por makf | 21 Ago, 2025 | Libro 4
Una joven llamada Sandra, contaba una experiencia vivencial sobre un taller que estuvo tomando… Su guía era muy conocido por los ejercicios de dinámicas que realizaba en sus lecciones.
Comenzó un ejercicio en particular, pensando que ese sería divertido. En la pared había grandes cartelones para tirar dardos.
El maestro les pidió que dibujaran a alguien que a ellos les disgustara, o alguien que los hiciera enojar, ya que él les permitiría tirarle los dardos al dibujo de esa persona.
Una amiga de Sandra dibujó a la mujer que le robó el novio. Otra amiga dibujó el retrato de su hermanito menor. Sandra dibujó a un antiguo novio, le puso muchos detalles al dibujo, incluso unas pecas, que le recordaba muy bien a él. Estaba totalmente complacida por el dibujo realizado.
La clase hizo una fila, y uno a uno comenzaron a tirar los dardos. Algunos le tiraron con tanta fuerza, que incluso rompían en pedazos los cartelones.
Sandra esperaba ansiosa su turno de lanzar los dardos, y se sintió muy disgustada cuando no pudo hacerlo, porque el guía les avisó que se le había acabado el
tiempo del ejercicio.
El maestro comenzó a quitar todos los cartelones de la pared. Debajo de éstos, se encontraba una foto de Jesús.
Un sentimiento de dolor y sufrimiento se sintió en todo el salón, mientras cada estudiante veía la destrozada, lastimada y magullada foto de Jesús, llena de hoyos por doquiera, incluso su cara y sus ojos llenos de marcas…
El dirigente sólo les dijo:
- "Todo aquello que hagas a uno de mis hijos, me lo habrás hecho a Mí" (Mateo 25:40)
No hubo necesidad de más palabras; las lágrimas llenaban los ojos de todos aquellos en el taller, mirando la foto de Jesús…
Detrás de cada hombre, hay un hijo de Dios, unos feos, otros agradables, otros buenos y otros malos, pero no perdamos jamás la visión de que todos en Jesús, somos hermanos.
Jesús dijo: "Si te avergüenzas de mí, yo estaré avergonzado de ti, delante de mi padre."
No te avergüences de la persona que dio la vida por ti… Él no lo hizo cuando murió por tus pecados…
¡Porque te ama por sobre todas las cosas! Recuérdalo y… ¡jamás lo olvides!
por makf | 21 Ago, 2025 | Libro 4
La mujer no quiere una mirada, quiere una sonrisa.
La mujer no quiere compañía, quiere presencia.
La mujer no quiere llanto, quiere lágrimas.
La mujer quiere, lo que es más sencillo otorgar.
La mujer no busca una mano, busca tacto y una caricia.
La mujer no busca momentos, espera acontecimientos.
La mujer no busca tu risa, espera tu alegría.
La mujer ofrece, lo que siempre haz podido dar.
La mujer no desea un cuerpo, desea un abrazo.
La mujer no desea halagos, desea palabras.
La mujer no desea unos labios, desea un beso.
La mujer no desea ser persona, desea ser mujer.
La mujer no espera tu tiempo, espera tiempo contigo.
La mujer no espera pasión, espera romance.
La mujer no espera sexo, espera amor.
La mujer no espera belleza, espera la hagan sentir bella.
La mujer es mujer, no la trates como a un hombre.
La mujer es mujer; no es física, es sentimental.
La mujer es mujer; no es cuerpo, es corazón.
La mujer no eres tú, no la trates como esperas que te traten.
La mujer no es para poseer, es para admirar.
La mujer no es para convencer, es para amar.
La mujer no es para conocer, es para entender.
La mujer no es lo que tú crees, ella es mucho más.
La mujer no es un rostro, es un todo.
La mujer no es difícil, es misteriosa.
La mujer no es tacto, es caricia.
La mujer no es la espina, es la rosa.
Si dejas de pensar un poco en ti y piensas en ella. Si tan sólo te preocupara lo que ellas sienten, y no lo que tú deseas, y si por lo menos exploras un poco en tus sentimientos, créeme, las entenderías.
por makf | 21 Ago, 2025 | Libro 4
Le dijo una vez la montaña al abismo:
"Yo, desde mis majestuosas cumbres, tengo al mundo a mis pies. Contemplo los más bellos amaneceres, y los más esplendorosos crepúsculos. La luz de la luna acaricia mi cuerpo y me siento parte de las estrellas porque casi puedo tocarlas. Es tan grande mi presencia que casi puedo sentir que toco a DIOS".
Y tú, insignificante abismo… ¿Qué haces allá abajo?
Y el abismo le contestó: "YO SOY QUIEN TE SOSTENGO".
MORALEJA… Sin la existencia de la piedra más pequeña, no se formaría la playa. Sin la existencia de un hilo, una alfombra no tendría tanta belleza y sin la existencia de la gota de agua, el océano no tendría su inmensidad.
Toda la existencia, y todos los seres creados por Dios, somos indispensables, y nadie está por encima de nadie.
por makf | 21 Ago, 2025 | Libro 4
El patito feo fue un niño que conocí hace muchos años.
El patito feo se llamaba Javier, y tenía seis años de edad cuando su mamá tuvo una grave enfermedad, por lo que sus abuelos le llevaron al pueblo de vacaciones, mientras ella se recuperaba.
Javier llevaba gafas con unos cristales muy gruesos, y los niños del pueblo se reían de él.
Decían: "Patito feo, feo…" Javier lloraba. Yo me acerqué una vez a él y le pregunté: - ¿Por qué lloras?
Javier me dijo llorando: - Los niños no quieren jugar conmigo, me llaman feo y tonto…
Recuerdo que le dije: -No te preocupes. Un día tus amiguitos te vendrán a buscar para que juegues con ellos.
Javier contestó: - ¿Cuándo será eso?- yo le dije:
-Verás… cuando tú les demuestres que no eres feo, sino que eres guapo y buen chico.
Javier entendió eso de ser buen chico pero no entendió lo de ser "guapo", y me dijo:
- Pero no soy guapo Le respondí: - Sí lo eres. Porque si eres un buen chico, entonces eres guapo. Da igual lo que los demás digan o piensen de ti.
Javier salió corriendo, y se marchó. No volví a verlo hasta muchos años después. Cuando volví al pueblo, habían pasado veinte años.
Un día yo iba por la calle, y un hombre joven me dijo:
- ¿Me recuerdas? - La verdad, no lo reconocí. Me dijo:
Soy Javier. Todavía recuerdo lo que me dijiste cuando tenía seis años: he sido un buen chico.
Yo le dije:
- Sí. Has sido un buen chico y además eres muy guapo.
Lo que te dije era cierto, ¿sabes por qué? porque cuando una persona es bella interiormente, proyecta esa belleza hacia el exterior.
La belleza no se ve sino en el corazón de las personas. Y eso nos hace verlas con los ojos del amor.
por makf | 21 Ago, 2025 | Libro 4
Aprovecha lo que la vida te ofrece para llegar alto, llegar lejos… para llegar a Dios. O acaso… ¿hay alguien más que Dios?
Nadie camina la vida sin haber pisado en falso muchas veces.
Nadie alcanza la meta con un solo intento, ni perfecciona la vida con una sola rectificación, ni alcanza las alturas con un solo vuelo.
Nadie mira la vida sin acobardarse en muchas ocasiones, ni se mete en el barco sin temerle a la tempestad, ni llega al puerto sin remar muchas veces.
Nadie llega a la otra orilla sin hacer puentes para pasar.
Nadie puede juzgar a otros, sin conocer primero sus propias debilidades.
Nadie siente el amor sin probar sus lágrimas, ni recoge rosas sin sentir sus espinas.
Nadie recoge cosechas sin haber sudado primero, enterrando muchas semillas y abonando mucha tierra.
Nadie reconoce la oportunidad, hasta que ésta pasa por su lado y la toma o la deja ir.
Nadie consigue su ideal, sin haber pensado muchas veces que perseguía un imposible.
Nadie deja el alma lustrosa, sin el pulimento diario de Dios.
Nadie hace una gran obra sin trabajar sobre ella, ni cultiva amistad sin renunciar a sí mismo, ni se hace hombre sin sentir a Dios.
Nadie encuentra el pozo de DIOS, hasta caminar por la sed del desierto.
Nadie deja de llegar, cuando se tiene la claridad de un don, el crecimiento de su voluntad, la abundancia de la vida, el poder para realizarse, y el impulso de DIOS.
Nadie deja de llegar, cuando de verdad se lo propone.
Si sacas todo lo que tienes, y estás con DIOS… ¡Vas a llegar!
por makf | 21 Ago, 2025 | Libro 4
Un señor de alrededor de 50 años entró discretamente a un café, y se sentó a una mesa desocupada.
Antes de hacer su pedido, no pudo dejar de notar un grupo de hombres más jóvenes, sentados a una mesa cercana. Se estaban riendo. Y le resultó obvio que se estaban riendo y burlando de él.
No tardó demasiado en recordar que llevaba puesto un pequeño lazo rosado colocado sobre la solapa de su chaqueta, y que éste era el motivo de las risas. Al principio los ignoró, pero las risas comenzaban a irritarlo. Miró a uno de ellos, señaló su lazo y le preguntó:
- ¿Esto te causa gracia?
Con eso, los hombres se miraron entre sí, desconcertados. Aún tratando de contener la risa, uno de ellos le contestó: - No lo tomes a mal; sólo comentábamos lo lindo que te queda el moño rosado, con ese saco azul.
Con un gesto amistoso, el señor invitó al bromista a sentarse a su mesa.
- Incómodo como estaba, el joven aceptó, sin saber bien para qué.
Con voz muy calmada, el señor le explicó:
-Llevo puesto este lazo rosado para alertar a todos sobre el cáncer de mamas.
- Lo llevo puesto en honor a mi madre. Señor, perdone usted. ¿Su madre murió de cáncer de mamas? No, no está muerta.
Felizmente está viva, y muy bien de salud. Pero fueron sus senos los que me alimentaron cuando era un bebé. Y en sus senos fue, donde descansó mi cabeza cuando estaba atemorizado o triste, cuando era un niño pequeño. Estoy muy agradecidopor los senos de mi madre, por la salud de la que goza hoy. ¡Hummmi, -contestó el joven-, claro.
- También llevo puesto este lazo rosado en honor a mi esposa, - siguió el señor.
- ¿Ella también está bien?, preguntó el muchacho. ¡Oh, sí!. Ella está perfecta. Y
con sus senos alimentó y nutrió a nuestra hermosa hija, hace 23 años.
Estoy muy agradecido por los senos de mi esposa y por su salud. Entiendo. Así que supongo que también lo llevas puesto en honor a tu hija.
- No, ya no puedo llevarlo puesto en honor a mi hija; para eso es tarde.
Ella falleció de cáncer de mamas hace un mes. Ella creyó que era demasiado joven para tener cáncer de mamas. Así que, cuando casualmente se notó un bulto, lo ignoró. Ella pensó que, como no le causaba dolor, no había nada de qué preocuparse.
Ahora, abatido y avergonzado, el joven le dijo:
- ¡Oh señor!, cuánto lo siento… Por eso, en memoria de mi hija, también llevo puesto este pequeño lazo rosado, porque me permite otorgarle a otros una oportunidad que yo ya no tengo. Así que ahora, anda y conversa esto con tu esposa y tu hija, tu madre y tu hermana, así como también con tus amigos.
- Y toma… El señor metió su mano en el bolsillo, y sacó otro pequeño lazo rosado y se lo
entregó al hombre joven. El muchacho miró el lazo que le fue entregado, y levantando su
cabeza, le preguntó al señor: ¿Me ayuda a ponérmelo…?