por makf | 20 Ago, 2025 | Libro 3
Cierta vez, un hombre visitó a su Rabí y le relató su problema.
-"Rabí, soy un sastre. Con los años, he ganado una excelente reputación por mi experiencia y alta calidad de mi trabajo. Todos los nobles de los alrededores me encargan sus trajes y los vestidos de sus esposas. Hace unos meses, recibí el encargo más importante de mi vida: El príncipe en persona escuchó de mí y me solicitó que le cosiera un ropaje con la seda más fina que fuera posible conseguir en el país.
Puse los mejores materiales e hice mi mejor esfuerzo. Quería demostrar mi arte y que este trabajo me abriera las puertas a una vida de éxito y opulencia. Pero cuando le presenté la prenda terminada, el príncipe comenzó a gritarme e insultarme.
-¿Esto es lo mejor que puedes hacer? Es una atrocidad. ¿Quién te enseñó a coser?
Me ordenó que me retirara y arrojó el traje tras de mí. Rabí, estoy arruinado. Todo mi capital estaba invertido en esa vestimenta, y peor aún, mi reputación ha sido totalmente destruida.
Nadie volverá a encargarme una prenda luego de esto. ¡No entiendo qué sucedió, ha sido el mejor traje que he hecho en años!". El Rabí le contestó -"Vuelve a tu negocio, descose cada una de las puntadas de la prenda y vuelve a coserlas exactamente como lo habías hecho antes. Luego, llévala al príncipe de nuevo".
-"Pero obtendré el mismo traje que tengo ahora"-, protestó el sastre. -"Además, mi estado de ánimo no es el mismo".
-"Haz lo que te indico y Dios te ayudará"-, dijo el Rabí.
Dos semanas después, el sastre retornó:
-"Rabí, usted ha salvado mi . vida. Cuando le presenté nuevamente el traje al príncipe, su rostro se iluminó y exclamó: -¡Este es el traje más hermoso y delicado que haya visto en toda mi vida!
Me pagó generosamente y prometió entregarme más trabajo y recomendarme a sus amigos. Pero Rabí, deseo saber ¿cuál era la diferencia entre el primer traje y el segundo?". El Rabí le explicó:
-"El primer traje fue cosido con arrogancia y orgullo. El resultado fue una vestimenta espiritualmente repulsiva que, aunque técnicamente perfecta, carecía de gracia y belleza.
Sin embargo, la segunda costura fue hecha con humildad y con el corazón quebrantado, transmitiendo una belleza esencial que provocaba admiración en quien la veía".
por makf | 20 Ago, 2025 | Libro 3
Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, y todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que había alcanzado. Tiempo después, se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo y visitó a un hombre muy sabio, a quien le dijo:
- Quiero reparar todo el daño que le hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?
El sabio le respondió:
- Muy sencillo: Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y suelta cada una por
donde vayas.
El hombre, muy contento por aquello tan fácil, tomó el saco lleno de plumas, y al cabo de un día, las había soltado todas. Volvió donde el sabio, y le dijo:
Ya he terminado. El sabio le contestó: Esa es la parte más fácil.
Ahora, debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste. Sal a la calle y búscalas. El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo juntar casi ninguna. Al volver, el hombre sabio le dijo:
Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo, el mal que le hiciste a tu amigo voló de boca en boca y el daño ya está hecho.
Lo único que puedes hacer es pedirle perdón, pues no hay forma de revertir lo que hiciste.
por makf | 20 Ago, 2025 | Libro 3
Una niña en África le dio a su maestra un regalo de cumpleaños. Era un hermoso caracol. - ¿Dónde lo encontraste?
La niña le dijo que esos caracoles se hallan solamente en cierta playa lejana.
La maestra se conmovió profundamente porque sabía que la niña había caminado muchos kilómetros para buscar el caracol.
- No debiste haber ido tan lejos, sólo para buscarme un regalo.
La sabia niña sonrió y contestó:
- Maestra, la larga caminata es parte del regalo.
por makf | 20 Ago, 2025 | Libro 3
Un juez iba a liberar a un preso de la cárcel, por lo que hizo
pasar a uno por uno a una "entrevista" con él, para ver quien merecía ser liberado.
Al preguntar al primero por qué estaba allí, éste dijo:
- "Estoy aquí, porque me calumniaron y me acusaron injustamente".
Llamó al segundo, y éste contestó: -"Estoy aquí, porque dicen
que robé, pero es mentira".
De esta forma, fueron pasando todos los presos y se declaraban inocentes. Hasta que llegó el último, quien dijo:
- "Estoy aquí porque maté un hombre. Hirió a mi familia y perdí el control y por eso lo
maté. Pero hoy me doy cuenta de que lo que hice estuvo mal y estoy muy arrepentido".
El juez se levantó y dijo:
-Voy a liberar a este último preso. Todos se quedaron perplejos y dijeron. Pero ¿por qué lo vas liberar a él?
El juez contestó: - El castigo es para los que esconden su falta. La misericor dia, para los que reconocen su falta y se arrepienten.
La única prueba de que hemos recibido el perdón, es la de que hemos aprendido a perdonar. Louise Evely
por makf | 20 Ago, 2025 | Libro 3
La madre de 26 años se quedó absorta mirando a su hijo que moría de leucemia terminal. Aunque su corazón estaba agobiado por la tristeza, también tenía ella un fuerte sentido de determinación. Como cualquier madre, ella deseaba que su hijo creciera y realizara todos sus sueños. Pero ahora eso no era posible para su hijo. La leucemia no se lo permitiría. Pero aun así, ella todavía quería que los sueños de su hijo se realizaran. Ella tomó la mano de su hijo y le preguntó:
Billy, ¿Alguna vez pensaste en lo que querías ser cuando crecieras? ¿Soñaste alguna vez y pensaste en lo que harías con tu vida?
Mami, siempre quise ser un bombero cuando creciera. La madre se sonrió, y dijo:
Veamos si podemos hacer realidad tu sueño.
Ese día, más tarde, ella se dirigió a la Estación de Bomberos de Phoenix, Arizona. Allí conoció al bombero Bob, un hombre con un corazón grande como Phoenix. Ella le explicó el deseo último de su hijo y le preguntó si era posible darle a su hijo de seis años un paseo alrededor de la cuadra en un camión bombero. El bombero Bob dijo:
-Mire, podemos hacer algo mejor que eso. Tenga a su hijo listo mañana miércoles a las 7 en punto de la mañana y lo haremos un 'Bombero Honorario' durante todo el día. El puede venir con nosotros aquí a la Estación, comer con nosotros y salir con nosotros cuando recibamos llamadas de incendios. Y si usted nos da sus medidas, le conseguiremos un verdadero uniforme de bombero, con un sombrero verdadero que lleve el emblema de la Estación de Bomberos de Phoenix, no uno de juguete, sino el emblema amarillo que nosotros llevamos, y sus botas de hule. Todo eso es hecho aquí en Phoenix, así que nos es fácil conseguirlo bastante rápido.
Al día siguiente, el bombero Bob recogió a Billy, le puso su uniforme de bombero y lo condujo desde la cama del hospital hasta el camión bombero. Billy tuvo que sentarse en la parte de atrás del camión, y ayudar a conducirlo de regreso a la estación. El se sentía como en el cielo. Hubo tres llamadas en Phoenix ese día y Billy tuvo que salir en las tres llamadas. El fue en tres camiones diferentes. Fue en el microbús paramédico y también en el carro del Jefe de Bomberos. También le tomaron videos para las noticias locales
-Mire, podemos hacer algo mejor que eso. Tenga a su hijo listo mañana miércoles a las 7 en punto de la mañana y lo haremos un 'Bombero Honorario' durante todo el día. El puede venir con nosotros aquí a la Estación, comer con nosotros y salir con nosotros cuando recibamos llamadas de incendios. Y si usted nos da sus medidas, le conseguiremos un verdadero uniforme de bombero, con un sombrero verdadero que lleve el emblema de la Estación de Bomberos de Phoenix, no uno de juguete, sino el emblema amarillo que nosotros llevamos, y sus botas de hule. Todo eso es hecho aquí en Phoenix, así que nos es fácil conseguirlo bastante rápido.
Al día siguiente, el bombero Bob recogió a Billy, le puso su uniforme de bombero y lo condujo desde la cama del hospital hasta el camión bombero. Billy tuvo que sentarse en la parte de atrás del camión, y ayudar a conducirlo de regreso a la estación. El se sentía como en el cielo. Hubo tres llamadas en Phoenix ese día y Billy tuvo que salir en las tres llamadas. El fue en tres camiones diferentes. Fue en el microbús paramédico y también en el carro del Jefe de Bomberos. También le tomaron videos para las noticias locales
televisión. Habiendo hecho realidad su sueño, y con todo el amor y la atención que le fue dada, Billy fue tocado tan profundamente en su corazón, que logró vivir tres meses más de lo que cualquier médico pensó que viviría.
Una noche todas sus señales vitales comenzaron a decaer dramáticamente, y el Jefe de Enfermería, que creía en el concepto hospicial que nadie debe morir solo, comenzó a llamar a los miembros de la familia para que vinieran al hospital. Luego, recordó el día en que Billy había pasado como si fuera un bombero, así que llamó al Jefe de la Estación y le preguntó si era posible que enviara a un 'bombero' uniformado al hospital, para que estuviera con Billy mientras entregaba su alma.
El Jefe le dijo:
- Haremos algo mejor. Estaremos allí en cinco minutos. ¿Me hará un favor? Cuando
oigan las sirenas sonando y las luces centelleando, ¿podría anunciar por los altoparlantes que no hay ningún incendio? Sino que es el Departamento de Bomberos que va a ver a uno de sus más finos miembros una vez más. Y por favor, ¿podría abrir la ventana de su cuarto?
Cinco minutos más tarde, un gancho y la escalera del carro bombero llegaron al hospital, y se extendieron hasta el tercer piso donde estaba la ventana abierta del cuarto de Billy, y 16 'bomberos' subieron por ella y entraron al cuarto. Con el permiso de su mamá, cada uno de ellos lo abrazó y lo arrulló, diciéndole cuánto lo amaban…
Con su aliento agonizante, Billy miró al Jefe de los Bomberos y dijo:
- Jefe, ¿Soy verdaderamente un bombero, ahora?
El Jefe le respondió: -Si, Billy, ¡LO ERES!
Con esas palabras, Billy sonrió y cerró sus ojos por última vez.
por makf | 20 Ago, 2025 | Libro 3
El siguiente es el relato verídico de un hombre llamado Víctor.
Al cabo de meses de encontrarse sin trabajo, se vio obligado a recurrir a la mendicidad para sobrevivir, cosa que detestaba profundamente.
Una fría tarde de invierno, se encontraba en las inmediaciones de un club privado, cuando observó a un hombre y a su esposa que entraban al mismo. Víctor le pidió al hombre unas monedas para poder comprarse algo de comer.
- Lo siento, amigo, pero no tengo nada de cambio – replicó éste. La mujer, que oyó la conversación, preguntó:
¿Qué quería ese pobre hombre? Dinero para una comida. Dijo que tenía hambre. -
respondió su marido. ¡Lorenzo, no podemos entrar a comer una comida suntuosa
que no necesitamos, y dejar a un hombre hambriento aquí afuera! - dijo ella.
¡Hoy en día hay un mendigo en cada esquina! Seguro que quiere el dinero para beber, -dijo molesto él.
¡Yo tengo un poco de cambio! Le daré algo. - dijo ella.
Aunque Víctor estaba de espaldas a ellos, oyó todo lo que dijeron. Avergonzado, quería
alejarse corriendo de allí, pero en ese momento oyó la amable voz de la mujer que le decía:
Aquí tiene unas monedas. Consígase algo de comer. Aunque la situación está difícil,
no pierda las esperanzas. En alguna parte hay un empleo para usted. Espero que pronto lo encuentre.
¡Muchas gracias, señora! Me ha dado usted ocasión de comenzar de nuevo, y me ha
ayudado a cobrar ánimo. Jamás olvidaré su gentileza.
Estará usted comiendo el pan de Cristo. Compártalo – dijo ella, con una cálida sonrisa dirigida más bien a un hombre, y no a un mendigo. Víctor sintió como si una descarga eléctrica le recorriera el cuerpo.
Encontró un lugar barato donde comer, gastó la mitad de lo que la señora le había dado, y resolvió guardar lo que le sobraba para otro día. ¡Comería el pan de Cristo dos días! Una vez más, aquella descarga eléctrica corrió por su interior.
¡El pan de Cristo! -¡Un momento! - pensó. No puedo guardarme el pan de
Cristo solamente para mí mismo.
Le parecía estar escuchando el eco de un viejo himno que había aprendido en la escuela.
En ese momento, pasó a su lado un anciano. Quizás ese pobre anciano
tenga hambre - pensó. Tengo que compartir el pan de Cristo.
Oiga - exclamó Víctor-. ¿Le gustaría entrar y comerse una buena comida?
El viejo se dio vuelta, y lo miró asombrado.
- ¿Habla usted en serio, amigo?
El hombre no daba crédito a lo que le pasaba, hasta que se sentó a una mesa cubierta con un mantel y le pusieron delante un plato de guiso caliente. Durante la cena, Víctor notó que el hombre envolvía un pedazo de pan en su servilleta de papel.
¿Está guardando un poco para mañana? - le preguntó. No…, no. Es que hay un
chico que conozco por donde suelo frecuentar. La ha pasado mal últimamente y estaba
llorando cuando lo dejé. Tenía hambre. Le voy a llevar el pan.
¡El pan de Cristo! - Recordó nuevamente las palabras de la mujer, y tuvo la extraña sensación de que había un tercer convidado sentado a aquella mesa. A lo lejos, las campanas de una iglesia parecían entonar a sus oídos el viejo himno que le había sonado antes en la cabeza.
Los dos hombres llevaron el pan al niño hambriento, que comenzó a engullírselo. De golpe se detuvo y llamó a un perro, un perro perdido y asustado. -Aquí tienes, perrito. Te doy la mitad - dijo el niño. ¡El pan de Cristo! Alcanzaría también para el hermano perro. San Francisco de Asís habría hecho lo mismo - pensó Víctor.
El niño había cambiado totalmente de semblante. Se puso de pie y comenzó a vender el periódico con entusiasmo.
- Hasta luego - dijo Víctor al viejo-. En alguna parte hay un empleo para usted. Pronto dará con él. No desespere. ¿Sabe? – su voz se tornó en un susurro-. Esto
que hemos comido es el pan de Cristo. Una señora me lo dijo, cuando me dio aquellas monedas para comprarlo. ¡Dios, en el futuro, nos deparará algo bueno!
Al alejarse el viejo, Víctor se dio vuelta y se encontró con el perro que le olfateaba la pierna. Se agachó para acariciarlo y descubrió que tenía un collar que llevaba grabado el nombre del dueño.
Víctor recorrió el largo camino hasta la casa del dueño del perro, y llamó a la puerta. Al salir éste, y ver que había encontrado a su perro, se puso contentísimo.
De golpe, la expresión de su rostro se tornó seria. Estaba por reprocharle a Víctor, que seguramente había robado el perro para cobrar la recompensa, pero no lo hizo. ¿Le interesaría un empleo? Venga a mi oficina mañana. Me hace mucha falta una persona íntegra como usted.
Al volver a emprender Víctor la caminata por la avenida, aquel viejo himno que recordaba de su niñez volvió a sonarle en el alma. Se titulaba:
Parte el Pan de Vida…