras casas, ¿es eso un pecado?, claro que no, Dios no prohibe las imágenes per se sino a los idolos, imagen e ídolo no son sinónimos. Veamos lo que nos dice la Biblia:

Los israelitas partieron del monte Hor por el camino del Mar Rojo, para bordear el territorio de Edóm. Pero en el camino, el pueblo perdió la paciencia y comenzó a hablar contra Dios y contra Moisés: "¿Por qué nos hicieron salir de Egipto para hacernos morir en el desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua, y ya estamos hartos de esta comida miserable!". Entonces el Señor envió contra el pueblo unas serpientes abrasadoras, que mordieron a la gente, y así murieron muchos israelitas.

El pueblo acudió a Moisés y le dijo: "Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti. Intercede delante del Señor, para que aleje de nosotros esas serpientes". Moisés intercedió por el pueblo, y el Señor le dijo:

"Fabrica una serpiente abrasadora y colócala sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedará curado". Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta. Y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba curado. (Números 21, 4-9)

¿Será acaso que Dios se contradice?, ¿no fue Dios mismo quien dijo: "Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud. No tendrás otros dioses delante de mí. No te harás ninguna escultura y ninguna imagen de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o debajo de la tierra, en las aguas. No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto; porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen; y tengo misericordia a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis mandamientos." (Èxodo 20, 2-6)?

Dios, quien es perfecto no puede cometer errores, luego, lo que nos está diciendo que la imagen, mientras sea usada adecuadamente Él no tiene nada en contra de ella, pero en cambio si la vemos como un dios, ahí si pecamos, por ello cuando a esa misma serpiente que Él ordenó hacer los judíos la estaban rindiendo adoración cual dios, ordenó su destrucción (2 Reyes 18, 4)

Los cristianos no católicos suelen ver en el simple acto de arrodillarse un acto de adoración, ¿será entonces que Josué adoró el Arca cuando se postró ante ella (Josué 7, 6)?, claro que no, el acto de adoración no está en la postura que tomes sino en la actitud del corazón, y eso tan sólo Dios conoce, ningún ser humano debe pensar que puede juzgar a otro (Santiago 4, 12)

Para complementar este tema te sugiero leer:
"La adoración a María", "Veneración de ángeles y santos muertos", "Veneración de las imágenes de la Virgen"

En la actualidad hay muchos ídolos a la que las personas pueden estar adorando: el sexo, el dinero, un personaje público... el mundo actual está lleno de ejemplos de este tipo.

2.- Los catolicos pecadores

¿Será entonces que los protestantes no pecan?, ¿y los robos, violaciones, infidelidades en que han sido descubiertos decenas de pastores?: No, no se trata de ver quien es más pecador, y sí, la Iglesia Católica sabe que todos somos pecadores (Romanos 3, 10), y aunque tu amiga se asuste eso es bueno, porque Jesús no vino por los justos sino por los pecadores, si me reconozco pecador se que Jesús me puede cambiar y que viene por mi (Lucas 5, 32). 

¿Los no católicos no necesitan salvación?

Lee el artículo "Jesús, el pecado y los pecadores" "No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores"

3.- La Biblia

Tu amiga ¿conoce la historia de la Biblia?, ¿sabrá ella que la Biblia a la tanto ama y defiende es fruto de la Iglesia Católica?, a la Biblia Católica no le sobran libros, al contrario fueron los protestantes los que decidieron sacar libros, la Biblia Católica viene leyéndose desde el año 382, la biblia protestante con 7 libros menos surgió mucho después de la "reforma", apenas en 1835, 

Tu amiga lee los 4 Evangelios, las cartas de Pablo, Juan, Santiago, Pedro y Judas, Hechos de los Apóstoles y el Apocalípsis porque la Iglesia Católica decidió que esos sí eran libros de inspiración divina, mientras que otros libros fueron rechazados. Pues en ese mismo concilio se ratificó el uso del Canon de Alejandría con 46 libros.

¿Porque aceptan los 27 libros que la Iglesia Católica determinó como libros del Nuevo Testamento y rechazan parte de los libros que la misma Iglesia determinó como libros del Antiguo Testamento?

La cita del Apocalipsis dice: Yo advierto a todo el que escuche las palabras proféticas de este libro: "Si alguno añade algo sobre esto, Dios echará sobre él las plagas que se describen en este libro.

Y si alguno quita algo a las palabras de este libro profético, Dios le quitará su parte en el árbol de la Vida y en la Ciudad Santa, que se describen en este libro" (Ap. 22, 18-19) ellos, los protestantes, quitaron, pero que tu amiga no se asuste, el texto del Apocalipsis se refiere tan sólo al libro del Apocalipsis, no a la Biblia, San Juan cuando escribió el libro a inicios del siglo II no sabía que en el siglo IV iba a ser parte de una copilación que se llamaría Biblia por lo que su advertencia no se refiere a toda la Biblia sino únicamente a ese libro... eso ocurre cuando se lee unos versículos fuera de contexto, se llega a un error, algo en que lastimosamente los protestantes caen muy seguido.

Lea: "Le faltan o le sobran libros a la Biblia" "Biblias católicas y protestantes"

4.- La Virgen

"Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?" (Lucas 1, 41-43), y en la respuesta de la Virgen (el Magnificat) ella dice: "porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahoratodas las generaciones me llamarán bienaventurada" (Lucas 1, 48)

¿Será que los cristianos no católicos, que dicen cumplir todo lo que el Señor dice en la Biblia, son de algún otro planeta y no de una de las generaciones del nuestro?, ya que ellos no la llaman bienaventurada, tampoco la reconocen como la madre del Señor (Señor, palabra que en la Biblia se usa tan sólo para Dios) ni la consideran bendita... ¿ser cristiano y no amar a la Madre de Cristo?

Lea: "La Virgen María, ¿prohibe la Biblia el venerarla?", "María, ¿quien eres?" "La virginidad de María a la luz de la verdad Bíblica"

Sobre las 20 virgenes más... no se porque se enrredan con esto, Virgen María hay una sola, porque Jesús no puede ser hijo de 20 mujeres distintas (en realidad advocaciones marianas son muchas mas de 20), cada advocación es un título más con el que se conoce a la misma mujer: la Virgen María; el presidente de mi país (Ecuador), es economista, scouter (jefe de los boy scout), profesor universitario, padre de tres niños, esposo, hijo, amigo... y cada quien, dependiendo de la relación que tenga con él lo llamará de una u otra manera.

Veamos algunas advocaciones marianas: Virgen de Lourdes (llamada así por el lugar en que santa Bernarda Soubirus la vió), Virgen de Fátima (llamada así por el lugar en que la vieron los 3 pastorcitos), Virgen Guadalupe (fue el nombre onomatopéyico que los españoles entendieron del nonmbre nahuatl con el que la Virgen se identificó ante San Juan Diego Cuauhtlatoatzin), Virgen del Rosario (ella le enseñó a Santo Domingo de Guzmán a rezar el rosario), Nuestra Señora de la Divina Providencia (Dios es quien nos provee de todo, y gracias al sí de María, esa providencia nos llega a todos, abriendo la puerta de nuestra salvación)... y así podría seguir por horas, cada advocación se refiere a diferentes facetas de la misma mujer, aquella que gracias a "ser la esclava del Señor" hizo posible que tuvieramos abiertas las puertas del cielo.

Lea: "Las apariciones de la Virgen, la Virgen de Guadalupe y preguntas acerca de la Virgen"

5.- San Pedro

Que Pedro tenía suegra no es nada oculto, los católicos lo sabemos, muchos Papas también las tuvieron... el celibato sacerdotal (y el Papa es un sacerdote) se puso como norma en el Concilio de Elvira a iniciios del siglo IV y como norma obligatoria en el siglo XVI.

¿Por qué el celibato?, por el deseo de que los sacerdotes se identifiquen más plenamente con Cristo, ya que él fue célibe.

Lea: "El primado de Pedro", "El Apóstol Pedro" "Pedro y Pablo en Roma" "¿Qué significa la palabra Papa?"

6.- El purgatorio, la salvación, el juicio final

El que nadie que no sea santo no verá al Señor (Heb. 12, 14) es una gran verdad, sólo los santos pueden estar ante Dios, y definitivamente es aquí en la Tierra donde podemos lograr esa santidad, porque una vez muertos no podremos hacer nada para corregir aquello que hicimos en vida. En otras palabras, tu amiga no está equivocada en esto... pero sí en el camino que quire hacerte transitar para "tu salvación".

El Señor dijo "En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí" (Juan 6, 53-57)

¿Creen en esto los protestantes?, sabemos que no, a pesar de que el Señor dice "en verdad, en verdad os digo" ellos dicen que tan sólo es una metáfora, los católicos estamos seguros de que el Señor vive en nosotros proque tenemos la Eucaristía, pan que el mismo Señor nos dice "esta es mi cuerpo" (Marcos 14,22; Mt. 26. 26-29 Lc. 22. 17-20 1Cor. 11. 23-25) 

Eso sí, los católicos confiamos que el Señor juzgará a cada uno según el corazón de cada uno, y confiamos en que incluso aquellos que sin culpa suya no aceptan a Cristo y su Iglesia tienen posibilidad de salvación.

Sobre el Purgatorio, decir que no tiene sustento bíblico es una falacia, lo siento si eso molesta a tu amiga, pero no hay otra forma de decirlo.

Lo primero que hay que mencionar, es que hay pasajes bíblicos que hablan muy claramente sobre la realidad del purgatorio. Uno de ellos, y tal vez el principal, es cuando el Apóstol San Pablo nos habla sobre el día del juicio y sobre qué pasará con aquellas personas que tuvieron fe y sirvieron a Dios, pero que su obra no fue tan buena, él lo explica así:

"Un día se verá el trabajo de cada uno. Se hará público en el día del juicio, cuando todo sea probado por el fuego. El fuego, pues, probará la obra de cada uno. Si lo que has construido resiste el fuego, será premiado. Pero si la obra se convierte en cenizas, el obrero tendrá que pagar. Se salvará pero no sin pasar por el fuego". 1Cor 3,13-15

Notemos dos aspectos fundamentales de lo que San Pablo quiere enseñar acerca de un creyente en Dios: en primer lugar afirma que si la obra resiste al ser examinada la persona se salvará, en este caso se está refiriendo a un cristiano que va directamente a salvarse, sin necesidad de pasar por una purificación.

Pero, inmediatamente agrega que hay otra situación donde la obra de la persona no resistió el juicio y no dice que se va a condenar, sino que ese cristiano tendrá que pagar o ser castigado y se salvará, pero como quien pasa por el fuego. Esto es precisamente el purgatorio, una purificación que algunos necesitarán para poder disfrutar plenamente de la amistad eterna con Dios.

No es un invento de la Iglesia como lo dicen algunos, sino la clara enseñanza de la Biblia por medio del Apóstol San Pablo que usa la figura de "salir, pagar, castigar o escapar a través del fuego" para enseñar acerca de la purificación. Así está escrito en todas la Biblias del mundo, en palabras muy similares. A esta realidad que la Sagrada Escritura nos muestra le llamamos purgatorio=purificación.

Que esta palabra no venga en la Biblia no nos interesa, pues tampoco viene la palabra "Trinidad" ni "Encarnación" y el protestante las acepta. Lo que importa no es la palabra, sino la realidad de lo que significa, y en ese aspecto el Purgatorio está muy claro en la Sagrada Escritura.

Al seguir estudiando la Biblia sobre este tema, encontraremos que la existencia del purgatorio es una consecuencia lógica de la Santidad de Dios, pues si Él es el tres veces santo(Is 6,3) o sea la plenitud de la santidad y perfección, entonces quienes estén junto a Él también deben de serlo (Mateo 5,48), por eso, quien es fiel a Dios, pero no se encuentra en un estado de gracia plena a la hora de morir, no puede disfrutar del cielo porque la misma Biblia dice que en la ciudad celestial:

"No entrará nada manchado (impuro)" Ap 21,27 (La misma idea que expreso tu amiga con el texto de Hebreos)

Entonces, si un cristiano no puede entrar al cielo por tener alguna mancha o impureza, ni tampoco sufrir el castigo eterno, es claro que tendrá que ´pagar´ en esta vida o en la otra. Esto está escrito en la Biblia:

"Al que calumnie al Hijo del Hombre se le perdonará; pero el que calumnie al Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro" Mateo 12,32 y también cuando nos dice: Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo (Mateo 5, 26)..

Aquí Nuestro Señor Jesucristo habla de que hay pecados que no son perdonados en la otra vida; por lo tanto, hay otros que sí, ese es el sentido de la purificación o sufrimiento en el purgatorio.

Lea: "¿El purgatorio es bíblico o invento de la Iglesia?" "El Juicio Final"

¿Como nos purificamos aquí en la Tierra?, la respuesta nos la da, como siempre Nuestro Señor, él ordenó a sus apóstoles: "A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos" (Juan 20, 23) no existe otro camino, en ningún lado dice que clamando al cielo se nos perdonarán, es a los Apóstoles, y luego por el poder de ellos a los sacerdotes, que nosotros logramos preparar nuestra alma para poder presentarnos ante el Señor.

Para finalizar, no puedo dudar de las buenas intenciones de tu amiga, pero no la sigas por el camino que que te quiere llevar, ella es libre de ir por él, ya que Dios le dio albedrío y no se lo podemos quitar, pero a tí también te lo dio y además te a dado la bendición de estar en la Iglesia fundada por Él, ¿cúal camino será el mejor para llegar al cielo?.

Te sugiero leer los artículos del curso de Aprende a Defender tu Fe, que encontrarás aquí:

http://www.es.catholic.net/catequistasyevangelizadores/640/3227/

Dios te bendiga.

12. El cristianismo antes de Nicea: Persecuciones y Herejía

Autor: Christian | Fuente: apologia21.com   

Hay quienes aseguran que Constantino contaminó el cristianismo, afirmar esto es desconocer las virtudes de los cristianos de aquellos tiempos, todos fieles a una doctrina: la católica.

Primeros Martines en Roma

Quienes dicen que la Iglesia Católica fue paganizada por Constantino argumentan que en ese concilio los obispos cristianos aceptaron los cambios doctrinales propuestos por Constantino hasta el punto de que el resultado fue una religión pagana con solo ropajes externos cristianos.

Antes de ver qué pasó realmente en Nicea tenemos que comprender cómo era la Iglesia que asistió a ese concilio, solo así podremos entender sus reacciones y diferenciar lo probable de lo difícil y de lo imposible.

Esta Iglesia que acude a Nicea era la Iglesia de las catacumbas, la que tan solo 12 años antes estaba tiñendo de sangre la arena de los circos.

Muchos de los propios obispos asistentes (los llamados confesores) mostraban en su cuerpo las marcas de la tortura, pero ahora acudían a un concilio con libertad.

Es probable que el emperador quisiera aprovechar el concilio para ejercer su influencia pero ¿se dejó la Iglesia cristiana influir? ¿es creíble que aceptasen cambios doctrinales en su fe? Para los obispos y para el pueblo cristiano en general el Concilio de Nicea fue un éxito, de haberse producido cambios doctrinales estos cambios habrían sido aceptados no solo por los obispos asistentes sino por todos los no asistentes y por la comunidad de fieles entera.

Habrá que ver si eso fue posible, pero veamos primero cómo se habían forjado estos cristianos de principios del siglo IV.

LAS PERSECUCIONES

Desde el principio de la Iglesia hasta el edicto de Milán firmado por Constantino en el 313, los cristianos vivieron en un continuo ambiente de persecución. Las persecuciones se alternaban con épocas de paz, pero sabían que en cualquier momento podían volver los ataques, así que la Iglesia se desarrolló principalmente en la clandestinidad y conviviendo siempre con el peligro o la amenaza.

Al principio fueron perseguidos por los judíos y luego serían las autoridades romanas las que irían contra ellos.

El primero en sufrir persecución fue el propio Jesús, que además anunció las futuras persecuciones. Los cristianos, pues, estaban ya psicológicamente preparados para lo que les esperaba y eso influyó en su reacción general: en lugar de derrumbarse y apostatar o huir, consideraron las dificultades como una bendición del cielo y el martirio como una puerta de acceso al Paraíso garantizada*.

[*Hoy en día, a causa de los mártires islamistas, se considera esta idea peligrosa, pero no está de más aclarar a quienes eso dicen que el cristianismo no premia con el cielo a quienes mueren matando infieles, sino a quienes prefieren dejarse matar en lugar de contraatacar o renegar de Jesús. El martirio cristiano es el pacifismo supremo.]

Veamos algunos de los textos en los que Jesús anuncia las persecuciones e indica cuál debe ser la reacción del cristiano ante ellas (incluidas las persecuciones de nuestra época y las que están por venir):

Bienaventurados vosotros cuando seáis insultados y perseguidos, y cuando se os calumnie en toda forma a causa de mí. Alegraos y regocijaos entonces, porque os espera una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que os precedieron. (Mateo 5:11-12)

Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis testimonio. Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios.

Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. (Lucas 21:12-19)

Lo que yo os mando es que os améis los unos a los otros. Si el mundo os odia, sabed que antes me ha odiado a mí. Si fueseis del mundo, el mundo os amaría como cosa suya. Pero como no sois del mundo, sino que yo os elegí y os saqué de él, él mundo os odia. (Juan 15:17-19)

Además de estos anuncios, ya en plena época de persecuciones (finales del siglo primero) San Juan escribió el Apocalipsis. En este libro, mediante imágenes simbólicas, se describe la lucha entre las fuerzas del mal, que ostentan el poder, y la Iglesia de Dios.

El libro es una llamada a la perseverancia y a la esperanza en medio de la persecución: si los santos se mantienen firmes en su fe, su recompensa será eterna; aunque las fuerzas del mal parezcan estar venciendo, la victoria final será de Cristo y de su Iglesia, como así fue. Para los cristianos de esa época, el Apocalipsis les recordaba que, tal como había prometido Jesús, esas persecuciones serían para ellos ocasión de gloria y salvación.

[los reyes] lucharán contra el Cordero, pero el Cordero los vencerá, porque es Señor de los señores y Rey de los reyes. Con él triunfarán también los suyos, los que han sido llamados, los elegidos, los fieles. (Apocalipsis 17:14)

Pero eso no quiere decir que las cosas les resultasen fáciles o agradables. Desde la muerte de Jesús hasta Constantino, además de las persecuciones judías, tenemos 10 oleadas imperiales contra los cristianos, empezando por la crueldad de Nerón y terminando por la más sangrienta de todas, la de Diocleciano (del 303 al 312), que terminó solo unos años antes del Concilio de Nicea.

EL IMPERIO CONTRA CRISTO

La famosa tolerancia religiosa romana era solo una fachada. Roma toleraba todo tipo de cultos pero a condición de que sus fieles participaran también en el culto romano y, sobre todo, en el culto al emperador. Judíos y cristianos se negaban a ello y no reconocían a más dios que Dios.

Los judíos eran una religión tradicional tolerada por Roma y por tanto estaban exentos de esa obligación, pero cuando el cristianismo se separó del judaísmo, quedó despojado de la protección que antes tenían como secta judía, y pasaron de ser perseguidos por los judíos a una situación mucho peor, ser perseguidos por los romanos.

Eran mal comprendidos, frecuentemente calumniados, tachados de ateos y acusados de toda clase de inmoralidades surgidas a partir de malinterpretaciones de su doctrina: incesto (porque se consideraban hermanos), canibalismo (porque comían el cuerpo de Cristo y bebían su sangre), superstición, traición, etc.

El rechazo social les convertía en fácil presa de abusos y desprecios de todo tipo, y el muy legalista sistema romano pronto encontró maneras de poder atacar a los cristianos e incluso asesinarlos con la ley en la mano; en nombre de la Justicia Romana.

Jesús había insistido en que si se mantenían firmes en su fe hallarían la salvación, y eso es lo que la mayoría hizo, aunque lógicamente también hubo muchos que sin contar con el valor suficiente cedieron y sacrificaron a los ídolos o que huyeron fuera del imperio. En algunas épocas les hubiera bastado con renegar de Jesús y quemar incienso en un altar pagano; a veces era incluso suficiente con que echasen un puñado de incienso sobre el fuego del altar del emperador, solo eso y les dejaban marcharse libres.

Pero la mayoría de los cristianos consideraba que eso era pedirles mucho más de lo que podían hacer. Eran amenazados, apaleados, torturados y asesinados por millares, a menudo en circunstancias atroces.

Nerón los ató a estacas untándolos de sebo y los prendía como antorchas humanas parailuminar sus depravadas fiestas; para disgusto de sus invitados, que se quejaban del desagradable olor a cuerpo quemado. Algunos eran utilizados como actores en el teatro para que las escenas de muertes resultasen más auténticas, con sangre real. Cientos de ellos, incluidos sus hijos, eran arrojados a las fieras del circo para diversión de la gente. Muchos salvaron la vida pero perdieron todas sus posesiones o recibieron mutilaciones y torturas. Siempre vivían con el miedo a la delación y a un futuro incierto, a menudo reuniéndose en secreto, llenándose mutuamente de valor para cuando llegara el nuevo golpe.

Fueron también utilizados como chivos expiatorios y culpados de todos los males de la sociedad, desde Nerón, que les acusó del incendio de Roma, hasta los terremotos del siglo II, que los paganos achacaron al enfado de los dioses porque los cristianos los habían abandonado y la gente se echó a las calles gritando “¡los cristianos a los leones!”. Ese grito lo podemos ver también hoy en día en más de una pintada o página web, pero por entonces no era un insulto, era una amenaza real.

Finalmente, su integridad, su amor, su pacifismo y su increíble valor ante la muerte calaron en las gentes y buena parte del pueblo empezó a verlos con admiración y simpatía. Muchos se unieron a ellos conquistados por su ejemplo, y muchísimos más lo hicieron, ya sin miedo, en cuanto las persecuciones finalizaron. Fue ciertamente una etapa heroica donde la sangre de los mártires realmente fue semilla de nuevas conversiones. En lugar de ceder y retirarse, las comunidades cristianas crecieron y se extendieron mucho más… Pero a nivel personal la situación era tremendamente angustiosa.

La última etapa, la de las persecuciones de Diocleciano, parecía que no iba a terminar hasta que el último cristiano hubiera vertido su sangre, y ese era en verdad el objetivo final. Fue llamada “la Gran Persecución”, la más sangrienta y sistemática. Ciudades enteras de mayoría cristiana fueron arrasadas, algunas fueron sitiadas y luego incendiadas con todos sus habitantes dentro. En África, grupos enteros eran apresados, arrojados a zanjas y cubiertos con cal viva. No sólo querían asesinarlos, querían además disuadir a otros de seguirlos, así que a menudo sus muertes eran ejemplares.

¿CUÁNTOS MÁRTIRES HUBO?

Sobre el número de mártires es imposible dar cifras. Pensemos que no podemos saber cuánta gente murió en la sangrienta represión que siguió a la Revolución Francesa, así que no es de extrañar que tampoco de los siglos primeros tengamos datos claros. Los romanos no se preocuparon de contarnos cuántos muertos hubo, solo de los procedimientos legales y las medidas tomadas.

Diocleciano en el siglo III ordenó destruir todos los documentos cristianos, especialmente los relacionados con losmartirios pues se dio cuenta de que servían de inspiración a los cristianos, y así destruyó todos los documentos oficiales y la mayoría de los que se conservaban en manos cristianas. Por eso los testimonios que conservamos sobre a cuánta gente afectaron esas medidas nos vienen mayoritariamente de fuentes cristianas, y estas fuentes nos hablan de millares o de multitudes.

También nos narran acontecimientos puntuales en esta o aquella ciudad y en muchos de ellos también se cuentan por centenares o miles los asesinados en uno o varios días. Tanto el historiador pagano Tácito como el papa Clemente (finales siglo I) nos hablan de “una gran muchedumbre” de asesinados solo durante la persecución de Nerón, pero las peores persecuciones fueron las del siglo III y IV.

Con el paso de los siglos la memoria de los mártires creció y en la florida imaginación medieval acabó hablándose de millones de muertos (más muertos que cristianos había). Como reacción contraria tenemos hoy en día a muchos historiadores que en nombre de la “objetividad” rechazan las fuentes cristianas originales, ignorando así en buena medida la principal fuente de información sobre las cantidades de mártires. De esta manera suelen hablar ahora de 3.500 mártires durante la persecución de Diocleciano y tal vez menos de 3000 en todas las persecuciones anteriores.

Hablar de unos 6000 mártires heroicos ya es un número considerable y digno de admiración, pero la cuestión es que bajar las cifras de martirio a solo esa cantidad supone una grave manipulación histórica mucho más movida por el ateísmo de unos (y por el deseo de otros de parecer “también” objetivos) que por las evidencias históricas. Es como si a la hora de calcular los judíos muertos en el holocausto nazi rechazáramos las fuentes judías y las de los países aliados (por ser interesadas) y aceptamos solo las fuentes nazis; en tal caso hablaríamos no de 6 millones de muertos, sino de solo unos millares o incluso de la posibilidad “muy real” de que el holocausto ni siquiera tuvo lugar, sino que fue un montaje propagandístico.

Eso es verdaderamente lo que algunos círculos actuales opinan del holocausto, y esa misma lógica aplican hoy muchos historiadores a las persecuciones romanas, convirtiéndolas en una serie de conflictos anecdóticos y puntuales.

La crónica de los mártires Santiago y Mariano, en tiempo de Valeriano, afirma que en la primavera del 250 las ejecuciones duraron en Cirta varios días. Y como al último día aún quedaran muchos fieles por ejecutar, fueron arrodillados a la orilla de un río, por donde habría de correr la sangre, y el verdugo fue recorriendo la fila y cortando cabezas (Passio 12). También las cartas de San Cipriano atestiguan y describen los innumerables martirios producidos en el norte de África con Decio, Galo y Valeriano. Describe la situación de los cristianos “despojados de su patrimonio, cargados de cadenas, arrojados en prisión, muertos por la espada, por el fuego y por las bestias” (Ad Demetrianum 12).

Y en Roma, dice también, en el 258 los prefectos están ocupados “todos los días en condenar a fieles y en confiscar sus bienes” (Epist.80). Los mártires, afirma, se contaron por millares, y excede la posibilidad humana dar cuenta de su número inmenso. En el 303, en Nicomedia, se decapita o se quema a una “compacta muchedumbre“. A “otra muchedumbre” se le arroja al mar. “¿Quién podrá decir cuántos fueron entonces los mártires en todas las provincias, pero especialmente en Mauritania, en la Tebaida y en Egipto?”. En Egipto, concretamente, la persecución mató a “diez mil hombres”, sin contar mujeres y niños.

En la Tebaida él mismo presenció ejecuciones en masa: de veinte, treinta, “hasta ciento en un solo día, hombres, mujeres, niños… Yo mismo vi perecer a muchísimos en un día, los unos por hierro y los otros por fuego. Las espadas se embotaban, no cortaban, se quebraban, y los verdugos, cediendo a la fatiga, tenían que reemplazarse unos a otros” (Hist. eccl. VIII, 4-13).

Puede que estas cifras estén un poco infladas o puede que no, pero si un historiador quiere acercarse a la verdad ¿debería rechazar este tipo de testimonios para hacer caso solo de lo que dicen los verdugos o de sus propias suposiciones? ¿es su propio parecer más fiable que el de los testigos cristianos de la época? No parece una manera muy científica y objetiva de funcionar.

Aunque el número total de muertos en esta persecución sea imposible de determinar, podemos hablar como muy poco de 20.000 mártires, puede que muchos más, pero incluso esta cifra mínima es en realidad mucho mayor de lo que parece si tenemos en cuenta que el total de cristianos del imperio romano por entonces se calcula en unos 500.000, lo que equivale al asesinato del 5% de los cristianos, un terrible genocidio se mire por donde se mire.

Al menos uno de cada 20 murió asesinado, muchos más fueron torturados o azotados, aunque sobrevivieron (los confesores*), y todos sufrieron en mayor o menor grado la discriminación social y legal y una vida dura llena de trabas y problemas por su fe, a causa de Jesús.

[*Los cristianos que fueron torturados o mutilados pero sobrevivieron son llamados “confesores” porque tuvieron al valor de confesar (proclamar) su fe públicamente sin miedo a las consecuencias. Entre los obispos asistentes a Nicea había también un nutrido grupo de confesores.]

Judíos y paganos nos persiguen en todas partes, nos despojan de nuestros bienes y sólo nos dejan la vida cuando no pueden quitárnosla. Nos cortan la cabeza, nos fijan en cruces, nos exponen a las bestias, nos atormentan con cadenas, con fuego, con atrocísimos suplicios. Pero cuanto mayores males nos hacen padecer, tanto más aumenta el número de los fieles. (Tertuliano, Dialogo Tryphon. 110, siglo II).

EL EDICTO DE MILÁN

Y de repente, Constantino sube al trono imperial y meses después emite un edicto junto con Licinio, el famoso Edicto de Milán, en el que declara el cristianismo legal (que no oficial y menos aún obligatorio) en todo el Imperio y su culto tan libre como el de cualquier otra religión. Las persecuciones por fin habían llegado a su fin. Era el año 313.

“Habiendo advertido hace ya mucho tiempo que no debe ser cohibida la libertad dereligión, sino que ha de permitirse al arbitrio y libertad de cada cual el ejercicio de las cosas divinas conforme al parecer de su alma, hemos sancionado que, tanto todos los demás cuanto los cristianos, conserven la fe y observancia de su secta y religión [...] que a los cristianos y a todos los demás se conceda libre facultad de seguir la religión que a bien tengan; a fin de que quienquiera que fuere el numen divino y celestial pueda ser propicio a nosotros y a todos los que viven bajo nuestro imperio.

Así, pues, hemos promulgado con saludable y rectísimo criterio esta nuestra voluntad, para que a ninguno se niegue en absoluto la licencia de seguir o elegir la observancia y religión cristiana. Antes bien sea lícito a cada uno dedicar su alma a aquella religión que estimare convenirle.[…] Las propiedades habrán de ser devueltas a los cristianos sin exigir pago o recompensa de ningún tipo, y sin admitir ningún tipo de fraude o engaño” (Edicto de Milán, 313)

Tan solo doce años más tarde, los obispos de todo el imperio son convocados a un concilio ecuménico que tendrá lugar en Nicea, en el año 325. Muchos de los asistentes aún mostraban en su cuerpo las secuelas de las torturas (los confesores). Otros muchos ya no estaban allí para asistir pero eran venerados como mártires en toda la cristiandad, y fue su sangre inocente la que triunfó sobre la barbarie.

LAS HEREJÍAS

Pero junto a este peligro externo -las persecuciones- la Iglesia se hallaba también amenazada por otro peligro interno: las herejías. Ya los mismos evangelios y epístolas de los apóstoles advierten a los cristianos de esos lobos que llegarán con piel de cordero y engañarán con sus falsas doctrinas. En diferentes momentos aparecieron grupos que defendían una visión del cristianismo diferente a la ortodoxa.

En algunos casos esas desviaciones eran sustanciales, como las diferentes corrientes gnósticas que surgieron a lo largo del siglo II y que solían negar la humanidad de Jesús, o la divinidad de Jesús, o que hablaban de un Dios bueno (el Padre) y un Dios malo (el Yahvé del A.T.).

Estas herejías fueron ruidosamente rechazadas por los cristianos ortodoxos, pero igualmente fueron rechazadas con fuerza otras herejías mucho más sutiles o aparentemente inofensivas como los judaizantes (que decían que los cristianos debían seguir la Torah judía), los que decían que las tres personas de Dios eran solo manifestaciones diferentes, no realidades distintas, los que decían que en Jesús había dos voluntades separadas (la humana y la divina) o que la divina anulaba la humana, quienes decían que la Iglesia estaba formada solo por santos y por tanto los pecadores quedaban fuera, etc.

Los cristianos del siglo XXI, especialmente los que viven en Occidente, están acostumbrados a vivir en sociedades plurales y convivir con todo tipo de ideas y creencias. La diversidad se considera fuente de riqueza y, al menos oficialmente, algo muy deseable. Nuestras sociedades suelen promover la tolerancia a todos los niveles como manera de facilitar la convivencia.

Pero el necesario respeto al diferente se ha acabado confundiendo con la respetabilidad de cualquier creencia; como todas las personas tienen el mismo valor se ha deducido que todas las ideas son igual de valiosas y de ahí se ha llegado a pensar que todas las ideas son igual de válidas. En este contexto el que un cristiano afirme que su fe es la verdad absoluta se considera el colmo de la arrogancia, pues tal como pensaba Pilatos, hoy no se cree en que exista una verdad absoluta (excepto la referida al mundo físico) y por tanto las verdades religiosas se toleran siempre que sean relativizadas y vistas como “mi verdad”, y no como “la verdad”*.

[*Es fácil ver cómo la actitud de la sociedad moderna coincide con la de Roma en las persecuciones: tolero cualquier creencia siempre que acepten el supremo culto imperial; se permite cualquier creencia siempre que se acepte el principio supremo de que todas son igual de válidas (pues la Verdad no existe). Si no comulgas con esta doctrina relativista no eres enviado a las fieras, pero sufres el rechazo social y, en ciertos contextos, también el castigo legal.

Así por ejemplo en algunos países negarse a practicar un aborto o criticar el matrimonio homosexual puede resultar en multas, pérdidas de empleo o incluso cárcel; esto ocurre porque no se admite en estos casos una objeción de conciencia basada en tu religión, puesto que los valores de la sociedad están por encima de tus creencias particulares, que son de facto consideradas falsas por un poder básicamente ateo.]

Esto no afecta solo a las distintas religiones (ateísmo incluido), sino también a las diferentes corrientes dentro de cada religión. Un buen cristiano (según el relativismo modernista actual) debe ser tolerante no solo con los no cristianos sino también con cualquier cristiano que interprete las verdades de fe de forma diferente.

En cualquier grupo de católicos (o protestantes, u ortodoxos, etc.) los asistentes suelen exponer sus diferentes opiniones con total libertad y a menudo convencidos de que tienen el mismo derecho a pensar así que los demás, y si alguien intentara reprenderlo por su desviación de la ortodoxia probablemente la mayoría lo considerarían un intransigente y un soberbio por intentar imponer “sus verdades” a los demás.

Pero esta manera de pensar no tiene nada que ver con el cristianismo, que pide amor para el pecador pero rechazo total del pecado, respeto para el hereje pero rechazo total de la herejía. La estructura piramidal de la organización eclesiástica es la mejor garantía para mantener la pureza de la fe y evitar que las nuevas ideas erróneas que surgen se propaguen como si fueran igual de válidas que las tradicionales. No hace mucho participaba en una reunión católica donde un asistente intentaba explicar a los demás que puesto que Dios es amor lo importante era vivir con amor y que en el fondo daba igual creer en Dios o no, y menos aún creer en Jesús o no.

El resto de asistentes escuchaba sus razonamientos con atención, y aunque no lo compartían sí estuvieron dispuestos a hacer en sus postulados nuevos matices y, sobre todo, nadie se escandalizó por semejante planteamiento, simplemente no estaban de acuerdo pero respetaban esas ideas y aceptaban su lógica interna, y a nadie se le ocurrió reprenderlo ni mucho menos expulsarlo del grupo. Es la reacción esperable en gente educada en el modernismo actual: vive y deja vivir (algo que en mayor o menor grado todos hoy compartimos), lo cual implica tolerancia pero también desentenderte de la suerte de los demás.

Desde esta perspectiva moderna es imposible entender la mentalidad de la Iglesia primitiva ante las herejías. Los cristianos de entonces consideraban su nueva fe como un tesoro, pagada con precio de sangre: la sangre de Jesús, que nos la había traído, y la sangre de los mártires, que la habían defendido con su vida. Cambiar la doctrina no era visto como “una forma diferente de ser cristiano” o una pluralidad que enriquece la Iglesia (expresiones que hoy sí se pueden escuchar). No, cambiar la doctrina era atentar contra la misma esencia de la verdad y traicionar a Jesús y a los mártires.

Debemos tener claro que para los cristianos primitivos las creencias cristianas no eran un conjunto de opiniones o una manera de ver el mundo, era nada más y nada menos que la descripción de la realidad, la Verdad, y esa verdad era la que nos podía salvar, la que nos llevaba a Dios. Por tanto deformar esa verdad, aunque fuera un poco, aunque fuera solo con matices, suponía (en caso de extenderse) una manera de dificultar o incluso impedir la salvación; era como poner minas en el camino que conduce a Dios o incluso intentar desviarlo o cortarlo, de manera que el hombre no pudiera ya salvarse. Contra este peligro, la tolerancia cristiana era cero.

LA METÁFORA DEL BARCO

Esta visión de la doctrina la entenderemos mejor nosotros, hijos del materialismo moderno, comparándola con nuestra visión del mundo físico. Imaginemos que vivimos en una enorme isla que se está poco a poco hundiendo. Dentro de unos años estará todo bajo el agua así que la única manera de salvarnos es construyendo barcos que nos permitan navegar hasta el continente, allí nos acogerán las hospitalarias ciudades que fundaron nuestros antepasados emigrantes. Entonces se crean unos astilleros para construir esos barcos con capacidad para toda la población. Las instrucciones de cómo construir barcos nos las dejaron escritas esos primeros emigrantes y desde entonces, todos los que han emigrado al continente han construido sus barcos siguiendo esas instrucciones.

Sabemos que esos barcos funcionaron bien porque nuestros paisanos llegaron sanos y salvos a la costa y nos escribieron para contarlo. Pero mientras estamos construyendo los barcos de salvamento llega un ingeniero nuevo y dice que estudiando la forma de nadar de los pingüinos ha llegado a la conclusión de que la forma de los barcos es equivocada, que el casco debe ser redondo y mucho menos profundo. Pero ¿y los planos que tenemos? ¡Seguro que esos barcos redondos no funcionan, estaríamos mandando a la gente a la deriva, a una muerte segura!

Si pensamos en la situación que se generaría en los astilleros comprenderemos la importancia vital que para los primeros cristianos tenían los temas doctrinales. La doctrina era como el plano para construir el barco que nos llevaría a la salvación, cualquier modificación en el diseño podría resultar fatal. No se trataba de aceptar cambios aquí y allá para no discutir, o para no tener problemas, un barco defectuoso podría no llegar nunca o hundirse por el camino.

Para muchos de los cristianos actuales la fe es casi un mero conjunto de opiniones, de “creencias” (en el actual sentido devaluado de la palabra), y no un conjunto de convicciones sobre cómo funciona el plano espiritual, cómo se consigue la salvación eterna. Para los cristianos de entonces las reglas para la salvación (doctrina) eran tan sólidas y exactas como lo son las leyes de la física: Si lanzas una piedra al aire antes o después cae por la fuerza de la gravedad, y eso no es cuestión de opiniones, es lo que es; lo mismo ocurre con las leyes espirituales, no es cuestión de opinar si a mí me parece que esto debería ser así o asá, si mi idea de Dios no es compatible con esto o lo otro: es lo que es.

Nadie se atrevería a decir, “como yo creo en que la naturaleza es buena, rechazo totalmente esa absurda idea tuya de que los leones devoran gacelas, ¡y vivas! ¡Cómo puedes ser tan cruel! Tus estúpidas creencias revelan la dureza de tu corazón, yo jamás podría creer algo así”. Tampoco nadie diría, “¡cómo puedes pensar que si un niño en su inocencia salta por una ventana de un séptimo piso se va a matar! Estoy dispuesto a admitir que si un adulto, sabiendo lo que hace, se tira por la ventana pueda sufrir quizá ciertos daños, ¡pero un niño inocente! Dios no puede ser tan cruel, no puede haber creado un universo que mate a los inocentes”.

Bien, si nosotros comprendemos perfectamente que el mundo físico tiene unas leyes y que esas leyes se cumplen sí o sí, del mismo modo aquellos cristianos sabían que el mundo del espíritu tenía unas leyes y se cumplían sí o sí, y desconocer esas leyes era tan peligroso como si alguien pretendiese vivir ignorando totalmente la ley de la gravedad. Una herejía, por poco que cambiase, suponía poner en riesgo la salvación eterna de muchas almas, ante eso no podía haber negociación ni compromiso, solo el más firme rechazo (por desgracia siglos más tarde ese rechazo se transformó en persecución y muertes, pero en esta época todavía estamos lejos de eso).

En este marco de pensamiento hay que ver la manera que tenían entonces de entender la herejía. El asunto por tanto era de una extrema gravedad y comprensiblemente levantaba enormes pasiones. Pensemos por ejemplo en el donatismo, una herejía de principios del siglo IV que bajo la mentalidad actual sería casi un mero asunto interno pero que fue tema de gran gravedad en los años previos al concilio.

EL DONATISMO

En la ciudad africana de Numidia, un grupo de obispos se oponen al nombramiento de Ceciliano como obispo de Cartago. Ceciliano había sido consagrado por Félix de Aptonga, uno de los obispos considerados traidores porque durante la persecución abjuró públicamente de su fe por salvar la vida, aunque después volvió a confesarse cristiano. A pesar de que todos consideraban esto muy reprobable, la Iglesia piensa que la cobardía, igual que el pecado, no quita validez a los sacramentos administrados. Estos obispos de Numidia, sin embargo, consideraban que si un sacerdote pierde su santidad, pierde también su capacidad para administrar sacramentos. Según esta lógica Félix perdió su poder, así que Ceciliano no fue realmente consagrado y por tanto no podía acceder al obispado porque no era un verdadero sacerdote.

Hoy en día esto hubiera originado un simple revuelo, considerado principalmente como un tema jerárquico y organizativo, pero por entonces el llamado “donatismo” (por Donato, su líder) se consideró una herejía y también los propios donatistas consideraron herejes a todos los que no estuvieron de acuerdo con sus planteamientos, es decir, a toda la Iglesia universal excepto a ellos mismos. Este conflicto terminó generando en Cartago revueltas, enfrentamientos, quemas de iglesias e incluso hubo víctimas, hasta el punto de que Constantino lo consideró un peligro para la estabilidad de su provincia e intentó reprimir el conflicto imponiendo su fuerza y su autoridad. Es importante aquí recordar que NO LO LOGRÓ, ni tampoco lo logró el emperador Honorio un siglo más tarde, cuando les ilegalizó y persiguió con renovada energía.

Esta herejía no desapareció hasta que el Islam acabó con el cristianismo en la zona en el siglo VIII. Ningún emperador logró hacerles cambiar de doctrina a pesar de que el cambio era pequeño, pues el donatismo se diferenciaba de la ortodoxia solo en creer que los sacramentos eran válidos únicamente si procedían de sacerdotes de vida intachable, mientras que la ortodoxia dice que el poder de los sacramentos procede de Dios y por tanto no dependen de la calidad del intermediario. Ninguna presión imperial consiguió cambiar la posición doctrinal de unos ni de otros.

LA FALACIA DEL MIEDO

La hipótesis de que la Iglesia cedió ante la presión del todopoderoso emperador parece creíble para el hombre moderno. Sea cierta o no, nos parece una hipótesis creíble; al fin y al cabo un dictador puede fácilmente hacer temblar a cualquiera. Pero si comprendemos bien la mentalidad de los cristianos de aquella época vemos que aceptar cambios doctrinales –aunque vinieran del propio emperador– era algo absolutamente impensable a nivel general. Algunos obispos podrían haber cedido (igual que algunos habían cedido durante las persecuciones), pero la mayoría del pueblo y de los obispos habían resistido mucho más que presiones y no iban a ceder ahora en masa.

Los obispos que fueron a Nicea habían sufrido las duras persecuciones de Diocleciano tan solo doce años antes. Lo que los emperadores pedían durante las persecuciones no era que los cristianos abandonaran su fe, sino simplemente que aceptaran el culto imperial como todos los demás. Si un cristiano aceptaba el culto al emperador su vida se salvaba. Habitualmente bastaba quemar incienso ante una estatua del emperador para que el prisionero quedase libre.

En muchas ocasiones ni siquiera tenían que renunciar a su fe ni abjurar de Jesús, solo tenían que introducir un “pequeño” cambio en su religión y aceptar el culto imperial. Pero los mártires (muchos de ellos obispos) dan prueba de que no estaban dispuestos a hacer ni siquiera ese “pequeño” cambio que salvaría sus vidas. Volviendo a la metáfora de los barcos, es como si te permiten diseñar el barco como tú quieres pero te exigen un “pequeño” detalle, tan solo un agujero de 20cms de diámetro en el fondo del casco. Tú sabes que con ese pequeño agujero antes o después el barco se hunde.

Los obispos confesores que estaban en el concilio de Nicea tenían cicatrices y amputaciones sufridas por no haber querido ceder ni siquiera en eso, ni siquiera quemando el incienso como gesto externo, como mera pose, aunque en su corazón supieran que por hacerlo no aceptaban el culto imperial.

La teoría de que Constantino impuso cambios doctrinales a la Iglesia ejerciendo su poder yautoridad no se sostiene. Hemos visto que todo el poder y capacidad de represión de los emperadores no sirvieron para doblegar a un simple grupo de obispos donatistas.

También vimos cómo los anteriores emperadores no habían logrado doblegar a los cristianos ni siquiera con matanzas. Y ahora que había llegado la paz y sus vidas no estaban en peligro, ¿iba a conseguir Constantino alzando el puño lo que sus predecesores no consiguieron ni hundiendo la espada? La teoría de que la Iglesia cedió por miedo es claramente insostenible. Por eso mismo ha surgido otra explicación para justificar la supuesta apostasía generalizada de los obispos.

LA FALACIA DEL AGRADECIMIENTO

11. Creo en Dios Padre (Video)

Autor: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org   

En el Año de la Fe han tenido lugar muchas iniciativas para ayudar a los cristianos en un conocimiento más profundo del Credo.

Goya Producciones ha elaborado una serie de vídeos, uno por cada artículo del Credo.

En este vídeo se puede ver el artículo "Creo en Dios Padre"

10. Conversando con mis amigos evangélicos: Sobre el tema de los Santos

Autor: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org   

Reproduzco esta conversación porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué.

CRecientemente tuve la oportunidad de conversar con unos buenos amigos sobre este tema, y me pareció útil conservarlo aunque sea retocado y parafraseado, porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué. Los nombres, como de costumbre los he cambiado, ya que lo relevante aquí son las ideas y opiniones.

Marlene: Yo no entiendo por qué los católicos tienen que rezar a los santos, ¿acaso no es eso idolatría?

José: Ok, permíteme que te explique exactamente que creemos.

Miguel: Adelante, explícate.

José: Lo que sucede es que los católicos creemos que "el que cree en Cristo tiene vida eterna", tal como dice la Biblia (Juan 3,36)

Miguel: Bueno, es que eso creemos todos.

José: Si, pero si realmente aceptamos eso como un hecho, también aceptaremos las implicaciones lógicas que esto tiene, y una de ellas es que una vez que estamos unidos a Cristo, esta vida eterna no cesa ni se interrumpe con la muerte sino que llega a su plenitud. Precisamente por eso le llamamos vida eterna y no vida interrumpida o algo por el estilo, pues es una vida que no cesa durante toda la eternidad. Nosotros por eso creemos que quienes mueren en gracia de Dios pasan a gozar de su presencia, y desde allí siguen formando parte de la comunidad de amor que llamamos Iglesia, porque la Iglesia es…

Miguel: El cuerpo de Cristo.

José: Exacto. Una vez que pasas a formar parte del cuerpo de Cristo, no eres desmembrado al morir, sigues en su comunión de una manera incluso más intensa. Es en esa comunidad de amor donde ellos no pierden la capacidad de hacer peticiones a Dios. Si antes en vida podían interceder con sus oraciones por nosotros, ahora lo hacen con mayor fervor porque están en la plenitud del amor de Dios.

Ellos no dejan de amar, ni dejan de preocuparse por nosotros. He allí la clave para entender el dogma de la comunión de los santos: como miembros del cuerpo de Cristo, que están unidos entre sí, siguen unidos incluso en el más allá.

Esta es la razón por la que los católicos decimos que la Iglesia está dividida en la Iglesia militante (aquellos que peregrinan por esta vida), la Iglesia triunfante (aquellos que ya triunfaron en el camino de la fe) y la Iglesia purgante (aquellos que se purifican antes de gozar de la visión de Dios, en lo que llamamos purgatorio, tema que quizá podamos platicar en otra ocasión).

Miguel: Oye, pero yo tengo entendido que cuando una persona muere "duerme en el Señor". En la Biblia se ve por ejemplo, que cuando Lázaro muere está dormido: "Dijo esto y añadió: «Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarle.»" (Juan 11,11). Lo mismo con Esteban al morir se durmió: "Después dobló las rodillas y dijo con fuerte voz: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.» Y diciendo esto, se durmió." (Hechos 7,60)

Marlene: Efectivamente, los que mueren duermen en el Señor.

José: Ok, déjame explicarte algo. Cuando la Biblia utiliza la palabra "dormir" para referirse a los difuntos se refiere a sus cuerpos, no a sus almas. En el mismo caso que mencionas de Esteban se ve como antes de "dormir" ve que el cielo se abre para recibirle: "Pero él, lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús que estaba en pie a la diestra de Dios; y dijo: «Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre que está en pie a la diestra de Dios.»" (Hechos 7,55)

Quienes creen que aquellos que mueren están inconscientes o incluso que no existen fuera del cuerpo son algunas sectas como los testigos de Jehová y adventistas que no creen en la inmortalidad del alma. Realmente ni los católicos ni los evangélicos creemos eso (los reformadores por ejemplo no pensaban así) sobre todo porque hay muchos textos bíblicos en donde esto se ve claro.

Miguel: ¿Como por ejemplo?

José: San Pablo confiesa que quiere morir para estar con Cristo: "Pues para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia… por una parte, deseo partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor; mas, por otra parte, quedarme en la carne es más necesario para vosotros" (Filipenses 1,21-24)

Miguel: Por supuesto, pero eso quiere decir que quiere morir para dormir en el Señor.

José: No tendría sentido que Pablo quisiera morir para quedarse dormido, por el contrario, el dice que incluso fuera del cuerpo puede afanarse por agradar al Señor, y alguien dormido no se afana: "Estamos, pues, llenos de buen ánimo y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor.

Por eso, bien en nuestro cuerpo, bien fuera de él, nos afanamos por agradarle" (2 Corintios 5,9). Observa cuan convencido está que al salir del cuerpo estará con Cristo gozando de la visión de Dios: "Así pues, siempre llenos de buen ánimo, sabiendo que, mientras habitamos en el cuerpo, vivimos lejos del Señor, pues caminamos en la fe y no en la visión… " (2 Corintios 5,6)

Hay muchos ejemplos más en la Biblia donde se ve que aquellos que han muerto no están inconscientes, recuerda el caso del profeta Samuel cuando se apareció luego de haber muerto a Saúl y le dijo todo lo que iba a suceder (1 Samuel 28,6-20). Un adventista te diría que no era realmente él sino un demonio, pero si te fijas bien en el texto, allí no dice eso sino que era el propio Samuel. Por otro lado todo lo que dijo fue cierto al punto que finalmente se cumplió. No parece ser la forma de actuar del Demonio que es el padre de la mentira.

También tenemos el caso del buen ladrón, al que Cristo le dice que ese mismo día estaría con él en el paraíso: "Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.» " (Lucas 23,43) . Sabemos por palabras de Cristo que la resurrección ocurrirá el último día (Juan 6,44.54; 11,24), sin embargo ya él desde ese día estaría con Cristo, no dormido, no inconsciente.

Miguel: Pero entonces ¿por qué la Biblia dice que cuando venga Cristo, los que vivamos nos uniremos a los que ya durmieron en el Señor y será allí que estaremos con Cristo para siempre?. Recuerda que dice: "El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires. Y así estaremos siempre con el Señor." (1 Tesalonicenses 4,16-17)

Carlos: Cierto, eso tampoco yo lo entiendo, si ya los que mueren están en el cielo en presencia de Dios, ¿para qué van a resucitar el último día?

José: Porque la obra redentora de Cristo tiene que restaurar todo aquello que el pecado ha afectado. Una de las consecuencias del pecado fue que los hombres padeciéramos la muerte física, en donde se separa el alma del cuerpo. Pero Dios no nos creó originalmente así, y Dios tiene que restaurarnos completamente y eso ocurrirá en el último día. En ese entonces ya estaremos en el cielo pero con un cuerpo similar al de Cristo.

Miguel: Con nuestros cuerpos glorificados.

José: Efectivamente, pues eso es lo que explica San Pablo cuando habla de la resurrección: "Así también en la resurrección de los muertos: se siembra corrupción, resucita incorrupción; se siembra vileza, resucita gloria; se siembra debilidad, resucita fortaleza; se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual. Pues si hay un cuerpo natural, hay también un cuerpo espiritual." (1 Corintios 15,42).

Y precisamente por todo eso, si se acepta que quienes murieron y se salvaron están con Cristo, no habría por qué dudar que pueden hacerle peticiones.

Marlene: No sé, yo no lo entiendo de esa manera, yo acepto que si pueden estar con Cristo, pero tranquilos, y en santa paz, sin saber nada de lo que ocurre en la tierra ni estar preocupados por ello.

José: En la misma Biblia puedes ver que aquellos que están en presencia de Dios pueden hacerle peticiones. En al Apocalipsis por ejemplo, se ve a los mártires clamando a Dios: "Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los degollados a causa de la Palabra de Dios y del testimonio que mantuvieron. Se pusieron a gritar con fuerte voz: «¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia y sin tomar venganza por nuestra sangre de los habitantes de la tierra?»

Entonces se le dio a cada uno un vestido blanco y se les dijo que esperasen todavía un poco, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos que iban a ser muertos como ellos." (Apocalipsis 6,9-11). Observa en primer lugar que pueden pedir y sus oraciones son escuchadas, y en segundo, como ellos estaban enterados de lo que había ocurrido en la tierra, ya que de lo contrario no sabrían si ya se les había hecho justicia.

Miguel: Pero ¿Cómo podrían enterarse de lo que ocurre si solo Dios lo ve y lo sabe todo? ¿Cómo podría por ejemplo, la Virgen María, atender simultáneamente las millones de peticiones que recibe en un mismo instante de parte de millones de personas?

José: Lo que pasa es que estamos acostumbrados a ver las cosas al modo humano y pensamos que en el más allá el tiempo y los sucesos transcurren tal como ocurren aquí, pero eso no es así. Nosotros aunque no podemos entender como es el más allá, si podemos saber gracias a la Biblia que aquellos que están en presencia de Dios se enteran de lo que acontece.

Miguel: ¿En donde dice eso en la Biblia?

José: Jesús por ejemplo nos dice que los ángeles en el cielo se alegran cada vez que un pecador se convierte: "Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»" (Lucas 15,10). Imagina que en distintas partes del mundo se conviertan muchos pecadores al mismo tiempo, ¿dejarían por eso los ángeles de enterarse solo por no ser omniscientes?

Miguel: No, pero ellos se enteran a través de Dios.

José: Exacto, y es precisamente esa la misma forma por la que también se enteran los salvos que están en presencia de Dios de lo que aquí ocurre, recuerda que Jesús también dice que en el cielo seremos como ángeles (Mateo 22,30).

Si vamos a la carta a los hebreos encontramos otro ejemplo. En el capítulo 11 el autor menciona a todos los santos y profetas fallecidos en la antigüedad, y luego en el capítulo 12 versículo 1 se refiere a ellos como una nube de testigos de tenemos a nuestro alrededor: "por tanto, también nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con fortaleza la prueba que se nos propone" (Hebreos 12,1).

Por si eso fuera poco más adelante les menciona como la asamblea de los primogénitos inscritos en el cielo junto con los ángeles: "Vosotros, en cambio, os habéis acercado al monte Sión, a la ciudad de Dios vivo, la Jerusalén celestial, y a miríadas de ángeles, reunión solemne, y asamblea de los primogénitos inscritos en los cielos, y a Dios, juez universal, y a los espíritus de los justos llegados ya a su consumación" (Hebreos 12,22-23)

Por tanto, si unimos las piezas podemos veremos que la enseñanza de la Iglesia tiene mucho sentido, pues por la misma Biblia sabemos: 1) quienes están salvados están en presencia de Dios, 2) pueden hacer peticiones, 3) a través de Dios se enteran de lo que ocurre, 4) No dejan de amarnos, ni son indiferentes a nuestros sufrimientos, necesidades 5) desean nuestro bien. Tomando en cuenta todo esto no es ilógico pensar que pueden orar por nosotros.

Marlene: Pero igual yo no creo que sea necesario pedirles que oren por mí, porque yo puedo acudir directamente a Jesucristo.

Miguel: Es cierto, en la Biblia dice "Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí." (Juan 14,6)

Marlene: También dice que hay "hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús" (1 Timoteo 2,5).

José: Ok, te explico. Lo primero que tenemos que distinguir es entre los distintos tipos de mediación. Una es aquella que solo Cristo puede hacer, ya que él como Dios y Hombre verdadero era el único que podía morir por nosotros y redimir el género humano. Otra sin embargo es la intercesión, en la que los cristianos unidos a Cristo oramos e intercedemos unos por otros.

Ustedes por ejemplo, aceptan que se pueden orar unos por otros, ¿no?

Miguel: Claro.

José: Pero incluso estando vivos no por eso usurpan el papel de Cristo como único mediador ¿cierto?

Miguel: No, claro que no.

José: De la misma manera aquellos que están en el cielo no lo hacen, porque sus oraciones y las nuestras siempre van en nombre de Cristo, tal como decimos en la Santa Misa: "POR CRISTO, CON EL y EN EL, a ti Dios Padre Omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos, AMEN".

Marlene: Pero tengo que volver sobre lo mismo: yo pienso que no necesito pedir a ningún santo que interceda por mi porque yo puedo acudir a Cristo directamente.

José: Razonando de esa manera también yo podría decir que no necesito que nadie vivo ore por mí, ya que yo también puedo pedir por mí mismo. Es evidente que si, que cada quien puede hacer peticiones para sí, pero recuerda que Dios nos ha querido hacer partícipes de su obra salvadora y por eso le complace que también oremos unos por otros.

No hay por qué ver como excluyentes la oración personal con la oración comunitaria, pues no se trata de sustituir la propia oración por la intercesión de los santos, sino de añadir a la propia oración la de ellos, todos unidos como una comunidad de amor.

Si volvemos sobre las palabras de San Pablo cuando dijo que Cristo es el único mediador, vemos que antes también dijo: "Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombre…Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador", lo que demuestra que el propio apóstol no ve la intercesión de unos por otros como un conflicto con la única mediación de Cristo.

Miguel: Aun así yo sigo sin encontrar en la Biblia un solo texto donde alguien vivo se comunique con alguien muerto y este le haya escuchado.

José: No, claro que lo hay.

Marlene: ¿Dónde?

José: En el libro de los Hechos de los Apóstoles se narra que una cristiana de nombre Tabitá murió, y Pedro luego de orar se dirige a ella y le manda a resucitar, ella no solo le escucha, sino que le obedece: "Pedro hizo salir a todos, se puso de rodillas y oró; después se volvió al cadáver y dijo: «Tabitá, levántate.» Ella abrió sus ojos y al ver a Pedro se incorporó." (Hechos 9,40)

Miguel: Si, pero quien le resucitó fue Dios.

José: Por supuesto, pero él hecho es que Pedro (una persona viva) se dirigió a Tabitá (una persona muerta) y le escuchó, a través de Dios claro, en eso estamos de acuerdo, pero le escuchó.

Marlene: No sé, yo veo a mis amigos y familiares que son católicos puro rezar a los santos y olvidarse de Dios.

José: Si eso ocurre es porque es un exceso o una desviación de la fe que tiene que ser corregida, pero las desviaciones no se corrigen negando una verdad, sino enseñándola correctamente.

No se trata pues, de abandonar la oración a Dios para sustituirla por la de los santos, sino de acompañarla con la de ellos. No es ya una sola voz clamando a Dios, sino miles, millones, todos en comunión intercediendo unos por otros porque nos amamos.

Marlene: Ok, pero pasas por alto que Dios no comparte su gloria con nadie. La Biblia dice "Yo, Jehová, ese es mi nombre, mi gloria a otro no cedo, ni mi prez a los ídolos." (Isaías 42,8)

José: La gloria que corresponde a Dios como Dios no la comparte con nadie, pero Dios también glorifica sus criaturas porque al glorificarlas glorifica la obra de sus manos. San Pablo por ejemplo nos dice que si somos hijos "también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con él, para ser también con él glorificados" (Romanos 8,17).

Jesús mismo dice de sus discípulos "Yo les he dado la gloria que tú me diste" (Juan 17,22). Como ves pues, no se trata de quitar gloria a Dios para dársela a los santos, se trata de dar gloria a Dios por lo que ha hecho en sus santos, y a eso llamamos veneración.

Marlene: Pero cuando un católico se pone de rodillas ante un santo, ¿eso es solo veneración?, porque San Pedro no permitió que otro cristiano (Cornelio) se arrodillara ante él: "Pedro le levantó diciéndole: «Levántate, que también yo soy un hombre.»" (Hechos 10, 26).

Lo mismo hizo el ángel cuando el apóstol Juan se postró ante él: "Yo, Juan, fui el que vi y oí esto. Y cuando lo oí y vi, caí a los pies del Ángel que me había mostrado todo esto para adorarle. Pero él me dijo: «No, cuidado; yo soy un siervo como tú y tus hermanos los profetas y los que guardan las palabras de este libro. A Dios tienes que adorar.»" (Apocalipsis 22,8-9).

José: Claro, pero si te fijas, el problema en ambas ocasiones fue que ambos se pusieron de rodillas con la intención de adorar, y eso si sería idolatría. Hay gestos y actos simbólicos cuyo significado está ligado a la intención con la que se realizan, el caso de la genuflexión es uno de ellos.

Por eso se explica que en otras ocasiones en la misma Biblia se ve personas de rodillas unas a otras y en esos casos no estuvo mal. Un ejemplo lo tienes cuando el Rey Salomón le puso un trono a su madre a su lado y se puso de rodillas ante ella, y nadie pensó que la estaba adorando (1 Reyes 13,35-36). ¿Recuerdan ese caso?

Miguel: Yo sí.

José: Otro caso lo tenemos cuando Abdías se arrodilló ante el profeta Elías y este no le dice nada (1 Reyes 18,7). La comunidad de profetas se puso de rodillas ante Eliseo (2 Reyes 2,15) y Daniel se puso de rodillas ante el ángel Gabriel (2 Reyes 2,15). Así como estos hay muchos ejemplos en la Biblia, pero con estos basta para mostrar que lo que hacía malo el acto de Cornelio o de Juan era la intención de adorar.

Si te fijas bien, el texto bíblico lo dice, porque en el caso de Cornelio se dice cual fue su intención: "Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirlo y, postrándose a sus pies, lo adoró". (Hechos 10,25). En el otro suceso el texto bíblico nuevamente aclara: "caí a los pies del Ángel… para adorarle" (Apocalipsis 22,8)

No podría nadie saber si otra persona está de rodillas para adorar o venerar, a menos que ella misma lo diga, porque no puede ver el interior de su corazón. Hacerlo y pretender juzgar la intención del corazón del prójimo acusándole de idolatría es muy peligroso porque podemos estarlo juzgando mal. Los católicos a ese tipo de conductas las llamamos "juicio temerario".

Al llegar a este punto, nos tocó a cada uno el momento de partir, y luego de despedirnos amablemente seguimos nuestro camino.

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