De la Honestidad

A dos hermanos convictos por robo de ovejas se les hizo un tatuaje en la frente con las letras S. T, que en inglés significan "Sheep Thief", o sea, ladrón de ovejas.

Uno de los hermanos no pudo soportar el estigma, y trató de enterrarse en una tierra extraña, pero todos le preguntaban qué significaban las extrañas letras, y por tanto siguió errando sin descanso, y después de largos años, lleno de amargura, murió y fue enterrado muy lejos de su hogar.

El otro hermano se dijo a sí mismo: "No puedo huir del hecho de que he robado ovejas.
Me quedaré aquí y trataré de recobrar el respeto de mis vecinos y de mí mismo".
Con el transcurso del tiempo se creó una gran reputación por su honradez.
Varias décadas después, un extranjero vio un día al anciano, con las letras marcadas en su frente.

Le preguntó a un nativo lo que significaban.
Pasó hace muchos años, -dijo el aldeano- he olvidado los detalles, pero creo que las letras son una abreviatura de Santo.

Dad y se Os Dará

Según dice la leyenda, había un monasterio cuyo abad era muy generoso.
Jamás negaba alojamiento a un mendigo, y siempre daba todo lo que podía.
Lo extraño del caso es que cuanto más daba, más próspero se volvía el monasterio.
Al morir, el viejo abad fue reemplazado por otro de naturaleza totalmente opuesta.
Era mezquino y tacaño.

Un día, llegó un anciano al monasterio pidiendo alojamiento.
Mencionaba que años antes ya le habían dado resguardo una noche.
El abad se lo negó, alegando que el monasterio ya no podía darse el lujo de hacer honor a su otra hospitalidad.

  • Nuestra abadía ya no puede ofrecer pensión a los extraños, como hacíamos cuando éramos más prósperos.
    Ya nadie hace ofrendas para nuestra obra.
  • No me sorprende -dijo el anciano- creo que se debe a que echaron a dos hermanos del
    monasterio.
  • No recuerdo que jamás hayamos hecho eso – respondió el abad desconcertado.
  • Sí, lo hicieron -replicó el anciano- eran gemelos: uno se llamaba DAD y el otro SE OS
    DARÁ. Como echaron a DAD, SE OS DARÁ, resolvió irse también.

SIEMPRE TENGAMOS EL CORAZÓN ABIERTO Y DISPUESTO A DAR.

Cuestionario de Dios a una Madre

CUESTIONARIO DE DIOS A UNA MADRE

Preguntó Dios a una madre: -¿A cuál de tus hijos quieres más?
Y ella respondió:

-Señor, al ausente, hasta que vuelva; al enfermo, hasta que sane; al triste, hasta que de nuevo esté alegre; al preso, hasta que recobre la libertad; al que sufre, hasta que se sienta consolado; al malo, hasta que otra vez sea bueno; al que le falta todo, hasta que no le falte nada; al descarriado, hasta que retorne al buen camino; al que está solo, hasta que no padezca de su soledad.

Conmovido, dijo entonces Dios: - No sé por qué dudan algunos de que hay un Dios en el cielo, si hay tantas madres como tú en la tierra.

Cuando sea Viejo

La edad trae una etapa en la vida que no siempre es fácil de llevar, y donde tenemos que ser más comprensivos que nunca.

El día que esté viejo y ya no sea el mismo, ten paciencia y compréndeme.

Cuando derrame comida sobre mi camisa, y tal vez olvide cómo atarme mis zapatos, por favor sé paciente, y recuerda las horas que pasé cuando eras niño, enseñándote a hacer esos mismos trabajos. Te enseñé tantas cosas, a amarrarte las cintas, a vestirte por ti mismo y también a peinarte y comer con cuidado.

Si cuando conversas conmigo, repito y repito las mismas palabras que sabes de sobra cómo terminan, no me interrumpas y escúchame. Cuando eras pequeño, para que te durmieras tuve que contarte miles de veces el mismo cuento, hasta que cerrabas tus ojitos.

Pasé horas preciosas enseñándote mucho, y por eso te pido que si algún día llego a olvidar de qué estamos hablando, te armes de paciencia y me des todo el tiempo que sea necesario, hasta que yo recuerde; y si no puedo hacerlo, por favor, no te burles de mí. Tal vez no era importante lo que decía, y me conformé con que me escucharas en ese momento.

Cuando estemos reunidos, y sin querer haga mis necesidades, no te avergüences y compréndeme, que no tengo la culpa de ello, pues ya no puedo controlarlas. Piensa cuántas veces cuando niño te ayudé, y estuve paciente a tu lado, esperando a que terminaras lo que estabas haciendo.

No me reproches porque no quiera bañarme; no me regañes por ello. Recuerda los momentos que te perseguí, y los mil pretextos que te inventaba para hacerte más agradable tu aseo. Acéptame y perdóname, ya que soy el niño ahora.

Cuando me veas inútil e ignorante frente a todas las cosas tecnológicas que ya no podré entender, te suplico que me des todo el tiempo que sea necesario, para no lastimarme con tu sonrisa burlona. Acuérdate que yo fui quien te enseñó tantas cosas. Comer, vestirte y tu educación para enfrentar la vida tan bien como lo haces, son producto de mi esfuerzo y perseverancia por ti.

Si alguna vez ya no quiero comer, no me insistas. Sé cuánto puedo y cuánto no debo. También comprende que con el tiempo ya no tengo dientes para morder, ni gusto para sentir.

Cuando fallen mis piernas por estar muy cansadas de andar por esta vida, dame tu mano tierna para apoyarme, como lo hice yo cuando empezaste a caminar con tus piernas de niño, guiando tu camino. Te ruego que tú me guíes con amor y paciencia hasta el final del mío.

Por último, cuando algún día me oigas decir que ya no quiero vivir y sólo quiero morir, no te enfades. Algún día entenderás, que esto no tiene que ver con tu cariño o cuánto te ame. Trata de comprender que ya no vivo, sino que sobrevivo, y eso no es vivir.

Siempre quise lo mejor para ti y he preparado los caminos que has debido recorrer. Piensa entonces que con el paso que me adelanto a dar, estaré construyendo para ti otra ruta en otro tiempo, pero siempre contigo.

No te sientas triste o impotente por verme como me ves. Dame tu corazón, compréndeme y apóyame, como lo hice cuando empezaste a vivir.

De la misma manera como te he acompañado en tu sendero, te ruego me acompañes a terminar el mío.

Dame amor y paciencia, que te devolveré gratitud y sonrisas, con el inmenso amor que tengo por ti.

"Ten fe en el infinito amor de Dios, y vive amando".

Cuando los Niños Aprenden

  • Cuando los niños aprenden que la felicidad no se encuentra en lo que una persona tiene, sino en lo que esa persona es.
  • Cuando aprenden que dar y perdonar es más gratificante que quitar y vengarse.
  • Cuando aprenden que el sufrimiento no se mitiga con auto-compasión, sino que se
    supera con determinación interior y fuerza espiritual.
  • Cuando aprenden que no pueden controlar al mundo a su alrededor, pero que son los
    maestros de sus propias almas.
  • Cuando aprenden que las relaciones mejoran si valoran más la amistad que el ego, el
    compromiso que el orgullo, escuchar que aconsejar.
  • Cuando aprenden a no odiar a una persona cuya diferencia temen, sino a temer ese tipo de odio.
  • Cuando aprenden que hay placer en la fuerza de motivar a otros, no en la falsa fuerza de humillar.
  • Cuando aprenden que el elogio de otros es halagador, pero sin sentido, si no se conjuga con el respeto a sí mismo.
  • Cuando aprenden que el valor de una vida se mide mejor, no por los años dedicados a acumular posesiones, sino por los momentos dedicados a dar de sí mismo, compartiendo sabiduría, inspirando esperanza, secando lágrimas y conmoviendo corazones.
  • Cuando aprenden que la belleza de una persona no se ve con los ojos, sino con el
    corazón; y que aunque el tiempo y las penurias pueden destruir nuestra coraza exterior, nos
    pueden mejorar el carácter y la perspectiva.
  • Cuando aprenden a abstenerse de juzgar, sabiendo que todas las personas están
    dotadas de cualidades y defectos, y que la aparición de unas u otros depende de la ayuda ofrecida o el daño infligido por otros.
  • Cuando aprenden que a todas las personas se les ha dado el don de tener un yo único, y que el propósito de la vida es compartir lo mejor de ese don con el mundo.
  • Cuando los niños aprenden estos ideales y cómo practicarlos en el arte del buen vivir, ya no son niños… son una bendición para quienes los conozcan, y valiosos modelos para todo el mundo.

"No te preocupes por dar a tus hijos lo mejor de todo, dales lo mejor que puedas"

¿Cuál Eres Tú?

El oro, para ser purificado, debe pasar por el fuego, y el ser humano necesita pruebas para pulir su carácter. Pero lo más importante es: ¿Cómo reaccionamos frente a las pruebas?

Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida, y cómo las cosas le resultaban tan difíciles.
No sabía cómo hacer para seguir adelante, y creía que se daría por vencida. Estaba
cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro. Su padre, un cheff de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua, y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto, el agua de las tres ollas estaba hirviendo.

En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos, y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra. La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos, el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro. Coló el café y lo puso en un tercer tazón. Mirando a su hija, le dijo:

  • Querida, ¿qué ves? Zanahorias, huevos y café - fue su respuesta. La hizo acercarse, y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo, y notó que estaban blandas. Luego
    le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cascara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió, mientras disfrutaba de su rico aroma. Humildemente, la hija preguntó:
  • ¿Qué significa esto, padre? El le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo; pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura. Pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil. Su cascara fina protegía su interior líquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido.

Los granos de café, sin embargo, eran únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.

  • ¿Cuál eres tú? -le pregunta a su hija.- Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café? ¿Y cómo eres tú, amigo?
    ¿Eres una zanahoria que parece fuerte, pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?

-¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? ¿Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, un divorcio, o un despido, te has vuelto duro y rígido?
Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido? ¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición, el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor, tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.

¿Cómo manejas la adversidad? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano
de café?

Categorías