Autor: P. Angel Peña O.A.R  

Tenía tanto amor a Jesús Eucaristía que procuraba estar lo más cerca posible de Él.

Dice:

Delante del Santísimo Sacramento me encontraba tan absorta que jamás sentía cansancio. Hubiera pasado allí los días enteros con sus noches sin comer ni beber.

No podía quedarme en el fondo de la iglesia y por confusión que sintiera en mí misma, no dejaba de acercarme cuanto pudiera al Santísimo Sacramento58.

Mi mayor contento es estar delante del Santísimo Sacramento, donde mi corazón se halla en mi centro.

Le digo desde lo más profundo de mi corazón: Señor mío, amor mío, tomad cuanto soy y cuanto tengo59.

Como todo mi consuelo lo tengo en el Santísimo Sacramento, pasaba en su presencia todo el tiempo libre.

Nuestro Señor me instaba tanto para que fuese a encontrarle allí que, cuando resistía me era muy difícil explicar lo acerbo de mis padecimientos, los cuales se recrudecían, cuando me era forzoso ausentarme de allí obligada por la obediencia que me llamaba a otra parte…

Cuando me despierto me parece estar presente mi Dios y esto me produce una sed tan ardiente de ir pronto ante el Santísimo Sacramento que los momentos que empleo en arreglarme me parecen horas…

Cuando llego, me arrojo a sus pies como una hostia viva que no tiene más deseo que el de inmolarse y sacrificarse para consumirse como un holocausto en las puras llamas de su amor.

En Él encuentro una tan grande plenitud que todo lo demás me es indiferente e inútil60.

Yendo una mañana a comulgar me pareció la sagrada hostia resplandeciente como un sol, cuyo brillo podía soportar y en medio de él vi a Nuestro Señor61.

Al comulgar, siento el corazón abrasado por una llama secreta…

Este fuego me deja como si ya no tuviera poder sobre mi corazón y se extiende algunas veces por todo el pecho hasta el rostro, embriagándome con tal suavidad que no sé donde estoy ni lo que hago.

Esto sucede especialmente cuando comulgo con frecuencia y me causa tan ardiente sed que me parece que nada sería capaz de calmarme fuera de Dios62.

En una oportunidad, la Superiora me hizo perder la sagrada comunión, lo cual era el suplicio más cruel que pudiera sufrir en esta vida; hubiera preferido mil veces que se me hubiese condenado a muerte63.

Las mayores gracias y los favores inexplicables de su bondad los recibía en la santa comunión64.

Y mi ángel lo que más severamente me reprendía eran las faltas de respeto y atención delante del Santísimo sacramento65.

Una vez estando el Santísimo Sacramento expuesto se me presentó Jesucristo mi divino Maestro todo radiante de gloria con sus cinco llagas que brillaban como cinco soles y por todas partes salían llamas de su sagrada humanidad, especialmente de su adorable pecho, el cual parecía un horno.

Abrióse éste y me descubrió su amantísimo y amabilísimo Corazón, que era vivo foco de donde procedían semejantes llamas66.

Santa Margarita María de Alacoque es la mensajera del Corazón de Jesús, que se le presentaba, cuando estaba ante Jesús Eucaristía, con el Corazón ardiendo en llamas como aparece en las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús.
58 Autobiografía I.
59 Memoria a la Madre Saumaise.
60 ibidem.
61 Autobiografía IX.
62 Memoria a la Madre Saumaise.
63 Autobiografía VIII.
64 ib. V
65 ib. IV.
66 ib. V..

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