Lo Valioso que Tú Eres

Que nadie haya sido tan afortunado de darse cuenta la mina de oro que tú eres, no significa que brilles menos.
Que nadie haya sido lo suficientemente inteligente para darse cuenta que mereces estar en la cima, no te detiene para lograrlo.
Que nadie se haya presentado aún para compartir tu vida, no significa que ese día está lejos.
Que nadie haya notado los avances en tu vida, no te da permiso para detenerte.
Que nadie se haya dado cuenta de la hermosa persona que tú eres, no significa que no tengas virtudes.
Que nadie haya venido a alejar la soledad con su amor, no significa que debas conformarte con lo que sea.
Que nadie te haya amado con esa clase de amor que has soñado, no significa que tengas que conformarte con menos.
Que aún no hayas recogido las mejores cosas de la vida, no significa que la vida sea injusta.
Sólo porque tu situación no parece estar progresando por ahora, no significa que siempre será así.

Por eso:
Sigue soñando,
Sigue brillando,
Sigue viviendo,
Sigue sonriendo,
Sigue esperando,
Sigue buscando,
Sigue siendo lo que ya eres…
Una creación divina.

Lo Siento Mucho Papá

Lo siento mucho papá, porque creo que ésta es la última vez que me podré dirigir a ti. En serio lo siento. Es tiempo de que sepas la verdad. Voy a ser breve y claro: la droga me mató, papá.

Conocí a mi asesino a eso de los 15 o 16 años de edad. Es horrible ¿No es cierto, papá? ¿Sabes cómo fue?. Un ciudadano elegantemente vestido, muy elegantemente y que se expresaba muy bien, me presentó a mi futuro asesino: la droga.

Yo intenté rechazarla, de veras lo intenté, pero este señor se metió en mi dignidad, diciéndome que yo no era hombre. No es necesario que diga nada más, ¿no es cierto? ingresé al mundo de las drogas.

No hacía nada sin que las drogas estuvieran presentes. Yo me sentía más que las demás personas, y la droga, mi enemiga, sonreía…

¿Sabes papá? cuando uno comienza, encuentra todo ridículo y muy divertido. Incluso a Dios lo encontraba ridículo.

Hoy, en este hospital, reconozco que Dios es lo más importante en el mundo, sé que sin su ayuda no estaría escribiendo lo que escribo.

Papá, no vas a creerlo, pero la vida de un drogadicto es terrible, y todos los jóvenes deben saberlo para no entrar en eso.

Ya no puedo dar tres pasos sin cansarme. Los médicos me dicen que me voy a curar, pero cuando salen del cuarto, mueven la cabeza.
Papá, sólo tengo 19 años y sé que no tengo chance de vivir. Es muy tarde para mí, pero tengo un último pedido para hacerte:

HABLA CON TODOS LOS JÓVENES QUE CONOCES, Y MUÉSTRALES ESTA CARTA.

Diles que en cada puerta de los colegios y en cada aula, en cada facultad, en cualquier lugar, hay siempre un hombre elegante, que va a mostrarles a su futuro asesino, el que destruirá sus vidas.

Por favor, haz eso, papá, antes de que sea demasiado tarde para ellos también. Perdóname por hacerte sufrir a ti también con mis locuras.

Adiós, mi querido Papá.

EL AUTOR DE ESTA CARTA MURIÓ A LOS POCOS DÍAS DE ESCRIBIRLA, POR SOBREDOSIS EN EL HOSPITAL DEBANFIELD, EN 1997.

“Dios sólo les habla a quienes están dispuestos a escucharlo.”

Lo que Resistes, Persiste

Una chica esquiaba en el mar, jalada por una lancha. No sabía nadar, pero traía puesto el chaleco salvavidas. De repente, la mujer perdió el equilibrio y cayó al mar. Como pudo, alcanzó a sujetarse de una de las cuerdas que la jalaban.

Se aferró a ella, y fue arrastrada por la lancha al más puro estilo vaquero.

Los ayudantes le decían que soltara la cuerda, porque de lo contrario no podrían ayudarla.

La chica no lo hacía, porque tenía miedo de que le pasara algo si se soltaba. Pero a medida que pasaba el tiempo, se hacía más daño.

Finalmente, la chica comprendió que se estaba lastimando. Soltó la cuerda. Y fue entonces cuando la pudieron ayudar.

Lo que no le dije a mi Papá

Mi papá murió hace 3 años. Murió amargado y solitario.
Se fue de la casa cuando yo tenía 14 años, alegando que quería vivir su propia vida. Lo hizo, a pesar de que no teníamos qué comer.

Fue alcohólico, aunque decía que podía dejar de tomar en cualquier momento.
Nunca me abrazó, porque según él, los hombres no se demuestran ternura. No jugó conmigo ni con mis hermanos, porque eso es asunto de mamás.

No sabía nada de mí, pero, cuando yo cometía un error, era implacable conmigo. Decía que trabajaba para su familia, sin embargo, en la práctica éramos la última de sus prioridades.
Durante años lo resentí. Marqué con ese rencor todas mis ilusiones, e hice más frustrantes mis desilusiones.

Un día, me casé con una mujer maravillosa, y me prometí que no iba a ser como él. Pensaba que ser buen padre era tratar bien a los míos, darles lo mejor que pudiera, y estar con ellos cuando me necesitaran.

Un día le pregunté a mi esposa por qué mis hijos no me hacían caso a mí, sino a ella. Quería averiguar por qué los niños no disfrutaban estando conmigo.
-¿Sabes? -me respondió.-

Cuando estás con ellos, lo haces más porque es tu responsabilidad, y no porque sea tu privilegio.

Tus hijos van a disfrutar de ti, sólo cuando tú disfrutes de ellos. Me di cuenta que era tanto mi resentimiento y mi deseo de ser diferente a mi papá, que me estaba pareciendo a él.

Mi padre no estaba en la casa por borracho, y yo… por responsable.
El era lejano, porque los niños eran cosa de mujeres, y yo, por que quería ser estricto, y educarlos bien.

Entonces comencé a descubrir las maravillas de pasar el tiempo con mis hijos, a jugar con ellos, a integrarme a su vida.

Dejé de intentar que ellos fueran como yo esperaba, y empecé a apreciar más lo que ellos eran.

Me permití inspirarme con su alegría y espontaneidad. Caí en cuenta de que yo podía crecer con ellos.
Ya no me esforzaba por ser el adulto que lo sabía todo; más bien me inclinaba a ser más la persona que quiere enseñar, pero que también está dispuesta a aprender. Que no sólo sabe dar, sino que sabe recibir.

Esto no ha sido fácil. Aún me descubro autoritario, lejano, rígido, impulsivo. Entonces recuerdo que eso no es lo que soy, y me abro de nuevo al regalo de la vida, de los míos, de mi esposa y de mis hijos.

Hoy, día del padre, celebro mi oportunidad de ser padre, los abrazos de mis hijos, los ejércitos de enanos que crean caos de fantasía, que rompen nuestros esquemas, a punta de sonrisas e indolencias.

La infancia de mi padre fue más dura que la mía. Le enseñaron que la vida era una carga. Él, para su padre fue una carga. No conoció la ternura ni el apoyo, nadie se sintió orgulloso de él, y él tampoco aprendió a sentirse orgulloso de sí mismo.

Papá, antes de que te fueras, hubiera querido decirte que, para mí, al igual que para ti, ser un niño no fue fácil, pero es más difícil ser adulto, si encadeno mi vida y la de los míos a los rencores, y a los fantasmas del pasado.

Quiero perdonarte, darte la libertad en mi corazón de ser un buen padre, reconocer que a tu manera, hiciste lo mejor que pudiste con tu vida.

Sé que sentiste el dolor de tus propios errores. No me será fácil convertir en ángeles mis fantasmas, pero abriré con determinación las puertas de la aceptación y la gratitud.

Papá, me siento orgulloso de ti, porque sin ti yo no sería lo que soy, porque tu vida me ayudó a encontrar mi camino, tu dolor me ayudó a evitar el mío, tus cualidades florecen en mí, y valoro como un tesoro haberlas heredado de ti.

Hoy te invito a que te reconcilies con tu pasado, a que valores lo bueno en tu vida, a que agradezcas a quienes han aportado a lo que eres hoy.

Las Mujeres

Las mujeres tienen fuerzas que asombran a los hombres.
Les asombra que ellas cargan niños, penas y cosas pesadas; sin embargo, tienen espacio para la felicidad, el amor y la alegría.

Ellas sonríen cuando quieren gritar, cantan cuando quieren llorar, lloran cuando están contentas, y ríen cuando están nerviosas.

Las mujeres esperan una llamada por teléfono de su pareja avisando que llegó sano, y diciéndole que la extraña; las mujeres tienen cualidades especiales: Se ofrecen para las causas buenas, son voluntarias en hospitales, llevan comidas a los necesitados.

Ellas trabajan como niñeras, amas de casa, pintoras, directoras, secretarias; tejen y cosen ropa, y solucionan disputas entre niños y vecinos.

Usan trajes vaqueros, uniformes, y todo tipo de ropa que la haga lucir bella y virtuosa.
Las mujeres recorren largos caminos para conseguir la mejor escuela para sus hijos, y la mejor atención para la salud de su familia.

Las mujeres escriben una carta de amor a su pareja, y saben perdonar. Son inteligentes, y saben de su poder; sin embargo saben usar su lado suave cuando quieren conseguir algo.

Las mujeres se alegran o lloran cuando se enteran de un nacimiento o matrimonio.
Saben que un abrazo, un beso y un te amo puede sanar un corazón roto.

Una mujer puede lograr, que una mañana, una tarde o una noche romántica, sean inolvidables.
Las mujeres vienen en todos los tamaños, colores y formas; viven en casas, cuartos, cabanas. Ellas corren, manejan, caminan o usan el e-mail.

Todo lo que ellas quieren es un abrazo, un beso, una caricia, una llamada. Las mujeres tienen mucho que decir, y mucho para dar.

La belleza de la mujer no está en la ropa que lleve, la figura que tenga o la forma en que se peine. La belleza de una mujer debe verse en sus ojos, a través de ellos, porque es la puerta a su corazón; el lugar donde el amor reside, también se refleja en su alma.
Es el cuidado que ella le da a estar con el hombre que ama, a quien se entrega inocentemente. Es el cuidado que ella le da a su amado cuando está enfermo, o cuando le prepara una taza de té en las noches de invierno.

Es también el cuidado que ella tiene en administrar el dinero, y los bienes de su esposo para los días difíciles, pues él confía plenamente en ella.

La belleza física de una mujer disminuye con el paso de los años, pero su sabiduría y belleza interior crece hasta el infinito.

Este mensaje no es sólo para levantar la autoestima de una mujer, sino también para los hombres que saben reconocer cuando una verdadera mujer toca a su puerta, y no la dejan ir.

Los encantos son una mentira, la belleza no es más que ilusión, pero la mujer que honra al señor es digna de alabanza.

Las Cajas

Un joven soñó que estaba en una bodega inmensa, y notó que había miles de cajas grandes, colocadas unas sobre otras.

Era tan grande la bodega, que el hombre no podía ver el final de la misma, ni tampoco la altura de las cajas acomodadas.

Las revisó una por una, y vio que absolutamente todas tenían una etiqueta con su nombre.
Estaba atónito de ver su nombre en esa infinidad de cajas; vio entonces que una figura aparecía en la bodega, y notó que era Jesús.
El joven pensó:

"A quien mejor que Jesús para preguntarle acerca de estas cajas", y le preguntó a Jesús qué era todo eso, a lo que Jesús respondió:

  • Estas son todas las promesas de mi Padre para ti…esas que nunca has querido usar.
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