Las Alas de una Mariposa

Dios nos manda sus bendiciones en los milagros de todos los días…
Algunos son tan silenciosos, que apenas nos damos cuenta de ellos. Sin embargo, son significativos.

Como las alas de una mariposa que la llevan a donde ella desea ir; suave, bella, eficientemente, y con total dedicación…
Lo mismo puede decirse de las bendiciones de Dios…

En todo momento Él está allí, esperando que te des cuenta, deseando que aprendas.
Sus milagros pueden ser vistos cuando se abre una flor, en los colores de un atardecer, en la respuesta de un bebé a una sonrisa…

Su amor puede sentirse en la sinceridad de un abrazo, en el calor del sol, en la suavidad de la brisa del verano…

Su voz puede ser escuchada en el sonido de una risa feliz, en las campanas de una iglesia de montaña, en las mamas, susurrando canciones de cuna…

Sus promesas serán cumplidas despertando cada amanecer, en el nacimiento de cada nueva criatura, en la gloria de un arco iris…

Detente, y mira a tu alrededor…
Encuentra a Dios en todo lo que veas, y baja tu cabeza, para agradecer en el momento que una mariposa pasa a tu lado.

La Sopa de Piedra

Hubo una vez, hace muchos años, un país que acababa de pasar una guerra muy dura. Como ya es sabido, las guerras traen consigo rencores, envidias, muchos problemas, muchos muertos y mucha hambre. La gente no puede sembrar ni cosechar, no hay harina ni pan.

Cuando acabó la guerra y el país estaba destrozado, llegó a un pueblito un soldado agotado, harapiento y muerto de hambre.
Golpeó la puerta de una casa, y cuando vio a la dueña le dijo:

  • Señora, ¿no tendría un pedazo de pan para un soldado que viene muerto de hambre de la guerra?"
    La mujer lo miró de arriba a abajo y respondió:
  • Pero ¿estás loco?, ¿no sabes que no hay pan, que no tenemos nada?¿cómo te atreves?"
    Y a empujones con un portazo, lo sacó fuera de la casa.
    Pobre soldado. Continuó probando en una y otra casa, haciendo la misma petición, y recibiendo a cambio peores respuestas y mal trato.

El soldado, casi desfallecido, no se dio por vencido. Cruzó el pueblo de punta a punta y llegó al final, donde estaba el lavadero público. Halló a unas cuantas muchachas, y les dijo:

  • ¡Eh, muchachas! ¿No habéis probado nunca la sopa de piedras que hago?
    Las muchachas se rieron de él diciendo:
  • ¿Una sopa de piedras?; no hay duda de que estás loco.
    Pero había unos chicos que estaban espiando, y se acercaron al soldado cuando éste se marchaba, decepcionado:
  • Soldado, ¿Te podemos ayudar?, -le dijeron-. ¡Claro que sí! Necesito una olla muy grande, un puñado de piedras, agua y leña para hacer fuego.
    Rápidamente, los chicos fueron a buscar lo que el soldado había pedido. Encendieron el fuego, pusieron la olla, la llenaron de agua y echaron las piedras. El agua comenzó a hervir.
  • ¿Podemos probar la sopa?-, preguntaron impacientes los chicos.
  • ¡Calma, calma!

El soldado la probó y dijo: Mmmm… ¡qué buena, pero le falta un poco de sal!.

  • En mi casa tengo sal – dijo un chico. Y salió corriendo porella. La trajo, y el soldado la echó en la olla.

Al poco tiempo volvió a probar la sopa y dijo:

  • Mmmm… ¡Qué rica!, pero, le falta un poco de tomate-. Daniel, uno de los chicos fue a buscarunos tomates, y los trajo enseguida. En un momento los chicos fueron trayendo cosas: papas, lechuga, arroz y hasta un trozo de pollo. La olla se llenó; el soldado removió una y otra vez la sopa, hasta que de nuevo la probó y dijo:
  • Mmmm… es la mejor sopa de piedras que he hecho en toda mi vida. ¡Vengan, vengan; avisen a toda la gente del pueblo que venga a comer! ¡Hay para todos! ¡Que traigan platos y cucharas! Repartió la sopa. Hubo para todos los del pueblo que, avergonzados, reconocieron que si bien era verdad que no tenían pan; juntos podían tener comida para todos. Y desde aquel día, gracias al soldado hambriento, aprendieron a compartir lo que tenían.

La Serpiente

Cuenta la Leyenda, que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ésta huía rápido con miedo, de la feroz depredadora, y la serpiente no parecía desistir.

Huyó un día y ella no desistía, dos días y nada. Al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y le dijo a la serpiente: -¿Puedo hacerte tres preguntas?

La serpiente respondió: No acostumbro a dar este precedente a nadie, pero como
igual te voy a devorar, puedes preguntar.

  • ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia? No, contestó la serpiente.
  • ¿Yo te he hecho algún mal? No, volvió a responder. Entonces, ¿por qué quieres
    acabar conmigo?
  • ¡Porque no soporto verte brillar!

    Así, muchos de nosotros nos hemos visto envueltos en situaciones donde nos preguntamos: ¿por qué me pasa esto, si yo no he hecho nada malo? Sencillo; ¡porque no soportan verte brillar!

La Envidia, es el peor sentimiento que podemos tener. Que envidien tus logros, tu éxito, que envidien verte brillar. Cuando esto pase, no dejes de brillar, continúa siendo tú mismo, sigue dando lo mejor de ti, sigue haciendo lo mejor, no permitas que te lastimen, no permitas que te hieran, sigue brillando y no podrán tocarte, porque tu luz debe seguir intacta; es tu esencia y debe permanecer, pase lo que pase.

La Rosa y la Rana

Había una vez una rosa roja muy bella, que se sentía de maravilla, al saber que era la rosa más bella del jardín.

Sin embargo, se daba cuenta de que la gente la veía de lejos.
Se dio cuenta de que al lado de ella siempre había un sapo grande y oscuro. ¡Era por eso que nadie se acercaba a verla de cerca!

Indignada, le ordenó al sapo que se fuera de inmediato.
El sapo, muy obediente le dijo:

  • Está bien, si así lo quieres.

Poco tiempo después, el sapo pasó por donde estaba la rosa, y se sorprendió al ver la rosa totalmente marchita, sin hojas y sin pétalos.
Le dijo entonces:

  • Vaya que te ves mal. ¿Qué te pasó? La rosa contestó: - Es que desde que te fuiste las
    hormigas me han comido día a día, y nunca pude volver a ser igual.
    El sapo sólo contestó: - Pues claro, cuando yo estaba aquí, me comía a esas hormigas, y por eso siempre eras la más bella del jardín.
    Muchas veces despreciamos a los demás por creer que somos más que ellos, más bellos, o simplemente que no nos "sirven" para nada.

Todos tenemos algo que aprender de los demás, o algo que enseñar, y nadie debe despreciar a nadie.
No vaya a ser que esa persona nos haga un bien, del cual ni siquiera estemos conscientes.

No hagamos acepción de personas por su aspecto. Dios creo a la rosa y al sapo, con el mismo amor que a ti y a mí.

El amor no es un regalo para que te sientas feliz, sino para que hagas felices a los demás.

La Rosa Roja

Caminaba un día por la calle, cuando observé cómo unas nubes oscuras se juntaban en el cielo. Vi luego cómo la lluvia empezó a caer, y rápidamente busqué refugio, al mismo tiempo que la suave lluvia se convertía poco a poco en tormenta. Encontré refugio bajo una cornisa, a la entrada de una casa, en el momento en que la tormenta caía con más fuerza y estruendo.

Vi entonces una pequeña rosa roja, golpeada y encorvada por las grandes gotas de agua que constantemente le azotaban, y a pesar de esto no se rompía, sino que soportaba con increíble resistencia el gran embate de la lluvia, y cada uno de sus golpes; manifestado en grandes y pesadas gotas de agua.

Me sorprendí al ver cómo, a pesar del viento y la lluvia, la pequeña rosa roja soportaba el gran castigo, sin ceder ni un ápice. En muchos momentos, pensé verla caer, derrotada por la furia del agua; más sin embargo, volvía a enderezar su ya doblado tallo por la lluvia.

Al pasar la lluvia, y ver cómo el sol salía de entre las oscuras nubes, noté con asombro como la pequeña y frágil rosa roja, estaba aún en su lugar, con su tallo erguido hacia el cielo, mostrando con orgullo sus bellos pétalos rojos, en señal de su victoria ante las fuerzas de la misma naturaleza.

Esto me hizo reflexionar acerca de mi vida; pues al recordar cómo la indefensa rosa luchaba por seguir en pie ante la tempestad, y después de observar cuan dura había sido su lucha, me recordó las dificultades que había tenido en mi vida, y de cómo muchas veces había sentido que ya no podía más, pero al ver la rosa roja, en pie y victoriosa, recordé aquel pasaje de la Biblia, donde Jesús nos dice que nosotros valemos más que las flores del campo y los pajarillos del cielo, y pensé: "Si Jesús dio fuerza a esa pequeña rosa roja para pasar la tempestad, ¿por qué yo he de temer a las adversidades?

Si Jesús permitió que esa rosa soportara la tormenta; ella que ni camina ni razona, cuanto más cuidará de mi, hijo de Dios y heredero de la vida eterna".

Desde entonces no dejo que nada me asuste, atemorice o desanime, y cada vez que siento desfallecer; recuerdo aquella pequeña rosa roja que, sin saberlo, me enseñó cuánto me ama aquel que le dio fuerza a la rosa para que pudiera resistir…
¡Gracias Jesús!

La Roca

Un hombre dormía en su cabana, cuando de repente, una luz iluminó la habitación, y apareció Dios.

El Señor le dijo que tenía un trabajo para él, y le enseñó una gran roca frente a la cabana. Le explicó que debía empujar la piedra con todas sus fuerzas. El hombre hizo lo que el Señor le pidió, día tras día. Por muchos años, desde que salía el sol hasta el ocaso, el hombre empujaba la fría piedra con todas sus fuerzas…y ésta no se movía. Todas las noches, el hombre regresaba a su cabana muy cansado y sintiendo que todos sus esfuerzos eran en vano.

Como el hombre empezó a sentirse frustrado, Satanás decidió entrar en el juego, trayendo pensamientos a su mente:

-"Has estado empujando esa roca por mucho tiempo, y no se ha movido". Le dio al hombre la impresión, que la tarea que le había sido encomendada era imposible de realizar, y que él era un fracaso.

Estos pensamientos incrementaron su sentimiento de frustración y desilusión.
-Satanás le dijo: "¿Por qué esforzarte todo el día en esta tarea imposible? Solo haz un mínimo esfuerzo y será suficiente".

El hombre pensó en poner en práctica ésto, pero antes decidió elevar una oración al Señor, y confesarle sus sentimientos:

-"Señor, he trabajado duro por mucho tiempo a tu servicio. He empleado toda mi fuerza para conseguir lo que me pediste, pero aún así, no he podido mover la roca ni un milímetro. ¿Qué pasa? ¿Por qué he fracasado? ".

El Señor le respondió con compasión: "Querido amigo, cuando te pedí que me sirvieras y tú aceptaste, te dije que tu tarea era empujar contra la roca con todas tus fuerzas, y lo has hecho. Nunca dije que esperaba que la movieras. Tu tarea era empujar. Ahora vienes a mi sin fuerzas, a decirme que has fracasado, pero ¿en realidad fracasaste?. Mírate ahora, tus brazos están fuertes y musculosos, tu espalda fuerte y bronceada, tus manos callosas por la constante presión, tus piernas se han vuelto duras.

A pesar de la adversidad, has crecido mucho, y tus habilidades ahora son mayores que las que tuviste alguna vez. Cierto, no has movido la roca, pero tu misión era ser obediente, y empujar para ejercitar tu fe en mi. Eso lo has conseguido.

Ahora, querido amigo, yo moveré la roca".
Cuando todo parezca ir mal… ¡Sólo EMPUJA!
Cuando estés agotado por el trabajo… ¡Sólo EMPUJA!
Cuando la gente no se compor¬te de la manera que te parece que debería… ¡Sólo EMPUJA!
Cuando no tienes más dinero para pagar tus cuentas… ¡Sólo EMPUJA!
Cuando la gente no te comprende… ¡Sólo EMPUJA!
Cuando te sientas agotado y sin fuerzas… ¡Sólo EMPUJA!

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