por makf | 21 Ago, 2025 | Libro 4
De niños creemos que mamá todo lo puede, que no siente cansancio, que no sufre… Esa imagen que guardamos de ella, con el tiempo no coincide con la que vemos cuando pasan los años…
Entonces descubrimos que mamá también sufre, se cansa, está triste, no tiene fuerza, calla ocultando su dolor…
La vemos como un héroe, sobrevivir a grandes tragedias, llevarnos de la mano, contenién¬donos y mostrándonos la vida, siempre del lado más bello…
De niños, no entendemos sus lágrimas… de adultos, nos preocupan… o no las comprendemos…
Así como nosotros necesitamos tantas veces de la protección de esos brazos fuertes, de la comprensión de nuestros gestos o de nuestros silencios, de nuestro dolor… ¡Ella también nos necesita!
Por eso debemos detenernos y observarla… abrazarla, y hacer que sienta que estamos allí… que nos importa, que es valiosa… y de esta forma regresaremos a ella el más hermoso sentimiento que nos enseñó; el sentimiento que lleva paz y tranquilidad en los momentos difíciles de la vida, el que nos contiene, el que minimiza el dolor, el que nos hace luchar por nuestros sueños e ideales… pero por sobre todo, nos enseña a dar sin pedir nada a cambio:
¡El verdadero amor!
por makf | 21 Ago, 2025 | Libro 4
Un hombre de cierta edad vino a la clínica donde trabajo, para curarse una herida en la mano. Tenía bastante prisa, y mientras lo curaba le pregunté, ¿qué era eso tan urgente que tenía que hacer?
Me dijo que tenía que ir a una residencia de ancianos, para desayunar con su mujer, que vivía allí. Me contó que llevaba algún tiempo en ese lugar, y que tenía un Alzeimer muy avanzado. Mientras acababa de vendar la herida, le pregunté si ella se alarmaría en caso de que él llegara tarde esa mañana.
- No -, me dijo. - Ella ya no sabe quién soy. Hace ya casi cinco años que no me reconoce.
Entonces le pregunté extrañado:
-Y si ya no sabe quién es usted, ¿por qué esa necesidad de estar con ella todas las mañanas?
Me sonrió, y dándome una palmadita en la mano, me dijo:
-Ella no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé muy bien quién es ella. Tuve que contenerme las lágrimas y, mientras salía, pensé:
"Esa es la clase de amor que quiero para mi vida. El verdadero amor no se reduce a lo físico ni a lo romántico. El verdadero amor es la aceptación de todo lo que el otro es, de lo que ha sido, de lo que será y de lo que ya no es…
¡Es la clase de amor que quiero para mi vida! ¡Lo buscaré!
por makf | 21 Ago, 2025 | Libro 4
Cuando alguien te quiere de verdad, es lento para perder la paciencia contigo.
Toma las circunstancias de tu vida, y las usa de una forma constructiva para tu crecimiento.
Está de parte tuya; quiere verte madurar, y desarrollarte en el amor.
Le duele profundamente cuando pierdes el camino, pero te orienta a seguir la senda correcta.
Sigue confiando en ti, cuando a veces tú ni siquiera confías en ti mismo.
Trabaja pacientemente contigo, porque te ama y corrige de tal manera, que cuesta entender la profundidad del cuidado que tiene por ti.
Nunca te abandona, aunque muchos de tus amigos lo hagan.
Se queda a tu lado cuando llegas al fondo de la desesperación, y no te juzga, sino que te ve con total justicia, hermosura y amor.
por makf | 21 Ago, 2025 | Libro 4
Un labrador oyó un ruido bajo la rueda del rastrillo de su arado. Miró con curiosidad, y descubrió desenterrado un cofre lleno de monedas de oro.
¡Qué suerte! - dijo -. Lo tomó, y lo enterró profundamente en su jardín.
"¿Qué hacer con eso?" - se preguntó-.
Se imaginó todo lo que podría comprar, y finalmente se decidió.
Este cofre lleno de monedas de oro sería su seguridad en caso de una dura temporada. Y tal seguridad cambió su carácter: de precavido pasó a ser relajado, de gruñón pasó a ser agradable, y eliminó su vida intolerante.
De hecho, vislumbró una vida hermosa y feliz, sabiendo que aunque llegaran tiempos duros, podría hacerles frente.
Sus últimas horas llegaron y antes de morir, reunió a sus hijos y les reveló su secreto. Murió instantes después.
El día siguiente, sus hijos cavaron en el lugar indicado. Encontraron el cofre, pero ¡qué sorpresa, estaba VACÍO! Las monedas habían sido robadas al labrador desde hacía más de 10 años.
Cuántas veces, en nuestras vidas dependemos de lo material para tener un buen semblante, cuando la vida es muchísimo más que eso. De esta forma perdemos tiempo, alegría y vida con nuestros seres queridos, al ponerlo todo en virtud de las cosas materiales que tenemos.
Recuerda ser feliz, pues tienes el más grande tesoro al alcance de tus manos… ¡JESÚS !
por makf | 21 Ago, 2025 | Libro 4
Había una vez un muchacho que vivía en una casa grande, sobre una colina. Amaba a los perros y a los caballos, los autos deportivos y la música. Trepaba a los árboles e iba a nadar, jugaba al fútbol, y admiraba a las chicas guapas. De no ser porque debía limpiar y ordenar su habitación, su vida era agradable.
Un día, el joven le dijo a Dios:
- He estado pensando, y ya sé qué quiero para mí cuando sea mayor.
- ¿Qué es lo que deseas? – le preguntó Dios. -Quiero vivir en una mansión
con un gran porche y un jardín en la parte de atrás, y tener dos perros San Bernardo.
Deseo casarme con una mujer alta, muy hermosa y buena, que tenga una larga cabellera negra y ojos azules, que toque la guitarra y cante con voz alta y clara.
Quiero tres hijos varones, fuertes, para jugar con ellos al fútbol. Cuando crezcan, uno será
un gran científico, otro será político y el menor será un atleta profesional. Quiero ser un
aventurero, que surque los vastos océanos, que escale altas montañas, y que rescate
personas. Y quiero conducir un Ferrari rojo, y nunca tener que limpiar y ordenar mi casa.
- Es un sueño agradable - dijo Dios-. Quiero que seas feliz. Un día, cuando jugaba al fútbol, el chico se lastimó una rodilla. Después de eso, ya no pudo escalar altas montañas grandes, y mucho menos surcar los vastos océanos. Y como no podía ni siquiera trepar árboles, estudió mercadotecnia y puso un negocio de artículos médicos.
- Se casó con una muchacha, que era muy hermosa y buena, y que tenía una larga cabellera negra. Pero era de corta estatura, no alta, y tenía ojos castaños, no azules. No sabía tocar la guitarra, ni cantar. Pero preparaba deliciosas comidas, sazonadas con exóticas especias y pintaba magníficos cuadros de aves.
A causa de su negocio, el hombre vivía en la ciudad, en un apartamento situado en lo alto de un elevado edificio, desde el que se dominaba el océano azul, y las centelleantes luces de la urbe. No contaba espacio para dos San Bernardo, pero era el dueño de un gato esponjado.
Tenía tres hijas, todas muy hermosas. La más joven, que debía usar silla de ruedas, era la más agraciada. Las tres querían mucho a su padre. No jugaban al fútbol con él, pero a veces iban al parque y correteaban,, lanzando un disco de plástico… Excepto la pequeña, que se sentaba bajo un árbol y rasgueaba su guitarra, entonando canciones encantadoras e inolvidables.
Nuestro personaje ganaba suficiente dinero para vivir con comodidad, pero no conducía un Ferrari rojo. En ocasiones tenía que recoger cosas, incluso cosas que no eran suyas, y ponerlas en su lugar. Después de todo, tenía tres hijas.
Y entonces, el hombre se despertó una mañana, y recordó su viejo sueño.
- Estoy muy triste - le confió a su mejor amigo. ¿Por qué? - quiso saber este.
- Porque una vez soñé que me casaría con una mujer alta, de cabello negro y ojos azules, que sabría tocar la guitarra y cantar. Mi esposa no toca ni canta, tiene los ojos castaños y no es muy alta.
- Tu esposa es muy hermosa y buena - respondió su amigo-. Hace cuadros maravillosos, y sabe cocinar deliciosamente. (Pero el hombre no lo escuchaba).
- Estoy muy triste - le confesó a su esposa un día. ¿Por qué? - inquirió su mujer.
- Porque una vez soñé que viviría en una mansión, con porche, y un jardín en la parte de atrás, y que tendría dos San Bernardo. En lugar de eso, vivo en un apartamento en el piso 47.
- Nuestro apartamento es cómodo y podemos ver el océano desde el sillón de la sala – repuso ella. Tenemos amor, pinturas de aves y un gato esponjado… por no mencionar a nuestras tres hermosas hijas. (Pero el hombre no la escuchaba).
- Estoy muy triste - le dijo en otra ocasión a su psicoterapeuta. ¿Por qué razón? – preguntó el especialista. Porque una vez soñé que era un gran aventurero. En vez de
ello, soy un empresario calvo, con la rodilla lesionada. Los artículos médicos que
usted vende han salvado muchas vidas - le hizo notar el analista. (Pero el hombre no lo
escuchaba).
Así, que el terapeuta le cobró 110 dólares y lo mandó a casa. Estoy muy triste - le dijo a su contador.
- ¿Por qué? - indagó éste. Porque una vez soñé que conduciría un Ferrari rojo, y que
nunca tendría que ordenar mis cosas. En vez de ello, utilizo el transporte público, y a veces tengo que ocuparme de los quehaceres. Usted viste trajes de calidad, come en buenos restaurantes, y ha viajado por toda Europa - señaló el contador. (Pero el
hombre no le escuchaba). El profesional le cobró 100 dólares de todos modos. Soñaba con un Ferrari rojo para sí mismo. Estoy muy triste – le comunicó a su párroco.
- ¿Por qué? - le preguntó, compasivo, el religioso. Porque una vez soñé que
tendría tres hijos varones: un gran científico, un político y un atleta profesional. Ahora tengo tres hijas y la menor ni siquiera puede caminar.
- Pero todas son hermosas e inteligentes - afirmó el ministro. Te quieren mucho y además, han sabido aprovechar la vida: una es enfermera, otra es pintora, y la
más joven da clases de música a los niños. (Pero el hombre no escuchaba).
Se puso tan melancólico, que enfermó de gravedad. Yacía postrado en una blanca habitación del hospital, rodeado de enfermeras, con albos uniformes. Varios cables y mangueras conectaban su cuerpo a máquinas parpadeantes que alguna vez él mismo le había vendido al hospital.
Estaba triste, muy triste. Su familia, sus amigos y su párroco se reunían alrededor de su cama. Ellos también estaban profundamente afligidos. Sólo su terapeuta y su contador seguían felices.
Y sucedió que una noche, cuando todos se habían ido a casa, salvo las enfermeras, el hombre le dijo a Dios: ¿Recuerdas cuándo era joven, y te hablé de las cosas que
deseaba?
Sí. Fue un sueño maravilloso - asintió Dios. ¿Por qué no me otorgaste todo eso? - inquirió el hombre. Pude haberlo hecho - respondió Dios-. Pero quise sorprenderte con cosas que no habías soñado. Supongo que has reparado en lo que te he concedido: una esposa hermosa y buena, un buen negocio, un lugar agradable para vivir, tres
adorables hijas. Es uno de los mejores paquetes que he preparado…
- Sí - lo interrumpió el hombre- pero yo creí que me darías lo que realmente deseaba.
- Y yo pensé que tú me darías lo que yo quería - repuso Dios.
- ¿Y qué es lo que tú deseabas? - quiso saber el hombre. Nunca se le había
ocurrido que Dios necesitara algo. Quería que fueras feliz con lo que te había dado – explicó Dios.
El hombre se quedó despierto toda la noche, pensando. Por fin decidió soñar un sueño nuevo, un sueño que deseaba haber tenido años atrás. Decidió soñar que lo que más anhelaba era precisamente lo que ya tenía.
Y el hombre se alivió y vivió feliz en el piso 47, disfrutando de las hermosas voces de sus hijas, de los profundos ojos castaños de su esposa, y de las bellísimas pinturas de aves de ésta. Y por las noches, contemplaba el océano y miraba con satisfacción las centelleantes luces de la ciudad, una a una.
por makf | 21 Ago, 2025 | Libro 4, Sin categoría
El primer día en la Universidad, el profesor se presentó y nos pidió que buscáramos en la clase a alguien que no conociéramos, y nos presentáramos.
Yo estaba buscando entre mis compañeros, cuando sentí una mano gentil que tocó mi hombro.
Me di vuelta, y pude ver a una viejecita cerrándome el ojo, y brindándome una hermosísima sonrisa que la iluminaba completamente.
Ella me dijo: -Hola guapo. Mi nombre es Rosa. Tengo ochenta y siete años.. ¿Puedo darte un abrazo? Mi carcajada fue inmediata… y le contesté: ¡Por supuesto que puede! y
me dio un gran apretón.
- ¿Por qué estás en la universidad a una edad tan joven e inocente?- Pregunté.
Ella, sonriente, respondió: Estoy aquí para encontrar a un joven millonario, casarme,
tener una pareja de niños, y luego retirarme a viajar por el mundo.
- No, en serio, le dije-, porque me preguntaba: ¿Qué había motivado a una mujer de su
edad a aceptar un reto tan grande como éste?
Yo siempre soñé con tener educación universitaria, y ahora estoy cumpliendo mi sueño.
Después de clases, fuimos al Centro Estudiantil y compartimos un batido de chocolate. En ese mismo momento nos hicimos amigos.
Todos los días en los siguientes tres meses, salíamos juntos de clases y no parábamos de charlar. Yo estaba siempre atónito escuchando a esta "Máquina del tiempo", que compartía toda su sabiduría y su conocimiento conmigo.
A lo largo del año, Rosa se convirtió en el icono del campus, haciendo amigos fácilmente en cualquier lugar a donde fuera. Ella amaba vestirse bien, y disfrutaba la atención incondicional de los estudiantes que la rodeaban. Estaba dándose su gusto, viviendo la vida. Al final del semestre, la invitamos a dar un discurso en el banquete del equipo de fútbol, y nunca olvidaré lo que nos enseñó.
Fue presentada, y subió al podio. Mientras acomodaba las tarjetas del discurso que nos daría, algunas se le cayeron al piso.
Desconcertada y un poco avergonzada, tomó el micrófono, y simplemente dijo:
- Lo siento, estoy un poco nerviosa. Me tomé una cerveza y este whisky me está matando! Nunca recuperaré mi discurso en orden nuevamente, así que déjenme decirles solamente lo que sé.
Mientras nos reíamos, ella aclaró su garganta y empezó:
- Nosotros no dejamos de jugar porque nos hacemos viejos; crecemos viejos porque dejamos de jugar.
Sólo existen dos secretos para permanecer jóvenes: Ser felices y acumular éxitos.
Tienen que reír. Tienen que buscar alegría y humor en todo lo que hacen, todos los días de su vida.
Tienen que tener un sueño. Cuando pierdes los sueños, mueres. Hay mucha gente caminando a nuestro alrededor que está muerta, y ni siquiera se ha dado cuenta.
Existe una diferencia enorme entre envejecer y crecer. Si tienes diecinueve años y te quedas en cama por un año entero, sin hacer nada productivo, al final habrás envejecido un año y tendrás veinte años, pero ¿creciste?. Si yo, a mis ochenta y siete años, me quedo en cama por un año sin hacer nada, al final tendré ochenta y ocho años, habré envejecido un año más, pero no habré crecido ni un ápice. Nadie deja de envejecer. No necesitas ningún talento o habilidad especial para envejecer. La idea es crecer pero siempre buscando la oportunidad en el cambio.
No tengan remordimientos, los ancianos usualmente no tenemos remordimientos por lo que no hicimos. Los únicos que tienen miedo de morirse, son aquellos con remordimientos.
Ella concluyó su discurso cantando valientemente "La Rosa".
Nos desafió a todos a estudiar detenidamente la letra de esa canción, y a vivirla en nuestras vidas.
Cuando el año concluyó, Rosa obtuvo el grado universitario que había empezado hacía tantos años. Una semana después de la graduación, murió pacíficamente mientras dormía.
Más de dos mil estudiantes de la universidad fueron a su funeral a rendir tributo a esa maravillosa mujer, que nos enseñó con el ejemplo que nunca es muy tarde para ser todo lo que puedes ser.
Letra de La Rosa:
“Algunos dicen que el amor es como un río, que ahoga a los delicados arbustos de sus orillas.
Algunos dicen que el amor es como una navaja, que deja tu alma sangrando.
Algunos dicen que el amor es como una hambruna, una interminable y dolorosa necesidad.
Yo digo que el amor es una flor, y tú sólo eres la semilla.
Es el corazón temeroso de ser roto, que jamás aprendió a bailar.
Es el sueño con miedo de despertar, que nunca aprovechó la oportunidad.
Es aquel que nunca fue querido y que nunca quiso, y el alma temerosa de morir, que nunca aprendió a vivir.
Cuando la noche ha sido demasiado solitaria, y el camino demasiado largo, y piensas que el amor es sólo para los afortunados y los fuertes, sólo recuerda que en invierno, debajo de la profunda nieve, descansan las semillas que en primavera, con el amor del sol, se convertirán en rosas.