por makf | 20 Ago, 2025 | Libro 3
Un médico psicólogo atendía una consulta en un hospital, sus pacientes eran adolescentes. Cierto día le llevaron a un joven de 14 años que desde hacía un año no pronunciaba palabra y estaba internado en un orfanato.
Cuando era muy pequeño, su padre murió. Vivió con su madre y abuelo hasta hacía un año. A los 13 años muere su abuelo, y tres meses después su madre en un accidente. Llegaba solo al consultorio y se sentaba mirando las paredes, sin hablar. Estaba pálido y nervioso…
Este médico no podía hacerlo hablar. Comprendió que el dolor del muchacho era tan grande que le impedía expresarse, y él, por más que le dijera algo, tampoco servía de mucho.
Optó por sentarse y observarlo en silencio, acompañándolo en su dolor. Después de la segunda consulta, cuando el muchacho se retiraba, el doctor le puso una mano en el hombro:
- "Ven la semana próxima si gustas…, duele ¿verdad?…" El muchacho lo miró, no se había sobresaltado ni nada, sólo lo miró y se fue.
Cuando volvió a la semana siguiente, el doctor lo esperaba con un juego de ajedrez, así pasaron varios meses sin hablar, pero él notaba que David ya no
parecía nervioso y su palidez había desaparecido. Un día, mientras el doctor miraba la cabeza del muchacho que estudiaba agachado en el tablero, pensaba en lo poco que sabemos del misterio del proceso de curación. De pronto, David alzó la vista y lo miró:
-"Le toca"- le dijo.
Ese día empezó a hablar, hizo amigos en la escuela, ingresó a un equipo de ciclismo y comenzó una nueva vida…, ¡su vida! Posiblemente el médico le dio algo, pero también aprendió mucho de él. Aprendió que el tiempo hace posible lo que parece dolorosamente insuperable, a estar presente cuando alguien lo necesita, a comunicarnos sin palabras. Basta un abrazo, un hombro para llorar, una caricia, un corazón que escuche.
por makf | 20 Ago, 2025 | Libro 3
Hubo una vez un hombre que pensaba en cómo sacar un clavo de una tabla gruesa de madera, pues no tenía tenazas, sólo un mazo con otros clavos.
Pasó mucho rato tratando de pensar la manera de sacarlo, y cuando iba a desistir, se le ocurrió una idea.
Tomó otro clavo y lo clavó sobre la punta del que quería sacar, y de esta forma, el primer clavo salió del otro lado de la tabla.
A veces tenemos un odio, un dolor, un resentimiento que hemos estado tratando de sacar de nuestros corazones y no hemos podido por lo arraigado que se encuentra.
Existen otros clavos que podemos usar para sacar esos primeros que nos lastiman tanto:
El Rencor con el Perdón.
El Odio con el Amor.
La Tristeza con la Alegría.
La Inseguridad con la Confianza.
La Ira con la Paz.
La Autolástima con la Aceptación.
¿Cuál es el "clavo" que no has podido sacar?
¡No importa cual sea, debes saber que tú no tienes por qué tenerlo clavado!
por makf | 20 Ago, 2025 | Libro 3
Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches, sin luna como aquella. En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce.
Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo. Entonces, le dice:
- ¿Qué haces Guno, tú ciego con una lámpara en la mano…? ¡Si tú no ves!-
Entonces, el ciego le responde: - Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren el camino cuando me vean a mi… No sólo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella.
Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite.
Alumbrar el camino de los otros no es tarea fácil… Aunque muchas veces, en vez de alumbrar, oscurecemos mucho
más el camino de los demás… ¿Cómo? A través del desaliento, la crítica, el egoísmo, el desamor, el odio, el resentimiento…
¡Qué hermoso sería si todos ilumináramos los caminos de los demás!, sin fijarnos si lo necesitan o no… Llevar luz y no oscuridad… Si toda la gente encendiera una luz, el mundo entero estaría iluminado y brillaría día a día con mayor intensidad…
Todos pasamos por situaciones difíciles a veces… Todos sentimos el peso del dolor en determinados momentos de nuestras vidas… Todos sufrimos en algunos momentos, lloramos en otros, pero no debemos proyectar nuestro dolor cuando alguien, desesperado, busca ayuda en nosotros… No debemos exclamar como es costumbre: "La vida es así", llenos de rencor, llenos de cinismo, apatía u odio…
¡No debemos!, al contrario, ayudemos a los demás, sembrando esperanza en ese corazón herido… Nuestro dolor es y fue importante, pero se minimiza si ayudamos a otros a soportarlo, si ayudamos a otro a sobrellevarlo… ¡Luz, demos luz…! Tenemos en el alma el motor que enciende cualquier lámpara, la energía que permite iluminar en vez de oscurecer…
Está en nosotros saber usarla… ¡Está en nosotros ser luz…! y no permitir que los demás vivan en las tinieblas…
por makf | 20 Ago, 2025 | Libro 3
Un ángel no nos escoge, Dios nos lo asigna…
Un amigo nos toma de la mano, y nos acerca a Dios.
Un ángel tiene la obligación de cuidarnos…
Un amigo, nos cuida por amor.
Un ángel te ayuda evitando que tengas problemas…
Un amigo, te ayuda a resolverlos.
Un ángel te ve sufrir, sin poderte abrazar…
Un amigo te abraza, porque no quiere verte sufrir.
Un ángel te ve sonreír y observa tus alegrías…
Un amigo, te hace sonreír y te hace parte de sus alegrías.
Un ángel sabe cuando necesitas que alguien te escuche…
Un amigo, te escucha sin decirle que lo necesitas.
Un ángel en realidad es parte de tus sueños…
Un amigo, comparte y lucha porque tus sueños sean una realidad.
Un ángel siempre está contigo , no sabe extrañarnos…
Un amigo, cuando no está contigo, no sólo te extraña, también piensa en ti.
Un ángel vela tu sueño…
Un amigo, sueña contigo.
Un ángel aplaude tus triunfos…
Un amigo, te ayuda para que triunfes.
Un ángel se preocupa cuando estás mal…
Un amigo, se desvive porque estés bien.
Un ángel recibe una oración tuya…
Un amigo, hace una oración por ti.
Un ángel te ayuda a sobrevivir…
Un amigo, vive por ti.
Para un ángel eres una misión que cumplir…
Para un amigo, es la oportunidad de conocer lo más hermoso que hay en la vida: "el amor y la amistad".
Un ángel quisiera ser tu amigo…
Un amigo, sin proponérselo, también es tu ÁNGEL.
por makf | 20 Ago, 2025 | Libro 3
Cuentan que había una vez un señor que padecía lo peor que le puede pasar a un ser humano: su hijo había muerto.
Desde su muerte y durante años, no podía dormir. Lloraba y lloraba hasta que amanecía.
Un día, cuenta el cuento, se le aparece un ángel en su sueño, que le dice:
¡Basta ya de llorar! "Es que no puedo soportar la idea de no verlo nunca más"-
Le respondió el hombre.
El ángel le dice: -¿Quieres verlo?
Y al confirmarle que sí, lo toma de la mano y lo sube al cielo. -Ahora lo vas a ver, quédate acá.
A una orden suya, por una enorme acera empiezan a pasar un montón de niños vestidos como angelitos, con alitas blancas y una vela encendida entre las manos, como uno se imagina el cielo con los angelitos.
El hombre dice: -¿Quiénes son?
Y el ángel le responde: son los niños que han muerto en estos años, y todos los días hacen este paseo con nosotros, porque son puros. ¿Mi hijo está entre ellos? -Preguntó el hombre.
Sí, ahora lo vas a ver – le contestó, mientras pasaban cientos y cientos de niños.
Ahí viene- avisa el ángel, y el hombre lo ve, radiante como lo recordaba. Pero de pronto, algo lo conmueve: entre todos, es el único chico que tiene la vela apagada. Siente una enorme pena y una terrible congoja por su hijo. En ese momento, el chico lo ve, viene corriendo y se abraza a él.
El lo abraza con fuerza, y le dice: -Hijo, ¿por qué tu vela no tiene luz? ¿por qué no encienden tu vela como a los demás? Y su hijo le responde:
-Papá, sí encienden mi vela cada mañana, igual que la de todos nosotros, pero…, ¿sabes qué pasa? cada noche tus lágrimas apagan la mía.
por makf | 20 Ago, 2025 | Libro 3
¡Hola! ¿Cómo estás? Yo me encuentro muy alegre, pues he resucitado y me gustaría platicar contigo de lo que ha pasado en estos días:
Resulta que el jueves, cuando estaba con mis amigos, entre ellos estaba uno que me traicionó (me vendió); pues sí, horas después, sin razón alguna, vinieron unos representantes de la ley y me tomaron preso. En esos momentos en que me juzgaban y me acusaban, me preguntaba:
- ¿Dónde están mis amigos?". El viernes por la mañana,
cuando me azotaban, me escupían y me insultaban, yo me preguntaba:
- "¿Qué habrá sido de mis amigos?".
Por la tarde, como a eso de la 1:00, empecé a cargar una cruz en la que yo mismo sería crucificado; tuve que caminar mucho, sintiendo el peso de los pecados del mundo y, aunado a ésto, los insultos, salivazos y burlas de la gente que sólo me veía como espectáculo. Y seguía preguntándome:
- "¿Dónde estarán mis amigos?".
Cuando llegué al Gólgota, los soldados comenzaron a clavar mis manos en la cruz y mientras la multitud continuaba con las burlas, alcé la mirada y me di cuenta que sólo me acompañaban mi amigo Juan, María, mi madre y algunas otras mujeres. Después de sufrir durante algunas horas, ofrecí mi dolor por tus pecados y morí.
Desde que fui ENTREGADO por Judas, NEGADO por Pedro, CRUCIFICADO por los soldados, ABANDONADO por mis amigos y ACOMPAÑADO por Juan y mi Madre, me preguntaba: ¿A cuál de ellos te pareces?
Reflexiona un momento en silencio y recuerda en qué acciones me entregas, me niegas, me crucificas, me abandonas o me acompañas.
Pero no te mortifiques. No me importa cuál haya sido tu actitud. No te aflijas, porque hoy quiero que seas feliz, por eso me ofrecí y morí por tí. Porque te amo y te seguiré amando. Porque he resucitado en tí, quiero que sigamos juntos; quiero permanecer siempre en tu corazón. Que seas un vivo reflejo de mi amor; que ames a los demás, como yo te he amado. Y que resucites en mí, como Yo he resucitado en tí.
Tu amigo de siempre…
JESÚS