Estoy Contigo

¿Me necesitas? Estoy aquí contigo. No puedes verme y sin embargo, soy la luz que te permite ver. No puedes oírme y sin embargo, hablo a través de tu voz. No puedes sentirme y sin embargo, soy el poder que trabaja en tus manos.

Estoy trabajando en ti, aunque desconozcas mis senderos… Estoy trabajando, aunque no reconozcas mis obras.

No soy una visión extraña… No soy un misterio… Sólo en el silencio absoluto, más allá del "yo" que aparentas ser, puedes entonces conocerme sólo como un sentimiento y por la fe.

Sin embargo, estoy aquí contigo… Sin embargo, te oigo… Sin embargo te contesto.

Cuando me necesitas, estoy contigo. Aunque me niegues, estoy contigo. En los momentos en que más solo crees encontrarte, Yo estoy contigo. Aún en tus temores, estoy contigo. Aún en tu dolor, estoy contigo. Estoy contigo cuando oras y cuando no oras. Estoy en ti y tú estás en Mí.

Sólo en tu mente puedes sentirte separado de Mí, pues sólo en tu mente están las brumas de "lo tuyo" y "lo Mío"; sin embargo, tan sólo con tu mente puedes conocerme y sentirme.

Vacía tu corazón de temores ignorantes. Cuando quites el "yo" de en medio, estoy contigo.

Por ti mismo no puedes hacer nada, pero Yo todo lo puedo. Yo estoy en todo y en ti.

Aunque no puedas ver el bien, el bien está allí, pues Yo estoy allí. ¡Estoy allí!

Sólo en Mí tiene el mundo significado. Sólo en Mí toma el mundo forma. Sólo en Mí el mundo sigue adelante. Soy la ley en la cual descansa el movimiento de las estrellas y el crecimiento de toda célula viva. Soy el amor que es cumplimiento de la ley. Soy seguridad. Soy paz. Soy unidad. Soy la ley por la cual vives. Soy el amor en quien puedes confiar. ¡Soy tu seguridad! Soy tu paz. Soy uno contigo. ¡Yo Soy el que Soy!

Aunque falles en encontrarme, Yo nunca dejo de encontrarte. Aunque tu fe en Mí es insegura, mi fe en ti nunca flaquea porque te conozco, porque te amo y estoy contigo.

Ven, ven a Mí que estoy ansioso por abrazarte… por fundirme en ti. Quiero llenarte de mi amor, de Mí paz, de Mí alegría.

Quiero mostrarte mis caminos. Quiero que te conduzcas con Mí verdad…Quiero darte vida, para que tengas vida eterna…

¡Te espero…!, todos los días en el Sagrario.

Ese Olor a Mamá

Mamita, ¡cómo hueles rico!" (Eso me dice mi pequeña de seis años con quien estoy acostada conversando).

-"Pero mi amor, ¿a qué puedo oler si no uso lociones, ni perfumes, ni cremas? Con seguridad no huelo a nada".

-"Te equivocas, mamita, hueles rico, "HUELES A MAMÁ", me contesta sonriente.

Esta respuesta me llena de emoción y me hace pensar: Es una respuesta linda, llena de amor y de ternura.

HUELES A MAMÁ. Yo nunca había pensado en ese olor, no lo había llamado así, nunca supe definirlo, pero ahora sé que mi madre huele dulcemente a mamá.

HUELES A MAMÁ cuando estás llena de ternura, de amor, de cariño y de comprensión.

HUELES A MAMÁ cuando juegas con tus hijos sin importarte qué pasó con tu arreglo. Cuando con ellos vuelves a ser niña y compartes el yoyo, la pelota y la muñeca.

HUELES A MAMÁ cuando con ellos cantas y cuentas cuentos. Cuando escuchas sus quejas y oyes sus problemas. HUELES A MAMÁ cuando encuentras palabras adecuadas en sus momentos tristes.

HUELES A MAMÁ cuando les dedicas todo tu tiempo cuando están enfermos.

HUELES A MAMÁ cuando les permites invitar a sus amigos sin preocuparte cómo te dejan la casa.

HUELES A MAMÁ cuando soportas sus chanzas pesadas; cuando les hablas de su deporte favorito, así no entiendas nada. HUELES A MAMÁ cuando les reprendes a tiempo e impones una disciplina dulce pero firme.

HUELES A MAMÁ cuando sabes decir SÍ y cuando sabes decir NO.

HUELES A MAMÁ cuando te afanas y preocupas por sus estudios.

HUELES A MAMÁ cuando procuras mejorar y aprender a ser mamá las veinticuatro horas del día.

Mi niña me dijo que yo olía a mamá y me siento muy feliz.

Ojalá todas las mujeres tuviéramos siempre ese hermoso y dulce "OLOR A MAMÁ".

Tu vida puede ser lo que tu quiere que sea. Vívela un día a la vez.

Empuja la Vaquita

Un maestro de la sabiduría paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata, le comentó al aprendiz sobre la importancia de las visitas; también de conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que tenemos de estas experiencias.

Llegando al lugar, constató la pobreza del sitio, los habitantes, una pareja y tres hijos, la casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin calzado. Entonces se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia, y le preguntó:

  • "En este lugar no existen posibilidades de trabajo, ni puntos de comercio tampoco,
    ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?"

El señor, calmadamente, respondió: -"Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos, o la cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina, y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc.., para nuestro consumo, y así es como vamos sobreviviendo".

El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue. En medio del camino, volteó hacia su fiel discípulo y le ordenó:

  • "Busque la vaquita, llévela al precipicio de allí en frente y empújela al barranco".

El joven, espantado, vio al maestro y le cuestionó sobre el hecho de que la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia. Más como percibió el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden. Así que empujó la vaquita por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante algunos años. Un bello día, el joven resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar y contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar, veía todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado, con carro en el garaje de tremenda casa y algunos niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste y desesperado, imaginando que aquella humilde familia tuviese que vender el terreno para sobrevivir, aceleró el paso, y llegando allá, fue recibido por un señor muy simpático. El joven preguntó por la familia que vivía ahí hace unos cuatro años; el señor respondió que seguían viviendo ahí. Espantado, el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hace algunos años con el maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor:

"¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?"

El señor, entusiasmado, le respondió:

"Nosotros teníamos una vaquita, que cayó por el precipicio y murió; de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos. Así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora.

Todos nosotros tenemos una vaquita que nos proporciona algunas cosas básicas para nuestra sobrevivencia, la cual hace nuestra vida rutinaria, nos hace dependientes y nuestro mundo se reduce a lo que la vaquita nos produce. ¡Descubre cuál es tu vaquita para empujarla por el precipicio!

El Vestido

"¿Le gusta mi vestido?"-, preguntó una niña a una mujer que pasaba por la calle.

  • "Mi madre me lo hizo"-, dijo con lágrimas en los ojos.

"Creo que es muy bonito, pero dime pequeña, ¿por qué lloras?"- Con un hilo de voz la niña respondió:

"Después de que mi mamá hizo el vestido, se tuvo que ir".

"Bueno, seguro que vuelve pronto"-, dijo la señora.

"No señora, usted no lo entiende"-, dijo la niña llorando,

"mi papá me dijo que ella está en el cielo, junto a mi abuelo".

Al final, la mujer comprendió lo que la niña le quería decir y por qué estaba llorando. Se arrodilló y abrazó cariñosamente a la niña, y junto a ella lloró por la mamá que se había marchado.

De repente, la niña hizo algo que la mujer pensó era un poco extraño. Dejó de llorar, dio un paso atrás y comenzó a cantar. Cantaba tan suavemente que casi parecía un susurro. Era el sonido más dulce que la mujer nunca había escuchado, casi como el trino de un pájaro pequeño. Después de que la niña dejó de cantar, le explicó a la mujer:

  • "Mi mamá solía cantarme
    esta canción antes de irse, y me hizo prometerle que siempre la cantaría cuando llorase, y la canción pararía mi llanto… mira, ya dejé de llorar".

Cuando la mujer se marchaba, la niña le agarró de la falda, y le dijo:

"Señora, ¿podría quedarse un momentito? Quiero enseñarle algo".

"Por supuesto"-, le contestó, -"¿qué quieres enseñarme?"

Señalando un punto en su vestido, le dijo: -"Aquí es donde mi mamá
besó en este vestido…, y aquí también"- dijo, señalando otro
punto, - "y aquí también, y aquí…, y aquí… Mamá me dijo que ponía todos estos besos en mi vestido para que yo tuviera todos su besos cada vez que me sintiera triste".

Entonces, la mujer se dio cuenta de que no sólo estaba viendo un vestido, ino!, miraba una madre, que sabía que se marchaba y que no estaría mucho más con su hija para besarla cuando se sintiera triste. Así que tomó todo su amor por su preciosa hija y lo puso en su vestido que con tanto orgullo llevaba ahora. Ya no vio una niña con un simple vestido, sino a una niña arropada en el amor de su madre.

El Túnel

Un hombre estaba pasando por un momento difícil de su vida. Anímicamente, se sentía decaído, y últimamente todo le había salido pésimo. Por eso, decidió tomarse unos días de vacaciones y salir a pasear con su familia por el interior del país.

Una vez arreglados los detalles y ya en la ruta, su mente recorrió todos los sinsabores que la vida le había deparado durante los últimos meses.

La esposa iba sentada en el asiento del acompañante y sólo rompía su silencio para retar al hijo que saltaba en el asiento trasero. La tristeza de su marido había terminado por contagiarla.

El, mientras manejaba, empezó a recordar otros episodios más lejanos en el tiempo: su casamiento por la Iglesia, el bautismo de su hijo, la educación cristiana que se propuso darle, las reuniones en la parroquia y otras cosas que él había ofrecido a Dios.

Esas imágenes aparecieron en su mente, porque se contradecían con lo terrible que era su vida últimamente: la muerte de sus padres, los problemas laborales y económicos, la ruptura con sus amistades, la pérdida del segundo embarazo de su esposa y los problemas familiares, entre otras cosas, lo sumieron en una gran oscuridad que le hizo replantearse un montón de cosas, entre ellas, su relación con Dios…

Si Dios había estado tanto tiempo con él, ¿por qué lo había abandonado? ¿Sería que nunca lo había acompañado? ¿Sería que vivió engañado, con un Dios que lo había dejado librado a su suerte?, o ¿sería una ilusión y Dios era un invento que nunca existió en realidad?

Mientras se desgarraba por dentro con sus razonamientos, el hijito disfrutaba enormemente de los rayos del sol que entraban por el vidrio trasero. Hacía sombra con sus pequeñas manos y oía como su padre protestaba por la congestión de tránsito en la ruta, en lugar de sonreír (como lo hacía antes con sus juegos).

De repente, el niño abrió grande sus ojitos, pues entraron en un túnel, y como el tránsito estaba lento, tardaban en salir de él. Pasaban los minutos, que para el niño eran siglos, pues extrañaba la luz que le producía alegría. Su preocupación iba en aumento. En su hermosa inocencia y candidez, se preguntaba si alguna vez volvería a ver el sol, y aunque no fuera tal, se sentía en la más absoluta oscuridad. La tristeza y el miedo se fueron apoderando de él, y hasta sentía ganas de regañar al sol por no estar allí.

Cuando estuvo a punto de ponerse a llorar, un brillante rayo de luz lo estremeció. El túnel había quedado atrás. La luminosidad le parecía enormemente más fantástica que

antes, pues el tiempo de oscuridad le hacia disfrutar ahora mucho más de la luz. Y, mirando hacia atrás, veía al enorme sol que siempre había estado brillando sobre el túnel.

Entonces, con gran alegría, dijo a papá: -¡Qué tonto! Pensé que el sol no saldría más-.

Y el padre, luego de unos segundos volvió a sonreír…

El Sueño

"Una vez, en el lugar más hermoso del universo vivía un niño llamado Sueño, el cual anhelaba crecer y conocer otros mundos.

Sueño se pasaba la vida por allá en lo alto, por las nubes, jugando y jugando todo el día.

Una vez, se dio cuenta que él no crecía como lo hacían sus amigos; además, empezó a sentirse muy débil, y poco a poco perdió sus ganas de jugar.

Un gran día, Dios desde el cielo, al ver a su amado hijo Sueño tan débil, envió un mensajero celestial en su ayuda.

El mensajero llevaba consigo un maletín muy especial que contenía alimentos Divinos, para así fortalecer y hacer crecer al niño.

Desde el mismo instante en que aquel mensajero llegó, Sueño empezó a sentirse mejor y mejor, ya que cada día, aquel enviado del Cielo lo alimentaba con aquellos celestiales manjares:

Muchos caldos de constancia con fuerza; platos muy nutritivos de voluntad y trabajo; postres hechos a base de voluntad y paciencia; fantásticos jugos hechos con decisión. Y lo más importante: Tratándolo con mucha confianza y sobre todo, con mucho amor a Dios, Sueño creció y creció, y llegó a dejar de ser Sueño, para convertirse en Meta y, claro que siguió jugando, pero ya no por las nubes, sino aquí en la tierra, poco a poco fue conociendo otros mundos, mundos como la felicidad y la satisfacción. Y, cierto día, Meta dejó de ser Meta y se transformó en REALIDAD.

"Yo quiero que mi Sueño se convierta en Meta y luego en REALIDAD…. y para eso, creo que debo empezar a vivir".

Categorías