Qué rápido pasa el tiempo…! Decimos jubilados como si fuera sinónimo de ancianidad, pero no tiene que ser así.
No vivamos como si fuéramos a morir mañana, porque al pensar en el futuro olvidamos vivir nuestro presente, felices con hijos, nietos, bisnietos…
Gocemos por lo feliz que hemos sido, y por lo que nos falta ser todavía, sin pensar en la
hieren.
No olviden que a perdonar se aprende perdonando, y que hay muchos que nos quieren y no saben cómo demostrarlo, porque el querer lo exige todo y el amor lo entrega todo. ¡Amemos a nuestros semejantes, brindando nuestro cariño y ayuda a quienes lo necesitan!
«No desprecies lo que cuentan los viejos, que ellos también han aprendido de sus padres». (Sir 8,9)