por makf | 22 Ago, 2025 | Libro 5
Cierta vez, caminaban dos monjes a orillas del bosque. Se dirigían con paso fluido hacia el monasterio que se ubicaba a dos kilómetros de distancia, después de cruzar el torrentoso río.
Al aproximarse al río, uno de ellos observó que una mujer, con su ropa raída por los intentos de cruzar, ya estaba exhausta y con mucho miedo…
En cuanto los vio aproximarse, les suplicó que le ayudarán a cruzar el río, pues sola ya comprendía que no lo lograría…
Uno de los monjes se deshizo en explicaciones.
No te podemos cruzar porque llevamos prisa, y aparte no te podemos ayudar porque somos de cuerpo frágil para cargarte, y es por esto que no podemos cruzar contigo, porque si fallamos seríamos culpables de tu muerte.
El otro monje, la tomó fuertemente en sus brazos, la cruzó, la soltó y siguió caminando…
Mientras seguían la senda, aquél que puso puros pretextos y explicaciones, le alegaba y llamaba la atención por haber ayudado a la mujer.
- Cómo pudiste arriesgar tu vida; gastaste tu energía física, no debiste haberlo hecho.
Después de dos horas de escuchar reproches, y ante la puerta del monasterio, el monje le responde…
- Yo sólo la cargué mientras cruzaba el río; sin embargo, tú la has cargado todo el camino…
¿Cuántas veces llevamos con nosotros un problema que bien hubiera podido quedarse en el pasado?
¿Cuánto tiempo nos demoramos en perdonar, aun cuando el río tormentoso ya lo hayamos cruzado?
por makf | 22 Ago, 2025 | Libro 5
Acabábamos de llegar a San Miguel, de misiones.
Calles y personas nos hablaban de pobreza.
Casas construidas con hojalata se veían por doquier.
Niños sucios y de suéter roto, remendado en exceso, de caras mal lavadas, nos acompañaron todo el camino.
Pero anchas sonrisas iluminaban esas caras.
Bromas y chistes acompañaban sus juegos, a la vez que un gran respeto por las misioneras.
Sus papas no eran menos.
Nos acogieron con toda alegría, con la mayor solemnidad que fueron capaces.
Nos llevaron a conocer el lugar: la escuela, la parroquia, sus casas…
Sorprendía ver con cuánta pobreza vivían.
Un cuarto era todo su hogar: cocina, dormitorio, sala, todo en uno.
Jergones en el suelo hablaban del lugar donde descansaban del trabajo del día.
Unos pocos trastes eran toda su riqueza.
Y la imagen de la Virgen de Guadalupe, por supuesto, con unas flores y entre cortinas.
Dios nos había traído al palacio de la pobreza, y
estábamos dispuestas a compartirla con Él.
Los señores nos llevaron a conocer nuestra casa, la que nos alojaría esa semana.
Un poco más grande que las demás, nos estaba esperando.
Al entrar, una visión sorprende nuestras mentes: en el suelo, en lugar de jergones, había camas.
Las únicas camas de todo el pueblo, encerradas todas en esa casa.
Nosotras tenemos sacos de dormir, en los que pensábamos pasar la noche.
Como por un resorte, nos acercamos a los señores que tan bien nos habían tratado, para decirles:
- ¿Pero, cómo nos han dejado sus camas? Llévenselas. Nosotras tenemos sacos,
podemos dormir perfectamente en ellos.
- No, señorita, estas camas son para las misioneras. Pero, si podemos dormir
perfectamente en nuestros sacos…
Al final, un señor bigotudo, mucho más decidido, nos dio la explicación.
- Señorita, no depende de si tienen sacos o no. Lo que importa es que ahora ustedes representan a Jesús.
Y si viniera Jesús, nunca permitiríamos que durmiera en el suelo. Dormimos en sus camas esa semana.
Nos dieron lo mejor que tenían, como si se lo dieran a Dios. Su fe nos dejó aún más que
esas mismas camas.
Pero, estoy segura de que también Dios se los recompensó, como dice en el Evangelio:
"En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí". (Mateo 25,40)
por makf | 22 Ago, 2025 | Libro 5
Cuenta una antigua leyenda, que cuando Dios estaba creando al ser humano, tenía a su alrededor seis ángeles:
Uno de ellos preguntó: - ¿qué estás haciendo?
El segundo preguntó: - ¿por qué lo haces?
El tercero: - ¿puedo ayudarte?
El cuarto ángel preguntó: - ¿cuánto vale todo eso?
El quinto dijo: - no me gusta
- y el sexto se puso a admirar y a aplaudir.
El primer ángel era un científico.
El segundo un filósofo. El tercero un altruista. El cuarto un comerciante.
El quinto un demonio y el sexto un místico.
Esos mismos personajes aparecen a nuestro alrededor cuando queremos hacer algo, y hay que aprender a reconocerlos.
Unos quieren observar, otros discutir, otros criticar y sólo unos pocos están dispuestos a ayudar y a estimular.
Por eso, cuando queremos sembrar, debemos contar con la envidia y las críticas, sin dejarnos frenar por ellas.
Pero hay algo más: cuando otros hacen algo, ¿cuál es nuestra actitud?
¿Tendemos la mano, o ponemos zancadillas?
por makf | 22 Ago, 2025 | Libro 5
El niñito miraba al abuelo escribir una carta. En un momento dado, le preguntó:
- ¿Abuelo, estás escribiendo una historia sobre nosotros?, ¿es, por casualidad, una historia acerca de mí?
El abuelo dejó de escribir, sonrió y le dijo al nieto:
- Estoy escribiendo sobre ti, es cierto. Sin embargo, más importante que las palabras, es
el lápiz que estoy usando. Me gustaría que tú fueras como él cuando crezcas.
El nieto miró el lápiz, intrigado, y no vio nada de especial en él, y preguntó:
- ¿Qué tiene de particular ese lápiz? El abuelo le respondió:
- Todo depende del modo en que mires las cosas. Hay en él cinco cualidades que, si consigues mantenerlas, harán siempre de ti una persona en paz con el mundo.
Primera cualidad:
Puedes hacer grandes cosas, pero no olvides nunca que existe una mano que guía tus pasos. Esta mano la llamamos Dios, y Él siempre te conducirá en dirección a su voluntad.
Segunda cualidad:
De vez en cuando necesitas dejar lo que estás escribiendo y usar el sacapuntas. Eso hace que el lápiz sufra un poco, pero al final, estará más afilado. Por lo tanto, debes ser capaz de soportar algunos dolores, porque te harán mejor persona.
Tercera cualidad:
El lápiz siempre permite que usemos una goma para borrar aquello que está mal. Entiende que corregir algo que hemos hecho, no es necesariamente algo malo, sino algo importante para mantenernos en el camino de la justicia.
Cuarta cualidad:
Lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma exterior, sino el grafito que hay dentro. Por lo tanto, cuida siempre de lo que sucede en tu interior.
Quinta cualidad:
Siempre deja una marca. De la misma manera, has de saber que todo lo que hagas en la vida, dejará trazos. Por eso, intenta ser consciente de cada acción.
"Sí quieres oír la voz de Dios, bájale el volumten a la del mundo”
por makf | 22 Ago, 2025 | Libro 5
Recuerda que un hijo es un regalo de Dios. La más rica de las bendiciones. No trates de amoldarlo a imagen tuya o de tu padre, de tu hermano o tu vecino. Cada niño es individual, y tiene que permitírsele ser él mismo.
No aplastes el espíritu de tu hijo cuando el falla, y nunca lo compares con otros que lo hayan sobrepasado.
Recuerda que el enojo y la hostilidad son emociones naturales. Ayuda a tu hijo a encontrar una salida social aceptable para estos sentimientos normales, o éstos volverán hacia dentro y explotarán en forma de enfermedad física o mental.
Disciplina a tu hijo de una manera justa y razonable. No dejes que tu enojo te saque de quicio. Si él sabe que tú eres justo, no perderás su respeto y amor. Porque aun el niño más joven tiene un sentido muy agudo de justicia.
Recuerda que cada niño necesita DOS padres presentes en un frente unido. Nunca te aliés con tu hijo en contra de tu espos@. Ésto crea en tu hijo (como también en ti) conflictos emocionales y sentimientos de culpabilidad, confusión e inseguridad.
No le des a tu hijo todo lo que su pequeño corazón pide. Permítele conocer la emoción de ganárselo, y la alegría de conseguirlo. Concédele la más grande de todas las satisfacciones, el placer que viene con el logro personal.
No te pongas como lo máximo, la perfección. Es un rol muy difícil de jugar 24 horas al día.
Tú te darás cuenta que es más fácil la comunicación con tu hijo si le dejas saber que mamá y papá también pueden cometer errores.
No le amenaces cuando estés enojado, o le hagas promesas imposibles cuando estés generoso. Hazle advertencias o promesas sólo cuando tú las puedes cumplir. Para un niño, la palabra del padre significa todo. El niño que ha perdido la fe en sus padres, tiene dificultad de volver a creer en cualquier cosa.
No sofoques a tu hijo con manifestaciones superficiales de "amor ". El más pobre y saludable amor, se expresa por sí solo en la educación día a día, la cual produce confidencia e independencia propia.
Enséñale a tu hijo que hay dignidad en el trabajo duro. Aunque se desempeñe con unas manos callosas paleando carbón, o unos dedos hábiles manipulando instrumentos quirúrgicos. Déjale saber que una vida útil es bendecida, y una vida fácil y en busca de placeres, es vacía e insignificante.
No trates de proteger a tu hijo de cualquier pequeño golpe o decepción. La adversidad forma el carácter y nos hace compasivos. Los problemas son un gran igualador. Déjalo aprender.
por makf | 22 Ago, 2025 | Libro 5
Les cuento algo que pasó hace tiempo, un día, estábamos mis hijas y yo caminando por la calle, cuando de repente vi a una anciana parada en la orilla de la acera. Nos extendió la mano, y dijo algo que ni siquiera escuché, porque andaba en mis cosas, problemas y demás.
Sin pensarlo ni intentar comprender lo que me dijo, automáticamente puse mi mano en el bolsillo y le di unas monedas, y seguimos caminando a tomar nuestro camión.
Al dar la vuelta a la avenida para ir hacia donde nos dirigíamos, pude darme cuenta que la viejita extendía la mano a una persona, y ésta la ayudaba a cruzar la calle.
Era eso lo que ella me dijo, ¡QUE LA AYUDARA A CRUZAR! y yo, ciega y sorda, no le puse atención.
En ese instante, quería que retrocediera el tiempo y poder escuchar y ayudar a la anciana, y me preguntaba: ¿Qué estarían sintiendo mis hijas?, ¿cómo tomarían ellas la ¡dea de ayudar a nuestros hermanos? si yo, que soy su madre, no les enseño ese amor que debemos sentir hacia las personas. ¿Qué pensaría esa anciana, que no pedía otra cosa más que AYUDA?
¿Saben?, muchas veces andamos por la vida con esa actitud de no ver y no escuchar, solamente actuamos automáticamente a los hechos que nos parece entender. Pero qué lejos estamos de la realidad; muchas veces hay personas que sólo necesitan un apoyo, una ayuda, sin considerar las cosas materiales, y que en ese momento no era necesario.
Fue como un coscorrón que me cayó y me hizo pensar, pensar un poco más en los sentimientos de las personas que me rodean, en la manera de tomar las cosas, y pruebas que nos pone Dios a cada paso que damos.
A mí nunca me gustaría experimentar eso, que pida ayuda y me den unas monedas, como si con dinero lo pudiéramos arreglar todo; ahora soy más sensible y demuestro eso a mis hijas, con las que camino siempre.
Le pido al Señor poder ser un buen ejemplo para ellas, ya que lo que sean ellas y los sentimientos que despierten, serán los sentimientos y enseñanzas que yo les he reflejado.
Y le pido también perdón a la anciana, por haber sido tan inhumana y no demostrarle el amor de Dios que tengo en mi corazón.
¡No caminen por la vida ciegos y sordos, así como en alguna ocasión lo hice yo!