por Makf | 11 Mar, 2026 | Apologética
Autor: Catholic.net
El papa Francisco en la homilía en Santa Marta recuerda que la fe "es un camino de belleza que nos ha indicado Jesús".
Homilía del Papa Francisco
26 de abril de 2013
La fe no es ni una alienación ni una estafa, sino un camino concreto de belleza y de verdad indicado por Jesús, para preparar nuestros ojos para mirar sin gafas “el rostro maravilloso de Dios”, en el lugar definitivo que nos ha preparada para cada uno. Es una invitación a no dejarse tomar por el miedo y a vivir la vida como una preparación a ver mejor, escuchar mejor y amar más.
Lo indicó el papa Francisco en su homilía de la misa de este viernes 26 de abril en la capilla de la residencia Santa Marta.
El papa Francisco --indicó hoy el diario vaticano L´Osservatore Romano al publicar la homilía- ha centrado sus palabras sobre el pasaje de san Juan, “No se turbe vuestro corazón. Tengan fe en Dios y tengan fe en mi. En la casa del Padre hay muchas moradas. (…) y del lugar a donde yo voy conocen la vía”.
“Estas palabras de Jesús --comentó el pontífice- son justamente palabras hermosas. En un momento de despedida, Jesús les habla a sus discípulos desde el corazón. Él sabe que sus discípulos están tristes porque se dan cuenta de que la cosa no va bien”. Entonces Jesús les da coraje, les tranquiliza, les abre un horizonte de esperanza".
Y el papa se interroga: “¿De qué comienza a hablar Jesús? Del cielo, de la patria definitiva”. Y para ello como un arquitecto indica lo que va a hacer: va a prepararles un lugar.
¿Por qué esta preparación? ¿Cómo sucede? ¿Se trata de alquilar una habitación allí arriba? Y Francisco explica que preparar el lugar significa “preparar nuestra posibilidad de gozar, de ver, de sentir, de entender la belleza de lo que nos esperamos, de aquella patria hacia la cual nosotros caminamos”.
“Toda la vida cristiana --prosiguió el papa- es un trabajo de Jesús, del Espíritu Santo para prepararnos un lugar, prepararnos los ojos para poder ver”.
Alguien podría objetar, dijo: “¡pero padre, yo veo bien, no necesito gafas”. Y el papa recordó que personas con cataratas cuando se hacen operar, después dicen: “¡Nunca creí que se pudiera ver así de bien sin gafas!”.
Nuestros ojos son los del alma y necesitan prepararse para ver el rostro maravilloso de Jesús. Hay que “preparar el oído para poder sentir las cosas bellas, las palabras bellas. Y principalmente preparar el corazón para amar más”, dijo.
Porque en el camino de la vida --indicó el santo padre-- el señor hace esto valiéndose de las pruebas, las consolaciones, tribulaciones, y con todas las cosas buenas. Todo el camino de la vida es un camino de preparación.
Y el papa Francisco pone en guardia del peligro de no reconocer una perspectiva de eternidad, de perder esta dimensión fundamental de nuestra vida y del camino de fe. Y que alguien podrá decir: “Pero padre, yo fui a lo de un filósofo y me dijo que todos estos pensamientos son una alienación, que nosotros estamos alienados, que la vida es esta, lo concreto, y el más allá no se sabe que cosa sea…”.
Algunos piensan así, pero Jesús nos dice: “Tengan fe en mí, lo que yo te digo es la verdad, yo no estafo, yo no te engaño”.
“Desde el tiempo de Abraham --dijo el papa- estamos en camino con la promesa de una patria definitiva. Si nosotros vamos a leer el capítulo undécimos de la carta a los hebreos, encontraremos aquella hermosa figura de nuestros antepasados, de nuestros padres, que hicieron este camino hacia la patria y la saludaban desde lejos”.
“Prepararse para el cielo y comenzar a saludarlo desde lejos”. Y esta “no es alienación, esta es la verdad, esto es dejar que Jesús prepare nuestro corazón, nuestro ojos para aquella belleza tan grande. Es el camino de la belleza. También el camino del retorno a la patria".
“Que el Señor --concluyó el papa- nos de esta esperanza fuerte”, y también “el coraje de saludar la patria desde lejos”. Y la “humildad de dejarnos preparar. O sea que el Señor prepare la morada, la morada definitiva en nuestro corazón, en nuestros ojos y en nuestro oído”.
por Makf | 11 Mar, 2026 | Apologética
Autor: Cr José Antonio Varela V. | Fuente: Zenit.org
Nuestra fe nos recuerda que no estamos solos sino que hay una comunión de vida entre todos los que pertenecen a Cristo.
En la mañana del miércoles 30 de octubre de 2013, el papa Francisco dijo las siguientes palabras a los fieles presentes en la audiencia general:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy me gustaría hablar de una realidad muy bella de nuestra fe, es decir, la comunión de los santos. El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que este término hace referencia a dos realidades: la comunión en las cosas santas, y la comunión entre las personas santas (núm. 948). Me centro en el segundo significado: es una verdad entre las más reconfortantes de nuestra fe, porque nos recuerda que no estamos solos sino que hay una comunión de vida entre todos los que pertenecen a Cristo.
Una comunión que nace de la fe; de hecho el término "santos" se refiere a aquellos que creen en el Señor Jesús, y se incorporan a Él en la Iglesia a través del bautismo. Por eso, los primeros cristianos fueron llamados también "los santos" (cf. Hch. 9,13.32.41; Rm. 8,27; 1 Cor. 6,1).
1 . El Evangelio de Juan dice que, antes de su pasión, Jesús oró al Padre por la comunión entre los discípulos con estas palabras: "Para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado" (17,21). La Iglesia, en su verdad más profunda, es comunión con Dios, familiaridad con Dios, una comunión de amor con Cristo y con el Padre en el Espíritu Santo, que se prolonga en una comunión fraterna.
Esta relación entre Jesús y el Padre es la "matriz" de la unión entre nosotros los cristianos: si estamos íntimamente inseridos en esta "matriz", en este horno ardiente de amor, entonces podemos llegar a ser realmente un solo corazón y una sola alma entre nosotros, porque el amor de Dios incinera nuestro egoísmo, nuestros prejuicios, nuestras divisiones internas y externas. El amor de Dios también incinera nuestros pecados.
- Si esto tiene su origen en la fuente del amor, que es Dios, entonces también se da el movimiento recíproco: de los hermanos a Dios; la experiencia de la comunión fraterna con Dios me lleva a la comunión con Dios. Estar unidos entre nosotros nos lleva a estar unidos a Dios, nos lleva a esta relación con Dios que es nuestro Padre. Este es el segundo aspecto de la comunión de los santos que me gustaría subrayar: nuestra fe necesita del apoyo de los demás, especialmente en tiempos difíciles. Si estamos unidos la fe se vuelve más fuerte.
¡Qué hermoso es apoyarse mutuamente en la aventura maravillosa de la fe! Digo esto porque la tendencia a refugiarse en lo privado también ha influido en la esfera religiosa, por lo que muchas veces es difícil buscar la ayuda espiritual de aquellos que comparten nuestra experiencia cristiana.
Todos las hemos experimentado; yo también, forma parte del camino de la fe, del camino de nuestra vida. ¿Quién de nosotros no ha experimentado inseguridad, desconcierto e incluso dudas en el camino de la fe? Todos hemos experimentado esto, también yo: es parte del camino de la fe, es parte de nuestra vida. Todo esto no debe sorprendernos, porque somos seres humanos, marcados por la fragilidad y las limitaciones; todos somos frágiles, todos tenemos límites. Sin embargo, en estos tiempos difíciles hay que confiar en la ayuda de Dios, a través de la oración filial, y al mismo tiempo, es importante encontrar el coraje y la humildad para estar abierto a los demás, para pedir ayuda, para pedir que nos den una mano.
¡Cuántas veces hemos hecho esto, y después hemos sido capaces de salir del problema y encontrar a Dios otra vez! En esta comunión --comunión quiere decir común-unión--, somos una gran familia, donde todos los componentes se ayudan y se apoyan mutuamente.
- Y ahora llegamos a otro aspecto: la comunión de los santos va más allá de la vida terrena, va más allá de la muerte y dura para siempre. Esta unión entre nosotros, va más allá y continúa en la otra vida; es una unión espiritual que nace del bautismo y no se rompe con la muerte, sino que, gracias a Cristo resucitado, está destinado a encontrar su plenitud en la vida eterna.
Hay un vínculo profundo e indisoluble entre los que son todavía peregrinos en este mundo -- incluidos nosotros-- y los que han cruzado el umbral de la muerte para entrar a la eternidad. Todos los bautizados aquí en la tierra, las almas del Purgatorio, y todos los santos que ya están en el Paraíso forman una sola gran familia. Esta comunión entre el cielo y la tierra se realiza sobre todo en la oración de intercesión.
Queridos amigos, ¡tenemos esta belleza! Es nuestra realidad, la de todos, lo que nos hace hermanos, que nos acompaña en el camino de la vida y hace que nos encontremos de nuevo allá en el cielo. Vayamos por este camino con confianza, con alegría. Un cristiano debe ser alegre, con la alegría de tener a tantos hermanos y hermanas bautizados que caminan con él; sostenido por la ayuda de nuestros hermanos y hermanas que transitan este mismo camino para ir al cielo. Y también con la ayuda de nuestros hermanos y hermanas que están en el cielo y oran a Jesús por nosotros. ¡Adelante por este camino de felicidad!
por Makf | 11 Mar, 2026 | Apologética
Autor: Catholic.net
La apologética tiene que ser considerada como parte integrante de la misma evangelización..
La gran tiranía
Hoy existe una gran tiranía, que se está apoderando de todos los sectores de la sociedad, en todas las latitudes. Es un monstruo que avanza imponiendo su ley, la de la demanda y la oferta, con sus apéndices que son el éxito, la fama y la moda. Se trata del «mercado», una palabra mágica, un poder oculto, que todo lo pervade con su fascinación irresistible, el «business», el negocio. Para que algo tenga valor, tiene que transformarse en «negocio», entrar en el «mercado», mirar hacia el éxito, dando fama y poder. De otra manera no sirve para nada.
Este monstruo se está posesionando también de la religión, la religión de la demanda y la oferta, del éxito, del negocio. Si algo le gusta a la gente, quiere decir que es bueno, hay que dárselo. Tantas religiones cuantos son los gustos de la gente con sus preocupaciones reales: salud, curiosidad, superación persona, emocionalismo, euforia, espanto... La religión «cocktail» para cada gusto. Gusto y negocio, demanda y oferta, éxito...
¿Y la verdad? «¿Qué es la verdad?», preguntó Pilato a Jesús (Jn 18,38). Es la lógica de las sectas, que son la versión religiosa de la ley del mercado, de la demanda y de la oferta, sin ninguna preocupación por la verdad y la moralidad objetivas. En muchos casos, la misma Biblia es un ingrediente más para el «cocktail», hecho de psicología, hipnosis, terapia grupal, etc.
Apologética en decadencia
Lo malo es que también dentro de la Iglesia ha entrado algo de este virus del «mercado», el «éxito» y el «negocio». Así se justifican ciertas prácticas, rayanas en la idolatría, por el simple hecho que «así le gusta a la gente», «es la fe del pueblo sencillo» «representa una buena entrada económica»...
Por el simple hecho de que alguien aparece en la pantalla televisiva, hace noticia, cuenta con muchos seguidores, le va bien económicamente, quiere decir que tienen razón, anda bien, agarró la onda... hace progresar la obra de Dios, es un ejemplo a seguir. ¡Ay de los inconformes! A menos que de la inconformidad no se haga una moda y no se transforme en un negocio. Entonces, sí, vengan todas la inconformidades posibles.
Hasta el hombre «controvertido» y el «asesino» pueden transformarse en «estrellas» alimentar el «mercado», engendrando «business», fama, poder y éxito. Por eso la apologética hoy se encuentra en tanta decadencia, por el hecho de que se presenta como algo característico del pasado, fuera de moda.
Hoy las palabras claves son «apertura», «tolerancia», «ecumenismo». El mejor elogio que se puede hacer a uno es calificarlo de «progresista», de «avanzada». Claro que, en esta perspectiva, no hay lugar para la apologética. Y no faltan los sofismas: «la fe no se defiende, se vive»; «Cristo no necesita que alguien lo defienda, sabe defenderse solo», etc., etc. Como se tratara de defender la fe escondida en las bibliotecas o al Cristo glorioso que está en el cielo.
El hecho es que quieren aparentar ser «progresistas» y se espantan frente a la perspectiva de ser considerados «retrógradas».
Al interior de la Iglesia, ¿acaso nadie se da cuenta de los múltiples errores que circulan entre los fieles? Entonces, ¿porqué no intervienen? Evidentemente para no ser incluidos en la lista de los «conservadores».
¿Acaso muchos presbíteros no se dan cuenta que sus ovejas están siendo arrebatadas por los lobos rapaces? Entonces, ¿por qué no toman cartas en el asunto? Por miedo a ser considerados «conservadores».
Es tan grande este miedo, que no valen ni las reiteradas intervenciones del Papa, ni la angustia y el sufrimiento del pueblo para cambiar de actitud. Les resulta más fácil y gratificante decir: «Yo me llevo muy bien con esa gente; hasta tengo algunos amigos que son pastores», que prepararse sobre el tema de las sectas para ayudar a los feligreses que se encuentran con problemas.
Falta de amor
El buen nombre, la fama, el deseo de vivir en paz, el egoísmo pueden más que el amor. Sí, en resumidas cuentas, de eso se trata: escoger entre los propios intereses y el bien del prójimo, la propia comodidad y el riesgo a enfrentarse a un problema tan complicado y de tan pocas satisfacciones. A esos señores, que se sienten tan seguros de haber escogido el camino más correcto por no meterse en líos, les pregunto:
«¿Acaso a lo largo de la historia los que se entregaron a la ardua tarea de profundizar, aclara y defender la fe ante el acecho de los herejes, lo hicieron por el simple gusto de pelear? ¿Acaso no lo hicieron por el amor hacia la verdad y los hermanos, acosados por la duda y deseosos de una orientación que les devolviera la paz?»
He aquí lo que escribió a este propósito San Ireneo en la introducción a sus cinco tomos Adversus Haereses (Contra los herejes):
«Para mí es insólito escribir, no tengo práctica alguna, pero me empuja el amor...Hay que hacer todo lo posible par evitar que algunos sean arrebatados como corderos por lobos vestidos de oveja».
Origen de un malentendido
En los tiempos pasados, la apologética consistía en defender la fe católica de los ataques de sus enemigos. Se dirigía esencialmente a los de afuera, para que tomaran conciencia de la falsedad de sus ataque. Hoy, la apologética se dirige, antes que nada, a los de adentro para que no se dejen confundir por los que se salieron de la misma Iglesia y tratan de llevárselos a sus grupos. Antes, los que no conocían la fe eran los de afuera; hoy, los que no conocen la fe son los de afuera y los de adentro.
Por no haber entendido esta situación, tal vez muchos están en contra de la apologética, pensando que nuestro principal objetivo consiste en querer atacar o convencer a los de afuera. No nuestra preocupación principal consiste en fortalecer la fe de los que están dentro de la Iglesia, aclarando su identidad y dando respuesta a las posibles dudas que puedan derivar de los ataques de las sectas.
En un segundo tiempo, nuestra acción se dirige también hacia los hermanos que dejaron la Iglesia de buena fe y siguen abiertos al diálogo (muy pocos en verdad), para que queden cuestionados y se abran a la posibilidad de un regreso a la Iglesia, de la cual nunca debieron hacer salido.
Revivir la sana apologética
Por lo tanto, hoy más que nunca, es necesario revivir la sana apologética, no por el gusto al pleito o como juego intelectual, sino para ayudar al pueblo católico a tener ideas claras acerca de su fe y no dejarse confundir por la enorme avalancha de falsos profetas y falsos cristos (Mc 13,22), que están invadiendo el mundo tomando la religión como un negocio más (1 Tim 6,5.10), sin aquel cuidado, respeto y delicadeza que merece todo lo que se refiere a Dios, a la misma esencia del hombre y su destino final.
Como es fácil notar, se trata de una tarea extremadamente delicada y compleja, teniendo presente la multiplicidad y variedad de los desafíos a los que se tienen que dar una respuesta: ateísmo, sectas de tipo protestante, nuevos movimientos religiosos cargados de esoterismo, influjos orientales, psicología, etc.
Se necesitan «especialistas» en las distintas ramas, para que investiguen sus contenidos y aclaren los puntos que contradicen nuestra fe, para evitar que católicos «ingenuos» fácilmente se dejen envolver sin darse cuenta de sus implicaciones profundas, como está pasando ahora con la teoría de la «reencarnación». Muchos católicos, que hasta se creen preparados y comprometidos, la están aceptando sin pestañear siquiera, como si se tratara de algo indiferente para la fe católica y no cayendo en la cuenta de que se trata de algo completamente contrario.
En realidad, ¿como se puede compaginar la creencia en una sucesión de vidas con la doctrina de la «muerte, el juicio, el infierno y la gloria»?
Así que, hoy más que nunca, es urgente que en la Iglesia se desarrolle un verdadero «ministerio» para hacer frente a esta problemática, un ministerio que abarque distintos aspectos: investigación, divulgación y asesoría práctica con elación a los hermanos «débiles en la fe», que necesitan una ayuda para superar la crisis en que se encuentran y así poder lanzarse con más libertad y confianza en el seguimiento de Cristo.
En este sentido, la apologética tiene que ser considerada como parte integrante de la misma evangelización. En realidad, sin la apologética, se corre el riesgo de construir sobre arena, al no contar el católico con bases firmes para hacer frente a las continuas provocaciones que le vienen de todas partes.
Frente a esto, alguien podría decir: «Falta que también la apologética hoy se vuelva en una moda y entre en la lógica del mercado». Mejor así que abandonar a las ovejas en las garras del lobo.
por Makf | 11 Mar, 2026 | Apologética
Autor: Catholic.net
Una Nueva Apologética en consonancia con el magisterio de la Iglesia.
Una de las razones por la cual en algunos ambientes no es aceptada la Apólgetica es porque piensan que queremos practicarla o resucitarla tal como se practicaba antes del concilio Vaticano II. Donde en algunos casos era muy racional, combativa, triunfalista y un monólogo donde se quería vencer a un enemigo en la Fe. Además que se le veía como algo contrario al ecumenismo.
La verdad es que hoy en día en muchos países se esta practicando una nueva Apologética pero desde una perspectiva donde se ha incorporado la visión teológica del Vaticano II.
Veamos a continuación algunas de las caracteristicas principales de ella y seguramente que estará de acuerdo con nosotros en promover la importancia de una nueva Apologética en todas las areas de pastoral:
- Que surge de la vivencia del sacramento de la confirmación por el cual somos enriquecidos con el Espirítu Santo para ser testigos de Cristo y extender y defender la fe con obras y palabras. (Catecismo de la Iglesia No. 1285).
- Que sea un elemento integrante de la evangelización. (Catechesi Tradendae No. 18).
- Que no es monólogo sino al contrario, pues establece las bases para un sano diálogo. (Cfr. La Iglesia y las sectas ¿pesadilla o reto? Pag. 269 P. Flaviano Amatulli).
- Que al mismo tiempo que fortalece la identidad del católico está abierta a los valores y elementos de santidad existentes fuera del ámbito eclesial visible (Unitatis Redintegratio No. 3).
- Que no está ni contra las sectas ni con ellas. Mas bien busca instruir con serenidad sobre las características y diferencias de las diversas sectas y sobre las respuestas a las injustas acusaciones contra la Iglesia. (Cfr. Documento de Santo Domingo CELAM No. 146).
- Que se injerta como una disciplina mas dentro del conjunto teológico. (Pastores Dabo Vobis No. 51).
- Renovación de la Apologética que no busca pelear o condenar sino fortalecer la fe del católico capacitándolo a dar razones de su esperanza. (Cfr. El compromiso pastoral de la Iglesia frente a las sectas. Comisión doctrinal de la Conferencia del episcopado mexicano No. 55; 1 Pe 3,15).
- Que no es antagónica con el ecumenismo, sino que se complementa con el mismo. (Cfr. Apologética y Ecumenismo. Dos caras de la misma moneda. P. Flaviano Amatulli).
- Que no solamente ve el error en el otro, sino que al mismo tiempo se autocritica y descubre en el otro los signos de los tiempos. (Ut Unum Sint No. 34).
- Que une el valor del testimonio con la necesidad del anuncio explícito del Evangelio. (Evangelii Nuntiandi No. 22).
- Que defiende y promueve a la vez la riqueza espiritual que el Señor nos dejó pues sólo en la Iglesia católica se encuentra la plenitud de los medios de salvación establecidos por Jesucristo. (Cfr. Sínodo de América No. 282).
- Que no es triunfalista sino un profético anuncio de una verdad que se propone y penetra por la misma fuerza de la verdad con suavidad y firmeza en el alma. (Ut Unum sint No. 3).
- Que desarrolla principalmente toda una labor de pastoral preventiva. (cfr. El compromiso pastoral de la Iglesia frente a las sectas. Comisión doctrinal de la Conferencia del episcopado mexicano No. 61 y 70).
*Que se complementa con el ecumenismo, pues entre ambas líneas de pastoral no hay oposición sino complementariedad. El Ecumenismo busca restablecer la Unidad con los que ya se apartaron (Unitatis Redintegratio) y la Apologética busca preservar la unidad de los que todavía están en la Iglesia (Unitatis Praeservatio).
Es esta la Nueva Apologética que estamos proponiendo y promoviendo, en consonancia con el magisterio de la Iglesia.
por Makf | 11 Mar, 2026 | Apologética
Autor: Catholic.net
Se necesita mucho espíritu de entrega. Son pocos los que se dedican a esta tarea, convencidos de que se trata de algo necesario y urgente para la Iglesia..
Complejidad del problema
Con el asunto de las sectas está pasando algo muy curioso: todos reconocen la gravedad del problema, pero pocos se deciden a enfrentarlo seriamente.
¿Por qué? «No sabemos por donde empezar», confiesan algunos con toda franqueza. «Por fin hemos encontrado a uno que nos presenta objetivos claros al respecto, con estrategias bien concretas», me decía Mons. Castrillón, ex presidente del CELAM. La complejidad del problema es el primer obstáculo, que impide a muchos abordar el tema.
Ecumenismo malentendido
Otro obstáculo; un malentendido ecumenismo. Al querer enfrentar con seriedad el problema de las sectas, uno tienen miedo a obstaculizar el proceso ecuménico ya en acto y con buenas perspectivas para el futuro. Es que no se ha entendido que el ecumenismo no tiene nada que ver con las sectas, que el ecumenismo no tiene nada que ver con las sectas, vorazmente proselitistas.
Mientras el ecumenismo busca la unidad, el proselitismo a ultranza de las sectas mira hacia la división. En este contexto, nuestra labor mira a fortalecer la fe de los católicos para que no se dejen arrastrar por las mañas y artimañas de las sectas, y haciendo esto estamos seguros de trabajar en favor de la unidad, al impedir precisamente mayores divisiones.
Flojera
Sin embargo, aclarando esto, viene la dificultad de la preparación necesaria para trabajar en esta línea. Se necesita conocer bastante acerca de la Biblia y acerca de la doctrina católica y las creencias de los distintos grupos religiosos. Y entonces interviene la flojera que puede llegar hasta crear un fenómeno de tipo sectario dentro de la misma Iglesia: cada uno se queda con su grupo. Conoce sus cosas, vive la fe como le enseñan allá y con eso se siente feliz, sin preocuparse en lo más mínimo por lo que se maneja en los demás grupos al interior de la misma Iglesia y tanto menos en los grupos que están fuera de ella.
Y para camuflar esta situación de cobardía y cerrazón, se hace alarde de «apertura» , «espíritu ecuménico» y tantas cosas bonitas que no vienen al caso. Hasta que el problema no se vuelve «personal» al no pode ayudar a un familiar o un amigo que se está pasando o ya se pasó a una secta. Y entonces empiezan las recriminaciones contra la jerarquía, por no tomar cartas en el asunto y no preparar adecuadamente a su gente.
Muchos sacrificios
Evidentemente no faltan católicos practicantes, que sienten la curiosidad por adentrarse en el problema de las sectas «para conocer». Pero ¿qué pasa? Que una vez satisfecha su curiosidad, se alejan del asunto. No quieren «comprometerse» a dar un servicio a la comunidad eclesial en esta línea específica. Es que se trata de una tarea ingrata, que exige muchos sacrificios y ofrece pocas satisfacciones. No es como trabajar en otros campos.
En realidad, en los movimientos apostólicos normalmente se trabaja con el afán de aumentar la propia membresía y así adquirir más prestigio y poder en la comunidad eclesial, aunados muchas veces a ciertas ventajas de tipo económico. Trabajando en la línea de la defensa de la fe, al contrario, es trabajar por la Iglesia como tal, ayudando al que sea, sin ningún tipo de vínculo ulterior, que pudiera traer algún beneficio.
Pocos comprometidos
Es como sembrar en el mar. Aclarar dudas, aconsejar resolver problemas, y ya. Y te quedas solo como antes, con la única satisfacción de haber hecho regresar al redil alguna oveja perdida o haber llevado la paz a un alma angustiada.Es lo que se nota al concluir algún cursillo para seminaristas, religiosas, laicos comprometidos o pueblo en general: alguna palabra de agradecimiento, algún vago deseo de que «esto siga » y ya. Al momento del compromiso concreta, muy pocos levantan la mano. Es que hay que dar mucho y recibir muy poco a cambio.
Casi siempre me preguntan: «¿Quién sostiene esta actividad?» Al escuchar la respuesta: «Nadie», casi todos se enfrían. Ven el asunto muy difícil y con pocas perspectivas para el futuro. Claro, les gustaría entrarle, pero con algunas condiciones: un sueldito, un carrito, una oficinita, teléfono y fax. Pero, esto de meterse a trabajar así nada más, gratis et amore Dei (gratuitamente y por amor a Dios), cargando una miserable mochila y pidiendo hospedaje en cualquier lugar, parece una exageración, algo propio de la Edad Medio, completamente fuera de los parámetros de la era de la computación.
Por eso, somos tan pocos los que estamos metidos en esto. Sin embargo, no por eso nos vamos a desanimar, «tirando la toalla», como dicen por ahí. Somos pocos, pero bien fogueados y convencidos de lo que estamos haciendo. Así que, ni las burlas («Ahí vienen los cazadores de brujas»), ni la pobreza, no los rechazos de parte de algunos nos van a detener: sabemos perfectamente en lo que estamos y lo que pretendemos.
Por otro lado, no faltan (y son muchos) los que ven en esta labor relacionada con el problema de las sectas, algo «providencial», necesario y urgente para el bien de la Iglesia hoy.
Un sacerdote comentaba:
«Durante los primeros siglos de la historia de la Iglesia, hubo situaciones difíciles con relación al problema de las sectas. Sin embargo, entonces la Iglesia supo enfrentar el problema con audacia y prontitud. Lo que no ha hecho ahora. Por eso el problema se ha hecho grave. ¡Qué bueno que alguien se ha abocado a la tarea de luchar para preparar a los católicos a mantenerse firmes en su fe y no dejarse confundir por las insidias de las sectas!».
Así que, va a depender mucho de nosotros, si esta actividad tendrá todo el alcance que necesita para responder realmente a las necesidades de la Iglesia en el momento actual. Dependerá de nosotros saber involucrar a más gente, crear opinión y despertar interés e iniciativas al respecto.
Como es fácil constatar, aún no se entiende que para llevar adelante esta obra se necesitan fondos económicos. Ni modo. Vamos a usar más la inteligencia para descubrir métodos siempre más populares y que impliquen pocos gastos. Tal vez la pobreza de los medios que utilizamos y la poca capacidad del mismo elemento humano implicado en esta actividad, pueden ser una señal más para convencernos de que esta obra es realmente una «obra de Dios».
por Makf | 11 Mar, 2026 | Apologética
Autor: Catholic.net