Ya no Viven Ellas… Sino Yo en Ellas

Me complazco en esas almas que voluntariamente se entregan a Mí sin reservas, con una facilidad; que de inmediato hacen lo que Yo les ordeno.

Sólo vi ven par a Mí, la razón de su vivir soy Yo, con ellas me desbordo, llenándolas de mis gracias, y entre más entrega, más gracia derramo en ellas.

Esas almas me hacen muy feliz y Yo me gozo en ellas, no vi ven para ellas, sino solo par a Mí, hacen lo que me agrada sin importarles el cansacio de su cuerpo, humillaciones, desprecios; todo se torna en ellas en dulzura porque lo hacen todo por Mí. No hay obstáculo que pueda detenerlas. Cuando algo me piden, difícilmente puedo negárselo, porque llegan a pensar y a desear como Yo.

Son almas que han pasado por el crisol de la humillación de la persecución, la enfermedad, las injusticias, y las he encontrado firmes.

Ellas son instrumento de mi amor, y Yo bendigo cuando hablan, cuando miran; todas ellas son bendición, porque ya no viven ellas…, sino Yo en ellas.

Ellas no me niegan nada de lo que les pida, y no tienen miedo a lo que Yo les pueda pedir, porque se saben muy amadas por Mí,y todo lo que Yo les pido no me lo niegan, porque saben que es por amor.

Tu amigo: Jesús

Volver a Empezar

Muchas veces queremos volver a empezar, pero usando las mismas técnicas que nos llevó al fracaso.

Queremos comenzar una vida nueva, una nueva relación, un nuevo trabajo, pero con las experiencias negativas pasadas, y cometemos el más horrendo de los errores.

La historia nos cuenta que San Antonio vivía en el desierto, cuando se aproximó un joven.
Padre, vendí todo lo que tenía y di el dinero a los pobres. Sólo guardé unas pocas cosas, para que me ayuden a sobrevivir aquí. Me gustaría me enseñara el camino de la salvación.

San Antonio pidió al joven que vendiese también las pocas cosas que había guardado, y con el dinero obtenido, comprase carne en la ciudad. Y al regreso, debía traer la carne atada a su cuerpo. El muchacho obedeció.

Al regresar, fue atacado por perros y halcones, que querían un trozo de la carne.
Ya estoy de vuelta -dijo el chico- , mostrando el cuerpo sangrando por los arañazos y
mordidas, y con la ropa hecha pedazos.

¿Por qué me mandó hacer esto?
Para mostrarte que lo que trajiste de tu pasado no sirve en tu presente. -Le dijo-
Cuando tengas que escoger un nuevo camino, no traigas experiencias viejas.

Aquellos que dan un paso nuevo, pero quieren mantener oco de su antigua vida,
terminan desgarrados por los propios recuerdos.

Si quieres comenzar de nuevo y tener nuevos resultados, no lleves contigo las experiencias negativas de tu pasado.

CUIDA
Cuida tus pensamientos porque se volverán palabras
Cuida tus palabras porque se volverán actos
Cuida tus actos porque se harán costumbre.
Cuida tus costumbres, porque forjarán tu carácter.
Cuida tu carácter, que será tu destino, y tu destino será tu vida.

Vivir cada Día como el Último

Un grupo de estudiantes consultó con uno de sus maestros preferidos para que les ayudara en un problema. El maestro hizo lo más que pudo para ayudarlos, y finalmente les dijo:
"El día anterior a su muerte vivan para Dios".

"Pero, ¿cómo podemos hacerlo? No sabemos qué día vamos a morir" -objetó uno de los chicos.

"Entonces -sonrió el maestro- vive cada día como si ese fuera el día anterior a que mueras. Es tan sencillo como eso".

Una Nueva Oportunidad

Había un hombre muy rico que poseía muchos bienes, una gran mansión, mucho ganado, varios empleados, y un único hijo; su heredero. Lo que más le gustaba al hijo era hacer fiestas, estar con sus amigos, y ser adulado por ellos. Su padre siempre le advertía que sus amigos sólo estarían a su lado mientras él tuviese algo que ofrecerles; después le abandonarían.

Un día el padre, ya avanzado en edad, le pidió a sus empleados que le construyeran un pequeño establo. Dentro de él, el propio padre preparó una horca y, junto a ella, una placa con algo escrito: "Para que nunca desprecies las palabras de tu padre". Mas tarde, llamó a su hijo, lo llevó al establo y le dijo:

  • Hijo mío, yo ya estoy viejo, y cuando yo me vaya, tú te encargarás de todo lo que es mío. Yo sé cuál será tu futuro: vas a dejar la estancia en manos de los empleados, y vas a gastar todo el dinero con tus amigos. Venderás todos los bienes para sustentarte, y cuando no tengas nada, tus amigos se apartarán de ti.

    Sólo entonces, te arrepentirás amargamente por no haberme escuchado. Fue por esto que construí esta horca. ¡Ella es para ti! Quiero que me prometas que, si sucede lo que yo te dije, te ahorcarás en ella.

El joven se rió, pensó que era un absurdo, pero para no contradecir al padre se lo prometió, pensando que eso jamás podría suceder. El tiempo pasó, el padre murió, y su hijo se encargó de todo. Pero así como su padre había previsto, el joven gastó todo, vendió los bienes, perdió sus amigos y hasta la propia dignidad. Desesperado y afligido, comenzó a reflexionar sobre su vida, y vio que había sido un tonto. Se acordó de las palabras de su padre y comenzó a decir:

  • ¡Ah, padre mío! Si yo hubiese escuchado tus consejos. Pero ahora es demasiado tarde. Apesadumbrado, el joven levantó la vista, y vio el establo. Con pasos lentos, se dirigió hasta allá y entrando, vio la horca y la placa llenas de polvo. Entonces pensó:
  • Yo nunca seguí las palabras de mi padre, no pude alegrarle cuando estaba vivo, pero al menos esta vez, haré su voluntad. Voy a cumplir mi promesa. No me queda nada más. Entonces subió los escalones, se colocó la cuerda en el cuello y pensó: ¡Ah, si yo tuviese una nueva oportunidad…! Entonces, se tiró desde lo alto de los escalones, y por un instante, sintió que la cuerda apretaba su garganta…

    Era el fin. Pero el brazo de la horca era hueco y se quebró fácilmente; el joven cayó al piso, y sobre él cayeron joyas, esmeraldas, perlas, rubíes, zafiros y brillantes, muchos, pero muchos brillantes…
    La horca estaba llena de piedras preciosas, y una nota también cayó en medio de ellas. En ella estaba escrito:
  • Hijo; ésta es tu nueva oportunidad. ¡Te amo mucho! Con amor, tu viejo padre.

Una Buena Lección

Un estudiante universitario salió un día a dar un paseo con un profesor, a quien los alumnos consideraban su amigo, por la bondad que demostraba para quienes seguían sus instrucciones.

Mientras caminaban, vieron en el camino un par de zapatos viejos, y supusieron que pertenecían a un anciano que trabajaba en el campo de al lado, y que estaba por terminar sus labores diarias.

El alumno dijo al profesor: Hagámosle una broma; escondamos los zapatos, y ocultémonos detrás de esos arbustos, para ver su cara cuando no los encuentre.

  • Mi querido amigo, -le dijo el profesor-, nunca tenemos que divertirnos a expensas de los pobres.

Tú eres rico, y puedes darle una alegría a este hombre.
Coloca una moneda en cada zapato, y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre.

Eso hizo y ambos se ocultaron entre los arbustos cercanos.
El hombre pobre terminó sus tareas, y cruzó el terreno en busca de sus zapatos y su abrigo.

-Al ponerse el abrigo, deslizó el pie en el zapato, pero al sentir algo adentro, se agachó para ver qué era, y encontró la moneda. Pasmado, se preguntó qué podía haber pasado.

  • Miró la moneda, le dio vuelta y la volvió a mirar. Luego miró a su alrededor, para todos lados, pero no se veía a nadie.
    La guardó en el bolsillo, y se puso el otro zapato; su sorpresa fue doble al encontrar la otra moneda.

Sus sentimientos lo sobrecogieron; cayó de rodillas, y levantó la vista al cielo, pronunciando un ferviente agradecimiento en voz alta, hablando de su esposa enferma y sin ayuda, y de sus hijos que no tenían pan, y que debido a una mano desconocida no morirían de hambre.

El estudiante quedó profundamente conmovido, y se le llenaron los ojos de lágrimas.

  • Ahora, -dijo el profesor- ¿no estás más complacido que si le hubieras hecho una broma?
    El joven respondió: -Usted me ha enseñado una lección que jamás olvidaré.
    Ahora entiendo algo que antes no entendía:
    ES MEJOR DAR QUE RECIBIR…

"Que Jesús nos acompañe, y que veamos en todo las huellas de Dios…"

Un Poco Más de Tiempo

Un hombre adquirió un burro, y quien se lo vendió le previno de la cantidad de comida que tendría que procurarle diariamente. Pero el nuevo dueño del burro pensó que esa cantidad era excesiva, y empezó a darle cada día menos, con la idea de que acabaría por acostumbrarlo. Tanto disminuyó la ración el hombre a su burro, que un día éste amaneció muerto. El hombre entonces se lamentó:

-¡Fatalidad! Si me hubiera dado un poco más de tiempo antes de morir, habría logrado que se habituara a no comer nada en absoluto.

Como ese hombre, proceden muchos jóvenes, que van dejando el alimento espiritual: la oración, la meditación de la palabra de Dios, el acudir a la Eucaristía. ¿Cómo quieren acostumbrarse a no tener ningún alimento para el espíritu, y aún así, tener las bendiciones de Dios y los frutos del Espíritu Santo(amor, gozo y paz interior), si está su espíritu muerto?

Categorías