por Makf | 30 Mar, 2026 | Apologetica 2
Autor: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org
Reproduzco esta conversación porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué.
Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un diálogo sobre el tema de las imágenes sagradas, que suele ser bastante polémico y piedra de tranca con nuestros hermanos.
Lo he reproducido este sí más retocado y parafraseado que el anterior, porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué, aunque se que en este y otros temas, los mejores argumentos no convencerán a todos. Los nombres, por supuesto, no son reales.
Miguel: Estuvo muy interesante nuestra última conversación, y te podría decir que entiendo su doctrina respecto a los santos, pero ¿por qué representarlos con imágenes? ¿No dice claramente la Biblia que está prohibido hacerlas?: "No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las honrarás" (Éxodo 20,4-5)
Marlene: Efectivamente, ¿dónde dice la Biblia que se deben adorar imágenes?
José: Ok, permíteme que te explique exactamente que creemos.
Miguel: Por favor.
José: Ante todo has de entender que las imágenes para nosotros no tienen el mismo significado que para los paganos que las consideraban realmente dioses. Nosotros no las adoramos, y sabemos perfectamente que son solo representaciones, ya sea de Cristo o de sus santos.
Marlene: Pero las hacen igualmente.
José: Si, pero aquí tenemos que entender a qué se refería el mandamiento, y en qué consistía exactamente la prohibición de hacer imágenes. ¿Ustedes creen que prohibía hacer cualquier tipo de imágenes?
Miguel: No, evidentemente no. El problema no es hacer una imagen, sino que se le adore.
José: ¡Exacto!. Y prueba está en que la misma tienda del encuentro[1] fue construida por orden divina y estaba llena de imágenes, lo mismo el Templo también las tenía, imágenes de seres que están en el cielo, como los ángeles, y que están en la tierra, como los animales. Incluso la misma Arca de la Alianza tenía dos enormes ángeles en la parte superior (Éxodo 25,18-19; 26,4; 1 Reyes 6,18-19.23-29.32-33.35; 13,23-25.35-36). Queda claro que estas no violaban la prohibición dada por Dios.
Miguel: Si, eso lo sé, porque no las adoraban.
José: Estamos de acuerdo entonces que no hay que sacar el texto de contexto y lo que se prohíbe no es la mera fabricación de imágenes sino su adoración. Otra prueba de que el mandamiento no se refiere a cualquier tipo de imágenes, ni siquiera religiosas, es que allí se usa la palabra hebrea פֶּסֶל (pésel) que significa "ídolo", mientras que en la misma lengua existen palabras para referirse a otro tipo de imágenes no idolátricas sino representativas, como por ejemplo la palabra tselem o la palabra pittuach para referirse a imágenes representativas o decorativas.
El mandamiento también comienza diciendo " No habrá para ti otros DIOSES delante de mí" (Éxodo 20,3). Por lo tanto, una traducción adecuada que se apega más al texto hebreo y al contexto sería "No te hagas ningún ÍDOLO ni figura de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en el mar debajo de la tierra" (Éxodo 20,4).
Y si una imagen no es un ídolo, esto es, una imagen que sea considerada como un Dios en sí misma, no representa ningún problema y podemos tener nuestros templos llenos de ellas, tal como lo estaba el templo de Salomón, el cual luego de ser reconstruido fue visitado por Jesús sin que este objetara en lo absoluto la presencia de imágenes.
Allí está también el caso de la serpiente de bronce (Números 21,9), mandada a construir por Dios, nunca representó un problema hasta que parte del pueblo se corrompió y comenzó a adorarla y tuvo que ser destruida (2 Reyes 18,4).
Marlene: Pero al rezarle y ponerse de rodillas ante ellas las adoran. Ese es el problema.
José: Recuerda que en nuestra conversación pasada hablamos de que el gesto de ponerse de rodillas tiene un significado diverso dependiendo de la intención con que se haga. Cuando lo hacemos ante una imagen lo hacemos como un acto de veneración.
Marlene: Un acto de veneración ante un objeto inanimado. En los ejemplos que pusiste en nuestra conversación anterior, vimos que los justos si se ponían de rodillas ante profetas y hombres de Dios sin llegar a adorarles, y allí puedo entenderlo porque eran personas vivas, ¿pero imágenes de yeso que no pueden ver ni escuchar?.
José: Efectivamente, sabemos que las imágenes no ven ni oyen porque solo son eso: imágenes, pero para nosotros un gesto dirigido hacia una imagen realmente está dirigido a quien la imagen representa. Cuando los ancianos de Israel se postraban ante el Arca de la Alianza, no se postraban delante de una caja de madera, sino delante de Dios.
Además, si recuerdas bien nuestra conversación pasada, hablamos también de que aquellos que ya gozan de la visión beatífica se enteran a través de Dios de lo que acontece. Si esto es así, ¿por qué no habrían de enterarse de que ante una imagen de ellos se ha hecho un gesto de reverencia o veneración?.
Y yo entiendo que puede parecer exteriormente que un gesto de veneración de parte de un católico es similar al de un pagano idólatra que adora la imagen en sí misma, pero hay una diferencia sustancial que está en la intención del corazón de quien lo hace, y como considera éste el significado de la imagen.
Marlene: Puede ser que tu lo entiendas de esa manera, pero ¿cómo saber que todos los católicos lo entienden así? Eso no es lo que parece cuando les vemos ponerse de rodillas ante una imagen.
José: Como les decía anteriormente, no debemos olvidar que no vemos el interior de las personas y acusarles de idolatría según lo que las apariencias nos expone a caer en juicio temerario.
Yo, incluso cuando era un niño pequeño, cuando veía una imagen y la tocaba, sin mucho conocimiento religioso entendía que esa imagen no era Dios, y ni siquiera al santo a quien representaba, pero consideraba que por estar bendecida por Dios de alguna manera algo de esa bendición podía pasar a través de ella.
Ciertamente era una fe sencilla, tal como la de aquellos que buscaban que la sombra de San Pedro les cubriera para sanarse (Hechos 5,15), o que sanaban con tocar los pañuelos de San Pablo (Hechos 19,12). También está el conocido caso de la hemorroisa que al tocar el manto de Jesús sanó (Marcos 5,26-31). ¿Consideran ustedes que esas personas creían que fueron sanadas por pañuelos, mantos y sombras?
Miguel: Claro que no. Fueron sanadas por el poder de Dios.
José: De la misma manera ocurre con la fe de la gente sencilla. Aun los más humildes en el fondo de su corazón saben que una imagen no es un Dios, ni mucho menos Dios.
Aquí mismo en nuestro país ocurrió un milagro portentoso en el año 1669 cuando la peste diezmaba a la población. Según sabemos la desesperación era tanta, que los caraqueños sacaron en procesión una imagen de Jesús, la del Nazareno, que ocupaba uno de los altares de la iglesia erigida en honor a San Pablo, El Ermitaño. En la procesión los caraqueños imploraban la desaparición de la peste, y cuando las plegarias eran más sentidas, la imagen del Nazareno, de la iglesia de San Pablo tropezó con las ramas de un limonero haciendo caer los frutos.
Los caraqueños exclamaron ¡Milagro! y corrieron a hacer guarapos con los limones, y cuando los enfermos lo tomaban, sanaban. ¿Quien cree que los sanó? ¿La imagen del Nazareno o la fe de esa gente sencilla que vio en ese suceso una respuesta providencial a sus oraciones y creyó? ¿No recuerdan que dice la Biblia sobre el que tuviere la fe como un granito de mostaza? (Mateo 17,20)
Miguel: Ok, pero la Biblia también prohíbe hacer imágenes de Dios. Recuerda que también dice: "Tened mucho cuidado de vosotros mismos: puesto que no visteis figura alguna el día en que Yahveh os habló en el Horeb de en medio del fuego, no vayáis a pervertiros y os hagáis alguna escultura de cualquier representación que sea: figura masculina o femenina, figura de alguna de las bestias de la tierra, figura de alguna de las aves que vuelan por el cielo, figura de alguno de los reptiles que serpean por el suelo, figura de alguno de los peces que hay en las aguas debajo de la tierra.
Cuando levantes tus ojos al cielo, cuando veas el sol, la luna, las estrellas y todo el ejército de los cielos, no vayas a dejarte seducir y te postres ante ellos para darles culto. Eso se lo ha repartido Yahveh tu Dios a todos los pueblos que hay debajo del cielo" (Deuteronomio 4,16)
José: Si lees detenidamente el texto, allí se explica la causa de la prohibición. Se prohibía representar a Dios con imágenes para que las personas inmersas en aquella cultura no fuera a pensar que Dios tenía la forma de una creatura. ¿Recuerdas cuando intentaron representar a Dios como un becerro de oro (Éxodo 32,4)?, de eso precisamente les advertía. Pero Dios luego se reveló en forma humana, pues Cristo es la "Imagen de Dios invisible" (Colosenses 1,15), y si le vieron y tocaron.
Miguel: Supongamos que es cierto y no está prohibido hacer imágenes de Jesucristo, ¿Cómo explicas que también hagan imágenes de Dios Padre? ¿Eso no está prohibido?
José: Representaciones puramente simbólicas que le muestran como un anciano de muchos días[2] para dar a entender que existe desde la eternidad y de él proceden todas las cosas. Hoy no existe para nosotros el riesgo de que alguien crea que realmente Dios Padre es como un anciano con barba blanca, ni tampoco se hacen esas imágenes para adorarlas.
Marlene: Igualmente pienso que lo mejor es no correr riesgos, si las imágenes son solo eso, representaciones, no son indispensables para nuestra salvación. Lo mejor es no tenerlas y no exponer a nadie a que caiga en pecado de idolatría.
José: Lo que sucede es que los católicos no creemos que esa sea la solución a los problemas que tenemos en la Iglesia. Nosotros no vamos a destruir todas las imágenes solo porque algún católico pueda malentender la enseñanza de la Iglesia. La solución del problema por el contrario es catequizarles para que ellos llegando a la madurez de la fe eviten caer en ese tipo de errores.
Lo mismo ocurre con el tema de los santos: no podemos negar la gran verdad que significa reconocer que tenemos una familia en el cielo, solo porque alguien pueda caer en algún exceso y darles el lugar que solo corresponde a Dios. No mutilar, negar, sino profundizar, aclarar, explicitar y es siempre la forma en que creemos debemos abordar los problemas, porque no podemos negar una verdad solo porque exista el riesgo de que algunos la malentiendan.
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NOTAS
[1] Traducida en algunas Biblias como Tabernáculo de reunión, Tabernáculo del testimonio, etc., en el lenguaje bíblico generalmente designa el santuario movible en forma de tienda de los hebreos antes de la erección del Templo de Salomón construido por orden de Dios y con sus instrucciones.
[2] La figura de Dios como un "anciano de días" está inspirada en el libro de Daniel 7,9-10, donde el profeta le ve con "vestiduras blancas como la nieve, y como lana limpia los cabellos de su cabeza; de llamas de fuego era su trono".
por Makf | 30 Mar, 2026 | Apologetica 2
Autor: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org
Reproduzco esta conversación porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué.
Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un diálogo ficticio sobre el tema de la salvación, un tema importante porque estuvo allí la principal causa de las divisiones entre católicos y protestantes en el siglo XVI. Me ha basado en algunas conversaciones con algunos amigos evangélicos, pero lo he reordenado para que el orden de los argumentos tenga más consistencia.
Al igual que los diálogos anteriores, puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué, aunque se que en este y otros temas, los mejores argumentos no convencerán a todos. Los nombres de quien participan en la conversación, por supuesto, no son reales.
Julia: Yo nunca he entendido por qué los católicos niegan que la salvación sea una gracia [1] que recibimos por medio de la fe, ¿acaso no dice la Biblia que "Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe?" (Efesios 2,8)
José: Has tocado un tema muy importante y con gusto te explico que creemos nosotros los católicos.
Marlene: Adelante, a mí también me interesa.
José: Ante todo han de saber, que los católicos si creemos que la salvación es una gracia de Dios que recibimos por medio de la fe.
Julia: Pero no creen que la salvación la recibimos solamente por la fe [2], sino que creen que hay también que hacer buenas obras para salvarse, cumplir los mandamientos, como si la salvación hubiese que comprarla. San Pablo es muy claro en que "si es por gracia, ya no lo es por las obras; de otro modo, la gracia no sería ya gracia" (Romanos 11,6)
José: Te explico con un ejemplo que entendemos nosotros por el hecho de que la salvación es una gracia de Dios. Imagina un hombre que se encuentra en el fondo de un pozo muy hondo, no tiene dinero y no puede salir por sí mismo.
Llega alguien y sabe que aquel hombre ni merece que le ayuden a salir del pozo, ni tiene con qué pagarle, pero aún así busca una escalera suficientemente larga para que este pueda salir. Si este hombre no toma la escalera y comienza a subir no sale. Probablemente tendrá que esforzarse en salir, e incluso se ayudará tomando la mano del hombre que le ha puesto la escalera, tendrá que poner también de su parte, pero eso no significa que pagó por su salida. El habrá sido rescatado gratuitamente porque su esfuerzo al salir no paga el favor hecho por su benefactor.
Marlene: Si, es un ejemplo muy parecido al que yo utilizo para explicar que Dios nos ofrece gratuitamente la salvación y nosotros debemos aceptarla.
José: Ahora bien, ustedes estarán de acuerdo conmigo de que quien impulsa al hombre a aceptar la salvación y creer es Dios infundiendo en él su gracia.
Julia y Marlene: Claro.
José: Pues bien, la misma gracia de Dios que les impulsa a creer, es la que les impulsa a obrar, lo dice la Biblia: "pues Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece" (Filipenses 2,13)
Julia y Marlene: De acuerdo.
José: Observen ahora que la gracia comienza a actuar en el hombre mucho antes de creer. Incluso cuando se siente movido a escuchar una predicación, o cuando busca acercarse a Dios está ya la gracia trabajando y moviéndole a Él.
Julia: Sin duda.
José: Ahora, ¿creen ustedes que el hombre tenga potestad para resistir esa gracia? Que Dios le mueve a creer y luego a obrar veo que estamos de acuerdo, pero ¿puede el hombre resistirse?
Marlene: Yo creo que sí, porque hay gente que decide no creer aunque se les predique mucho.
Julia: En esto no estoy de acuerdo con Marlene, yo creo que la gracia de Dios puede ser parcialmente resistida pero nunca de manera definitiva, y por eso decimos que es irresistible, ya que Dios va y ablanda poco a poco el corazón de aquellos que él ha predestinado a salvarse por más duros que sean [3].
José: Pero Julia, si esto es así, ¿y los que no creen ni se salvan acaso no reciben nunca la gracia de Dios?
Julia: Es un tema complejo, pero creo que no, no reciben la gracia de Dios porque no están predestinados para salvarse. La elección divina es algo misterioso que la inteligencia humana no puede penetrar.
José: Pues fíjate que en esto los católicos estamos más bien de acuerdo con Marlene. Creemos que Dios derrama su gracia sobre todos porque "quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1 Timoteo 2,4).
Hay muchos textos bíblicos que enseñan que el hombre que se condena, no es porque Dios no le diera las gracias para que se salvara, sino porque las rechazó. Por eso los católicos creemos que la gracia si puede ser resistida incluso de manera definitiva [4]. Por eso San Pablo nos invita a cooperar con la gracia para no recibirla en vano: "Y como cooperadores suyos que somos, os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios" (2 Corintios 6,1).
Jesús en la parábola de la vid nos da un buen ejemplo (Juan 15,1-9), porque allí se representa Él como el tronco de un árbol y nosotros como las ramas. La gracia es representada por la savia del tronco que fluyendo hacia las ramas hace que produzcan fruto. ¿Quién produce el fruto? ¿La rama o la savia? ¿Dios, o el hombre?
Marlene, Julia: Dios, que como has dicho antes, "es quien obra en vosotros el querer y el obrar"
José: Si, la obra es primeramente de Dios, pero no es Dios obrando solo, sino Dios obrando a través del hombre. Por eso San Pablo en el texto anterior nos llama "cooperadores" de su gracia.
Tú Marlene, aceptas que la gracia puede ser resistida, entonces cuando la gracia fructifica, el hombre se está dejando mover por ella. No es Dios que obra sin el consentimiento del hombre, es el hombre el que obra movido por Dios.
Marlene: De acuerdo.
José: Ahora vamos al siguiente punto. Luego de que el hombre ya ha creído y ha sido justificado por la fe, ¿todavía puede resistir la gracia?
Marlene: Yo creo que sí.
José: ¿Puede desviarse de la verdad e incluso pecar gravemente?
Marlene: Si.
José: ¿Si muere en ese estado sin arrepentirse verdaderamente se salva?
Marlene: No.
Julia: No Marlene, si se salva, porque ya aceptó a Jesús como salvador. El Padre no lo mirará a Él sino a Cristo en quien él ha puesto su confianza. Recuerda lo que dice la Biblia, "Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa" (Hechos 16,31), y también "el que cree, tiene vida eterna" (Juan 6,47). Precisamente por eso es que la salvación es gracia. No hiciste nada para recibirla, no puedes hacer nada para perderla.
José: Espera un momento que hay un error en tu razonamiento: El que la salvación se reciba gratuitamente no quiere decir que no puedas perderla. Yo puedo darte un regalo y eso no quiere decir que no puedas echarlo a la basura.
Julia: El texto dice claramente que al momento de creer ya se tiene vida eterna, y lo dice en presente, que quiere decir que ya desde ese momento somos salvos eternamente, y si somos salvos para siempre no podemos perder la salvación (Juan 3,36; 5,24; 6,47).
José: Entiende que mientras estamos en este mundo, la vida eterna está condicionada a permanecer en el estado de gracia. San Juan nos habla de alguien que ha creído pero luego ha comenzado a odiar a su hermano y ya no tiene "vida eterna permanente" en él (1 Juan 3,15). Jesús mismo advierte en numerosas ocasiones que para salvarse hay que "perseverar hasta el fin" (Mateo 10,22; 24,13; Marcos 13,13), el autor de la epístola a los hebreos nos advierte a no "descuidar la salvación" (Hebreos 2,3) y San Pablo nos advierte de manera tajante que si no nos mantenemos en la bondad seremos "desgajados" (Romanos 11,22)
Marlene: No, yo si acepto que la salvación se puede perder si el hombre se aparta de la fe.
José: Ese es el punto. Si el hombre luego de creer, puede hacer o dejar de hacer ALGO que afecte su salvación, entonces esta NO DEPENDE SOLO DE HABER CREÍDO.
Marlene: Espera un momento, pero ¿si el hombre en verdad ha creído, no quiere decir entonces que no se apartará del camino de la fe?. Después de todo, las obras son fruto de la fe verdadera y si tenía realmente una fe verdadera, él actuará conforme a esa fe.
José: Es cierto que las obras son fruto de la fe, pero incluso el hombre justificado sigue afectado por la concupiscencia y puede resistir la gracia. Puede por tanto haber creído y aun así luego apartarse y dejar de fructificar. Para ilustrar esto mencionaba la parábola de la vid, en donde ramas que estuvieron unidas árbol dejan de dar fruto y terminan por ser cortadas y echadas al fuego (Juan 15,6).
San Pedro habla de aquellos que habiendo sido lavados volvieron a la inmundicia del pecado: "Pues más les hubiera valido no haber conocido el camino de la justicia que, una vez conocido, volverse atrás del santo precepto que le fue transmitido. Les ha sucedido lo de aquel proverbio tan cierto: «el perro vuelve a su vómito» y «la puerca lavada, a revolcarse en el cieno»." (2 Pedro 2,21-22). Por otro lado recuerda que aunque efectivamente las obras son producto de la gracia, es la gracia obrando a través de la voluntad libre del hombre.
Julia: Pero visto de ese modo se complica mucho algo tan simple y se da a entender que hay que esforzarse por la salvación, y no tiene sentido esforzarse por obtener algo que es una gracia, o en pocas palabras, que es gratis.
José: No tienes por qué ver ambas cosas como excluyentes, precisamente para que lo entendieras te puse el ejemplo del hombre en el fondo del pozo. Recuerda que San Pablo nos manda a "trabajar con temor y temblor por nuestra salvación" (Filipenses 2,12) y Jesús a "luchar por entrar por la puerta estrecha" (Lucas 13,24; Mateo 7,13). Todo eso implica esfuerzo personal. El dicho coloquial "A Dios rogando y con el mazo dando" lo ejemplifica bien.
Julia: Pero si es así, y tenemos que esforzarnos por la salvación, ¿para que murió Cristo por nosotros?
José: Cristo ha muerto para redimirnos. Sin su sacrificio que ha sido completamente gratuito no podríamos salvarnos. Pero eso no quiere decir que el creyente justificado no tenga que obrar conforme a la voluntad de Dios para salvarse, ni deje de ser necesario cumplirlos mandamientos.
Recuerda que Cristo también dijo "«No todo el que me diga: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial." (Mateo 7,21). Recuerda que el Señor "se convirtió en causa de salvación eterna para todos LOS QUE LE OBEDECEN" (Hebreos 5,9).
Cuando a Jesús le preguntan que hay que hacer para salvarse, él responde "si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos" (Mateo 19,16-17). No es que se "compre" la vida eterna al cumplir los mandamientos, pero si no se los cumple, no se salva. Es aquí que se encuentra el traje del hombre nuevo del que habla Jesús (Mateo 22,11-13), el cual si no nos lo ponemos somos arrojados del banquete del cielo.
Julia: Pero ¿Quién puede cumplir todos los mandamientos?
José: Solos nada podemos, pero la gracia nos capacita. Recuerda que las palabras de San Pablo "todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Filipenses 4,13). Dios siempre nos da la gracia para cumplir los mandamientos: "Porque estos mandamientos que yo te prescribo hoy no son superiores a tus fuerzas, ni están fuera de tu alcance. No están en el cielo, para que hayas de decir:
«¿Quién subirá por nosotros al cielo a buscarlos para que los oigamos y los pongamos en práctica?» Ni están al otro lado del mar, para que hayas de decir: «¿Quién irá por nosotros al otro lado del mar a buscarlos para que los oigamos y los pongamos en práctica?» Sino que la palabra está bien cerca de ti, está en tu boca y en tu corazón para que la pongas en práctica." (Deuteronomio 30,11-14)
Marlene: Si, pero la Biblia también dice que incluso el justo peca siete veces al día (Proverbios 24,16), entonces nadie podría salvarse.
José: Lo que sucede es no todo pecado es un pecado mortal, pero eso es algo que podemos analizar en otra ocasión[5]. Nosotros mientras estamos en esta vida podremos tener caídas, pero lo importante es perseverar hasta el fin en el bien, y si caemos pedir perdón a Dios y levantarnos. Para eso nosotros tenemos el sacramento de la penitencia.
Marlene: En la forma en cómo lo explicas no está muy lejos de lo que yo particularmente creo.
José: Y lo que te explico es precisamente como lo enseña la Iglesia. A lo largo de la historia siempre han estado en pugna dos errores opuestos: el error de Pelagio que creía que la salvación era solo el producto del esfuerzo personal sin necesidad de la gracia[6], y el error de Lutero que le daba a la gracia un lugar tal que negaba el papel de la libertad humana[7]. La salvación es en primer lugar de Dios, quien nos salva gratuitamente, pero en segundo lugar y de manera subordinada, nuestra.
Entendido de esta manera se puede entender perfectamente por qué todos los textos bíblicos que hablan de como seremos juzgados, dicen que será por nuestras obras (Mateo 16,27; 2 Corintios 5,10; Apocalipsis 20,12; Mateo 25,31-46), y porqué el apóstol Santiago advierte "¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: «Tengo fe», si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe?" (Santiago 2,14), pues "la fe, si no tiene obras, está realmente muerta" (Santiago 2,17) y finalmente: "el hombre es justificado por las obras y NO POR LA FE SOLAMENTE" (Santiago 2,24)
Como dice San Pablo, podemos TENER FE COMO PARA MOVER MONTAÑAS, pero sin caridad somos como metal que resuena o címbalo que retiñe (1 Corintios 13,1)
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NOTAS
[1] En teología cristiana se entiende por gracia divina o gracia santificante un favor o don gratuito concedido por Dios para ayudar al hombre a cumplir los mandamientos, salvarse o ser santo, como también se entiende el acto de amor unilateral e inmerecido por el que Dios llama continuamente las almas hacia Sí. También ha sido por gracia (gratuitamente) que Cristo ha muerto para redimir a todos los hombres.
[2] Los católicos creemos que la justificación inicial si es solamente por la fe. Tal como sostiene el Concilio de Trento: "Cuando dice el Apóstol que el hombre se justifica por la fe, y gratuitamente; se deben entender sus palabras en aquel sentido que adoptó, y ha expresado el perpetuo consentimiento de la Iglesia católica; es a saber, que en tanto se dice que somos justificados por la fe, en cuanto esta es principio de la salvación del hombre, fundamento y raíz de toda justificación, y sin la cual es imposible hacerse agradables a Dios, ni llegar a participar de la suerte de hijos suyos.
En tanto también se dice que somos justificados gratuitamente, en cuanto ninguna de las cosas que preceden a la justificación, sea la fe, o sean las obras, merece la gracia de la justificación: porque si es gracia, ya no proviene de las obras: de otro modo, como dice el Apóstol, la gracia no sería gracia".
[3] Julia representa en esta conversación a los evangélicos de tendencia calvinista o reformada, que creen que la gracia es irresistible y que Dios predestina sin tomar en cuenta ningún merecimiento personal sino en base a un decreto inescrutable, a unos para la salvación y a otros para la condenación.
Marlene en cambio representa a los evangélicos de tendencia arminiana, que aceptan que la gracia no es irresistible. Para los católicos, es de fe que la gracia no es irresistible.
[4] Si no se pudiera resistir la gracia, el hombre justificado nunca más pecaría. Los calvinistas admiten que la gracia se puede resistir solo parcialmente pero niegan que se pueda rechazar definitivamente.
[5] Posteriormente se tratará la distinción entre pecado mortal y pecado venial.
[6] El Pelagianismo ha sido una herejía condenada siempre por la Iglesia.
[7] Martín Lutero comienza su obra De Servo Arbitrio diciendo "Das der freie wille nichts sey" (traducido sería "que el libre albedrío es una nada"). Más adelante niega el libre albedrío al que llama "pura mentira". Esta obra puede ser leída gratuitamente en la Web de la Biblioteca Reformada (iglesiareformada.com).
por Makf | 30 Mar, 2026 | Apologetica 2
Autor: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org
Reproduzco esta conversación porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué.
Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un diálogo ficticio sobre el pecado y su distinción entre el pecado venial y el pecado mortal cuya noción es generalmente desconocida en el protestantismo.
Como de costumbre me ha basado en algunas conversaciones con algunos amigos evangélicos. Los nombres de quien participan en la conversación, por supuesto, no son reales.
Miguel: Ok José, me quedé con la intriga de por qué los católicos creen que no todos los pecados son iguales. ¿Podrías explicarlo?
Marlene: Si, a mí también me interesa, porque si algo deja la Biblia claro es que “la paga del pecado es muerte”(Romanos 6,23) y no hace distinción entre los tipos de pecado, como si uno fuera más grave que otro. Siempre he entendido que el pecado es el pecado, sin más.
José: Ok, lo que sucede es que para entiendas esto voy a tener que explicarte primero algunos conceptos teológicos católicos.
Marlene: Mientras estén fundamentados con la Biblia no hay problema.
José: Pues sí, aunque no de manera explícita sino más bien implícita.
Marlene: Ok.
José: En primer lugar has de saber que cada acto que puede hacer una persona libremente puede ser bueno o malo, y a esto lo llamamos acto moral. Ahora bien, en base a qué factores se determina si un acto es bueno o malo ya es otra cosa.
Marlene: Yo lo veo simple. Si haces una obra que está aprobada por la Biblia es un acto bueno, sino no lo es.
José: No es tan simple como eso, porque tu puedes estar haciendo una obra que según las Escrituras es una buena obra, como dar limosna a una persona necesitada, y hacerlo por los motivos equivocados, por ejemplo, que te vean y te consideren una buena persona.
Eso hacían los fariseos, y en una obra cuyo objeto era bueno, por su intención viciada se hacía mala (Mateo 6,2). Lo mismo aplica incluso para la oración, pues a los fariseos que oraban en las calles para que los alabaran por ser justos Jesús los considera hipócritas (Mateo 6,5).
Miguel: Tienes razón.
José: Por esto es que decimos que la moralidad de un acto humano se juzga por tres elementos: 1) el objeto: que es la acción en sí mismo, como robar, mentir, dar limosna, orar, etc.; 2) la intención: que es la motivación que te lleva a hacerlo; y 3) las circunstancias: que es el contexto donde se desenvuelve el acto.
Es por esto que un acto cuyo objeto es el mismo (como orar), dependiendo de la intención con la que es hecho (adorar a Dios o recibir alabanzas humanas) puede terminar resultando bueno o malo. Incluso un mismo acto dependiendo de las circunstancias puede ser incluso más grave que otro.
Miguel: Pero eso no explica por qué ustedes ven una distinción entre los pecados.
José: Ok, pero déjame que te lo explique con un ejemplo práctico.
Imagina que luego de darte un hijo tu esposa luego del parto queda bastante pasada de peso. Ella al verse preocupada te pregunta: “Mi amor, ¿me veo muy gorda?” y tu le respondes “No mi vida, para nada”. ¿Es pecado o no es pecado?
Marlene: Bueno, si realmente estaba pasada de peso era pecado porque la Biblia enseña que mentir es pecado.
José: Y nosotros creemos que la mentira es uno de los actos que son intrínsecamente desordenados, esto es, que no importa de qué intención o circunstancias estén rodeados, el acto moral siempre será pecado . No solo la mentira es intrínsecamente desordenada, también lo está por ejemplo, el aborto directo, la blasfemia, etc.
Marlene: Bueno, ¿entonces reconoces que fue pecado?.
José: Efectivamente, pero ¿qué crees que sea más grave?, ¿Esa mentira, o otra donde yo calumnie y difame una persona públicamente acusándola de ser una ladrona, asesina, prostituta, etc. sin ser cierto?
Marlene: Ambos son pecado.
José: Si, pero ambos pecados no de igual gravedad ante Dios. ¿o acaso sería igual que asesinar o violar un niño o efectuar un genocidio?
Recuerda que por la misma Biblia sabemos que no todos los pecados tienen la misma gravedad ni el mismo castigo. En el evangelio de Mateo por ejemplo, Jesús dice: “Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano “imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame “renegado", será reo de la gehenna de fuego” (Mateo 5,22).
Observa como allí Jesús habla de tres tipos de ofensas, una más grave que otra, y como llevan distintas sanciones. Si todos los pecados fueran de igual gravedad no tendría sentido hacer la distinción, todos serían reos del infierno.
En el evangelio de Juan vemos como Jesús le dice a Pilatos: “No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba; por eso, el que me ha entregado a ti tiene MAYOR PECADO”. Allí tienes al propio Jesús diciendo que un pecado es mayor que otro.
Ejemplos hay todavía muchos más, por ejemplo, escandalizar y perder a un niño es tan grave que Jesús dice “Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar” (Mateo 18,6). El pecado de Judas fue tan grave que según el propio Jesús “más le valdría no haber nacido” (Mateo 26,24; Marcos 14,21).
Miguel: Pero entonces ¿Cómo entendemos el texto que hemos indicado donde se dice que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6,23)? Allí no se ve que se haga distinción alguna en cuanto a la sanción del pecado ya sea más o menos grave.
José: El apóstol lo que quiere decir es que todos hemos sido afectados por el pecado original, esto le permite explicar luego que sin la gracia de Dios no podríamos salvarnos. Pero no quiere decir que luego de que el creyente justificado por la fe está en gracia de Dios, cualquier pecado le haga caer del estado de gracia, en cuyo caso no se salvaría nadie.
Miguel: ¿Cómo que no?
José: Porque difícilmente te sorprenderá la muerte sin haber cometido una falta aunque sea muy pequeña de la que no te hubieses arrepentido verdaderamente. Recuerda que en nuestra conversación pasada decíamos que el justo peca siete veces al día (Proverbios 24,16). El apóstol Juan reconoce como un hecho que los justos siguen pecando: “Si decimos: «No hemos pecado», le hacemos mentiroso y su Palabra no está en nosotros” (1 Juan 1,10)
Marlene: Pero para eso vale la justicia de Cristo que murió por nosotros, y nos concederá el perdón de los pecados.
José: Espera un momento. Recuerda que en nuestra conversación pasada aceptamos que alguien por el solo hecho de haber creído no asegura su salvación. Si alguien luego de creer se vuelca en una vida de corrupción y pecado y muere sin arrepentirse, ¿cómo va a salvarse?
Miguel: No, estamos de acuerdo en que se condena.
José: Razonando como tú, lo mismo aplicaría para el que vive una vida recta pero ha cometido pequeñas faltas, ¿ves la diferencia?
Marlene: Pero pensando así entonces para que evitar el pecado, pues si unos pecados son menos graves, pues cometamos los menos graves y no habrá problema.
José: Yo no he dicho que los pecados incluso veniales (con esto me refiero a los que no son mortales) no tengan consecuencias, luego podemos conversar un tema muy relacionado a esto. Lo que he dicho es que no todo pecado es de muerte, lo dice el mismo apóstol San Juan en la Biblia: “Toda iniquidad es pecado, pero HAY PECADO QUE NO ES DE MUERTE” (1 Juan 5,17).
Si recuerdas, yo te decía que la moralidad de los actos humanos se determinan por tres factores, el objeto, la intención, y las circunstancias. Hemos visto como la intención puede influir en la moralidad de un acto, ahora te voy a poner un ejemplo de cómo las circunstancias pueden influir también ya sea al aminorar o agravar la culpa, o responsabilidad moral del sujeto que lo comete.
Jesús en el evangelio dice: “Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más”. (Lucas 12,47-48).
Observa como la circunstancia (el conocimiento de unos respecto a otros) agrava la responsabilidad de cada uno y les hace más o menos culpables. La desobediencia de unos en ese caso se juzgará más grave que la de los otros, cosa que no tendría sentido si los pecados tuvieran todos la misma gravedad.
Por esto precisamente es que San Pablo se toma la molestia de identificar algunos pecados que son tan graves que cortan la relación con Dios y que en caso de morir sin un verdadero arrepentimiento y habiendo obtenido el perdón nos acarrean la condenación:“¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios” (1 Corintios 6,9).
Con esta explicación espero que entiendan por que en la Iglesia Católica distinguimos entre pecados mortales y veniales. Por todos ellos, damos gracias a Dios de que nos ha dejado el sacramento de la penitencia.
por Makf | 30 Mar, 2026 | Apologetica 2
Autor: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org
Reproduzco esta conversación porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué.
Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un diálogo ficticio sobre el controvertido tema del Purgatorio, cuya noción es generalmente rechazada en el protestantismo por ser vista como una segunda oportunidad para salvarse después de la muerte, o como una contradicción con el sacrificio de Cristo en la cruz. Como de costumbre los argumentos los he recogido de algunas conversaciones con algunos amigos evangélicos. Los nombres de quien participan en la conversación, por supuesto, no son reales.
Miguel: Me gustaría que por favor nos explicaras su creencia sobre el purgatorio. ¿podrías profundizar algo más sobre esto?, porque yo tengo bien claro que la Biblia habla del cielo, para los salvos, y el infierno, para los condenados, pero en ningún lugar hay nada que mencione ningún purgatorio.
Marlene: Yo, si también creo que el purgatorio no existe y no hay ni rastro de él en la Biblia.
José: Ok, me parece muy oportuno tratar este tema porque ya hemos aclarado algunos puntos sin los cuales no se podría explicar que entendemos los católicos por el purgatorio.
Miguel: Adelante.
José: ¿Recuerdan que acabamos de hablar de que no todos los pecados son de igual gravedad? ¿Que nosotros los católicos creemos que hay pecados veniales y pecados mortales?
Miguel, Marlene: Lo recordamos.
José: ¿Recuerdan además que en otra conversación hablamos del tema de la salvación y decíamos que aunque el hombre se justifica por la fe, luego también debe obrar conforme a la voluntad de Dios y cumplir los mandamientos para salvarse, no como una moneda de pago por la salvación que es gracia, pero si como un requisito para alcanzarla?.
Miguel, Marlene: Si.
José: ¿Que sucede entonces si una persona que ya está justificada por la fe muere, pero aun conserva imperfecciones y ha cometido algunos pecados que no son solo veniales?
Marlene: Va al cielo en virtud de los méritos de Cristo. Cristo ha pagado por nuestros pecados y no queda nada que pagar.
Miguel: Según tu propia forma de razonar, sé que me dirás que como no eran pecados mortales, se salvarán de todas maneras.
José: En este caso, nosotros no creemos que así mismo como estén entrarán directamente a la presencia de Dios, pues dice la Biblia que "nada manchado entrará en ella" (Apocalipsis 21,27), creemos que antes tendrán que purificarse. ¿Recuerdan cuando en la Biblia el apóstol exige: "Procurad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor" (Hebreos 12,14)
Miguel: Yo sí.
José: Observen en primer lugar que allí se está hablando a creyentes. Ellos ya están en estado de gracia de Dios, ya han sido justificados por la fe, pero aún así deben procurar la santidad[1] y la paz con todos, antes de poder ver al Señor.
Recalco y enfatizo de nuevo esto porque es importante. Si se habla aquí de la santidad que se "procura" entonces no solo se refiere a aquella santidad inicial producto de la justificación por la fe que ya poseen. Recuerden como comienza el texto: "PROCURAD". Pero es común que un creyente al momento de su muerte no la haya alcanzado todavía, tal como reconocía San Pablo: "No que lo tenga ya conseguido o que sea ya perfecto, sino que continúo mi carrera por si consigo alcanzarlo, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús." (Filipenses 3,12). Si con esas imperfecciones no puede gozar de la visión de Dios, como dice el apóstol, y tampoco son pecados de muerte, se entiende por qué tienen que purificarse, y a ese proceso de purificación previa a la visión beatífica, es a lo que llamamos purgatorio.
Marlene: Entiendo, tu supones que porque al morir no han alcanzado la perfección y no son completamente santos, tienen que purificarse y lo hacen en ese lugar que llamas purgatorio. ¿Pero no se trata solo de una suposición?, pues esos textos no dicen que se purifican en un lugar como ese.
José: Yo no te he dicho que el purgatorio sea propiamente un lugar, y ya llegaremos a eso, lo que trato de decir es que el purgatorio es otra de las doctrinas que se encuentran en la Biblia pero de forma implícita. No encontrarás la palabra purgatorio, así como tampoco encontrarás la palabra Trinidad, pero eso no significa que no tengan sustento bíblico. Pero volvamos ahora sobre el tema de los pecados. Ya hemos visto que para la doctrina católica hay pecados mortales y veniales, y que si alguien muere en estado de gracia con solo pecados veniales se salva, ¿no?
Miguel: Si.
José: ¿Podrían esos pecados ser perdonados en la vida venidera?
Marlene: Yo solo he visto en la Biblia que solo se pueden perdonar pecados mientras estemos con vida. Después ya no hay oportunidad.
José: Pero observa que Jesús cuando habla con los fariseos y les advierte sobre el pecado contra el Espíritu Santo les dice: "Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este vida ni en la siguiente" (Mateo 12,32)
Marlene: ¿Y qué?
José: Pues que aunque el pecado contra el Espíritu Santo no se perdonará en esta vida ni en la siguiente, deja implícito que hay OTROS pecados que si se pueden perdonar, ya sea en esta vida, o en la SUGUIENTE. De lo contrario hubiera bastado decir que no se le perdonará, o que no se le perdonará en esta vida. Ahora, en el cielo no podrían perdonarse pecados, porque allí ya no habrá. Ve como aquí tienes otra vez implícita la figura del purgatorio, como un estado previo de purificación de la vida venidera donde se podrán perdonar algunos pecados veniales, antes de comenzar a gozar del cielo .
Marlene: Es una posible interpretación de ese texto, pero no recuerdo que existan otros textos que confirmen esa interpretación.
José: Te coloco otros ejemplos. Anteriormente comentábamos un texto donde Jesús habla de que hay quienes de acuerdo a su conocimiento de la verdad, tendrán más responsabilidad que otros: "Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más." (Lucas 12,47-48). Observa que allí no se habla de un castigo sin fin (que sería el castigo de los condenados).
Lo mismo se ve en otros textos similares: "Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo." (Mateo 5,5-26, también en Lucas 12,58-59).
Allí se ilustra personas que sufrirán un castigo por sus acciones pero que podrían salir luego de haber pagado toda su deuda "hasta el último céntimo", lo cual no sería una figura muy apropiada si Jesús hubiese querido indicar que nunca saldrían de allí (el caso de los condenados).
Miguel: Pero no olvides que bajo esa forma de interpretar la Biblia, tu asumes que es cada quien el que paga por sus propios pecados, en cambio sabemos que ha sido Cristo quien ha pagado por ellos. Cristo, en la cruz ha sufrido el castigo por ellos y nos ha librado de sufrirlo nosotros.
José: Lo que sucede es que hay que distinguir entre el perdón del pecado y la consecuencia, que nosotros en teología llamamos reato de la pena. Cristo nos ha conseguido el perdón de los pecados, pero el reato de nuestro pecado permanece.
Miguel: Explícate.
José: En el pecado, como explica Santo Tomás, se pueden considerar dos cosas, a saber: el acto culpable y la mancha consiguiente. Cuando nosotros cometemos el pecado, incluso una vez perdonado perdura lo que llamamos reato, pues el acto pecaminoso le hace a uno reo de pena, en cuanto que traspasa el orden de la justicia divina, al cual no vuelve sino por cierta compensación de la pena, que restablece la igualdad de la justicia.
Marlene: Es algo confuso, explícamelo por favor con la Biblia.
José: La existencia del reato del pecado las vemos a diario, e incluso la padecemos. Observa por ejemplo que aunque Cristo ha muerto por nosotros y ha cancelado la deuda incluso del pecado original, todavía sufrimos enfermedades, tenemos que morir, sufrimos la concupiscencia de la carne, tenemos que ganar el pan con el sudor de nuestra frente, e incluso las mujeres siguen dando a luz con dolores de parto.
Todas esas son consecuencias del pecado original que permanecen (Génesis 3,15-19). ¿Qué Cristo no ha muerto por nosotros y pagado por el pecado?. Eso no quita que todavía tengamos que padecer sus consecuencias…
Te pongo otro ejemplo tomado también de la Biblia. ¿Recuerdas cuando el Rey David comete un pecado grave ante Dios al cometer adulterio con la esposa de Urías el hitita y luego causa su muerte mandándolo a una misión suicida?.
Miguel: Si.
José: Pues bien, él a pesar de pedir perdón a Dios, y que este le perdona, todavía tiene que pagar la consecuencia de su pecado (reato): "¿Por qué has menospreciado a Yahveh haciendo lo malo a sus ojos, matando a espada a Urías el hitita, tomando a su mujer por mujer tuya y matándole por la espada de los ammonitas? Pues bien, nunca se apartará la espada de tu casa, ya que me has despreciado y has tomado la mujer de Urías el hitita para mujer tuya. Así habla Yahveh: Haré que de tu propia casa se alce el mal contra ti.
Tomaré tus mujeres ante tus ojos y se las daré a otro que se acostará con tus mujeres a la luz de este sol. Pues tú has obrado en lo oculto, pero yo cumpliré esta palabra ante todo Israel y a la luz del sol.» David dijo a Natán: «He pecado contra Yahveh.» Respondió Natán a David: «También Yahveh perdona tu pecado; no morirás. Pero por haber ultrajado a Yahveh con ese hecho, el hijo que te ha nacido morirá sin remedio.» Y Natán se fue a su casa. Hirió Yahveh al niño que había engendrado a David la mujer de Urías y enfermó gravemente" (2 Samuel 12,9-15).
Observa como el profeta dice que efectivamente Dios ha perdonado a David y no se condena, igualmente sufre la pena temporal como consecuencia de su pecado.
Otro ejemplo lo tenemos cuando Moisés peca contra Dios al desobedecerle y aunque Dios le perdona, le castiga negándole la entrada a él a la tierra prometida: "Dijo Yahveh a Moisés y Aarón: «Por no haber confiado en mí, honrándome ante los israelitas, os aseguro que no guiaréis a esta asamblea hasta la tierra que les he dado.»" (Números 20,12).
Miguel: Entiendo lo de la consecuencia del pecado, o reato, pero me gustaría ver un texto en la Biblia que hable del purgatorio.
José: Ahora si podemos ir a ello. Leamos con cuidado este texto:
"Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo. Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego.
Aquél, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa. Mas aquél, cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño. ÉL, NO OBSTENTE, QUEDARÁ A SALVO, PERO COMO QUIEN PASA A TRAVÉS DEL FUEGO." (1 Corintios 3,11-15)
Allí San Pablo habla de cómo los creyentes edificamos el reino de Dios con nuestras obras, y al final la naturaleza de esas obras quedará al descubierto por el juicio de Dios.
Cada una de nuestras obras será examinada, y habrá algunas que pasarán la prueba, pero otras que no fueron buenas no lo harán, pero ahora detengámonos en lo que dice después: algunos de esos creyentes aún así se salvarán, pero "como quien pasa a través del fuego".
Es precisamente en esta figura donde nosotros vemos la purificación de aquel que aun salvándose se limpia de las manchas restantes de sus pecados e imperfecciones. Tu le puedes llamar de cualquier modo, nosotros le llamamos purgatorio.
Miguel: ¿Pero entonces el purgatorio es para ustedes como una especie de segunda oportunidad donde los justos obtienen el perdón de los pecados menos graves y se purifican de sus restantes imperfecciones?
José: No, no es una segunda oportunidad, porque independientemente de que el purgatorio sea un lugar, o un estado, el que se purifica ya está salvado. El no necesita ninguna oportunidad porque ya ha vencido, y le espera la gloria del cielo. Tampoco puede allí rectificar nada de lo que en vida no pudo hacer, y ese sufrimiento, le purifica.
Hay una anécdota de un querido sacerdote[2] que me ayudó mejor a entender la doctrina del purgatorio. El estaba viajando en jeep al desierto para orar, y llevaba dos mantas porque sabía que en el desierto de noche hace mucho frío. De camino encontró un habitante de uno de los pueblos donde hacía escala temblando, por lo que sintió el impulso de darle una de las mantas.
Sabría qué con solo una manta pasaría frío él también, pero que valía la pena por un hermano. Al final se distrajo de la idea y siguió su camino para acampar debajo de una gran roca. Al recordar el hecho el remordimiento no le permitió usar ambas mantas, y la otra la dejó enrollada cerca de su alcance antes de acostarse a dormir.
De pronto sintió que despertó y vio que la gran roca se le había venido encima y lo había aplastado del pecho para abajo. Sintió todos sus huesos aplastados pero no sintió ningún dolor. Allí tuvo la visión del hermano sufriendo por la inclemencia del frío a punto de morir, y trató de agarrar la manta restante para dársela, pero la piedra que lo tenía aprisionado se lo impedía. Por más que intentaba no lograba alcanzarla.
Fue allí que despertó del sueño y entendió que tipo de purificación sufren aquellos que están en el purgatorio. Pueden contemplar su vida y ver todo el bien que pudieron hacer y no hicieron, y aunque ahora desean hacerlo, ya es tarde, el tiempo ha pasado y su oportunidad la han perdido[3]. ese sufrimiento producto del amor, y en el amor, les purifica y les transforma.
Y esto es en esencia lo mismo que dice San Pablo, respecto al creyente que ve como algunas de sus obras no pasan la prueba y son consumidas. Para él, aunque salvado, es como un pasar a través del fuego.
Miguel: Entiendo, pero ¿por qué entonces en la Iglesia Católica se representa a aquellos que están en el purgatorio sufriendo tormento de manera parecida a quienes están condenados? ¿Es o no es un lugar?
José: No sabemos si es exactamente un lugar como lo conocemos, o si ellos incluso se purifican inmediatamente en la presencia de Dios pero sin gozar de la visión beatífica, lo que enseña la Iglesia es que aquellos que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo[4].
Las distintas obras de arte intentan solo representar que aquellos que se purifican experimentan algún sufrimiento, lo que es natural. Recuerda que "es necesario que todos nosotros seamos puestos al descubierto ante el tribunal de Cristo, para que cada cual reciba conforme a lo que hizo durante su vida mortal, el bien o el mal" (2 Corintios 5,10). Además, está el sufrimiento del que sabe que pudo haber amado más, dado más, servido más, aprovechado más, y no lo hizo. El tiempo de merecer pasó y luego solo se desea que hubiera sido mejor aprovechado pero no es posible.
Imaginen finalizar su vida y contemplar todas las veces que hicieron sufrir a los demás, cuando las hirieron y lastimaron, cuantas veces ni siquiera se dieron cuenta y andaban como dice la canción: ciegos, sordos y mudos. ¿No sufrirían al darse cuenta de todo ello y saber que no pueden repararlo? Allí estará nuestro purgatorio, y de allí la importancia de aprovechar todo el tiempo que tengamos en vida para amar y hacer el bien, para permitir que la gracia de Dios fluya a través de nosotros hacia nuestros hermanos y ser testimonio vivo de la presencia de Dios. Como dice el Señor, es ahora que podemos ser sal de la tierra y luz del mundo.
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NOTAS:
[1] El proceso que sigue a la justificación y donde el creyente justificado con ayuda de la gracia se purifica y se acerca a la perfección y a la santidad completa lo llamamos SANTIFICACION.
[2] Me refiero al padre Carlos Carreto, al cual aunque nunca conocí le guardo un enorme cariño y agradecimiento por lo mucho que aprendí a través de sus libros de espiritualidad católica.
[3] La anécdota completa se puede encontrar en su libro Cartas del desierto, Editorial San Pablo, p. 13-17.
[4] Catecismo de la Iglesia Católica, 1030
por Makf | 30 Mar, 2026 | Apologetica 2
Autor: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org
Reproduzco esta conversación porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué.
Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un diálogo ficticio sobre la necesidad de orar por el descanso eterno de los difuntos relacionado con la plática anterior sobre el purgatorio. Como de costumbre los argumentos los he recogido de algunas conversaciones con algunos amigos evangélicos. Los nombres de quien participan no son reales.
Miguel: En nuestra conversación pasada hablabas del purgatorio. Y puedo entender en base a que textos bíblicos se basan para creer en ello, pero todavía no entiendo por qué hay que orar por los difuntos. Pues si se condenaron sabemos que no hay nada más que hacer pues su situación es irrevocable, y si se salvaron y solo les resta purificarse, no habría tampoco necesidad de hacerlo.
José: Si, pero como también te decía anteriormente, aquellos que murieron en gracia de Dios pero imperfectamente purificados, al purificarse sufren. Recuerda que ellos también son parte de la Iglesia, que "es el cuerpo de Cristo" (Romanos 12,5; 1 Corintios 12,27; Efesios 4,12), y "Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él" (1 Corintios 12,26). Es pues, una obra de caridad, orar por ellos, para que ese sufrimiento pase pronto y puedan gozar más prontamente de la visión y presencia de Dios.
Miguel: ¿Pero cómo sabes que el orar por ellos puede beneficiarles o aminorar su sufrimiento?
José: Hay un texto en las Biblias Católicas, que no tienen ustedes en sus Biblias protestantes (luego podemos hablar de eso), en donde se ve que orar por los difuntos es algo bueno y agradable a Dios.
Miguel: ¿Qué texto?
José: Se encuentra en el libro de los Macabeos, y narra el siguiente acontecimiento:
"Judas, después de reorganizar el ejército, se dirigió hacia la ciudad de Odolam. Al llegar el día séptimo, se purificaron según la costumbre y celebraron allí el sábado. Al día siguiente, fueron en busca de Judas (cuando se hacía ya necesario), para recoger los cadáveres de los que habían caído y depositarlos con sus parientes en los sepulcros de sus padres. Entonces encontraron bajo las túnicas de cada uno de los muertos objetos consagrados a los ídolos de Yamnia, que la Ley prohíbe a los judíos. Fue entonces evidente para todos por qué motivo habían sucumbido aquellos hombres. Bendijeron, pues, todos las obras del Señor, juez justo, que manifiesta las cosas ocultas, y pasaron a la súplica, rogando que quedara completamente borrado el pecado cometido. El valeroso Judas recomendó a la multitud que se mantuvieran limpios de pecado, a la vista de lo sucedido por el pecado de los que habían sucumbido. Después de haber reunido entre sus hombres cerca de 2.000 dracmas, las mandó a Jerusalén para ofrecer un sacrificio por el pecado, obrando muy hermosa y noblemente, pensando en la resurrección. Pues de no esperar que los soldados caídos resucitarían, habría sido superfluo y necio rogar por los muertos; mas si consideraba que una magnífica recompensa está reservada a los que duermen piadosamente, era un pensamiento santo y piadoso. Por eso mandó hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado." 2 Macabeos 12,38
Observa como Judas se da cuenta que unos compatriotas murieron y entre sus pertenencias tenían ídolos, y atribuye esta la causa de que hubiesen perecido en batalla. Ya en ese entonces estaba revelado que los muertos resucitarían, por lo que el líder macabeo manda a ofrecer sacrificios por el perdón de sus pecados, y el texto lo describe como "un pensamiento santo y piadoso".
Miguel: Pero espera un momento. Si en verdad ellos murieron cometiendo pecado de idolatría, ¿no es eso lo que ustedes llaman un pecado mortal? ¿no decías que el que muere en pecado mortal se condena? ¿qué sentido tendría orar por alguien que ya se ha condenado?
José: Lo que sucede es que Judas no está al tanto de saber si realmente murieron en pecado mortal. No sabemos si antes de morir, algunos, o inclusive todos, se arrepintieron de corazón y al hacer un acto de contrición perfecta Dios les perdonó. De allí que Judas prefiere piadosamente como un acto de caridad hacer sacrificios por el perdón de sus pecados.
Incluso en los casos donde todo puede apuntar a que alguien ha muerto en pecado grave no hay que darlo por sentado, porque la última palabra siempre la tiene Dios. Solo Él conoce, la intención, las circunstancias cada quien, y sólo él sabe que pasó durante los últimos instantes de su vida. Hasta en el caso de los suicidas, donde no parece haber habido tiempo para arrepentirse, no podemos estar seguros de su condenación.
Por otro lado, no hay que olvidar que Dios es omnisciente y lo sabe todo, incluso antes de que ocurra. Es muy posible que Él, viendo la oración de sus hijos desde la eternidad, pudo en virtud de ellas, haber derramado gracias que les movieran a la conversión antes de morir.
Miguel: Pero nunca podrás saber si alguien ha salido del purgatorio, por lo cual, nunca sabrás si ha llegado el momento en que incluso esas oraciones sean inútiles.
José: Aunque no lo sabemos, sigue siendo una obra de caridad y un acto piadoso orar por ellos, porque es mejor orar por alguien sin que lo necesite, que el que lo necesite y que no se ore por él.
Por supuesto, en el texto de Macabeos no encontramos un fundamento explícito para la doctrina del purgatorio, pero si nos revela que las oraciones por el eterno descanso de los difuntos, no solo son agradables a Dios, sino que pueden ayudarles, y como tú has dicho: si ya están en el cielo no necesitarían ayuda, y si se condenaron no habría como ayudarles. Allí tienes, otro texto bíblico que alude de manera implícita la doctrina del purgatorio.
por Makf | 30 Mar, 2026 | Apologetica 2
Autor: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org
Reproduzco esta conversación porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué.
Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un nuevo diálogo ficticio que continua la conversación anterior donde se analizaban las diferencias en la Biblia que utilizamos los católicos y nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones. Como se había mencionado, a la Biblia protestante le faltan 7 libros que llamamos deuterocanónicos y que son: Tobías, Judit, Ester, I Macabeos, II Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico (también llamado "Sirac") y Baruc. Como de costumbre los argumentos los he recogido de conversaciones que he tenido de este tema a lo largo de los años. Los nombres de quien participan no son reales.
Miguel: Hola José:, me gustaría continuar con nuestra conversación sobre el canon, ya que quedaron algunos puntos a analizar y me gustaría tener tu opinión.
José:: Adelante.
Miguel: Otra de las razones por las cuales he podido averiguar que la Iglesia Evangélica rechaza los libros que llamas deuterocanónicos y no los incluyen en sus Biblias, está en que estos libros no dicen ser inspirados por Dios. No se encuentran en ellos frases como "Así dice Jehová", "Vino a mí palabra de Jehová", "Habló Jehová a…" sino que por el contrario confiesan su inspiración humana, tal y como aparece en el segundo libro de los Macabeos: "…yo también terminaré aquí mismo mi relato. Si ha quedado bello y logrado en su composición, eso es lo que yo pretendía; Si IMPERFECTO Y MEDIOCRE, he hecho cuanto me era posible." (2 Macabeos 15,37-38). ¿Cómo podría ser Palabra divina un libro que reconoce la posibilidad de ser imperfecto y mediocre?
José: No debes perder de vista que si bien en la Biblia el autor principal es Dios, el autor secundario es el hombre, y este, aunque escribe bajo inspiración divina, no siempre ni necesariamente está consciente que lo hace.
Hay muchos ejemplos donde esto se observa en otros libros que si aceptan las iglesias evangélicas. Allí tienes el caso del evangelio de Lucas, que reconoce que escribe no bajo la orden de Dios, sino para transmitir los sucesos ocurridos en tiempos de Jesús a Teófilo. Lo que escribe tampoco lo asume como palabra de Dios, sino como simple fruto de su investigación al consultar a los testigos oculares de aquellos acontecimientos: "Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros, tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra, he decidido yo también, después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido." (Lucas 1,1-4).
Otro ejemplo lo vemos en el libro del Eclesiastés que reconoce de plano ser palabra de un hombre, un hijo de David: "Palabras de Cohélet, hijo de David, rey en Jerusalén" (Eclesiastés 1,1), y más adelante reconoce desconocer cosas que Dios sabe: "¿Quién sabe si el aliento de vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de vida de la bestia desciende hacia abajo, a la tierra? Veo que no hay para el hombre nada mejor que gozarse en sus obras, pues esa es su paga. Pero ¿quién le guiará a contemplar lo que ha de suceder después de él?" (Eclesiastés 3,21-22). Te invito a hacer un ejercicio: revisa cada libro de la Biblia y cuenta cuantos no dicen ser palabra de Dios. Te sorprenderás.
Por otro lado, el que un libro afirme ser palabra de Dios no hace que lo sea. El Corán y el libro de Mormón afirman ser Palabra de Dios y ustedes no los aceptan como tal.
Miguel: Es cierto no los aceptamos.
José: Entonces, si ustedes aceptan como parte de sus Biblias libros que no afirman ser Palabra de Dios, y no necesariamente aceptan cualquier libro que diga serlo, no es coherente rechazar los deuterocanónicos por esta causa. Nosotros en cambio, razonamos distinto: no aceptamos la Biblia como inspirada divinamente porque ella misma lo diga, lo hacemos porque creemos que Cristo, que es Dios y Hombre verdadero, fundó una Iglesia y esa Iglesia da testimonio de que esos libros están inspirados por Dios.
Miguel: Pero si la Iglesia se corrompe ¿Que garantía pueden tener que el discernimiento que hacen es correcto?
José: Lo que sucede es para nosotros es dogma de Fe que la Iglesia es indefectible, un tema que podemos conversar luego, y quiere decir que aun estando formada por seres humanos, débiles y pecadores será siempre "la Iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad" y esto incluye su imposibilidad de fallar en la consecución del fin sobrenatural para el que ha sido fundada por el Señor Jesús: para hacer perennemente presente la obra de la salvación.
Pero he aquí precisamente una contradicción en el núcleo del protestantismo, ya que la mayoría cree que la Iglesia se corrompió a raíz del edicto de Milán en el año 313 d.C, y si realmente esto ocurrió tanto ustedes como nosotros tenemos un canon del Nuevo Testamento definido por una Iglesia corrupta [1] ya que la definición del Canon ocurrió después.
Miguel: Puedo aceptar que en la Biblia haya libros que no digan ser Palabra de Dios, pero eso es una cosa y otra es aceptar libros que enseñan errores e incluso contradicen el resto.
Allí tienes el eclesiático, que afirma que Dios aborrece los malvados, además pide ayudar al bueno y no al malvado: "Que también el Altísimo odia a los pecadores, y de los impíos tomará venganza. Da al hombre de bien, y del pecador no te cuides." (Eclesiástico 12,6-7). ¿Tú mismo no has dicho en alguna ocasión que Dios odia al pecado pero ama el pecador?. En el Nuevo Testamento encontramos también que Dios nos manda a ayudar al que nos pide (Mateo 5,42)
José: Al ser el hombre el autor secundario de la Biblia, muchas veces queda en ella rastros de su parte humana que deben ser interpretadas en su contexto, al igual que hay otros textos que deben ser entendidos en sentido espiritual. Cristo vino precisamente a clarificar y dar plenitud a la Revelación. En esos textos vemos como el cristiano debe rechazar a los enemigos de su alma, no a las personas, porque "nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas." (Efesios 6,12)
Si no entendemos esto de esta manera, tendríamos que excluir no solamente ese texto que me dices, sino otros que también están en la Biblia protestante: "Derrama sobre ellos [mis enemigos] tu ira, Y el furor de tu enojo los alcance. Sea su palacio asolado: En sus tiendas no haya morador. Porque persiguieron al que tú heriste; Y cuentan del dolor de los que tú llagaste. Pon maldad sobre su maldad, Y no entren en tu justicia" (Salmo 69,22-28). Y así como estos hay muchos otros textos similares.
Miguel: Pero inclusive en algunos deuterocanónicos se aprueba el mentir o el suicidio que ambos estamos de acuerdo en que son pecado. ¿Es que acaso esos también hay que interpretarlos en sentido espiritual?. Observa que Judit por ejemplo pide a Dios palabras para engañar "Dame palabras para poder engañarlos y causarles el desastre y la muerte, pues tienen planes perversos contra tu alianza, contra el templo consagrado a ti, contra el monte Sión y contra la ciudad que es hogar y propiedad de tus hijos" (Judit 9,13).
El segundo libro de los Macabeos justifica el suicidio: "Las tropas estaban ya a punto de tomar la torre donde se encontraba Razís, y trataban de forzar la puerta de fuera, habiendo recibido órdenes de prender fuego y quemar las puertas, cuando Razís, acosado por todas partes, volvió su espada contra sí mismo, prefiriendo morir noblemente antes que caer en manos de aquellos criminales y sufrir injurias indignamente". (2 Macabeos 14,41-42).
José: Analizar en detalle la moralidad de los actos que mencionas podría desviarnos bastante del tema. En el caso de Judit, ella oraba para poder salvar al pueblo de una inminente aniquilación, y lo logró. No es muy distinto a lo que hizo la prostituta Rajab, al mentir al rey para salvar a los espías judíos que exploraban la tierra prometida (Josué 2,1-6), y a la que el apóstol Santiago alaba y afirma que fue justificada por sus obras (Santiago 2,25). El libro del Éxodo alaba a las parteras egipcias que mintieron al Faraón para salvar a los judíos recién nacidos (Éxodo 1,15-21).
El suicido de Razías ocurre cuando iba a ser apresado, torturado y asesinado. No es una situación distinta a la de Sansón, quien aprisionado pide ayuda a Dios para que le de fuerzas y pueda derrumbar las columnas del lugar donde estaba causándose a sí mismo la muerte, junto con los filisteos que estaban en la casa. Y lo más llamativo de todo, es que efectivamente Dios le auxilia y le ayuda a lograrlo: "Sansón invocó a Yahveh y exclamó: «Señor Yahveh, dígnate acordarte de mí, hazme fuerte nada más que esta vez, oh Dios, para que de un golpe me vengue de los filisteos por mis dos ojos.» Y Sansón palpó las dos columnas centrales sobre las que descansaba la casa, se apoyó contra ellas, en una con su brazo derecho, en la otra con el izquierdo, y gritó: «¡MUERA YO CON LOS FILISTEOS!» Apretó con todas sus fuerzas y la casa se derrumbó sobre los tiranos y sobre toda la gente allí reunida.." (Jueces 16,28-30).
Por supuesto, podemos ponernos a discutir si esos actos fueron objetivamente buenos o malos, pero el hecho es que si rechazan unos libros por esa causa también tendrían que rechazar los otros que si aceptan.
Miguel: Si, es para pensarlo. Ahora bien, también he investigado sobre otra objeción que me pareció importante. En el libro de Tobías, uno de los libros que llamas deuterocanónicos, se apoyan las prácticas de brujería: "Cuando terminaron de cenar, decidieron ir a acostarse. Llevaron al muchacho a la habitación. Tobías se acordó entonces de lo que le había dicho Rafael. Sacó de su bolsa el hígado y el corazón del pescado, y los puso sobre las brasas en las que se quemaba incienso. El olor del pescado no dejó acercar al demonio, y este salió huyendo por el aire hasta la parte más lejana de Egipto. Rafael fue y lo encadenó allá, y volvió inmediatamente". (Tobit 8,1-3). ¿Cómo podría el olor a pescado quemado ahuyentar a un demonio? ¿No parece más bien una práctica pagana?
José: Vale la pena tomarse el tiempo de leer todo el libro que no es muy largo y destaca por su hermosura. Si lo haces verás que más que asumir que el demonio fue ahuyentado por el olor a pescado, se señala allí la obediencia específica a las instrucciones del ángel, y de hecho la primera cosa que hizo Tobías al entrar en la pieza matrimonial fue poner en práctica lo que él le aconsejó. Dudo que el olor del pez deba ser interpretado en su sentido literal, como si el demonio huyera del mal olor, sino en sentido simbólico y espiritual: el bien vence al mal. Con esta victoria del ángel Rafael sobre Asmodeo se cumple una parte principal del plan de Dios sobre Sara: su curación, encomendada por Dios al ángel, y la lección más que una promoción de prácticas de brujería, es enseñar que para quien ama a Dios, la obediencia al Señor y la oración en familia espantan todos los males (Tobías 6,18; 8,5). Todo esto da unificación al relato donde la figura de un pez es el instrumento que Dios elige para sanar y liberar.
Dios, cuando y como le parece, hace que las más mínimas cosas sirvan de instrumentos para sus milagros. Así como el Señor Jesucristo con un poco de barro mezclada con saliva curó a un ciego de nacimiento (Juan 9,6), el agua del bautismo (1 Pedro 3,21) es el elemento visible que Dios ha elegido para regenerarnos por medio del Espíritu Santo, Dios obraba por medio de los mandiles y pañuelos de Pablo también milagros (Hechos 19,12), y para que se curara Naamán el sirio se le requirió bañarse en las aguas del Jordán (2 Reyes 5,9), lo mismo Dios puede utilizar un pez o cualquier otro elemento visible.
Miguel: Me parece interesante lo que dices, lo tengo que reflexionar.
José: Lo importante es tener claro que no es cada persona individualmente quien decide qué libro forma parte de la Biblia conforme a sus concepciones personales [2]. Si eso fuera así, con las diversas interpretaciones de la Biblia que hay, cada quien tendría una Biblia distinta acomodada a sus gustos y propias interpretaciones.
El propio Lutero reconocía que había recibido las Escrituras de la Iglesia Católica pero terminó rechazando libros que todos los concilios realizados por los únicos cristianos que existían antes que él aprobaron, como si su opinión valiera más que la de ellos. A mí siempre me ha parecido curioso que la Biblia protestante terminara por tener 66 libros, y la nuestra 73.
Miguel: ¿Por qué curioso?
José: No lo tomes muy en serio porque puede ser una simple casualidad, pero en la Biblia los números suelen tener un significado simbólico. El número 7 por ejemplo simboliza la perfección, el 6 en cambio representa la imperfección (de hecho el número de la bestia es el 666).
Miguel: Si, pero no entiendo a dónde vas.
José: Pues que la Biblia protestante tiene 66 libros. SEIS - SEIS, recuerda que acabamos de decir que el 6 es el número de la imperfección. Si le sumamos los 7 deuterocanónicos (SIETE - número de la perfección) suman 73, los libros que tiene la Biblia Católica. Mientras no los tenga será una Biblia incompleta e imperfecta, una Biblia de SEIS - SEIS libros.
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NOTAS
[1] Martín Lutero en su comentario sobre el evangelio de San Juan reconoció: "Estamos obligados de admitir a los Papistas que ellos tienen la Palabra de Dios, que la hemos recibido de ellos, y que sin ellos no tendríamos ningún conocimiento de ésta"
[2] Es común que en el protestantismo se aleguen otras razones similares para rechazar los deuterocanónicos porque chocan frontalmente con en su teología. Por ejemplo, rechazan Tobías por enseñar que se puede obtener el perdón de los pecados por medio de la limosna "Dar limosna salva de la muerte y purifica de todo pecado. Los que dan limosna gozarán de larga vida" (Tobías 12,9), aunque la epístola de Pedro dice esencialmente lo mismo: "Y sobre todo, tened entre vosotros ferviente caridad; porque la caridad cubrirá multitud de pecados" (1 Pedro 4,8). El rechazo de los libros de los Macabeos (analizado en la conversación anterior) por su apoyo implícito a la doctrina del purgatorio es otro ejemplo.